La Ley de Dios

 

 

Compuesto por el Protopresbítero Serafim Slobodskoy

Traducido por Esteban Jovanivich

 

Contenido:

1. Conceptos Preliminares.

Acerca del Mundo. Acerca de Dios. Atributos de Dios. Acerca de la Oración. Acerca del Pecado. Acerca de la Señal de la Cruz. Acerca de las Reverencias. Distintas Clases de Oraciones. Cuándo Dios Oye Nuestras Oraciones. Dónde y Cuándo se Puede Rezar a Dios. Acerca del Templo. La Bendición del Sacerdote. Acerca de los Santos Íconos. Cómo es Representado Dios en los Santos Íconos. A Quiénes, Además de Dios, Representamos en los Santos Íconos. Acerca de los Santos Ángeles. Acerca de las Santas Personas. Acerca de los Nimbos en los Íconos. Por Qué Nosotros nos Llamamos Cristianos Ortodoxos.

2. Las Oraciones.

Oraciones Cortas.

 

3. Sagrada Historia

del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Introduccion a la Sagrada Historia del Antiguo y Nuevo Testamento. Antiguo Testamento. La Vida de las Primeras Personas en el Paraíso. La Caída en el Pecado. Consecuencias de la Caída en ll Pecado y la Promesa del Salvador. Caín y Abel. El Diluvio. Plática Acerca del Diluvio. La Vida de Noé y sus Hijos Luego del Diluvio. La Torre de Babel y la Dispersión de las Personas. Aparición de la Idolatría. Abraham. Aparición de Dios a Abraham en Forma de Tres Peregrinos. Destrucción de Sodoma y Gomorra. Sacrificio de Isaac. El Matrimonio de Isaac. Esaú y Jacobo. Visión de Jacobo de la Escalera Misteriosa. José. José en Egipto. Encuentro de José con sus Hermanos y Traslado de Jacobo y su Familia a Egipto. Historia del Sufriente Job. Esclavitud en Egipto. Moisés. Pascua y Éxodo de los Hebreos de Egipto. Traspaso de los Hebreos a Través del Mar Rojo y Otros Milagros. La Entrega de los Mandamientos en el Monte Sinaí. La Tienda. Peregrinaje de los Hebreos Durante Cuarenta Años Serpiente de Cobre. Entrada de los Hebreos a la Tierra Prometida. Sermón Sobre el Milagro de Josué. Jueces. Historia de Rut. Saúl, Primer Rey Hebreo. Victoria de David ante Goliat. El Rey David. El Rey Salomón. División del Reino Hebreo en Dos: Reino de Judá y Reino de Israel. Profetas. Profeta Elías. Profeta Eliseo. El Profeta Jonás. Caída del Reino Israelita. El Reino Judío. El Profeta Isaías. Caída del Reino Judío. El Profeta Jeremías. Cautividad en Babilonia. Profeta Ezequiel. El Profeta Daniel. Los Amigos del Profeta Daniel — Hananías, Azarías y Misael — en el Horno Babilonio. Caída del Reino de Babilonia. El Reino Medo-Persa. El Profeta Daniel en la Fosa de Leones. Regreso de los Judíos de la Cautividad de Babilonia y Construcción del Segundo Templo. Imperio Griego. Traducción de los Libros de las Sagradas Escrituras al Idioma Griego. Mártires por la Fe. Maccabeos.

 

 

1. Conceptos Preliminares.

 

Acerca del Mundo.

Todo lo que nosotros vemos: el sol, la luna, las estrellas, las nubes, la tierra en la cual vivimos, el aire que respiramos; y todo lo que está sobre la tierra: la hierba, los árboles, las montañas, los ríos, los mares, los peces, los pájaros, las bestias, los animales y, por fin, los seres humanos, es decir nosotros mismos, todo está creado por Dios. El mundo es la creación de Dios.

Nosotros vemos el mundo de Dios y apreciamos cuán lindo y sabiamente fue organizado.

He aquí, nos encontramos en la pradera. Sobre nosotros en lo alto se extiende como una tienda, el cielo celeste con blancas nubes. Y sobre la tierra, la espesa y verde hierba, cubierta con flores. Entre la hierba, el chirrido perceptible de distintas clases de insectos, y sobre las flores revolotean las mariposas, vuelan las abejas y distintos mosquitos. Toda la tierra aquí se parece a un gran y lindo tapiz. Pero ningún tapiz, tejido por mano de hombre, puede compararse con la belleza de la pradera de Dios.

Damos una vuelta por el bosque. Allí veremos una multitud de árboles, diferentes según su aspecto y textura. El poderoso roble, el esbelto abeto, el rizado abedul, el fragante tilo, el alto pino y el frondoso avellano. Allí hay también un claro con arbustos y toda clase de hierbas. En todas partes se escuchan los silbidos de los pájaros y el zumbido y chirrido de diversos insectos. En el bosque viven centenares de distintas especies de fieras. ¡Y cuántas bayas, hongos y flores! Este es su gran mundo silvestre.

He aquí también el río. Él suavemente lleva sus aguas, que brillan por la luz del sol, en medio de bosques campos y praderas. ¡Qué agradable es bañarse en él! Por todos lados hace calor, pero en el agua está fresco y agradable. Y cuánta variedad de peces, ranas, escarabajos de agua y otros seres vivientes habitan allí. Allí también se encuentra su propia vida, su propio mundo.

Y cuán magnífico es el mar, que a su vez posee su enorme y riquísimo mundo subacuático lleno de organismos vivientes.

Y que lindas son las montañas, que sobrepasan las elevadas nubes con sus cumbres cubiertas con nieve y hielo eternos

Es maravilloso el mundo terrenal en su belleza, todo en él está henchido de vida. Sería imposible enumerar todas las plantas y animales que pueblan la tierra, desde los más pequeños, invisibles al ojo humano, hasta los más grandes. Ellos viven por todas partes: sobre la tierra seca, en el agua, en el aire, en el suelo y hasta en la profundidad de la tierra. Y toda esta vida fue otorgada al mundo por Dios.

¡Qué rico y variado es el mundo de Dios! Y sin embargo, al mismo tiempo sobre esta enorme diversidad reina un sorprendente y armonioso orden, establecido por Dios, o, como comunmente llaman, "las leyes de la naturaleza." Todas las plantas y animales están establecidos por toda la tierra conforme con este orden, y a cada uno le está designado su alimento. A todo le fue dada su determinada y razonable finalidad. Absolutamente todo en el mundo nace, crece, envejece y muere; y así uno es relevado por otro. A todo Dios dio su tiempo, lugar y asignación.

Solamente el hombre vive en cualquier parte de la tierra y reina sobre todo. Dios lo dotó con intelecto y con un alma inmortal. Él le dio al hombre una especial y elevada asignación: conocer a Dios, asemejarse a Él, es decir, perfeccionarse y santificarse cada vez más, y heredar la vida eterna.

En su aspecto exterior, los hombres se dividen en razas blanca, negra, amarilla y cobriza, pero todos ellos poseen en igual forma intelecto y alma inmortal. Por medio de esta alma el hombre se exalta por sobre todo el mundo animal y se asemeja a Dios.

Y ahora observemos a la profunda y oscura noche. ¡Cuántas estrellas veremos esparcidas por el cielo! Son innumerables, y cada una representa un mundo aparte. Muchas de ellas son como nuestro sol o nuestra luna, y otras son mucho más grandes que éstos, pero por encontrarse tan lejos de la tierra, nos parecen pequeños puntos brillantes. Todas ellas se movilizan ordenadamente una alrededor de otra de acuerdo a trayectorias y leyes establecidas. Y nuestra tierra, en este enorme espacio celeste, parece también un pequeño punto brillante.

¡Es grandioso e inabarcable el mundo de Dios! No se lo puede enumerar, ni medir. Sólo Dios, creador de todo, conoce la medida, el peso y el número de todo.

Todo este mundo Dios lo creó para la vida y provecho de los hombres, para cada uno de nosotros. ¡Así de infinito es el amor de Dios para con nosotros! Y si nosotros también vamos a amar a Dios y vivir de acuerdo con su ley, entonces muchas cosas misteriosas en el mundo pasarán a ser para nosotros comprensibles y claras. Vamos a amar al mundo de Dios y a vivir con todos en amistad, amor y alegría. Y entonces, esta alegría no cesará nunca en ninguna parte, y nadie nos la podrá quitar, porque Dios mismo estará con nosotros.

