Guia

Para el Estudio

De los Cuatro Evangelios

 

 

Arzobispo Averky (Tauchev 1906-1976)

 

La Venida de Nuestro Señor

Jesucristo al Mundo.

El prólogo del Evangelio: su autenticidad y propósito.

Nacimiento eterno y Encarnación del Hijo de Dios.

Las observaciones del arcipreste Mijail Pomazansky.

La concepción de Juan, el Precursor de Cristo.

El anuncio de la Encarnación del Hijo de Dios a la Santísima Virgen María.

El encuentro de la Santísima Virgen con Isabel.

El Nacimiento de san Juan el Bautista.

Genealogía de Nuestro Señor Jesucristo.

La Natividad de Cristo.

Revelación del misterio de la Encarnación al recto José.

Circunstancias y época de la Natividad de Cristo.

Circuncisión y Presentación del Señor en el Templo.

La adolescencia del Señor Jesucristo.

Ministerio Público de

Nuestro Señor Jesucristo.

Juan el Bautista y su testimonio acerca de Jesucristo.

El Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo.

Los cuarenta días de ayuno y las tentaciones del demonio.

Los primeros discípulos de Cristo.

Primer milagro en las bodas de Caná de Galilea.

Primera Pascua.

Expulsión de los mercaderes del templo.

Diálogo de Nuestro Señor Jesucristo con Nicodemo.

El último testimonio de San Juan Bautista acerca de Jesucristo.

Juan el Bautista es enviado a prisión.

Partida de Nuestro Señor a Galilea. Conversación con la mujer samaritana.

Cristo el Salvador se establece en Galilea e inicia Su prédica.

Curación del hijo de un funcionario de la corte en Caná.

Jesús convoca a los pescadores.

El poder de la enseñanza de Cristo. Curación de un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaum.

Curación de la suegra de Pedro y de muchos otros.

Enseñanzas y obras del Señor en Galilea.

Sermón de Jesucristo en la sinagoga de Nazareth.

Curación del leproso.

Curación del paralítico en Cafarnaum.

La vocación de Mateo.

Segunda Pascua

Curación del paralítico en la Piscina Probática.

Sobre la igualdad del Padre y del Hijo.

Las espigas arrancadas en sábado.

Curación del hombre con la mano atrofiada.

El Señor evita la notoriedad.

La elección de los 12 Apóstoles.

El Sermón de la Montaña

Las Bienaventuranzas.

La Luz del mundo.

Dos medidas de rectitud.

La tarea principal es agradar a Dios.

El "Padre Nuestro."

El tesoro eterno.

No juzguéis.

Constancia en la oración.

El camino estrecho.

Sobre los falsos profetas.

Curación del leproso.

Curación del siervo del centurión.

La resurrección del hijo de la viuda en Naim.

Los mensajeros de Juan el Bautista.

Recriminación a las ciudades impías.

La mujer pecadora es perdonada en la casa de Simón el fariseo.

Curación del endemoniado. Gravedad de la blasfemia contra el Espíritu Santo.

La respuesta del Señor a quienes esperan señales para seguirlo.

Una mujer elogia a la Madre de Jesús. Los parientes del Señor.

Nuestro Señor enseña sobre el Reino de Dios mediante parábolas.

La Parábola del Sembrador.

Parábola de la cizaña.

Parábola de la semilla que crece por sí sola.

Parábola del grano de mostaza.

Parábola sobre la levadura.

Parábola del tesoro escondido en el campo.

Parábola de la perla preciosa.

La parábola de las redes arrojadas al mar.

La respuesta del Señor a quienes dudan en seguirlo.

Nuestro Señor calma la tormenta.

Expulsión de una legión de demonios en Gadara.

Curación de la hemorroisa y resurrección de la hija de Jairo.

Curación de dos ciegos y de un mudo poseído por el demonio.

Segunda visita a Nazareth.

La cosecha es abundante y escasos los recolectores.

Cristo envía a los 12 apóstoles para predicar.

La decapitación de Juan el Bautista.

Primera multiplicación de los panes.

El Señor camina sobre las aguas. Curación de muchos enfermos.

Discurso sobre el pan celestial.

Tercera Pascua.

Nuestro Señor condena las tradiciones de los fariseos.

Curación de la hija de una cananea.

Curación del sordomudo.

Segunda multiplicación de los panes.

Los fariseos piden a Jesús una señal mesiánica del cielo.

La curación del ciego en Betsaida.

El Apóstol Pedro confiesa que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Nuestro Señor anuncia su muerte y resurrección.

La Transfiguración del Señor.

La curación de un joven poseído.

Jesús paga la contribución del templo.

Discusión sobre quién es más grande en el Reino Celestial.

En el Nombre de Cristo se obraban milagros.

La lucha contra las tentaciones.

Parábola de la oveja perdida.

El perdón de las ofensas. Parábola del siervo despiadado.

Jesús va de incógnito a la fiesta de los Tabernáculos.

Los samaritanos no aceptan a Cristo.

Cristo envía setenta discípulos a predicar.

Jesús en la fiesta de los Tabernáculos.

La mujer adúltera.

Nuestro Señor conversa con los judíos en el templo.

La curación del ciego de nacimiento.

La parábola del Buen Pastor.

El sermón en la fiesta de la Dedicación.

El regreso de los 70 discípulos.

La parábola del buen samaritano.

Nuestro Señor Jesucristo en la casa de Marta y María.

Parábola de la llamada persistente.

Jesús condena a escribas y fariseos.

Parábola del rico insensato.

Parábola sobre la Segunda Venida de Cristo.

Nuestro Señor anuncia el disenso entre la gente.

La caída de la torre de Siloe.

Parábola de la higuera estéril.

La curación de una mujer encorvada.

El camino estrecho que lleva al Reino de Dios.

Las amenazas de Herodes.

La curación del hidrópico.

Parábola acerca de los que quieren ser primeros.

Parábola de los invitados descorteses.

Los verdaderos seguidores de Cristo.

La parábola del hijo pródigo.

Parábola del administrador infiel.

Parábola del hombre rico y el pobre Lázaro.

Enseñanza sobre la santidad del matrimonio y la castidad.

Enseñanza sobre la eficacia de la fe.

La curación de diez leprosos.

Conversación sobre la venida del Reino de Dios.

Parábola del juez inicuo.

 

 

Primera Parte

La Venida de Nuestro Señor

Jesucristo al Mundo.

 

El prólogo del Evangelio: su autenticidad y propósito.

(Lc 1:1-4; Jn 20:31)

Los cuatro versículos iniciales del primer capítulo del Evangelio de san Lucas pueden ser considerados como el Prólogo de los Cuatro Evangelios. En ellos el santo Evangelista habla de "la rigurosa investigación efectuada sobre todo" lo transmitido por él y señala el propósito con el cual fueron escritos los Evangelios: "conocer el sólido fundamento de las enseñanzas cristianas." A este propósito san Juan el Teólogo añade en su Evangelio (Jn 20:31): "para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y creyendo tengáis vida en su nombre".

Como es evidente en el prólogo de san Lucas, él asumió la tarea de escribir su Evangelio pues para ese tiempo habían aparecido muchos relatos similares, pero carentes de autoridad y cuyo contenido no era muy satisfactorio. Él consideró que su deber era confirmar en la Fe al excelentísimo Teófilo y simultáneamente, claro está, a todos los cristianos en general. Por ello escribió un relato sobre la vida de Nuestro Señor Jesucristo verificando cuidadosamente toda la información proveniente de las palabras de los "testigos oculares y servidores del Verbo." Debido a que san Lucas era uno de los setenta discípulos de Cristo le resultaba imposible ser testigo de todos los hechos, tales como el nacimiento de Juan el Bautista, la Anunciación, el Nacimiento de Cristo, la Presentación de Nuestro Señor en el Templo. Es indudable que una significativa parte del contenido de su Evangelio se basa en las palabras de testigos oculares, es decir, se fundamenta en la Tradición, tan categóricamente rechazada por los protestantes y los sectarios. El principal y mas importante testigo de los mas tempranos eventos de la historia de los Evangelios fue ciertamente, la Santísima Virgen María. No en vano san Lucas destaca en dos oportunidades que Ella mantenía el recuerdo de todos estos sucesos guardándolos en su corazón (Lc 2:19 y 2:51).

No cabe duda de que la preeminencia del Evangelio de san Lucas sobre los otros escritos existentes, anteriores al suyo, se basa en que él escribía solamente luego de un exhaustivo examen de los hechos y del seguimiento de una estricta secuencia de eventos. Esta preeminencia es compartida por los otros tres Evangelistas, ya que dos de ellos, Mateo y Juan, pertenecían a los doce discípulos originales de Cristo, ellos mismos fueron testigos y servidores del Verbo; mientras que Marcos, escribió basándose en las palabras del discípulo más cercano a Cristo, testigo cierto y verdadero participante en los sucesos del Evangelio: el Apóstol Pedro.

El objetivo señalado por san Juan surge con particular claridad en su Evangelio, en el que abundan los testimonios jubilosos acerca de la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Pero, naturalmente, los otros tres Evangelistas también tienen la misma meta.

 

Nacimiento eterno y Encarnación del Hijo de Dios.

(Jn 1:1-14)

Al tiempo que los Evangelistas san Mateo y san Lucas relatan el Nacimiento terrenal de Nuestro Señor Jesucristo, san Juan comienza su Evangelio con la exposición del dogma de la Encarnación y generación eterna de Cristo, el Hijo Unigénito de Dios. Los Evangelistas sinópticos comienzan sus narraciones con aquellos acontecimientos gracias a los cuales el Reino de Dios tuvo su principio en tiempo y espacio. San Juan, como un águila, se eleva hacia el fundamento eterno de este Reino, contemplando la eterna existencia de Quien sólo "en estos últimos días" (Heb 1:1) adoptó la naturaleza humana.

El Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es llamado "Verbo" por san Juan. Aquí es importante saber y recordar que "Verbo," en griego "Logos," a diferencia del correspondiente vocablo de nuestro idioma, no sólo significa la palabra hablada sino también el pensamiento, el razonamiento y la sabiduría expresados a través de ella. En consecuencia referirse al Hijo de Dios como "el Verbo," adquiere el mismo significado que llamarlo "Sabiduria" (ver Lc 11:49 y Mt 23:34). Asi, El Apóstol san Pablo, en I Cor 1:24, se refiere a Cristo como "la Sabiduria Divina." En este sentido, la enseñanza acerca de la Sabiduria Divina se desarrolla en el libro de Proverbios (ver especialmente el magnífico texto de Prov 8:22-30). Entonces, resulta extraño afirmar, como hacen algunos, que san Juan copió su enseñanza sobre el Logos de la filosofía platónica y sus seguidores (Filón). San Juan escribió su Evangelio basándose en sus conocimientos de las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, de lo que aprendió como discípulo amadisimo de su Divino Maestro, y de lo que le fue revelado por el Espíritu Santo.

"En el principio era el Verbo." Esto significa que el Verbo es coeterno con Dios. Mas aun, san Juan sigue explicando que, con respecto a su existencia, el Verbo no se separa de Dios, Él es consubstancial con Dios y, finalmente, dice que el Verbo es Dios: "el Verbo era Dios." En el texto griego el vocablo "Dios" no va precedido por un articulo y esto dio lugar a que los arrianos y Origenes interpreten que el Verbo no es el mismo Dios que Dios Padre. Esto es simplemente un malentendido. En realidad, aquí se oculta el muy profundo concepto sobre la distinción entre las Tres Personas de la Santísima Trinidad. En griego, la utilización de un articulo indica que el discurso versa sobre el mismo sujeto del cual se ha hablado. Asi, al decir "el Verbo era Dios," si el Evangelista hubiese utilizado el mismo articulo y dicho "o Theos," el resultado hubiera sido la errónea idea de que el Verbo era lo mismo que Dios Padre, a Quien se habría referido inmediatamente antes. Por lo tanto, al hablar del Verbo, el Evangelista lo llama simplemente "Theos," indicando así Su Divina dignidad, pero a la vez subrayando que el Verbo tiene una existencia hipostática independiente y que no es idéntica a la Hipóstasis de Dios Padre.

El bienaventurado Teofilact señala que san Juan nos revela el dogma sobre el Hijo de Dios llamándolo "Verbo" y no "Hijo" "para que al escuchar esa palabra nosotros no pensemos en un nacimiento carnal y apasionado. Lo llama Verbo para que tu sepas que así como la palabra nace de la mente de una manera impasible, así Él nace del Padre impasiblemente".

Las palabras "todas las cosas fueron hechas por El" no intentan significar que el Verbo fue sólo un instrumento en la creación del mundo. El mundo se originó de la Causa Primigenia y la Fuente de toda existencia (incluyendo al Verbo mismo), Dios Padre, a través del Hijo, Quien por Sí Mismo es ya la fuente de todo aquello que existió desde el principio, solo que no para Sí Mismo y no para las otras Personas de Dios.

"En Él era la vida." Aquí el significado de la palabra vida debe ser entendido no en el sentido ordinario sino como la vida espiritual, que induce a la criatura a dirigirse hacia la causa de su creación, hacia Dios. Esta vida espiritual se adquiere mediante la comunión y la unificación con la Hipóstasis del Verbo Divino. En consecuencia, el Verbo es la fuente de la vida espiritual genuina para cualquier ser racional.

"Y la vida era la luz de los hombres." Esta vida espiritual que emana del Verbo Divino ilumina al hombre con un conocimiento completo y perfecto.

"Y la luz resplandece en las tinieblas." El Verbo que otorga la luz del genuino conocimiento no deja de guiar al hombre aun en las tinieblas del pecado. Sin embargo, estas tinieblas no recibieron la luz: aquellos que persisten obstinadamente en el pecado han preferido permanecer en la oscuridad de la ceguera espiritual, "las tinieblas no la comprendieron."

Entonces, para establecer una comunión entre su Divina luz y la humanidad que permanecía en las tinieblas del pecado, el Verbo dispuso medidas extraordinarias: Juan el Bautista fue enviado y, finalmente, el propio Verbo se hizo carne.

"Hubo un hombre enviado por Dios cuyo nombre era Juan." "Hubo," en griego "egueneto," y no "inos," como se dice del Verbo, porque Juan había nacido en el tiempo, no era eterno e ingénito como el Verbo. "El no era la luz." Juan no era la Luz original, pero iluminó con el reflejo luminoso de la Unica y Verdadera Luz que por Si Misma "ilumina a todo hombre que viene a este mundo".

El mundo no conoció al Verbo a pesar de que Él le dio su existencia. "Vino a los suyos," es decir, vino a su pueblo elegido, Israel; "y los suyos no lo recibieron." Pero esta claro que no todos lo han rechazado.

A "quienes lo recibieron" con fe y amor "les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios," les concedió la posibilidad de prohijarse al Padre, comenzar una nueva vida espiritual. Esta vida espiritual, al igual que la corporal, se inicia desde el nacimiento pero no a través de la concupiscencia de la carne sino a través de Dios, la fuerza que viene desde lo alto.

"Y el Verbo se hizo carne." Por carne se entiende no solo el cuerpo físico sino el hombre en su totalidad, tal es el significado con el que la palabra carne se utiliza en las Sagradas Escrituras. El Verbo se hizo carne, hombre perfecto, pero sin dejar de ser Dios. "Y fijó su morada entre nosotros," habitó entre nosotros, "lleno de gracia y de verdad." Por "gracia" se entiende tanto la gracia Divina como los dones de la gracia de Dios, los dones del Espíritu Santo, que muestran a los hombres el camino a la nueva vida espiritual. El Verbo, habitando entre nosotros, también estaba "lleno de verdad," es decir, del conocimiento perfecto de todo lo concerniente al mundo y la vida espirituales.

"Y hemos visto su gloria, la gloria del Unigénito del Padre." Los apóstoles realmente vieron su gloria en la Transfiguración, Resurrección y Ascensión a los cielos, la gloria de sus enseñanzas, milagros, obras de amor y voluntaria humillación. "Unigénito del Padre," pues sólo El es el Unico Hijo de Dios, por esencia, por su naturaleza Divina. Con estas palabras se señala Su inefable supremacía sobre los hijos de Dios por la gracia, de los que se habló con anterioridad.

 

Las observaciones del arcipreste Mijail Pomazansky.

(Un agregado al texto original del Arzobispo Averky)

La comparación entre las palabras iniciales del libro del Génesis del Antiguo Testamento y aquellas con las que comienza el Evangelio de san Juan atraen la atención de todo cristiano familiarizado con la Biblia. También nosotros hemos de detenernos en esta comparación.

"En archi" — "En el principio"- son las palabras introductorias de ambas Sagradas Escrituras. En griego el vocablo "archi" tiene tres significados básicos: a) el principio de un suceso o hecho, en el significado simple y común del término, b) orden, regla o autoridad y c) en sentido secular — la antigüedad, el pasado, tiempo atrás, y en sentido espiritual, sin limitación a causa del tiempo, eterno. En el idioma original del libro del profeta Moisés, la palabra "archi" se aplica en el sentido usual — arriba mencionado en a) — antes de todas sus acciones, mas allá de Sí Mismo, Dios creó el cielo y la tierra; es decir, antes de crear el Universo, era sólo Dios, y nada existía fuera de Él. La misma frase aparece al principio del Evangelio de Juan. Sin embargo, el santo apóstol exalta el significado de la palabra griega "archi." "En el principio era el Verbo," "Verbo" como una Persona Divina; "En el principio," antes de cualquier otro tipo de existencia y más que esto, fuera de todo tiempo, en la eternidad sin límite. Idéntico vocablo aparece una vez mas en otro pasaje del mismo Evangelio, con igual significado. Cuando los judíos le preguntan a Cristo: "¿Quién eres?," Cristo responde: "Desde el principio, como os he dicho." Asi, el primero de los libros de las Sagradas Escrituras comienza con la única y expresiva palabra, pero en el Nuevo Testamento adquiere un significado mas sublime que en el Génesis.

En el siguiente texto de ambos libros, especialmente en los primeros cinco versículos de cada uno, advertimos esta asociación interna. Pensemos que no es intencional por parte del Evangelista, ya que no es ordenada en una secuencia estricta sino como una conexión, que fluye por sí misma desde lo substancial del relato sobre esos dos temas. Aquí la majestuosidad de estos eventos del Nuevo Testamento, en su comparación con los del Antiguo Testamento, está claramente establecida. En favor de la claridad mostramos el paralelo, colocando primero el Antiguo Testamento y luego el Evangelio.

 

Libro del Génesis Evangelio

 

1. "En el principio Dios creó..." 1. "En el principio era el Verbo, y el

"Y dijo Dios, Hágase..." Verbo estaba con Dios, y el Verbo

era Dios"

 

Aquí el dogma del monoteísmo es

expuesto con la revelación de la

segunda Hipóstasis (la expresión

"estaba con Dios" se explica mas

adelante, en el versículo 18: "Él

Hijo Unigénito de Dios, Quien

está en el seno del Padre".

 

2. "Y la tierra era informe y 2. "Todas las cosas fueron hechas por

vacía" (sin vida) medio de Él (el Verbo) y sin El no

se hizo nada de todo lo que existe"

El vocablo "dijo" en "1" se hace

mas exacto con la expresión "dijo

con el Verbo." La participación de

la segunda Hipóstasis Divina,

Creador del universo, Hacedor de

la voluntad del Padre.

 

3. "Y dijo Dios, Hágase la 3. "En Él (el Verbo) estaba la vida"

luz..." (en contraste)

Refiriéndose a la luz

material.

 

4. "Y la oscuridad cubría la 4. "Y la vida era la Luz de los hombres"

faz del abismo..." El sujeto del pensamiento se eleva

inconmensurablemente, a pesar de

que es señalada con una misma

palabra. Sobre el Verbo, el Hijo de

Dios: "Y la luz brilló en las tinieblas,

y las tinieblas no la comprendieron"

 

5. Acerca del Espíritu Santo: 5. Se citan las palabras de Juan Bautista:

"Y el Espíritu de Dios se "Yo no lo conocía; pero he bautizado

movía sobre las aguas..." con agua, para darlo a conocer a

Israel. Y entonces Juan dijo: He visto

al Espíritu bajar del cielo como una

paloma y posarse sobre Él".