Pero para recordar que nosotros pertenecemos a Dios, para estar más cerca a Él y amarlo, es decir, para cumplir nuestro cometido en la tierra y heredar la vida eterna, necesitamos conocer más acerca de Dios, conocer su santa voluntad, es decir, la Ley de Dios.

 

Preguntas: ¿Quién creó el mundo y le dio vida? ¿Quién dispuso en el mundo el orden armonioso, o, como comunmente llaman, "las leyes de la naturaleza"; y en qué consiste este orden? ¿Qué le asignó Dios al hombre? ¿Para quién creó Dios el mundo? ¿Para qué nos es imprescindible conocer la Ley de Dios?

 

 

Acerca de Dios.

Dios creó al mundo entero de la nada, con su sola palabra. Él puede hacer todo lo que desea.

Dios es el ser más elevado. No hay nadie en ningún lugar comparable con Él, ni en la tierra ni en el cielo. Nosotros los seres humanos, no alcanzamos con nuestro entendimiento a concebirlo plenamente. Y nosotros mismos, por nuestra propia cuenta no hubiéramos podido conocer nada acerca de Dios si Él mismo no nos lo hubiera revelado. Absolutamente todo lo que sabemos acerca de Dios, nos lo fue manifestado por Él mismo.

Cuando Dios creó a los primeros hombres, a Adán y Eva, se les presentaba en el paraíso y les revelaba acerca de Sí mismo, relatándoles cómo creó al mundo, explicándoles cómo es necesario creer en el Único y Verdadero Dios y como cumplir con su voluntad.

Estas enseñanzas divinas, en un principio eran transmitidas oralmente, de generación en generación. Pero luego, por imposición de Dios, fueron escritas por Moisés y los otros profetas en los libros sagrados.

Finalmente el mismo Hijo de Dios de Dios, Jesucristo, apareció en la Tierra y sus enseñanzas complementaron todo lo que los hombres deben saber acerca de Dios. Él les reveló un gran misterio: Dios es uno, pero trino en Personas. La primera Persona es Dios Padre, la segunda es Dios Hijo y la tercera es Dios Espíritu Santo.

Esto no quiere decir que sean tres Dioses, sino un solo Dios en tres Personas: la Trinidad Unisustancial e Indivisible.

Las tres Personas poseen idéntica dignidad divina, ninguna entre Ellas es mayor o menor. Dios Padre es verdadero Dios, así como Dios Hijo es verdadero Dios y Dios Espíritu Santo es verdadero Dios.

Se distinguen entre Si, sólo por el hecho que Dios Padre no nace ni procede de nadie, Dios Hijo nace de Dios Padre y Dios Espíritu Santo procede de Dios Padre.

Al revelarnos el misterio de la Santísima Trinidad, Jesucristo nos enseñó no sólo a adorar correctamente a Dios, sino también a amarlo, ya que las tres Personas de la Santísima Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- eternamente están en continuo amor mutuo y constituyen una sola entidad. Dios es el omniperfectísimo Amor.

El gran misterio que nos reveló Dios acerca de Si, el misterio de la Santísima Trinidad, nuestro débil entendimiento no lo puede abarcar ni comprender.

 

San Cirilo, maestro de los eslavos, se esforzaba para explicar este misterio de la siguiente manera: "¿Veis en el cielo el círculo brillante (el sol), del cual emana la luz y procede el calor? Dios Padre, como el círculo solar, no tiene principio ni fin. De Él nace eternamente el Hijo de Dios, al igual que la luz nace del sol; y procede el Espíritu Santo así como el calor, junto con los luminosos rayos, procede del sol. Cada uno distingue particularmente tanto el círculo solar, como la luz y el calor, pero no son tres soles sino un sólo sol en el firmamento. De la misma manera la Santísima Trinidad: en Ella hay tres Personas, pero Dios es uno e indivisible."

San Agustín dice: "Tú ves la Trinidad, si ves el amor." Esto significa que el misterio de la Santísima Trinidad puede entenderse con el corazón, es decir con amor, antes que con nuestra débil mente.

 

Las enseñanzas de Jesucristo, el Hijo de Dios, fueron escritas por sus discípulos en el libro sagrado llamado Evangelio. La palabra "Evangelio" significa buena (o bendita) nueva.

Y todos los libros sagrados, unidos en un sólo libro, se denominan Biblia. Esta palabra es griega, y en castellano quiere decir libros.

 

Preguntas: ¿Podemos nosotros, con nuestro entendimiento, concebir plenamente quién es Dios, y solos conocer acerca de Él? ¿De dónde sabemos nosotros acerca de Él, que Él es el Creador del mundo? ¿Quién completó las enseñanzas acerca de Dios, que Él es uno pero Trino en Personas? ¿Cómo se llaman las Personas de la Santísima Trinidad? ¿En qué se distinguen entre sí? ¿Qué es el Evangelio y qué es la Biblia?

 

 

 

Atributos de Dios.

Dios nos reveló acerca de Sí mismo que:

Él es un Espíritu incorpóreo e invisible (S. Juan 4:24). Esto quiere decir que Dios no tiene cuerpo ni huesos como tenemos nosotros, ni posee en Sí nada de lo que el mundo visible está compuesto. Por eso nosotros no podemos verlo.

Para explicar este concepto, vamos a presentar un ejemplo sacado de nuestro mundo terrenal. Nosotros no podemos ver el aire, pero vemos sus efectos y manifestaciones: el movimiento del aire (el viento) posee gran fuerza, capaz de mover enormes barcos y hacer funcionar complicadas máquinas. Nosotros sentimos y sabemos que respiramos aire y que sin él no podemos vivir. De la misma manera nosotros no podemos ver a Dios, pero en todas partes del mundo contemplamos sus obras y manifestaciones, su sabiduría y fuerza, y hasta las percibimos en nosotros mismos.

Sin embargo, el invisible Dios, por amor hacia nosotros, en ocaciones se aparecía a ciertas rectas personas en forma visible, pero en sus semejanzas o como decir en sus reflejos, de manera tal que ellos pudieran verlo, porque de otra manera hubieran muerto a causa de su grandeza y gloria.

Dios le dijo a Moisés: "el hombre no puede verme y permanecer vivo" (Éxodos 33:20). Si el sol nos enceguece con su brillo, y nosotros no podemos mirar a esta creación de Dios sin enceguecernos, con más razón a Dios su creador. Porque "Dios es luz, y no hay ninguna tiniebla en Él" (I Juan 1:5), y habita en luz inaccesible (I Tim. 6:16).

 

Dios es eterno (Sal. 89:3 (90:2); Is. 40:28).

Todo lo que vemos en el mundo, en algún momento tuvo su comienzo, nació; y en algún momento cesará, morirá o desaparecerá. Todo en este mundo es temporario, todo tiene su comienzo y su fin.

Alguna vez no había ni cielo, ni tierra, ni tiempo, sólo estaba Dios, porque Él no tiene principio. Y por ende, al no tener principio tampoco tiene fin. Dios siempre fue y siempre será. Dios está fuera del tiempo.

Dios existe siempre.

Por eso es llamado eterno.

 

Dios es inmutable (Sgo. 1:17; Mal. 3:6).

Nada hay en el mundo que sea permanente e invariable, todo se altera continuamente: crece, envejece, muere; un organismo se muda en otro.

Sólo Dios es permantente, en Él no hay ningún tipo de variación. Él no crece ni envejece, no experimenta absolutamente ningún cambio. Así como siempre fue, así es ahora y así será por siempre.

Dios siempre es el mismo, por eso es llamado inmutable.

 

Dios es omnipotente (Gén. 17:1; S. Lucas 1:37).

Si alguien quiere construir algo, necesitará cierto material, sin el cual nada podrá hacer. Con la ayuda de pinturas, el hombre podrá pintar sobre una tela un hermoso cuadro; con metal podrá construir una complicada y útil máquina. Pero de ninguna manera puede construir, por ejemplo, la tierra en la que vivimos, o el sol, el cual alumbra y calienta, o muchas otras cosas.

Sólo para Dios nada es imposible, no hay nada que Él no pueda hacer. Él quiso crear al mundo y lo hizo, de la nada, con su sola palabra.

Dios puede hacer todo lo que desea. Por eso es llamado Omnipotente.

 

Dios es omnipresente (Sal. 138 [139]: 7-12).

Dios siempre, en cualquier momento, está presente en todas partes. No hay un lugar en el mundo en el que Él no esté presente. Nadie puede ocultarse de Él en ningún lugar.

Dios está en todas partes, por eso se lo llama omnipresente (ubicuo).

Dios es omnisciente (I Juan 3:20; Hebr. 4:13).

El hombre puede aprender mucho, conocer mucho, pero ninguno puede saberlo todo. Además, el hombre no puede saber lo futuro, no puede escuchar ni verlo todo.

Sólo Dios sabe todo lo que fue, lo que es y lo que será. Para Dios no hay distinción entre el día y la noche: Él en todo tiempo lo ve y lo oye todo. Nos conoce a cada uno de nosotros, y sabe no solamente lo que hacemos y decimos, sino también lo que pensamos y deseamos.

Dios siempre lo sabe todo, lo ve todo y lo oye todo.

Por eso es llamado omnisciente (que todo lo sabe).

 

Dios es omnibueno (Mateo 19:17).

Las personas no siempre son buenas. Sucede seguido que hay alguien a quien no aman.

Sólo Dios nos ama a todos, y nos ama en un grado supremo, como nadie entre los hombres. Él nos da todo lo que necesitamos para vivir. Todo lo que vemos en el cielo y en la tierra, Dios lo creó para el beneficio y utilidad de las personas.

He aquí cómo enseña acerca de esto un obispo: "¿Quién nos dio la vida? ¡El Señor! De Él nosotros recibimos un alma que razona, capaz de deliberar y concebir, de Él recibimos un corazón, capaz de amar... Nos circunda el aire, el cual respiramos y sin el cual no podemos vivir. Por doquier estamos abastecidos de agua, la cual nos es tan indispensable como el aire. Nosotros habitamos la tierra, la cual nos proporciona todo alimento necesario para mantener y conservar nuestra vida. Nos alumbra la luz, sin la cual no podríamos valernos de nada. Tenemos también el fuego, con el cual nos calentamos en tiempos fríos y usamos para preparar la comida necesaria. Y todo esto es dádiva de Dios. Tenemos padre, madre, hermanos, hermanas, amigos; ¡cuánta alegría, ayuda y consuelo nos proporcionan! Pero a ninguno de ellos tendríamos, si al Señor no hubiera sido de su agrado el dárnoslos."

Dios siempre está dispuesto a otorgarnos cualquier beneficio y se preocupa por nosotros más, que el mejor padre por sus hijos.

Por eso a Dios se lo llama omnibueno o benignísimo.

Y nosotros llamamos a Dios nuestro Padre Celestial.

 

Dios es omnirecto (Sal. 7:11; 10 [11]:7).

Las personas a menudo mienten y son injustas.

Dios es sumamente justo. Siempre guarda la verdad y juzga a los hombres con justicia. Él no castiga sin causa al recto, ni deja sin castigo al que comete alguna maldad, si aquél mismo no corrige su vida con arrepentimiento y obras de bien.

Por eso Dios es llamado omnirecto y omnijusto.

 

Dios es omnisuficiente (Hechos 17:25).

El hombre siempre necesita de algo, y por eso suele estar descontento.

Sólo Dios lo tiene todo y no necesita de nada; por el contrario, Él mismo da todo a todos.

Por eso es llamado omnisuficiente.

 

Dios es omnibienaventurado (I Tim. 6:15).

Dios no sólo es omnisuficiente, además siempre tiene en Sí mismo el máximo gozo: la completa bienaventuranza o, como nosotros decimos, la mayor felicidad.

Por eso Dios es llamado omnibienaventurado.

Y nosotros no podemos hallar nunca y en ningún lugar el verdadero gozo en la vida (la felicidad), sino sólo en Dios.

Nosotros llamamos a Dios Creador y Fundador, porque Él creó todo lo visible e invisible.

También llamamos a Dios Todopoderoso, Soberano y Rey, porque con su omnipotente voluntad, sostiene bajo su poder y fuerza todo lo por Él creado, gobierna y reina sobre todos y a todos dirige.

Y además llamamos a Dios Providente, porque se preocupa y tiene cuidado por todos y por todo.

 

Preguntas: ¿Cuáles son los atributos de Dios? ¿Por qué nosotros llamamos a Dios Espíritu, eterno, inmutable, omnipotente, omnipresente, omnisciente, omnibueno, omnirecto, omnisuficiente y omnibienaventurado? ¿Por qué lo llamamos Creador y Fundador, Todopoderoso, Soberano, Rey y Providente?

 

Acerca de la Oración.

Dios ama a su creación, Él ama a cada uno de nosotros. "Y seré para vosotros Padre, y ustedes serán mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (II Cor. 6:18).

Por lo tanto nosotros, de la misma manera que hacia nuestros padres carnales, en cualquier momento podemos dirigirnos hacia Él — nuestro Padre Celestial. Nuestra invocación hacia Dios es la oración.

Es decir, que la oración es nuestra plática y conversación con Dios. Ella es tan imprescindible para nosotros como el aire o el alimento. Absolutamente todo en nosotros proviene de Dios, de modo que no poseemos nada verdaderamente propio: la vida, las facultades, la salud, los alimentos, todo nos es dado por Dios.

Por eso nosotros, en la alegría o en la tristeza, o cuando necesitamos algo, debemos dirigirnos a Dios con la oración. Y el Señor que es muy bueno y misericordioso para con nosotros, si nos proponemos rogarle por nuestras necesidades con corazón limpio, con fe y diligencia, infaliblemente Él cumplira nuestros deseos y nos dará todo lo que necesitamos. Para esto es necesario entregarse completamente a su santa voluntad y esperar con paciencia, porque sólo el Señor sabe qué conviene darnos y cuándo, qué nos es útil y que nos es perjudicial.

Los que ruegan a Dios indolentemente, obran mal: ellos se alejan de Dios y Dios de ellos. Y sin la oración, el hombre deja de amar a Dios, se olvida de Él y no cumple con su cometido en la tierra, es decir que realiza el pecado.

 

Preguntas: ¿Qué es rezarle a Dios? ¿Es necesario rezarle a Dios? ¿Cuándo Dios cumple con nuestros ruegos? ¿Hacen bien los que no rezan a Dios?

 

 

 

Acerca del Pecado.

El pecado, o el mal, es el quebrantamiento de la ley de Dios; la iniquidad, o dicho de otra manera, la transgresión pecaminosa, es el incumplimiento de la voluntad de Dios.

¿Cómo comenzaron a pecar las personas, y quién fue el primero que quebrantó la voluntad de Dios?

Antes de la creación del mundo visible y del hombre, Dios creó a los ángeles. Los ángeles son espíritus incorpóreos, invisibles e inmortales. Todos ellos fueron creados buenos, y Dios les dio absoluta libertad: si de sí mismos deseaban amar a Dios o no. Y esto quiere decir, si deseaban ellos mismos vivir con Dios o sin Él.

Uno de los más lúcidos y fuertes ángeles no quiso amar a Dios ni cumplir con su divina voluntad, sino que quiso él mismo ser como Dios. Éste ángel dejó de obedecer a Dios, comenzó a contradecirle en todo y se hizo enemigo de Él. Arrastró consigo también a algunos otros ángeles.

A causa de semejante resistencia hacia Dios, todos estos ángeles fueron privados de la luz y bienaventuranza (es decir, regocijo) con que habían sido dotados, y se transformaron en malos y oscuros espíritus.

Todos estos oscuros y malignos espíritus ahora se los denomina demonios y diablos. El principal diablo, el cual fue el más lúcido ángel, se lo denomina satanás, es decir, enemigo de Dios.

El diablo enseño hasta a las personas a no obedecer a Dios, a pecar. Él sedujo a los primeros hombres creados por Dios — Adán y Eva; es decir, con astucia y engaño les enseño a quebrantar la voluntad de Dios.

Todos nosotros descendemos de Adán y Eva, los cuales pecaron, y por consiguiente nacemos con la inclinación al pecado. El pecado, transmitido constantemente de generación en generación, se apoderó de todos los hombres y los sometió a si. Todas las personas son pecadoras (algunas más que otras y otras menos).

 

NOTA: Los cristianos ortodoxos no deben confundir esta realización del efecto del pecado ancestral, con la enseñanza sectaria del "Pecado original." No hay doctrina de "Pecado original" en la Santa Iglesia, pues no es posible heredar el delito de Adán. Los Santos Padres en ningún lugar mencionan esta enseñanza, sino que se refieren al pecado ancestral, que produjo no un delito, sino una enfermedad hereditaria: la inclinación a pecar.

El pecado siempre aleja al hombre de Dios, lo lleva a sufrimientos, enfermedades y la muerte eterna. Por eso todos los hombres comenzaron a sufrir y morir. Ya por si solos y con sus propias fuerzas, no podían vencer al mal, difundido por todo el mundo, ni suprimir la muerte.