 

6. "Y dijo Dios: Hagamos al 6. Sobre la Encarnación del Verbo:

hombre a Nuestra imagen" "Y el Verbo se hizo carne, y habitó

Y Dios creó al hombre a entre nosotros y nosotros hemos

Su imagen... visto su gloria, la gloria del Hijo

Unigénito del Padre".

 

 

7. "Y al séptimo descansó 7. La venida del Verbo a la tierra. La

Dios de toda su obra" gloria del Salvador: "De aquí en

mas verán los cielos abrirse y a los

ángeles de Dios ascender y descender

sobre el Hijo del Hombre" (Jn 1:51)

 

Esta coincidencia de pensamientos y expresiones verbales entre los dos libros de las Sagradas Escrituras, este enfoque del primer libro a la luz de la Iglesia en su entendimiento del Evangelio, perteneciente al primer libro del profeta Moisés, está confirmada por las palabras del Apóstol, precisamente en el primer capitulo de su Evangelio: "De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo" (Jn. 1:16-17). En consecuencia, no es necesario buscar la fuente para el vocablo "Logos" — "Verbo," establecido con solidez en el cristianismo. Esta comprensión del nombre no es para nada extraña en general en el Antiguo Testamento: "por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos y todo su ornato por el soplo de su boca" (Sal 33:6), dice el Salterio, antaño leído a diario por los judíos tanto en el antiguo texto hebreo como en la versión de la Septuaginta.

Sin embargo, las palabras con las que Cristo se despide de sus discípulos, resplandecen con mayor claridad para nosotros: "La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió" (Jn 14:24). "Todo lo que es del Padre es mío" (Jn 16:15). Aquí esta el tema fundamental de este diálogo majestuoso, tanto como la primera oración sacerdotal enunciada luego por Cristo.

La Iglesia Ortodoxa ha recogido con amor la expresión "el Verbo" para denominar al Hijo de Dios aplicándola ampliamente, no en una forma singular sino con una u otra definición o atributo: "quien diste al mundo a Dios el Verbo sin dejar de ser Virgen" (Himno de la Madre de Dios "Verdaderamente es digno"), "el Hijo Unigénito y Verbo de Dios" (cántico de la liturgia), y "Omnipotente Verbo del Padre" (de las oraciones para antes de dormir).

 

La concepción de Juan, el Precursor de Cristo.

(Lc 1:5-25)

Aquí se relata la aparición del Angel del Señor al sacerdote Zacarías mientras oficiaba en el templo. El Angel le anuncia la concepción y el nacimiento de un hijo a Zacarías y a su esposa Isabel, quien será llamado Juan y "quien será grande a los ojos del Señor." Zacarías es castigado con la mudez a causa de su incredulidad.

El rey Herodes, mencionado en el texto, era de origen idumeo, e hijo de Antipatro. En tiempos de Hircano, el último de la estirpe de los macabeos, se adueñó de los destinos de Judea, recibiendo de Roma el título de rey. Si bien Herodes fue un prosélito, los judíos nunca lo consideraron uno de los suyos y a su reinado se aplica la profecía que testimonia la Venida del Señor: "no se apartará de Juda el cetro hasta la llegada del Mesías" (ver Gen. 49:10).

El rey David dividió el servicio sacerdotal en 24 clases. Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal de Abias. Estaba casado con una mujer llamada Isabel, también descendiente de sacerdotes y aunque ambos se distinguían por su autentica rectitud no tenían hijos pues Isabel era estéril. La falta de descendencia era considerada por los judíos como un castigo Divino a causa de los pecados. Cada clase sacerdotal oficiaba en el templo durante una semana, dos veces al año, y los sacerdotes se repartían sus obligaciones echando suertes. En Zacarías recayó la tarea de ofrecer el incienso. Por ello ingresó en la segunda parte del templo de Jerusalén, llamada Sancta o Santuario, donde se encontraba el altar de los inciensos. Mientras tanto el pueblo rezaba en el Atrio o explanada del templo.

Habiendo entrado al Santuario Zacarías vio un Angel y un enorme temor se apoderó de èl pues según la creencia judía, la visión de un ángel presagiaba la proximidad de la muerte. El Angel tranquilizó a Zacarías diciéndole que su oración había sido escuchada y que su esposa engendraría un hijo que iba a ser "grande ante los ojos del Señor." Es difícil suponer que la plegaria de un hombre tan recto como Zacarías, cuya esposa era anciana y en un momento tan solemne del oficio Divino, tuviese por objeto pedir la concepción de un hijo. Es evidente que, como uno de los pocos judíos piadosos de aquel tiempo, invocaba a Dios para la pronta llegada del Reino del Mesías. Es precisamente esta súplica a la que se refiere el Angel cuando le dice que ha sido escuchada. Su plegaria obtuvo una sublime recompensa pues su penosa esterilidad quedó resuelta y su hijo habría de convertirse en el Precursor del Mesías, cuya Venida el anhelaba con tanta intensidad. Su deber inmediato será preparar al pueblo judío para la llegada del Mesías, mediante sermones, la exhortación al arrepentimiento y al cambio de vida, dirigiendo hacia Dios a muchos de los hijos de Israel que veneraban al Señor sólo formalmente y cuyos corazones y vidas estaban tan alejados de Aquél. Para ello al Precursor le serán dados el espíritu y la fuerza del profeta Elías, a quien se parecerá por su ferviente celo, su severo ascetismo, su exhortación al arrepentimiento y su condena de la iniquidad. Él deberá rescatar a los judíos del abismo de su declinación moral, restituyendo en los corazones de los padres el amor por sus hijos, y a quienes se opongan a la diestra del Señor convertirlos según la imagen de los justos.

Zacarías no le creyó al Angel pues tanto èl como su mujer eran demasiado ancianos para tener esperanzas de una descendencia y pidió al Angel una señal que demuestre la veracidad de su anuncio. El Angel se presenta: es Gabriel, que significa el poder de Dios, el mismo que reveló al profeta Daniel la buena nueva acerca del tiempo de la Venida del Mesías, estableciéndola en un plazo de semanas (Dan. 9:21-27). A causa de su incredulidad Zacarías es castigado con la mudez y por lo visto simultáneamente con la sordera pues a partir de allí, toda comunicación con él fue hecha a través de señas.

Era habitual que incensar el santuario insumiera un corto tiempo de modo que la gente comenzó a sorprenderse ante la tardanza de Zacarías. Sin embargo, no bien hubo de aparecer Zacarías gesticulando, ellos comprendieron que él había tenido una visión. Es notable que Zacarías no cesó de cumplir su oficio en el templo hasta el final. Cuando hubo regresado al hogar su mujer Isabel realmente concibió un hijo. Durante cinco meses ella lo ocultó por temor a la incredulidad y la burla de las gentes, mientras su alma se regocijaba y agradecía a Dios pues le había sido quitado el oprobio de su esterilidad. La concepción de san Juan el Bautista se celebra el 23 de septiembre.

El anuncio de la Encarnación del Hijo de Dios a la Santísima Virgen María.

(Lc 1:26-38)

A los seis meses de la concepción de san Juan el Bautista, el Arcángel Gabriel fue enviado a la pequeña aldea de Nazaret, en la Galilea meridional, en territorio perteneciente a la tribu de Zabulon, "a una Virgen comprometida con hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la Virgen era María." El Evangelio no dice: "Virgen casada" sino "comprometida con un hombre." Esto significa que, formalmente y ante los ojos de la sociedad, la Santísima Virgen María era considerada la esposa de José, aunque en realidad Ella no lo era.

La Purísima Virgen María había sido consagrada a servir en el templo hasta que cumpliera catorce años. Esta era el límite de edad establecido por la ley para su permanencia allí. Por haber quedado huérfana a muy temprana edad y carecer entonces de hogar paterno al cual regresar, Ella fue obligada a casarse siguiendo la tradición. Sabiendo que Ella había prometido permanecer Virgen, los sumosacerdotes y sacerdotes no quisieron dejarla sin un custodio, de manera que la comprometieron con un pariente, un octogenario carpintero de nombre José, conocido por su rectitud y quien tenía, además una extensa familia fruto de su primer matrimonio (Mt. 13:55-56).

El Angel hizo su aparición ante la Virgen llamándola "llena de gracia." Dios había favorecido a la Virgen con su especial amor y benevolencia, ésta Su ayuda que es tan imprescindible para los grandes y sagrados logros. Las palabras del Angel asombraron a María por su naturaleza extraordinaria, y Ella comenzó a preguntarse sobre su significado.

Una vez que hubo el Angel tranquilizado a María, le anunció que dará a luz un Hijo, Cuya grandeza será muy superior a la de Juan pues, El no solo será simplemente colmado de los dones Divinos como Juan, sino que El Mismo será el "Hijo del Altísimo." ¿Por qué el Angel dice que el Señor le dará el trono de David, su padre y reinará sobre la casa de Jacob?. Porque en el Antiguo Testamento, el reino de Israel estaba predeterminado a preparar al pueblo para su paulatina transfiguración en el espiritual y eterno Reino de Cristo. En consecuencia, el Reino de David como tal es uno en el cual Dios mismo designaba a los monarcas, se regía según las leyes Divinas, y toda forma de vida civil estaba impregnada con la idea de servir a Dios, lo cual formaba un ininterrumpido eslabón con el Reino de Dios del Nuevo Testamento.

La pregunta de María: "¿Cómo puede esto ser si yo no conozco varón?" — hubiera sido completamente incomprensible y no hubiera tenido sentido si Ella no hubiese prometido a Dios permanecer Virgen para siempre. El Angel le explicó que su promesa no sería quebrantada pues Ella daría a luz un Hijo por un medio sobrenatural, sin varón. El Espíritu Santo, "el Poder del Altísimo," será la causa de esta concepción sin simiente, es decir, el mismísimo Hijo de Dios la cubrirá con su sombra, como una nube, y entrará en Ella, a semejanza de aquella "nube ligera" que cubrió el Tabernáculo, tal como lo expresa Isaias (Is. 19:1).

La Santísima Virgen no requirió prueba alguna, sin embargo, el mismo Angel, confirmando la autenticidad de sus palabras, señaló a Isabel quien había concebido un hijo en su avanzada edad por la gracia de Dios, para Quien nada es imposible. La Virgen sabía, a través de los libros de los profetas, que a Ella y a su Hijo Divino les aguardaba no solo la gloria sino también la amargura. Sin embargo, en obediencia completa a la Voluntad de Dios Ella respondió: "He aquí la esclava del Señor: hágase en mi según tu palabra." La Iglesia celebra la Anunciación el 25 de marzo.

Habiendo aceptado la buena noticia, la Santísima Virgen no hizo comentario alguno a José pues, como explica San Juan Crisostomo, Ella temía con justa razón que José pudiera no creerle y pensar que con su advertencia estaba tratando de encubrir un delito.

 

El encuentro de la Santísima Virgen con Isabel.

(Lc 1:39-56)

La Santísima Virgen se apresuró a compartir Su alegría con su prima Isabel, quien presumiblemente vivía en Judea en una ciudad llamada Juttah, próxima a la sagrada ciudad de Hebron. Isabel saluda a la Virgen con las mismas y extraordinarias palabras que fueron dichas por el Angel: "¡Bendita Tu eres entre todas las mujeres!" agregando: "¡Bendito es el fruto de tu vientre!." Es evidente que, como familiar suya, Isabel conocía la promesa de María de permanecer Virgen, y por lo tanto exclamó: "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?." Isabel explica de inmediato el significado de sus palabras: "En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura que llevo en mi vientre saltó de alegría." Sin duda, gracias a la inspiración del Espíritu Santo, el niño en el seno de Isabel presintió a aquel otro Niño, cuyo advenimiento al mundo requerirá que la humanidad sea preparada por el Precursor. He ahí la razón de tan inusitado movimiento en el seno de su madre. La reacción del niño, obra del Espíritu Santo, se transmitió a su madre y Ella, por una visión beatífica, reconoció al instante la jubilosa noticia de la cual María era portadora, glorificándola como la Madre de Dios con las mismas palabras del arcángel Gabriel. Isabel exalta a la Santísima Virgen por la fe con la que Ella recibió el buen anuncio del arcángel en contraposición a la incredulidad de Zacarías. Mediante las palabras de Isabel, la Santísima Virgen María comprendió con claridad que el misterio le había sido revelado a Isabel por Dios Mismo. En medio de sentimientos de éxtasis y ternura, al pensar que había llegado el tiempo de la tan anhelada Venida del Mesías y la liberación de Israel, la Santísima Virgen alabó a Dios con una canción maravillosa e inspirada; canción esta que es hoy incesantemente interpretada en nuestros oficios de maitines en su honor: "Enaltece mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador..."

Aquí Ella deja de lado todo pensamiento sobre sus méritos personales, glorifica a Dios porque El ha visto su mansedumbre y en una visión profética, anuncia que por esta gracia de Dios, Ella será glorificada por todas las generaciones, y que esta gracia Divina se extenderá a todos aquellos que sean temerosos del Señor.

Mas adelante la Virgen celebra a Dios por que se ha cumplido la promesa hecha a Abraham y a los patriarcas pues, el Reino del Mesías aguardado por Israel finalmente ha llegado. Asi, los humildes seguidores de este Reino, despreciados por el mundo, pronto triunfaran, serán enaltecidos y colmados de bondad, mientras que los soberbios y poderosos serán derrocados y avergonzados. Aparentemente la Santísima Virgen no esperó el nacimiento del Precursor y retornó a su casa.

El Nacimiento de san Juan el Bautista.

(Lc 1:57-80)

El tiempo había llegado para que Isabel diera a luz y, familiares y amigos se unieron a Ella en la alegría que la embargaba. Al octavo día se reunieron en su casa para llevar acabo el rito de la circuncisión, establecido en tiempos de Abraham (Gen. 17:11-14) y exigido por la ley de Moisés

(Lev. 12:3). A través de este ritual el recién nacido era incorporado a la comunidad del pueblo elegido, y en consecuencia, ese día era considerado una jubilosa festividad familiar. En el momento de la circuncisión se imponía un nombre al recién nacido, habitualmente en honor de algún pariente mayor. Por eso, el deseo de su madre de llamarlo Juan causó consternación general. El Evangelista enfatiza esta circunstancia pues esta claro que era un hecho milagroso: el deseo de Isabel de llamar Juan a su hijo era fruto de la inspiración del Espíritu Santo. Desconcertados todos, recurrieron al padre para que él decidiera. Así que Zacarías, aun mudo, pidiendo una tablilla cubierta de cera escribió: "su nombre es Juan." Todos quedaron atónitos

Ante la extraordinaria concordancia de ambos progenitores en dar a su hijo un nombre que no existía entre sus parientes. De inmediato, según el vaticinio del Angel, Zacarías recobró el habla y en un estado de inspiración profética, vislumbrando la Venida del Reino del Mesías, comenzó a glorificar a Dios, Quien visitó a Su pueblo e hizo posible su salvación, "levantó el cuerno de la salvación en la casa de David." Tanto como en el Antiguo Testamento, cuando los criminales huyendo de sus vengadores llegaban al altar de los holocaustos y asían el cuerno de la salvación, eran considerados inmunes al castigo (III Rey. 2:28), así todo el género humano, oprimido por los pecados y perseguido por la rectitud de la justicia Divina, encuentra la salvación en Jesucristo. Esta salvación implica no tanto la liberación de Israel de sus enemigos políticos (como la mayoría de los judíos creía, especialmente los escribas y fariseos) como del cumplimiento de la ley Divina, dada a sus antepasados en el Antiguo Testamento, cumplimiento que hubiera otorgado a todos aquellos israelitas creyentes una oportunidad de servir a Dios "en santidad y rectitud." Aquí rectitud significa la absolución de la humanidad a través de medios Divinos, aplicando al hombre los méritos redentores de Cristo. "Santidad" aquí es la corrección interior del hombre conseguida por el esfuerzo personal con la asistencia de la Gracia. Zacarías continua profetizando sobre el futuro de su hijo, quien, según lo anunciado por el Angel, será llamado profeta del Altísimo, Precursor del Divino Mesías. Indica también que el ministerio del Precursor es preparar a las gentes para la Venida del Mesías y permitir que el pueblo de Israel comprenda que su salvación consiste únicamente en el perdón de los pecados. Por ello es que Israel no debe buscar la grandeza mundana añorada por sus dirigentes espirituales sino la rectitud y la remisión de los pecados. La remisión de los pecados es consecuencia de la "entrañable misericordia de nuestro Dios" que, precediendo al "Oriente que viene desde lo alto" nos visitará. Asi llaman al Mesias-Redentor por los profetas Jeremías (25:5) y Zacarías (3:8 y 6:12).

De acuerdo con la tradición, el rumor sobre el nacimiento de Juan el Bautista llegó hasta el desconfiado Herodes. Cuando los magos arribaron a Jerusalén preguntando por el lugar en el que había nacido el Rey de los judíos, Herodes recordó al hijo de Zacarías y dio orden de ejecutar a todos los niños. También envío a sus sicarios a Juttah. Isabel huyó con su hijo al desierto y Herodes, enardecido ante la imposibilidad de localizar al pequeño Juan, envió a sus servidores a interpelar a Zacarías, quien oficiaba en el templo. Zacarías replico que su hijo ahora servía al Señor Dios de Israel e ignoraba su paradero. Después de ser amenazado de muerte se mantuvo en su respuesta y cayo víctima de las espadas asesinas en el ofertorio del templo. Este hecho es recordado por Nuestro Señor durante Su acusación condenatoria de los fariseos (Mt. 23:35).

La Iglesia Ortodoxa celebra el nacimiento de san Juan el Bautista el día 24 de junio.

Genealogía de Nuestro Señor Jesucristo.

(Mt 1: 1-17, Lc 3: 23-38)

La nómina de los antepasados terrenales de Nuestro Señor Jesucristo aparece en dos de los Evangelios, el de san Mateo y el de san Lucas. Aunque ambos dan testimonio sobre la procedencia de Cristo desde David y Abraham, los nombres citados no siempre coinciden. Como san Mateo escribía para los judíos consideraba importante probar que, conforme a las profecías del Antiguo Testamento, Nuestro Señor Jesucristo realmente descendía de Abraham y de David. En consecuencia él comienza su Evangelio con la Genealogía del Señor desarrollándola desde Abraham hasta "José el esposo de María, de Quien nació Jesús, llamado Cristo." Aquí surge la pregunta: ¿por que la Genealogía que da el Evangelista es la de José y no la de la Santísima Virgen María?. Esto es porque los judíos no tenían por costumbre componer sus genealogías a partir de los antepasados maternos. La Santísima Virgen fue indudablemente hija única de Joaquín y Ana, entonces, según lo exigía la ley de Moisés debía ser entregada en matrimonio a un pariente de la misma estirpe, familia o tribu. Como José era de la misma tribu que David, se infiere que la Virgen también tenia los mismos antepasados.

San Lucas se propuso una tarea diferente para si mismo: mostrar que Nuestro Señor Jesucristo pertenece a toda la humanidad y es el Salvador de todas las gentes. Por ello el Evangelista proclama la Genealogía del Señor hasta Adán y hasta Dios Mismo. Sin embargo, esta genealogía difiere en algo de la ofrecida por san Mateo. Como ejemplo, según san Mateo, Joséel padre aparente de Nuestro Señores hijo de Jacob, en cambio según san Lucas, José es hijo de Eli. De modo similar Salatiel, que es mencionado por ambos Evangelistas como el padre de Zorobabel, es, según dice san Mateo, el hijo de Jeconias, mientras que según san Lucas es el hijo de Neri. Julio el Africano, un sabio cristiano de la antigüedad, explica esto de manera admirable mediante la ley del levirato, según la cual, si uno de los hermanos moría sin descendencia, el otro hermano estaba obligado a desposar a la viuda, y "restablecer la simiente de su hermano" (Dt. 25: 5-6). El primogénito de este nuevo matrimonio debería ser considerado hijo del hermano difunto a fin de que "su nombre no fuese borrado de Israel." Esta ley regía no solo para los parientes más próximos sino también para los hermanastros, como en realidad lo eran Jacob y Eli. Mientras que tenían diferentes padres, Esther era la madre de ambos. Asi fue que al morir Eli, Jacob restauró la dinastía de su hermano desposando a la viuda y engendrando a José. Es aquí donde emana la diferencia antes mencionada, ya que san Lucas ubica los orígenes de José a partir de Reza, hijo de Zorobabel y Eli, mientras que san Mateo lo hace desde Abiud, el otro hijo de Zorobabel y a través de Jacob, el otro padre de José.