Pero Dios, por su misericordia, les ayudó en esto, habiendo enviado a la tierra a su Hijo, nuestro Salvador Jesucristo.

 

Preguntas: ¿Qué es el pecado? ¿Quién fue el primero que quebrantó la voluntad de Dios? ¿Quién es el diablo, o satanás? ¿Quiénes son los ángeles y cuándo fueron creados? ¿Quiénes son los espíritus malignos y cómo se los denomina? ¿Quién y cómo le enseño a los hombres a pecar? ¿Por qué todos nosotros los hombres nacemos pecadores? ¿Qué es lo que todos los hombres heredamos del pecado ancestral de Adán? ¿De quién aleja a los hombres el pecado, a qué los lleva y por qué todas las personas mueren? ¿Pueden las personas por si solas, con sus propias fuerzas, vencer al mal y suprimir la muerte? ¿De qué manera Dios ayudó a los hombres a vencer al mal y a la muerte eterna?

 

 

Acerca de la Señal de la Cruz.

Nosotros nos denominamos cristianos porque creemos en Dios tal como nos enseñó a creer el mismo Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.

Jesucristo no sólo nos enseñó a creer correctamente en Dios, sino que también nos salvó del poder del pecado y de la muerte eterna.

El Hijo de Dios, Jesucristo, por amor hacia nosotros pecadores, descendió del cielo y, tratado como un hombre cualquiera, sufrió en lugar de nosotros por nuestros pecados, fue crucificado, murió sobre la cruz y al tercer día resucitó.

Así, el inmaculado Hijo de Dios con su cruz (es decir con sus sufrimientos y muerte sobre la cruz por los pecados de todos los hombres, de todo el mundo) venció no sólo al pecado, sino también a la misma muerte al resucitar de los muertos, y convirtió a la cruz en instrumento de su victoria sobre el pecado y la muerte.

Al vencer a la muerte, habiendo resucitado al tercer día, Jesucristo nos salvó también a nosotros de la muerte eterna. Y Él nos resucitará a todos nosotros, fallecidos, cuando llegue el postrer día del mundo; nos resucitará a la vida feliz y eterna que es con Dios.

La Cruz es el instrumento, el estandarte de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

 

Cierto maestro, para explicar mejor a sus alumnos, cómo Jesucristo pudo vencer con su Cruz al mal en el mundo, lo aclaró con este ejemplo:

A lo largo de muchos años los suizos luchaban contra sus enemigos los austríacos. Finalmente, ambos ejércitos se encontraron en un valle para la batalla definitiva. Los guerreros austríacos, vestidos en cota de malla de hierro, formaban con sus lanzas extendidas hacia adelante filas tupidas, mientras que los suizos infructuosamente trataban de romper las filas de sus enemigos, reboleando sus pesados garrotes. Varias veces los suizos se lanzaban hacia sus enemigos con irracional valentía, pero siempre eran rechazados. Por la fuerza ellos jamás podrían vencer esas tupidas lanzas.

Entonces uno de los soldados suizos, Arnold Vinkelrid, sacrificando su vida se adelantó corriendo, tomando con ambas manos algunas lanzas que el enemigo le arrojaba y dejando que otras les dieran en su pecho. De esta manera, fue abierto a los suizos un camino por el cual ellos entraron en las filas de los austríacos y consumaron una definitiva y terminante victoria sobre el enemigo.

Así, el heroe Vinkelrid sacrificó su vida y murió, pero le dio a su pueblo la posibilidad de vencer al enemigo.

De un modo similar nuestro Señor Jesucristo recibió en su pecho las terribles y para nosotros invencibles lanzas del pecado y la muerte, y murió en la cruz, pero resucitó como vencedor sobre el pecado y la muerte. Y así nos abrió el camino hacia la eterna victoria sobre el mal y la muerte, es decir que nos abrió el camino hacia la vida eterna.

 

Ahora todo depende de nosotros mismos: si nosotros queremos librarnos del poder del mal, es decir del pecado y la muerte eterna, entonces debemos seguir a Cristo, es decir creer en Él, amarlo y cumplir con su santa voluntad, esto es obedecerlo en todo (vivir con Cristo).

Precisamente por eso, para expresar nuestra fe en Jesucristo nuestro Salvador, llevamos sobre nuestro cuerpo la cruz y a la hora de rezar trazamos sobre si mismos, con la mano derecha la señal de la cruz, osea nos persignamos.

Para persignarnos juntamos los dedos de la mano derecha así: los tres primeros (el pulgar, el índice y el corazón o medio) los juntamos en sus extremos uniformemente, mientras que los dos últimos (el anular y el meñique) los doblamos contra la palma de la mano.

Los tres primeros dedos juntados expresan nuestra fe en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, como la Trinidad Unisubstancial e Indivisible. Mientras que los otros dos doblados contra la palma, significan que el Hijo de Dios, al descender a la tierra se hizo hombre, siendo Dios. Es decir, expresan Sus dos naturalezas: la Divina y la humana.

Cuando nos persignamos, con los dedos juntados de manera descripta, tocamos la frente para santificar nuestra mente, el vientre (estómago), para santificar nuestros sentidos internos y luego el hombro derecho y luego el izquierdo, para santificar nuestras fuerzas corporales.

La señal de la cruz nos da gran fuerza para ahuyentar y vencer al mal y obrar el bien. Pero debemos recordar que es necesario persignarse correctamente y sin apurarse. Pues de lo contrario no estaremos trazando la cruz, sino que simplemente estaríamos agitando la mano, y eso sólo le es agradable a los demonios. Persignándonos descuidadamente demostramos nuestro desacato hacia Dios, pecamos, y este pecado se llama profanación.

Debemos hacernos la señal de la cruz: al comienzo, durante y al final de las oraciones, así también cuando nos acercamos a todo lo que es santo: cuando entramos a la iglesia, cuando nos inclinamos delante de la cruz o de algún ícono. También debemos persignarnos en todos los momentos importantes de nuestra vida: en peligro, en las desgracias, en las alegrías, etc...

Cuando nos persignamos fuera de los momentos de oración, debemos mentalmente, para si mismos, decir: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén." Así expresamos nuestra fe en la Santísima Trinidad y nuestro deseo de vivir y esforzarnos para gloria de Dios.

La palabra "amén" quiere decir: verdadera y realmente, que así sea.

 

Preguntas: ¿Qué expresamos nosotros con trazarnos la señal de la cruz? ¿De qué manera juntamos los dedos para persignarnos, y cuál es su significado? Cuando nos hacemos la señal de la cruz, ¿por qué nos tocamos la frente, el vientre y los hombros? ¿Por qué es necesario persignarse correctamente y sin apurarse? ¿Cuándo debemos persignarnos? ¿Qué pecado cometemos al persignarnos irreverentemente?

 

 

Acerca de las Reverencias.

Para demostrarle a Dios nuestra devoción y honra hacia Él, durante la oración permanecemos de pie y no nos sentamos. Sólo a los enfermos y a los muy ancianos se les permite rezar sentados.

Siendo concientes de nuestra pecaminosidad e indignidad delante de Dios, nosotros, como signo de nuestra humildad, acompañamos nuestras oraciones con reverencias. Éstas pueden ser metanías (cuando inclinamos nuestro tronco y con la mano derecha tocamos el suelo) o postraciones (cuando nos inclinamos hasta el piso, y de rodillas apoyamos la cabeza sobre el suelo).

 

Preguntas: ¿Por qué durante la oración debemos permanecer de pie y no sentarnos? ¿Para qué usamos las reverencias durante las oraciones? ¿Qué clase de reverencias hay?

 

 

Distintas Clases de Oraciones.

Si nosotros y nuestros allegados estamos saludables y felices, tenemos dónde vivir, con qué vestirnos y qué comer, entonces debemos glorificar a Dios y agradecerle en nuestras oraciones. Éstas oraciones se llaman de alabanza y de agradecimiento.

Si a nosotros nos sucede alguna desgracia, enfermedad, infortunio o estamos necesitados de algo, debemos pedir ayuda a Dios. Éstas oraciones se llaman de petición.

Y si hemos hecho algo malo (pecado) y somos culpables ante Dios, debemos pedirle perdón, arrepentirnos. Éstas oraciones se llaman de arrepentimiento.

Por cuanto somos pecadores ante Dios (constantemente pecamos), nosotros debemos siempre, antes de pedirle algo, arrepentirse primero y recién luego pedir a Dios por nuestras necesidades. Es decir, que la oración de arrepentimiento siempre debe preceder a la de petición.

 

Preguntas: ¿Qué debemos expresarle a Dios, cuando Él nos envía sus beneficios? ¿Cómo se llaman las oraciones con las que alabamos o agradecemos a Dios? ¿Qué le expresamos a Dios en las oraciones cuando nos sucede un infortunio, o cuando obramos mal?

 

 

Cuándo Dios Oye Nuestras Oraciones.

Antes de rezar debemos conciliarnos con aquellas personas con las cuales obramos mal, y hasta con las que se sienten ofendidas por nosotros. Y entonces sí, con devoción y atención ponernos a rezar. Durante la oración, nuestra mente debe estar encaminada de tal manera que no piense en nada ajeno a la plegaria, que nuestro corazón desee una sola cosa: rezar lo mejor posible y agradar a Dios.

Si nosotros vamos a rezar sin habernos conciliado con nuestro prójimo, si vamos a rezar apuradamente, si durante la oración vamos a charlar o reírnos, entonces nuestra oración será desagradable a Dios. Tal oración Dios no la escuchará ("no nos escuchará"), y hasta nos puede castigar.

Para una oración diligente e intensificada, y para una vida buena y piadosa es que fueron establecidas las abstinencias.

Durante los días de estas abstinencias, nosotros debemos pensar más en Dios, en nuestros propios pecados que cometemos ante Él, rezar más, arrepentirse, no irritarnos ni ofender a nadie, sino que por el contrario ayudar a todos, leer las Sagradas Escrituras etc. Para poder cumplir con facilidad con todo esto necesitamos, antes que nada, comer menos y abstenernos completamente de la carne, huevos y productos lácteos; y comer sólo comida de abstinencia, es decir, comida vegetal: pan, verduras, frutas. Ya que la suculenta comida de origen animal nos produce somnolencia y deseos de descansar en vez de rezar, o, contrariamente, ganas de rezotar.

El mayor y más prolongado período de abstinencia es antes de la fiesta de Pascua, y se llama "Gran Cuaresma."

 

Preguntas: ¿Cuándo podemos tener la confianza de que Dios va a escuchar nuestras oraciones? ¿Qué es necesario hacer para que nuestra oración sea devota y diligente? ¿Escuchará Dios nuestras oraciones si rezamos apurados y distraídos? ¿Qué fue establecido, para rezar diligente e intensificadamente? ¿Qué son las abstinencias?

 

 

Dónde y Cuándo se Puede Rezar a Dios.

En todo lugar se puede rezar a Dios, ya que Dios se está en todas partes: en la casa, en la iglesia y en cualquier camino.

El cristiano tiene la obligación de rezar cada día por la mañana, antes de acostarse, antes y después de comer y antes y después de cualquier obra. Éste género de oración se llama doméstica o particular.

Los domingos y días festivos, así como cualquier día luego de librarnos de nuestras tareas, para rezar debemos ir al templo de Dios. Allí se reúnen nuestros semejantes cristianos y rezamos conjuntamente. Éste género de oración se llama social o eclesiástica.

 

Preguntas: ¿Dónde se puede rezar a Dios? ¿Por qué en cualquier lugar se puede rezar a Dios? ¿Cómo se llama la oración que rezamos en casa? ¿Cómo se llama la oración que rezamos en el templo?

 

 

 

Acerca del Templo.

El templo (o iglesia) es una especial casa dedicada a Dios (la casa de Dios), en la cual se celebran los divinos servicios. En el templo mora una particular gracia, o benevolencia de Dios, la cual nos es dada a través de los que celebran los divinos servicios: el clero (obispos y sacerdotes).

El aspecto exterior del templo se diferencia de un edificio común, por la cúpula que se eleva en el techo, la cual representa al cielo. La cúpula termina con una cabeza, sobre la cual se coloca una cruz, en honor de la cabeza de la Iglesia — Jesucristo. Sobre la entrada a la iglesia, comúnmente se contruye un campanario, es decir una torre en la cual se cuelgan las campanas. El tañido de las campanas se utiliza para convocar a los fieles a la oración, al divino servicio. Y también para dar aviso de los momentos más importantes del servicio que se está oficiando en la iglesia.

En la entrada al templo, se construye desde afuera un atrio exterior (plazoleta, soportal). Por dentro, el templo se divide en tres partes: 1) el atrio; 2) el templo propiamente dicho, o la parte media del templo donde se ubican los fieles oradores y 3) el altar, en donde los clérigos celebran los divinos servicios. Aquí se encuentra el lugar más importante de todo el templo: el santo Trono, sobre el cual se celebra el misterio de la santa Comunión.

El altar se divide de la parte media del templo por el iconostasio, pared o muro de varias hileras de íconos, el cual posee tres puertas. Las del medio se llaman puertas reales, porque el mismo Señor Jesucristo, el Rey de Gloria, invisiblemente las atraviesa en los Santos Dones (en la Santa Comunión). Por esta razón, a nadie se le permite atravesarlas salvo al clero.

La lectura y el canto de oraciones, realizados en el templo, siguiendo un especial orden y con el clérigo presidiendo, se denomina divino servicio.

El servicio más importante es la liturgia o misa (la cual se celebra antes del mediodía). En ella se recuerda toda la vida terrenal del Salvador y se realiza el misterio de la Comunión, el cual instituyó el mismo Cristo en la Santa y Misteriosa Cena.

El misterio de la Comunión consiste en que, por la gracia de Dios, el pan y el vino se consagran, se transforman en verdaderos Cuerpo y Sangre de Cristo, conservando su apariencia de pan y vino. Y nosotros, bajo este aspecto de pan y vino, nos comulgamos con el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre del Salvador, para así entrar en el Reino de los Cielos y poseer la vida eterna.

Debido a que el templo es el lugar grande y santo, en donde invisiblemente y con especial misericordia está presente el mismo Dios, nosotros debemos entrar en él piadosamente. Debemos permanecer en silencio y devoción. Durante los divinos servicios no se debe conversar, ni menos reírse. No se debe tampoco darle la espalda al altar. Cada uno debe permanecer de pie en su sitio, y no moverse de un lugar a otro. Sólo en los casos de indisposición física está permitido sentarse y descansar. No hay que abandonar el templo antes de finalizado el servicio.

A la Santa Comunión hay que acercarse con tranquilidad y sin apuro, con las manos cruzadas sobre el pecho. Y luego de comulgarse, hay que besar el Cáliz sin persignarse, para no voltearlo accidentalmente.

 

Preguntas: ¿Qué es el templo? ¿Cómo es su aspecto exterior? ¿Cómo está dividido el templo por dentro? ¿Qué es el iconostasio? ¿Dónde se encuentran las Puertas Reales? ¿Qué es el Santo Trono y qué se realiza sobre él? ¿Cuál es el servicio más importante? ¿Que se recuerda en la misa? ¿Qué es el misterio de la Comunión? ¿Quién instituyó este misterio? ¿Cómo se debe permanecer en el templo?

 

 

La Bendición del Sacerdote.

Los clérigos (es decir, las personas especialmente consagradas que llevan a cabo los divinos servicio) son nuestros padres espirituales: los obispos (prelados) y los sacerdotes (presbíteros), y nos signan con la señal de la Cruz. Tal acto se llama bendición.

Cuando el sacerdote nos bendice, dobla sus dedos de tal forma que ellos representan las letras IC XC, es decir las iniciales griegas de Jesucristo. Esto quiere decir, que por medio del sacerdote nos bendice el mismo Señor nuestro Jesucristo. Por eso, debemos recibir las bendiciones de los clérigos con devoción.

Cuando nos encontramos en el templo y escuchamos las palabras de alguna bendición general: "paz a todos" por ejemplo, como respuesta debemos inclinarnos pero sin persignarnos. Pero para recibir una bendición particular de parte de algún obispo o sacerdote, debemos juntar las manos en cruz: la derecha sobre la izquierda, con las palmas hacia arriba. Y habiendo recibido la bendición, besamos la mano que nos bendijo, como si fuese la invisible mano del mismo Salvador Jesucristo.

 

Preguntas: ¿Quiénes nos signan con la señal de la Cruz? ¿Cómo se llama este acto? ¿Cómo pliega la mano el sacerdote para bendecir? ¿Cómo debemos colocar las manos cuando recibimos una bendición? ¿Qué hay que hacer luego de recibir la bendición?

 

Acerca de los Santos Íconos.

En el templo (en el iconostasio y en las paredes) y en nuestras casas (en la parte superior del rincón principal) se encuentran los santos íconos, ante los cuales nosotros rezamos.