San Mateo incluye en la Genealogía del Señor a mujeres paganas y pecadoras con una finalidad aleccionadora: Dios no despreció incorporar semejantes mujeres al linaje elegido, como tampoco desdeña convocar a los gentiles y pecadores a Su Reinopues el hombre no se salva por sus méritos sino por la fuerza purificadora de la Gracia de Dios.

 

La Natividad de Cristo.

Sólo dos Evangelistas, san Mateo y san Lucas, relatan el Nacimiento de Cristo y los sucesos relacionados con él. San Mateo anuncia la revelación del misterio de la Encarnación al recto José, la adoración de los magos, la huida a Egipto, y la matanza de los inocentes. San Lucas, por su parte, describe las circunstancias en las cuales Cristo el Salvador nació en Belén y la adoración de los pastores.

 

Revelación del misterio de la Encarnación al recto José.

(Mt. 1-18-25)

San Mateo cuenta que poco después del compromiso de la Santísima Virgen María con el octogenario José, "antes de que conviviesen," es decir, antes de la consumación de su verdadero matrimonio, el embarazo de María fue advertido claramente por José. Siendo un hombre recto, y esto significa justo y misericordioso, José no quiso exponer en público la aparente transgresión de su prometida, para no someterla a la muerte vergonzosa y en agonía prescrita por la ley de Moisés (Dt. 22:23-24). Fue su intención abandonarla en secreto, sin alegar motivo. Tan pronto como hubo pensado en esto se le apareció un Angel del Señor y le dijo: "lo que ha sido engendrado en Ella proviene del Espíritu Santo" y no es fruto de un pecado clandestino. El Angel prosigue con su anuncio: "y Ella dará a luz un Hijo al que deberás dar el nombre de Jesús, pues El salvará a su pueblo de sus pecados." El nombre Jesús, en hebreo Ieoshua, significa Salvador. Para que José no dude de la veracidad de lo que ha sido dicho, el Angel cita la antigua profecía de Isaias que testimonia sobre el gran milagro de la concepción virginal y el nacimiento del Salvador del mundo, predeterminado por el Consejo Eterno de Dios: "He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo... " (Is. 7:14). No cabe imaginar la falta de cumplimiento de la profecía a causa de las palabras del profeta: "le pondrán por nombre Emmanuel" pues el recién nacido fue llamado Jesús. Emmanuel no es un nombre propio sino uno simbólico cuyo significado es "Dios con nosotros." Asi, cuando este nacimiento virginal del Niño ocurra, la humanidad exclamará "Dios (está) con nosotros" porque, con esta identidad, Dios bajó a la tierra y vivió entre los hombres. Emmanuel es tan sólo la señal profética de la Divinidad de Cristo, señal que este prodigioso Niño no será un hombre común sino Dios. Convencido por las palabras del Angel, José "lleva a María a su casa," dejando de lado su intención de repudiarla y le permite vivir en su hogar como esposa. "Y no la conoció hasta que hubo dado a luz a su Hijo primogénito." Esto no significa que él la haya conocido después del nacimiento de Jesús llevando vida conyugal. San Juan Crisostomo señala con razón que es sencillamente no creíble suponer que un hombre tan recto como José, decidiese "conocer" a la Santísima Virgen luego de su tan milagrosa maternidad. La expresión "hasta que," en el texto griego "ewz" y en el Eslavonico "dondezhe," de ninguna manera deben interpretarse, como pretenden los protestantes y sectarios quienes no veneran a la Santísima Virgen, en el sentido de que José no la "conoció" hasta que nació Jesús y que si lo hizo con posterioridad. José nunca la "conoció." En las Sagradas Escrituras la expresión "ewz," aparece por ejemplo, en el versículo que se refiere al fin del Diluvio Universal: "y no retornó el cuervo al arca hasta que ("ewz") se secaron las aguas sobre la tierra" (Gen. 8:6), cuando sabemos que el cuervo tampoco regresó después. Otro ejemplo, en las palabras del Señor: "Yo estaré siempre con vosotros hasta ("ewz") el fin de los tiempos" (Mt. 28-20). Como el bienaventurado Teofilact observa acertadamente, esto no implica que Cristo no estará con nosotros luego de la consumación de los tiempos. ¡Decididamente no, puesto que entonces Él estará con nosotros mas que nunca!.

Jesús es aquí llamado "Primogénito" no porque la Purísima Virgen hubiese tenido otros hijos después de Él, sino porque Él fue el primero y el único. En el Antiguo Testamento, Dios ordenó que "todo primogénito" debía ser consagrado a Él, sin importar que a este primogénito le sucedieran o no otros hermanos. Si los Evangelios hacen mención de los "hermanos de Jesucristo" (Mt. 12:46, Jn. 2:12 y otros) esto no significa que ellos hayan sido sus hermanos de sangre. Ellos, como lo atestigua la Tradición, eran hijos del primer matrimonio de José.

Circunstancias y época de la Natividad de Cristo.

(Lc 2:1-20)

San Lucas es el Evangelista que con mas detalles habla sobre las circunstancias y la época en la que se produjo la Natividad de Cristo. El Nacimiento de Cristo coincidió con el censo de todos los ciudadanos del imperio romano. Este censo fue ordenado por un edicto de "Cesar Augusto," el emperador Octavio, quien recibió del senado romano el título de Augusto ("sagrado"). Es lamentable que no se haya conservado la fecha exacta de este censo. Sin embargo, la época en la que gobernó Octavio Augusto, una personalidad históricamente bien conocida, nos da la oportunidad de saber en forma aproximada el año del Nacimiento de Cristo.

La actual cronología que divide la Historia en dos Eras — Antes y Después de Cristo- fue introducida en el siglo VI por el monje romano Dionisio el Exiguo. Según sus cálculos, Dionisio estimó que Nuestro Señor Jesucristo nació en el año 754 desde la fundación de Roma (Urbe Condita). Sin embargo, como lo demostraron posteriores y más detalladas investigaciones, la estimación de Dionisio tuvo un error de unos cinco años con respecto a la fecha real del Nacimiento de Nuestro Señor, la cual se remonta al 748 Urbe Condita.

La fecha real del Nacimiento de Cristo puede ser determinada con mayor exactitud basándose en los siguientes acontecimientos relatados en el Evangelio:

  1. La época en la que reinó Herodes el Grande. En Mt 2:1-18 y Lc 1:5 se menciona con claridad que Cristo nació en tiempos del rey Herodes, quien reinó desde 714 Urbe Condita hasta su muerte en el año 750, ocho días antes de la Pascua y poco tiempo después del eclipse lunar. Según el cálculo de los astrónomos, este eclipse tuvo lugar la noche del 13 al 14 de marzo y la Pascua judía fue celebrada el 12 de abril de ese año; en consecuencia, Herodes murió al comienzo de abril del año 750, por lo menos cuatro años antes de nuestra Era.
  2. El censo mencionado en Lc 2:1-5 comenzó por edicto de Augusto en el año 746. En Judea se inició en las postrimerías del reinado de Herodes, fue interrumpido a raíz de su muerte, y continuado hasta el final durante el gobierno de Quirino en Siria, conforme al relato de Lc 2:2. Como consecuencia de este empadronamiento hubo en Palestina una sublevación popular. Herodes condenó a Teudo, el instigador de esa sublevación, a morir en la hoguera el 12 de marzo del año 750. Queda claro que el censo se inició con anterioridad a este episodio.
  3. El decimoquinto año del Imperio de Tiberio Cesar en el que, según el testimonio de san Lucas (Lc 3:1), san Juan el Bautista inició su predicación y el Señor Jesucristo cumplió la edad de treinta años (Lc 3:23). Dos años antes de su muerte en enero de 765, Augusto aceptó a Tiberio como cogobernante. Así, el decimoquinto año del reinado de Tiberio dio comienzo en enero del año 779. San Lucas dice que Nuestro Señor tenía entonces treinta años lo que implica que había nacido en el año 749.
  4. Los cálculos astronómicos muestran que la muerte de Cristo en la cruz pudo solo haber ocurrido en el año 783 (según los datos en el Evangelio esto sucedió en el año en el cual la Pascua judía recayó en un viernes al atardecer). Y como la edad del Señor estaba llegando a los treinta y cuatro años, Él en consecuencia, debe haber nacido en el año 749 desde la fundación de Roma.

De esta manera, los hechos hasta aquí mencionados son testimonio unánime de que el año de la Natividad de Cristo fue necesariamente el 749 desde la fundación de Roma. En cambio, el día de su Nacimiento es algo que no puede ser establecido con certeza pues los datos de los cuatro Evangelios son insuficientes. En oriente, la Iglesia en un principio celebraba el mismo día la Navidad junto con la Teofania, bajo la denominación común de Epifanía o Venida de Dios al mundo (6 de enero). En occidente, la Iglesia celebraba la Navidad de Cristo desde antiguo el 25 de diciembre. Desde fines del siglo IV la Iglesia en oriente también comenzó a festejar ese día. Esta fecha fue seleccionada según las siguientes consideraciones. Existe la hipótesis de que Zacarías estaba cumpliendo funciones de sumosacerdote cuando se le apareció el Angel detrás del velo del Santo de los Santos, donde el sumosacerdote ingresaba solo una vez al año, el día de la purificación. Según nuestro calendario ese día corresponde al 23 de septiembre, considerado como el día de la concepción del Precursor. Seis meses después, tuvo lugar la Anunciación a la Virgen María celebrada el 25 de marzo. Nueve meses mas tarde, el 25 de diciembre, nació Nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, nada hay que confirme el hecho de que Zacarías fuese sumosacerdote.