Ícono o imagen se llama a la representación de Dios mismo, de la Madre de Dios, de los ángeles o de los santos que agradaron a Dios. Esta imagen indispensablemente se santifica con agua bendita, y a traves de esta santificación se le confiere al ícono la gracia del Espíritu Santo. De esta manera la imagen pasa a ser honrada como santo ícono. Existen íconos milagrosos, a traves de los cuales la gracia de Dios, presente en ellos, se manifiesta con milagros como, por ejemplo, la curación de enfermos.

El mismo Salvador nos ha dado su imagen: habiéndose lavado, secó su purísimo rostro con una toalla y milagrosamente lo reprodujo sobre la misma, para enviársela al príncipe Augaro que estaba enfermo. Luego de haber rezado delante de esta representación (imagen) del Salvador no hecha por mano humana, el príncipe se curó de su enfermedad.

Al rezar delante de algún ícono, debemos recordar que el mismo no es Dios o algún santo, sino que es sólo la representación de Dios o del santo. Por eso, no tenemos que rezarle al ícono como tal, sino a Dios o al santo, representado en él.

El santo ícono es lo mismo que un libro sagrado: en un libro sagrado leemos con devoción palabras divinas, mientras que en el santo ícono contemplamos piadosamente los santos rostros, los cuales, al igual que la palabra divina, elevan nuestra mente hacia Dios y hacia sus santos, y encienden nuestro corazón con amor hacia nuestro Creador y Salvador.

 

Preguntas: ¿A qué se llama santo ícono? ¿Dónde se colocan los santos íconos, en el templo y en las casas? ¿Por qué se los llama santos íconos? ¿Quién bendijo con su ejemplo el uso de los santos íconos? ¿Qué debemos recordar cuando rezamos delante de los santos íconos? ¿Cuál imagen del Señor se llama "no hecha por mano de hombre"?

 

 

 

Cómo es Representado Dios en los Santos Íconos.

Dios es Espíritu invisible, pero Él se aparecía a santos hombres en forma visible. Por eso en los íconos representamos a Dios en la forma en que Él se aparecía a los hombres.

A la Santísima Trinidad nosotros la representamos en la forma de tres ángeles sentados a una mesa. Esto se debe a que el Señor se apareció una vez a Abraham en forma de tres ángeles. Para subrayar la espiritualidad de los aparecidos a Abraham, los solemos representar con alas.

Cada Persona de la Santísima Trinidad, separadamente se la representa de la siguiente manera: a Dios Padre, en forma de anciano, porque así Él se aparecía a algunos profetas. A Dios Hijo se lo representa tal cual como era cuando descendió a la tierra y se hizo hombre para nuestra salvación: como niño en los brazos de la Madre de Dios; enseñando al pueblo y realizando milagros; transfigurándose; sufriendo sobre la cruz; yacente en el seplulcro; resucitado y habiéndose ascendido al cielo. A Dios Espíritu Santo se lo representa en forma de paloma: así Él se apareció cuando el Salvador se bautizó en el Jordan, por San Juan el Bautista. Y también se lo representa en forma de lenguas de fuego, porque así Él descendió en forma visible sobre los santos apóstoles, en el quincuagésimo día luego de la resurrección de Jesucristo.

 

Preguntas: ¿Si Dios es Espíritu invisible, por qué se lo representa en forma visible en los santos íconos? ¿Cómo representamos a la Santísima Trinidad en los santos íconos, y por qué precisamente de esa manera? ¿Cómo representamos en los santos íconos a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, y por qué precisamente de esa manera?

 

A Quiénes, Además de Dios, Representamos en los Santos Íconos.

Además de Dios, nosotros representamos en los santos íconos a la Madre de Dios, a los santos ángeles y a las santas personas.

Pero debemos rezarles a ellos no como a Dios, sino como a cercanos a Él, personas que agradaron a Dios con su santa vida. Ellos por amor hacia nosotros rezan a Dios por nosotros. Y nosotros debemos pedirles su ayuda e intercesión, porque por ellos, el Señor más rápidamente escuchará las oraciones de nosotros pecadores.

Es digno de atención el hecho que la imagen de la Madre de Dios, escrita (*) por el Evangelista Lucas, discípulo del Señor, se ha conservado hasta nuestros días. Existe la tradición, según la cual la Santísima Madre de Dios, habiendo visto su representación, dijo: "La gracia de mi Hijo estará con este ícono." Nosotros rezamos a la Madre de Dios, porque Ella es la que más próxima está a Dios y a la vez está cerca de nosotros. Gracias a su amor maternal y a sus oraciones, Dios nos perdona sobremanera y nos ayuda en abundancia. ¡Ella es la gran y misericordiosa intercesora por todos nosotros!

 

(*) Nota: La Santa Iglesia Ortodoxa enseña que un ícono no se pinta, sino que se escribe. Porque en él se describe un pasaje del Evangelio, por ejemplo, o la vida de un santo.

 

Preguntas: ¿Además de a Dios, a quiénes representamos en los santos íconos? ¿Cómo debemos rezarle a la Madre de Dios, a los santos ángeles y a las santas personas? ¿Quién fue el primero que escribió una imagen de la Madre de Dios? ¿Por qué nosotros principalmente ante todos los santos le rezamos a la Madre de Dios? ¿Por qué decimos que un ícono es escrito?

 

 

Acerca de los Santos Ángeles.

En el principio, cuando todavía no existían ni el mundo ni el hombre, Dios creó a los santos ángeles.

Los ángeles son espíritus incorpóreos (y por eso invisibles) e inmortales, así como nuestra alma; pero Dios los dotó con facultades y poderes más elevados que los humanos. La mente de ellos es más perfecta que la nuestra. Ellos en todo momento cumplen la voluntad de Dios, son inocentes y por la gracia de Dios se afirmaron tanto en las buenas obras, que ahora no pueden pecar.

Muchas veces los ángeles se aparecían en forma visible, adoptando aspecto corporal, cuando Dios los mandaba hacia las personas a decir o anunciar su voluntad. La palabra "ángel" significa "mensajero."

Durante su bautismo, cada cristiano recibe de Dios su ángel guardián. El mismo, en forma invisible, lo proteje durante toda su vida terrenal de las desgracias e infortunios, lo advierte de los pecados, lo ampara en la terrible hora de la muerte y no lo abandona luego de ella.

Los ángeles son representados en los íconos en forma de hermosos jóvenes, subrayando así su belleza espiritual. Sus alas significan que ellos cumplen en forma inmediata con la voluntad de Dios.

 

Preguntas: ¿Cuándo fueron creados los santos ángeles? ¿Quiénes son los santos ángeles? ¿Con qué poderes y facultades fueron dotados por Dios? ¿Pueden los santos ángeles pecar? ¿Cuándo se aparecían los ángeles en forma invisible, y qué significa la palabra "ángel"? ¿Cómo se llama el santo ángel que Dios nos concede en el bautismo? ¿Por qué se representan a los santos ángeles en forma de jóvenes y con alas?

 

 

Acerca de las Santas Personas.

En los íconos representamos también a las santas personas o complacientes a Dios. Así los llamamos porque durante su vida terrenal, ellos complacieron a Dios con su recta vida. Y ahora, estando en el cielo con Dios, ellos rezan por nosotros ante Él y nos ayudan, viviendo nosotros todavía sobre la tierra.

Los santos poseen diferentes denominaciones: profetas, apóstoles, mártires, santos prelados, santos imitadores de Cristo, santos anárgiros, bienaventurados y rectos.

Profetas nosotros llamamos a aquellos santos de Dios, los cuales por inspiración del Espíritu Santo predecían el futuro, especialmente hacerca del Salvador. Ellos vivieron hasta antes de la llegada del Salvador a la Tierra.

Apóstoles son los primeros discípulos de Jesucristo, a los cuales Él enviaba a la predicación durante su permanencia en la Tierra. Y luego del descenso del Espíritu Santo sobre ellos, predicaban por todos los países la fe cristiana. Al principio el Señor eligió a doce, y luego eligió a otros setenta.

Dos de los apóstoles, Pedro y Pablo, se los llama Príncipes de los apóstoles, puesto que ellos en su afán, trabajaron más que los otros en la predicación de la fe cristiana.

A cuatro apóstoles: a Mateo, Marcos, Lucas y Juan el Teólogo, los cuales escribieron el Evangelio, se los llama Evangelistas.

A los santos que, semejantes a los apóstoles, difundían la fe cristiana por distintos lugares, se los llama equiapóstoles. Entre ellos están: María Magdalena, primera mártir Tecla, los fieles a los bueno Emperadores Constantino y Elena y príncipe de Rusia Vladimiro, y Santa Nina, iluminadora de Georgia.

Mártires son aquellos cristianos que por la fe en Jesucristo, recibieron terribles tormentos y hasta la muerte. Si ellos, luego de sobrellevar los tormentos perecían en paz, entonces los llamamos confesores.

Los primeros que sufrieron por la fe cristiana fueron el archidiácono Esteban y santa Tecla, y por eso son llamados protomártires.

Los que murieron por la santa fe luego de particularmente onerosos padecimientos, a los cuales no todos los mártires fueron expuestos, se los llama megalomártires. Entre ellos están el santo megalomártir Jorge y las santas megalomártires Bárbara y Catalina.

A los confesores, los rostros de los cuales eran escritos por los verdugos con palabras blasfemas, se los llama marcados.

Santos prelados son los obispos que complacieron a Dios por su recta vida.

Ejemplos de santos obispos son San Nicolás taumaturgo y San Alejo, metropolitano de Moscú.

A los santos prelados que sufrieron torturas por el nombre de Cristo, se los llama hieromártires.

A los santos obispos Vasilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo se los llama maestros universales, es decir, maestros de toda la Iglesia cristiana.

Santos imitadores de Cristo son personas rectas que se alejaron de la vida mundana en la sociedad, y agradaron a Dios permaneciendo en estado de virginidad (es decir, sin casarse), en abstinencia y oración en monasterios y desiertos.

Ejemplos de ellos son San Sergio de Radonesh, San Serafín de Sarov y santa Anastasia.

A los santos imitadores de Cristo que sufrieron torturas por el nombre de Cristo se los llama santos mártires imitadores de Cristo.

Los Anárgiros servían gratuitamente al prójimo, sanándolos de sus enfermedades. Ellos desinteresadamente curaban enfermedades, tanto corporales como espirituales.

Entre ellos están Cosmé y Damián y el megalomártir y médico Panteleimon.

Los Rectos llevaron una vida correcta y agradable a Dios, viviendo igual que nosotros en el mundo; es decir, siendo personas de familia.

Entre ellos están, por ejemplo, los santos rectos Joaquín y Ana.

Los primeros rectos sobre la tierra — progenitores (patriarcas) del género humano — se los llama antecesores, como por ejemplo Adán, Noé y Abraham.

 

Preguntas: ¿A quiénes, además de a Dios, su Santísima Madre y los santos ángeles, representamos en los santos íconos? ¿Cuáles son sus denominaciones? ¿A quiénes llamamos profetas, apóstoles, mártires, santos prelados, santos imitadores de Cristo, santos anárgiros y rectos?

 

 

Acerca de los Nimbos en los Íconos.

En los íconos y cuadros, alrededor de la cabeza del Salvador, de la Madre de Dios y de los santos y santas complaciente a Dios, figura un resplandor o aureola brillante, la cual se llama nimbo.

En el nimbo del Salvador comúnmente se escriben tres letras: O OH, palabra griega que quiere decir: El que Es (Éxodo 3:14), ya que solamente Dios existe siempre.

Sobre la cabeza de la Madre de Dios se escriben las letras MP OY, las cuales son las primeras y últimas letras de las palabras griegas, que quieren decir Madre de Dios.

El nimbo es la representación del resplandor de la luz y la gloria de Dios que transfigura al hombre que se ha unido a Él. Este invisible resplandor de la luz de Dios, a veces se hace visible para otros. Por ejemplo, el santo profeta Moisés tenía que cubrir su rostro con un manto para no enceguecer a los demás con la luz que emanaba de su semblante. Y el rostro de San Serafín de Sarov, durante la conversación con Motovilov acerca de la adquisición del Espíritu Santo, brillaba como el sol. El mismo Motovilov escribe, que en ese momento le era imposible mirar el rostro de San Serafín.

De esta manera el Señor todavía aquí en la Tierra glorifica a los santos que le agradan, c el resplandor de la luz de su gloria.

 

Preguntas: ¿Cómo se llama la aureola luminosa que figura alrededor de la cabeza del Salvador, de la Madre de Dios y de los santos? ¿Qué representa el nimbo?

 

 

Por Qué Nosotros nos Llamamos Cristianos Ortodoxos.

Nosotros nos llamamos cristianos ortodoxos porque creemos en nuestro Señor Jesucristo; creemos así como está expresado en el "Símbolo de la fe" y pertenecemos a la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica, fundada en la Tierra por el mismo Salvador. La misma, dirigida por el Espíritu Santo, conserva sin ninguna variación, correcta y gloriosamente, la enseñanza de Jesucristo; es decir que nosotros pertenecemos a la Iglesia Cristiana Ortodoxa.

Todos los restantes cristianos, los cuales confiesan su fe en Cristo de un modo distinto en comparación con la Santa Iglesia Ortodoxa, no pertenecen a Ella. Ellos son: los católicos romanos, los protestantes (luteranos), los bautistas y demás sectas.

 

Preguntas: ¿Cómo nos llamamos nosotros y por qué? ¿Cómo se llaman los demás cristianos que no pertenecen a la Santa Iglesia Ortodoxa?

 

 

 

2. Las Oraciones.

 

 

Oraciones Cortas.

Todo cristiano ortodoxo tiene el deber de rezar diariamente, por la mañana y al anochecer, antes y después de cualquier comida, antes y después de cualquier obra (antes y después de estudiar, por ejemplo).

Por la mañana rezamos a Dios para agradecerle por habernos conservado en la noche pasada, y para pedirle su Paternal bendición y ayuda para el día que comienza.

Por la noche, antes de acostarnos, de la misma manera agradecemos a nuestro Señor por el día que pasó favorablemente, y le pedimos nos guarde por la noche.

Asimismo, para realizar una obra favorable y exitosamente, debemos antes que nada pedir la bendición y ayuda a Dios, y agradecerle luego de culminada la misma.

Para expresar nuestros sentimientos hacia Dios y los santos que le agradaron, la Iglesia nos ha dado una serie de oraciones. He aquí las más utilizadas:

 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

En el nombre: Por el nombre, en honor, para la gloria; Amén: verdad.

 

Esta oración se llama inicial, porque la pronunciamos al principio de todas las oraciones.

En ella nosotros le pedimos a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, es decir a la Santísima Trinidad, que invisiblemente nos bendiga con su santo nombre para la obra a comenzar.

 

Preguntas: ¿Cómo se llama esta oración? ¿A quién invocamos en esta oración? ¿Qué es lo que deseamos cuando pronunciamos la oración: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? ¿Qué quiere decir "Amén"?

 

¡Señor, bendice!

 

Esta oración la pronunciamos en el comienzo de cada obra.

 

Pregunta: ¿Qué le pedimos a Dios en esta oración?

 

¡Señor, ten piedad!

 

Ten piedad: sé benevolente, perdona.

 

Esta oración es la más antigua y general entre todos los cristianos. Ella es fácil de recordar hasta para un pequeño niño. Nosotros la pronunciamos cuando recordamos nuestros pecados. En honor y gloria a la Santísima Trinidad, nosotros los cristianos pronunciamos esta oración tres veces. Asimismo la pronunciamos 12 veces, solicitando a Dios su bendición para cada hora del día y de la noche; y también la pronunciamos 40 veces para la santificación de toda nuestra vida.

 

Oración de glorificación a Dios nuestro Señor

 

¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti!

 

En esta oración nosotros no le pedimos nada a Dios, sino que sólo lo glorificamos. La misma se puede decir en forma más corta: "Gloria a Dios." La misma se pronuncia luego de finalizada la obra, en señal de nuestro agradecimiento a Dios por su benevolencia para con nosotros.

 

 

Oración del publicano

 

¡Dios, ten misericordia de mí, pecador!

 

Esta oración es del publicano (recolector de impuestos), el cual se arrepintió de sus pecados y recibió el perdón de Dios. La misma es tomada de la parábola que el Salvador relató una vez para el entendimiento de los que le escuchaban. La parábola es la siguiente: dos hombres entraron al templo para rezar. Uno de ellos era fariseo y el otro era publicano. El fariseo se ubicó adelante de todos y rezaba a Dios así: te doy gracias, ¡oh, Dios! porque no soy pecador como este publicano. Yo doy el diezmo de mi posesión a los pobres y hago abstinencia dos veces a la semana. Pero el publicano, considerándose a sí mismo pecador, se ubicó en la entrada al templo y ni atrevía a levantar la vista al cielo. Él se golpeaba en el pecho y decía: ¡Dios, ten misericordia de mí, pecador! Para Dios, la oración del humilde publicano resultó ser más agradable y complaciente que la del orgulloso fariseo.