Ciertamente, hay otra explicación simbólica para la elección de la fecha en la que debe festejarse la Navidad de Nuestro Señor. Los antiguos estimaban que Cristo, como un segundo Adán, fue concebido por la Virgen durante el equinoccio de primavera, el 25 de marzo, fecha en la que, según una antiquísima tradición, fue creado el primer Adán.

Cristo, Luz del mundo, Sol de verdad, vino al mundo luego de nueve meses durante el solsticio de invierno, cuando los días se hacen mas largos y las noches se acortan. En concordancia con esto, la concepción de Juan el Bautista, seis meses mayor que Cristo, debía celebrarse el 23 de septiembre, durante el equinoccio de otoño y su nacimiento el 24 de junio, durante el solsticio de verano, cuando los días comienzan a menguar.

San Atanasio advierte este hecho en las palabras del propio Juan el Bautista en Jn 3:30. "Es necesario que Él crezca y yo diminuya."

Alguna confusión surge cuando el Evangelio de san Lucas se refiere al censo efectuado en la época en que nació Cristo: "Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba Siria" pues, según datos históricos, Quirino fue gobernador de Siria unos diez años después del Nacimiento de Cristo. La explicación mas apropiada para este malentendido es la siguiente: durante la traducción del texto griego (y hay sólidos fundamentos para ello) en lugar del vocablo "este censo" debería haberse aplicado "el mismo censo." El edicto sobre el empadronamiento fue ordenado por Augusto antes del Nacimiento de Cristo, pero debido a las sublevaciones populares y a la muerte de Herodes, el censo fue interrumpido y luego completado diez años mas tarde durante el gobierno de Quirino. Según información adicional, Quirino fue gobernador de Siria en dos oportunidades. El censo comenzó durante su primer mandato, completándose recién en el segundo. Esa es la razón por la que el Evangelista dice que el censo, ocurrido en el tiempo del Nacimiento de Cristo fue "el primero".

"Cada uno" debía registrarse "en su ciudad." La política romana solía respetar las costumbres locales de los pueblos conquistados y este empadronamiento se hacía al modo judío, de acuerdo a las tribus, familias y estirpes y los empadronados debían dirigirse a la ciudad en la que vivió el jefe de cada estirpe o familia. Como José era descendiente de David debía ir a Belén, la ciudad natal del rey. En esto puede verse la maravillosa Providencia de Dios: el Mesías debía nacer en esta ciudad, según lo anunciado por la antigua profecía de Miqueas 5:2. Conforme a las leyes romanas las mujeres debían censarse al igual que los hombres, acompañándolos a sus ciudades de origen. En consecuencia, no hay porque asombrarse de que la Santísima Virgen María, a pesar de su estado, acompañaba al custodio de su virginidad, el anciano José. Es indudable que Ella conocía muy bien la profecía de Miqueas y no podía dejar de ver en la orden de censarse la providencial acción de Dios que la conducía hacia Belén.

"Y dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo reclino en un pesebre por no haber sitio para ellos en la posada." El Evangelista enfatiza que el parto fue sin dolor porque la misma Virgen arropó a su Niño recién nacido. Su Hijo es llamado "primogénito" en virtud de la ley de Moisés, recibiendo ese nombre todo niño varón que "abre el seno materno" aunque fuese el único. Esto no implica en modo alguno que la Santísima Virgen haya tenido otros hijos después de Cristo.

Dada la gran concurrencia de viajeros llegados tempranamente y mas aún, debido a su pobreza, la Sagrada Familia debió alojarse en una gruta, de las tantas que hay en Palestina, y que servía como establo en el que los pastores encerraban su ganado cuando el clima no era propicio. Aquí nació el Mesías Divino, acostado en un pesebre en lugar de cuna. Desde su nacimiento tomó la cruz de la humillación y el sufrimiento para la redención de la humanidad. Su Natividad nos da una lección de humildad, esa sublime virtud con la que posteriormente enseñó a sus discípulos. Según una antigua tradición, junto al Salvador en el pesebre estaban un buey y un asno, para mostrar que: "el buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no ha conocido a su Salvador, su pueblo no tiene inteligencia." (Isaias 1:3)

Pero no solo la humillación acompañó el Nacimiento y la vida terrenal del Salvador; también lo hizo el reflejo de su gloria Divina que iluminó al Angel del Señor para que se apareciera ante los pastores. Ellos pueden haber sido los dueños de la gruta pero acampaban fuera de ella gracias al buen tiempo reinante. El Angel les anunció la "gran alegría" del Nacimiento, en la ciudad de David, del Salvador "que es Cristo el Señor." Es importante aquí subrayar las palabras del Angel porque esta gran alegría "es para todos los pueblos," es decir, el Mesías ha venido no solamente para los judíos sino para todo el género humano. El Angel dio una señal a los pastores para que puedan reconocer al Señor: "encontrareis al Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre." Al instante, confirmando la autenticidad de las palabras del Angel apareció una multitud de "huestes celestiales" cantando maravillosas alabanzas al recién nacido Niño DiosMesías. "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad." Los ángeles glorifican a Dios por enviar al Salvador del mundo; ellos se regocijan por los seres humanos a los que fue devuelta la Benevolencia Divina. Las sublimes fuerzas celestiales, eternos espíritus impecables, incesantemente glorifican en los cielos a su Creador y Señor, pero en especial lo glorifican por la extraordinaria manifestación de su bondad Divina, la magnífica obra de la Economía de Dios. La "paz" que el Hijo de Dios encarnado trajo a la tierra no debe confundirse con la tranquilidad y el bienestar que comúnmente exteriorizan los seres humanos; se trata de la paz de la conciencia, del alma del pecador redimido por Cristo; es la paz de la conciencia que se reconcilió con Dios, con los hombres y consigo misma. En la medida en que esta paz Divina, que supera todo entendimiento (Fil 4:7), se instala en las almas de los hombres fieles a Cristo, el mundo externo se transforma en heredad de la vida humana.

La Redención puso de manifiesto toda la magnitud de la benevolencia Divina, su amor por el género humano. Por ello el significado de la doxologia de los ángeles es: "Dignamente glorifican a Dios los espíritus celestiales, porque en la tierra se han establecido la paz y la salvación, pues los hombres se han hecho dignos de la especial benevolencia Divina."

Los pastores, evidentemente piadosos, fueron con presteza al lugar que les había indicado el Angel, para ser los primeros en adorar al Cristo Niño recién nacido. Los pastores divulgaron por doquier la feliz aparición del Angel y la doxologia celestial que habían escuchado y todos los que oyeron sus relatos quedaron maravillados. La Santísima Virgen María, con un sentimiento de profunda humildad, "conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón".

 

Circuncisión y Presentación del Señor en el Templo.

(Lc 2:21-38)

Pasados ocho días y como lo establecía la ley de Moisés (Lev 12:3), el recién nacido fue circuncidado, imponiéndosele el nombre de Jesús, que significa Salvador, el mismo nombre que le fue dado por el Angel antes de que su madre lo hubiese concebido en su seno.

Según la ley de Moisés la mujer que daba a luz a un hijo varón era considerada impura por un periodo de cuarenta días (si engendraba una niña el término era de ochenta días). Al cuadragésimo día la madre debía presentar en el templo, como ofrenda en holocausto, un cordero de un año y, como ofrenda por el pecado, un pichón de paloma o de tórtola; en caso de pobreza, dos tórtolas o palomas, una por cada ofrenda. Acatando esta ley de purificación, la Santísima Virgen y José trajeron al Niño con ellos a Jerusalén para así pagar los 5 siclos establecidos. Según la ley vigente todos los primogénitos hebreos debían consagrarse al servicio de Dios en el templo, en conmemoración de la víspera del Exodo judío de Egipto, cuando el Angel del Señor exterminó a todos los primogénitos egipcios. Con el tiempo el servicio en el templo recayó en la tribu de Levi y los primogénitos quedaron eximidos de esa obligación mediante el pago de un tributo de 5 siclos de plata (Num 18:16). De la narración evangélica surge que la Santísima Virgen y José presentaron la ofrenda de la gente pobre: dos palomas.

¿Cuál era la necesidad de que Jesús fuese circuncidado y su Purísima Madre se sometiese a la ley de la purificación, si tanto la concepción como el Nacimiento del Señor fueron ajenos al pecado?. En primer lugar, para "cumplir con toda justicia" (Mt 3:15) y mostrar el ejemplo de perfecta subordinación a la ley de Dios. En segundo lugar, esto era imprescindible para el futuro ministerio del Mesías ante los ojos de Su pueblo pues, un incircunciso no podía integrar la comunidad del pueblo de Dios, no podía ingresar al templo ni a la sinagoga y como incircunciso El no hubiese tenido influencia sobre el pueblo ni hubiese sido reconocido como Mesías. De igual manera, su santa Madre no hubiese sido una auténtica israelita sin antes purificarse delante de los sacerdotes y el pueblo. El misterio de la concepción y del nacimiento no fue revelado a nadie salvo a la Virgen María y a José, por esa razón todo lo exigido por la ley debía cumplirse con exactitud.

En momentos en que la Madre de Dios presentaba su ofrenda y realizaba el pago del tributo, en el templo se encontraba un recto y piadoso anciano llamado Simeón, que aguardaba "la consolación de Israel," es decir, al Mesías prometido por Dios, cuya venida traería el consuelo para su pueblo (ver Isaias 40:1). El Evangelista no brinda otros datos sobre Simeón, en cambio menciona que el Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte sin antes conocer a Cristo, el Señor, es decir, el "consuelo" anhelado por él. Una antigua tradición cuenta que Simeón fue uno de los 72 ancianos eruditos a quienes el rey egipcio Ptolomeo les había encomendado traducir los sagrados libros del Antiguo Testamento del hebreo antiguo al griego. Simeón debía traducir el libro del profeta Isaias. Al llegar al relato que anunciaba el nacimiento de Emmanuel de una Virgen (7:14), experimentó la duda. Entonces se le apareció un Angel para anunciarle que el no moriría hasta haber visto con sus propios ojos el cumplimiento de esa profecía. Inspirado por el Espíritu Santo el se acercó al altar de los holocaustos en el templo y, al ver a la Santísima Madre de Dios presentar al Niño reconoció en Él al Mesias-Cristo. Él lo tomó en sus brazos y sus labios pronunciaron una inspirada oración en agradecimiento a Dios por haberlo hecho digno de ver en la persona de ese Niño la salvación preparada para la humanidad.

"Ahora Señor permite a tu siervo partir en paz," como diciendo: "en este instante ha sido cortado el lazo que me une a esta vida y Tu, Soberano, me liberas de ella hacia una nueva vida, "según Tu palabra," conforme a lo revelado por Ti a través de tu Santo Espíritu, "en paz," con plena tranquilidad espiritual, "pues mis ojos han visto la salvación," la salvación prometida por Ti al mundo a través del Mesías Redentor, a quien ahora tengo el enorme gozo de contemplar ante mí; la salvación que preparaste ante la faz de todos los pueblos, no solo para los judíos sino para todas las naciones. Esta salvación es "luz para ser revelada a los gentiles" y para gloria del pueblo de Dios, Israel".

José y la Madre del Divino Niño estaban maravillados pues por doquier encontraban gentes a quienes Dios había revelado el misterio de este Niño. Entregando el Niño a su Madre, con una bendición para Ella y José, el anciano sobre quien reposaba el Espíritu Santo, anuncia que este Niño será motivo de contiendas entre sus seguidores y sus enemigos "pues serán descubiertos los pensamientos de muchos corazones." Según el tipo de relación que cada uno entable con este Niño, así se exteriorizara la inclinación de su corazón y la disposición de su alma. El que ama la verdad y anhela cumplir la voluntad de Dios creerá en Cristo, mientras que el que ama la maldad y realiza obras de las tinieblas, aborrecerá a Cristo y para justificar su maldad contra Él, lo difamará por todos los medios. Esto se cumplió en escribas y fariseos, y continúa cumpliéndose en la actualidad en todos los ateos y enemigos de Cristo. Para aquellos que creen en Él "será puesto para resurrección," es decir, para la salvación eterna; para los incrédulos exasperados contra Él "será puesto para la caída," es decir, la condenación eterna, la eterna perdición. Simeón con una preclara visión espiritual anticipa los sufrimientos de la Santísima Virgen por su Hijo Divino: " y a ti misma una espada te atravesará el corazón".

Estaba presente también Ana, hija de Fanuel, a la que el Evangelista llama "profetisa" en virtud del don de la inspiración en la palabra otorgado por el Espíritu de Dios. San Lucas la elogia presentándola como una viuda honorable, consagrada a Dios luego de haber vivido con su marido solo siete años y habiendo llegado hasta los ochenta y cuatro años de edad sin apartarse del templo, "sirviendo día y noche entre ayunos y oraciones." Ella al igual que Simeón, glorificaba al Señor y hablaba sobre aquel Niño en un estado de inspiración profética, repitiendo las palabras del anciano a todos aquellos que aguardaban la venida del Mesías, anticipando la liberación de Jerusalén. El Evangelista prosigue diciendo que una vez cumplido todo lo exigido por la ley, la Sagrada Familia retornó a Galilea, "a la ciudad de Nazareth." Aquí san Lucas no menciona todo lo sucedido después de la Presentación en el Templo indudablemente porque san Mateo ya lo ha relatado en detalle: la adoración de los magos en Belén, la huida a Egipto, la matanza de los inocentes ordenada por Herodes, y el retorno desde Egipto después de su muerte. Entre los escritores de los libros sagrados es frecuente hallar similares síntesis narrativas.

 

La Adoración de los Magos.

(Mt 2:1-12)

Cuando nació Jesús "en Belén de Judea" unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén. Belén es llamada aquí "de Judea" para diferenciarla de otra Belén situada en Galilea, perteneciente a la tribu de Zabulon. Estos magos que vinieron para adorar a Cristo recién nacido no eran, como se suele suponer, unos hechiceros, prestidigitadores hacedores de falsos milagros, invocadores de espíritus o nigromantes, condenados por la Palabra de Dios (Ex 7:11; Dt 18:11). Estos, en cambio eran personas muy instruidas, clarividentes, poseedores de gran sabiduría, a semejanza de aquellos sabios de Babilonia subordinados a la autoridad de Daniel (Dan 2:48). Ellos estudiaban las misteriosas fuerzas de la naturaleza y juzgaban el futuro de acuerdo al movimiento de las estrellas. Estos sabios hombres eran altamente reverenciados en Babilonia y Persia ya que en general eran sacerdotes y consejeros reales. El Evangelio dice que ellos "llegaron desde el Oriente" sin mencionar ningún país en especial. Algunos proponen que este país era Arabia, otros Persia o quizás Caldea. El vocablo "mago," utilizada por el Evangelista, es de origen persa, siendo mas que probable que fueran oriundos de Persia o de algún otro país integrante del entonces Reino Babilonio. Allí, durante setenta años de cautiverio del pueblo judío, los antepasados de estos magos, pudieron haber oído de los judíos, que ellos estaban esperando un Redentor, un Gran Rey que conquistaría al mundo entero. Allí también vivió el profeta Daniel quien había vaticinado la época de la Venida de este Gran Rey; allí también pudo conservarse la tradición de la profecía del mago Balaam que anuncio el surgimiento de la estrella de Jacob.

Una de las principales tareas de los sabios persas consistía en el estudio de las estrellas, y el Señor los llamó mediante la aparición de una extraordinaria estrella para que adoraran al recién nacido Salvador del mundo. En ese tiempo en Oriente se difundió ampliamente el convencimiento de que el Soberano del mundo, al que adorarán todas las naciones, aparecería en Judea. Por ello, al llegar a Jerusalén los magos preguntaron con tanta convicción "¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?." Estas palabras alarmaron a Herodes pues por su origen idumeo no tenía derechos legales al trono de Judea y, siendo un tirano, se había ganado el odio de sus súbditos. Toda Jerusalén también se alarmó, por temor a nuevas represalias de Herodes, alterado por aquella noticia impactante. El sanguinario Herodes decidió aniquilar a su oponente recién nacido y mandó llamar a los sumosacerdotes y escribas para preguntarles sobre el lugar de nacimiento del Mesías, Rey de los judíos: "¿dónde nacerá Cristo?." Los escribas, de inmediato, le señalaron la conocida profecía de Miqueas, no citándola literalmente, sino con su significado que el Mesías debía nacer en Belén. "Belén" significa "casa del pan" y "Ephrata," "campo fértil, nombre que caracteriza la excepcional fertilidad de su suelo. Es asombroso que en la profecía original de Miqueas haya una afirmación que el Mesías solamente "procederá" de Belén pero no vivirá allí y que sus verdaderos orígenes "son desde el principio," "desde la eternidad" (Miq 5:2). Herodes quería ejecutar sus sangrientas intenciones con seguridad. Por ello, llamó en secreto a los magos para interrogarlos y conocer el momento de la aparición de la estrella que le indicaría el nacimiento del Rey de los judíos. Cuando los magos partieron a Belén, la estrella que habían contemplado en el Oriente, iba delante de ellos indicándoles el camino, hasta que se detuvo sobre el lugar en el que se hallaba el Niño recién nacido.

¿Qué clase de estrella era esta?. Hay muchas opiniones al respecto. San Juan Crisostomo y el bienaventurado Teofilact piensan que se trataba de alguna fuerza Divina y angelical aparecida desde lo alto en forma de una estrella. En lo que respecta a la estrella que los magos vieron desde el Oriente, muchos suponen, que se trató de una estrella verdadera pues, con frecuencia, los grandes sucesos del mundo espiritual se presagiaban con signos visibles de la naturaleza. Es interesante que, de acuerdo a los cálculos del celebre astrónomo Kepler, el año en el que nació Cristo el Salvador, se produjo un infrecuente alineamiento de los tres planetas más luminosos: Júpiter, Marte y Saturno, dando la impresión de una poco común estrella fulgurante. Este acontecimiento en los cielos, conocido en Astronomía con el nombre de "conjunción planetaria," coincidió con el Nacimiento del Hijo de Dios, el Mesías. En esto reside la maravillosa manifestación de la Providencia Divina, es decir, el modo en que ha llamado a los sabios paganos a adorar al Mesías recién nacido. El asombroso significado de la llegada de los magos desde un país lejano es explicado por san Juan Crisostomo: "a pesar de las incesantes proclamas de los profetas sobre la Venida de Cristo, los judíos no prestaban atención alguna. Entonces, el Señor infundió en los gentiles la necesidad de venir desde una tierra lejana, preguntar acerca del Rey que había nacido entre los judíos, y así estos reconocerían a través de los persas aquello que no habían querido aprender de los profetas." Sin embargo, aquella estrella que señaló el camino a los magos desde Jerusalén a Belén y que finalmente "se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño," no fue una verdadera estrella o planeta sino una extraordinaria manifestación milagrosa. Al ver esta estrella los magos "experimentan en grandisimo gozo" pues era indudable que veían en ella una reafirmacion de su fe en la autenticidad del nacimiento de aquel extraordinario Niño.

Mas adelante el texto dice que los magos "entraron en la casa" y "prosternándose lo adoraron." En consecuencia, el lugar ya no era aquella gruta donde Cristo había nacido; es decir, el Niño y su Madre se mudaron a una casa modesta. Los magos "abrieron sus tesoros" y le ofrecieron sus presentes al Recién Nacido: oro, para el Rey, incienso para Dios y mirra para el hombre que probaría la muerte. Advertidos en sueños de no volver al encuentro de Herodes, cuyo designio era matar al Niño Dios, regresaron a su país por una ruta diferente, seguramente al sur de Belén, sin pasar por Jerusalén.

 

La huida a Egipto. Matanza de los niños. Retorno a Nazareth.

(Mt 2:13-23)

Luego de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció a José en sueños y le ordenó tomar al Niño y a su Madre y huir a Egipto. José acató la orden del Angel y partió hacia allí de noche. Egipto era también una provincia romana; allí vivían muchos judíos, tenían sus sinagogas, y la Sagrada Familia podía sentirse fuera de peligro al estar entre sus compatriotas y saber que el poder de Herodes no se extendía hasta allí. A la pregunta de ¿por qué Cristo no se salvó a sí mismo de los sicarios de Herodes?, San Juan Crisostomo responde: "si el Señor desde temprana edad hubiese obrado milagros, nadie reconocería en El su naturaleza humana" (Hom. sobre s.Mateo VII). Se han conservado varias tradiciones maravillosas sobre el viaje de la Sagrada Familia a Egipto. Una de ellas cuenta que, cuando el Niño Dios, su Madre y José entraron a un templo idólatra, los 365 ídolos que allí había se precipitaron a tierra haciéndose añicos. Así se cumplió sobre ellos la palabra del profeta: "He aquì al Señor sentado en una nube ligera" (los brazos de la Purísima Virgen) "que viene a Egipto y los ídolos se estremecerán ante su Persona" (Is 19:1). En la huida del Niño Jesús hacia Egipto y su posterior retorno desde allí, el santo Evangelista advierte el cumplimiento de la profecía de Oseas: "de Egipto he llamado a mi Hijo" (Os 11:1). Estas palabras, en el contexto de la profecía, se refieren en particular al Exodo judío desde Egipto. El pueblo judío, elegido por Dios, ha prefigurado a Jesucristo, el verdadero, único y Unigénito Hijo de Dios. Asi la liberación del pueblo hebreo de Egipto fue la prefigura del retorno de Jesucristo desde allí. San Juan Crisostomo dice que en los sucesos del Antiguo Testamento todo tiene un significado prefigurativo, todo representa anticipadamente los acontecimientos del Nuevo Testamento.

Herodes se enfureció al ver que los magos no regresaban a Jerusalén; se sintió "humillado" y burlado, lo cual produjo en el una ira aun mayor, a pesar de que ellos jamás pensaron burlarse de èl. Herodes sabía por los magos que la estrella había aparecido aproximadamente un año atrás y concluyó que el Niño tenía menos de dos años de edad. Entonces, promulgó el cruel decreto de matar en Belén y sus alrededores a todos los niños "de dos años para abajo" calculando que entre ellos estaría Cristo. Según la tradición, fueron asesinados unos 14000 niños, cuya memoria, como mártires de Cristo, la Iglesia celebra cada año el 29 de diciembre. Semejante crueldad era habitual en el carácter de Herodes. Según testimonia el historiador judío Flavio Josefo, es sabido que, ante la mínima e infundada sospecha, ordenó ahorcar a su esposa y asesinar a tres de sus hijos. Augusto, enterado de todo esto dijo: "es preferible ser un animal y no un hijo de Herodes." Aun hoy en los alrededores de Belén, se exponen las grutas en las que fueron asesinadas las madres con sus hijos en brazos al intentar ocultarse de los esbirros de Herodes. En la matanza de los inocentes el santo Evangelista advierte el cumplimiento de la profecía de Jeremías (31:15): "una voz se oyó en Rama, lamentación y gemido grande." Con estas palabras el profeta Jeremías describe el infortunio y la pena del pueblo judío cuando fue deportado a su cautiverio en Babilonia, y previamente concentrado en Rama, un pequeño pueblo de la tribu de Benjamin, al norte de Jerusalén. Jeremías fue testigo ocular de este acontecimiento y lo representa con el llanto de Raquel por sus hijos llevados a la muerte. San Mateo ve aquì una figura de la real aniquilación de los hijos de Raquel, sepultados cerca de Belén.

No hay datos fidedignos sobre el tiempo que la Sagrada Familia vivió en Egipto pues no se conoce con total exactitud el año del Nacimiento de Cristo. Sin embargo, está clara y definitivamente expresado que la Sagrada Familia volvió a la tierra de Israel apenas hubo muerto Herodes. Como testimonia Flavio Josefo, Herodes murió, en medio de una horrible agonía, en marzo o principios de abril del año 750 desde la fundación de Roma. Si asumimos que Cristo nació el 25 de diciembre de 749, entonces, la Sagrada Familia permaneció en Egipto alrededor de dos meses. Si se tiene en cuenta que Cristo nació, como suponen algunos, un año antes, en 748, entonces puede afirmarse que la Familia vivió allí mas de un año y que el Niño Dios tenía cerca de dos años cuando retornaron de Egipto. En cualquier caso, Él era aun niño como dice el Angel cuando le ordena a José regresar a Israel.

A su llegada a Israel, José pensó establecerse en Belén, lugar que le parecía natural para la educación del Hijo de David y futuro Mesias-Cristo. Sin embargo, cuando escuchó que en Judea reinaba Arquelao, el peor de los hijos de Herodes, tan cruel y sanguinario como su padre, "temió ir allá" y recibió en sueños una nueva revelación, retirándose a la región de Galilea, para establecerse en una ciudad llamada Nazareth, en la que ejerció su oficio de carpintero. San Mateo ve aquí el cumplimiento de otra profecía: "será llamado nazareno." No obstante esta profecía no se encuentra en el Antiguo Testamento. Se supone que pertenece a algún libro perdido por lo hebreos. Otros piensan que el Evangelista no señala aquí ninguna profecía en particular y tiene en cuenta el carácter general de todas las profecías que se refieren a la condición humillante de Cristo el Salvador durante su vida sobre la tierra. Ser oriundo de Nazareth significaba ser despreciado, menospreciado, humillado, rechazado. Por otro lado, en el Antiguo Testamento se llaman "nazarenos" a las personas que se consagraban a Dios; tal vez esta sea la razón por la que Jesucristo fue llamado "nazareno" como sublime representante de las promesas de los nazarenos, la completa consagración de sí mismo al servicio de Dios.

 

La adolescencia del Señor Jesucristo.

(Lc 2:40-52)

Antes de su aparición pública para predicar al género humano, el Señor Jesucristo permaneció en el anonimato. El único hecho de su vida durante ese periodo es relatado por el Evangelista Lucas. Puesto que san Lucas escribió su Evangelio "luego de haberse informado exactamente de todo desde el principio," debemos suponer que no hubo otros hechos sobresalientes en la vida del Señor durante este período temprano. San Lucas describe la característica general de esta etapa con las siguientes palabras: "el Niño crecía y se fortalecía en Espíritu, se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios estaba en Él." Esto es comprensible, pues el pequeño Jesús era Dios pero también era hombre y como tal estaba sujeto a las leyes del desarrollo biológico. A medida que iba creciendo, la sabiduría humana reflejaba y contenía toda la profundidad y plenitud del conocimiento Divino que manifestaba el joven Jesús al ser Hijo de Dios. Cuando Jesús cumplió la edad de doce años, su Divina Sabiduria se dio a conocer claramente por primera vez. De acuerdo con la ley de Moisés (Dt 16:16), todos los varones judíos, excepto los niños y los enfermos, estaban obligados a visitar Jerusalén en ocasión de las tres fiestas: Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos. La exigencia de peregrinar a Jerusalén era particularmente severa durante la fiesta de Pascua.

Cuando un jovencito llegaba a la edad de doce años se convertía en "hijo de la ley" y desde ese momento debía estudiar todas las disposiciones legales y cumplir sus preceptos, en especial, visitar Jerusalén para las fiestas. San Lucas dice que los "padres" de Jesús asistían a Jerusalén cada año. El misterio del nacimiento del Niño Dios se mantuvo en secreto. La Santísima Virgen María y el anciano José no consideraban necesario o beneficioso revelarlo; y ante los ojos de los habitantes de Nazareth, José era el esposo de María y el padre de Jesús. El Evangelista utiliza esta idea conforme a la creencia general. En otro pasaje (Lc 3:23), afirma directamente que a Jesús se le consideraba hijo de José aunque en realidad no lo era.

La celebración de la Pascua se prolongaba durante ocho días y luego, los fieles regresaban a sus hogares, a menudo en caravanas. José y María no advirtieron que el pequeño Jesús se quedó en Jerusalén, suponiendo tal vez, que viajaba en uno de los grupos próximos junto a familiares y conocidos. Pasado un día, Jesús continuaba sin aparecer y viendo que no se les unía por largo rato, comenzaron a buscarlo y alarmados retornaron a Jerusalén. Allí lo encontraron al tercer día, en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos e interrogándolos. Esto ocurrió ciertamente, en uno de los pórticos del templo, donde los rabinos se reunían para discutir entre ellos y con el pueblo, enseñando la ley a quienes deseaban escucharlos. En esta conversación el joven Jesús manifestó su Divina Sabiduria pues todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Su Madre, expresando su preocupación a Jesús, se refiere a José como su padre, pues no podía llamarlo de otra manera, ya que a los ojos de todos José era el padre de Jesús. A las palabras de la Virgen el joven Jesús responde, revelando por primera vez, su designio: "cumplir la voluntad de Quien lo envió," y corrigiendo a su Madre señala que su padre no es José sino Dios. "Ustedes deberían saberlo," como diciéndoles "siendo Hijo de Dios debo estar en la casa de Dios," es decir, en el templo. Sin embargo, ellos no comprendieron estas palabras pues aun no les fue revelado completamente el misterio de la obra de Cristo sobre la tierra. "Su Madre conservó estas palabras en su corazón"; para Ella, aquel día fue especialmente memorable pues era la primera vez que su Hijo daba a conocer su sublime designio. Como aun no era momento de predicar en público, Jesús fue obediente y regresó con sus padres a Nazareth y, como lo jerarquiza el Evangelista "estaba sometido a sus padres terrenales," colaborando con las tareas de José, su padre aparente, a la sazón carpintero. Con el paso de los años Jesús crecía en sabiduría y, para quienes prestan atención, el amor de Dios por El se hacía cada vez mas claro, lo cual atraía también el amor del pueblo.

 

Ministerio Público de

Nuestro Señor Jesucristo.

 

Juan el Bautista y su testimonio acerca de Jesucristo.

(Mt. 3:1-12; Mc. 1:1-8; Lc. 3:1-18; Jn. 1:15-31).

Los cuatro Evangelistas concuerdan en sus relatos casi con idénticos detalles, acerca de