 

Oración a nuestro Señor Jesucristo

 

¡Oh! Señor Jesucristo, Hijo de Dios, por las oraciones de tu Purísima Madre y de todos los santos, ten piedad de nosotros. Amén.

 

Ten piedad de nosotros: sé benevolente para con nosotros, perdónanos; Jesús quiere decir Salvador; Cristo: Ungido.

Jesucristo es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Y como Hijo de Dios, Él es verdadero Dios nuestro, así como Dios Padre y Dios Espíritu Santo.

Nosotros lo llamamos Jesús, es decir Salvador, porque nos salvó de los pecados y de la muerte eterna. Para este fin Él, siendo Hijo de Dios, se alojó en el vientre de la Purísima Virgen María y, por el descenso del Espíritu Santo, se encarnó de Ella y se hizo Hombre. Es decir, tomó cuerpo y alma humanos, nació de la Santísima Virgen María, se hizo hombre como nosotros con la diferencia que era impecable — es decir, se hizo Dios-Hombre. Y en vez de que nosotros suframos y nos atormentemos por nuestros pecados, Él mismo, por amor hacia nosotros pecadores, sufrió por nosotros, murió sobre la cruz y al tercer día resucitó; venció al pecado y a la muerte, y nos dio la vida eterna.

Siendo consientes de nuestra pecaminosidad y no esperanzándonos en la fuerza de nuestras propias oraciones solamente, nosotros en esta plegaria pedimos a todos los santos y a la Madre de Dios, que recen por nosotros pecadores delante de nuestro Salvador, siendo la Santa Virgen poseedora de la extraordinaria gracia de salvarnos a nosotros pecadores por su intercesión por nosotros ante su Hijo.

Nuestro Salvador se llama Ungido (Cristo), porque Él es poseedor en su plenitud de aquellos dones del Espíritu Santo, que en el Antiguo Testamento recibían los reyes, profetas y sumos sacerdotes a través de la unción.

 

Preguntas: ¿Quién es el Hijo de Dios? ¿Con qué otros nombres lo llamamos? ¿Por qué lo llamamos Salvador? ¿Cómo realizó nuestra salvación?

 

 

Oración al Espíritu Santo

 

¡Oh, Rey de los cielos! Consolador, Espíritu de la verdad, que estás presente en todas partes y todo lo llenas, Tesoro de todo bien, Dador de la vida, ven y fija tu morada en nosotros y purifícanos de toda iniquidad y salva nuestras almas, ¡oh, Bondadoso!

 

Espíritu de la verdad: Espíritu de la rectitud; Tesoro de todo bien: cofre de todo lo bueno; Iniquidad: impureza, es decir de todos los pecados.

 

En esta oración nosotros le rezamos al Espíritu Santo, que es la tercera Persona de la Santísima Trinidad.

En ella llamamos al Espíritu Santo Rey de los cielos, porque Él, siendo verdadero Dios, igual a Dios Padre y a Dios Hijo, reina invisiblemente sobre nosotros, nos rige a nosotros y al mundo entero. Lo llamamos Consolador, porque nos consuela en las aflicciones y desgracias, de la misma manera que animó a los apóstoles en el décimo día luego de la Ascención de Jesucristo al cielo.

Lo llamamos Espíritu de la Verdad (así lo nombró el mismo Salvador) porque Él, como Espíritu Santo, enseña a todos solamente la verdad, sólo lo que es útil para nosotros y sirve para nuestra salvación.

Él es Dios, está en todas partes y todo lo llena con su presencia: que estás presente en todas partes y todo lo llenas. Él, como gobernador del mundo entero, todo lo ve y en donde hace falta, da. Él es un Tesoro de todo bien, es decir guardián de todos los beneficios, fuente de todo lo bueno que pudiéramos necesitar.

Nosotros llamamos al Espíritu Santo Dador de la vida, porque absolutamente todo en el mundo vive y se mueve por el Espíritu Santo. Es decir que todo recibe vida de Él, y especialmente las personas reciben de Él vida espiritual, santa y eterna después de la muerte, purificándose de sus pecados a través de Él.

Por cuanto el Espíritu Santo posee tales maravillosas cualidades, como que se encuentra en todas partes, todo lo llena con su gracia y da vida a todos, nosotros nos dirigimos a Él con las siguientes peticiones: Ven y fija tu morada en nosotros, es decir, permanece constantemente en nosotros como en un templo Tuyo; purifícanos de toda iniquidad, osea del pecado, y haznos santos, dignos de tu permanencia en nosotros, y salva, ¡oh, Bondadoso! nuestras almas de los pecados y de aquellos castigos que les siguen, y a través de esto concédenos el Reino de los cielos.

 

Preguntas: ¿A quién nos dirigimos en esta oración? ¿Cuál persona de la Santísima Trinidad es el Espíritu Santo? ¿Cómo se lo llama en esta oración? ¿Por qué: Rey de los cielos, Consolador, Espíritu de la verdad, que está en todas partes, que lo llena todo? ¿Qué le pedimos? ¿Qué significa: ven y fija tu morada en nosotros, y purifícanos de toda iniquidad, y salva, oh, Bondadoso, nuestras almas?

 

Angelical canto a la Santísima Trinidad, o "Trisagio"

 

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

 

Esta oración debe leerse tres veces, en honor de las Tres Personas de la Santísima Trinidad.

Ella se llama canto angelical porque es cantada por los santos ángeles, rodeando en el cielo el Trono de Dios. Los creyentes en Cristo comenzaron a usar esta oración 400 años luego del Nacimiento de Cristo. En Constantinopla había un fuerte terremoto, el cual destruía casas y hasta barrios enteros. Los atemorizados Emperador Teodosio II y su pueblo se dirigieron a Dios, rogando su ayuda. Mientras todos juntos estaban rezando, un devoto niño, a la vista de todos, fue elevado al cielo por una fuerza invisible y luego devuelto ileso. El niño relató a todos los presentes, que en el cielo escuchó a los ángeles cantar: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. El conmovido pueblo repitió esta oración, añadiéndole: ten piedad de nosotros, y el terremoto cesó.

En esta oración llamamos Dios a la Primera Persona de la Santísima Trinidad — a Dios Padre; Fuerte — a Dios Hijo, porque Él es tan Omnipotente como Dios Padre, amén de que al adoptar la naturaleza humana sufrió y murió; Inmortal — al Espíritu Santo, porque Él no sólo es eterno como el Padre y el Hijo, sino que da vida a toda la creación y a las personas vida inmortal.

Por cuanto en esta oración la palabra Santo se repite tres veces, la misma también se llama "trisagio."

 

Preguntas: ¿A quién le rezamos en esta oración? ¿Cuántas veces debe leerse esta oración? ¿Cómo se la llama? ¿Por qué se la llama canto angelical? ¿Qué se sabe sobre el origen de esta oración? ¿Por qué también se la llama "trisagio"?

 

 

Glorificación a la Santísima Trinidad

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Por los siglos de los siglos: eternamente, o por los siglos sin fin.

 

En esta oración nosotros no le pedimos nada a Dios, sólo lo glorificamos, habiéndose manifestado a los hombres en Tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quienes corresponde el mismo honor de glorificación, ahora y eternamente.

 

Pregunta: ¿A quién glorificamos en esta oración?

 

 

 

Oración A La Santísima Trinidad

 

¡Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros! Señor (Padre), purifícanos de nuestros pecados (perdona nuestros pecados); Soberano (el Hijo de Dios), perdónanos nuestras iniquidades; Santo (Espíritu), visítanos y cúranos de nuestras dolencias, por la gloria de tu nombre.

Santísima: Santa en el más alto sentido; Trinidad: las tres Personas de la Divinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; Pecados e iniquidades: nuestras obras, contrarias a la voluntad de Dios; Dolencias: debilidades, pecados; Por la gloria de tu nombre: para la glorificación de tu nombre.

Esta oración es de petición. En ella, nosotros nos dirigimos al principio a las tres Personas juntas, y luego a cada una por separado. A Dios Padre, para que Él limpie nuestros pecados; a Dios Hijo, para que Él perdone nuestras iniquidades y a Dios Espíritu Santo, para que Él visite y cure nuestras debilidades.

Y las palabras: por la gloria de tu nombre, se dirigen otra vez a las tres Personas de la Santísima Trinidad juntas. Porque así como Dios es Uno, su nombre también es uno, y por eso decimos "de tu nombre" y no "de tus nombres."

 

Preguntas: ¿Cuál es esta oración? ¿A quién nos dirigimos en ella? ¿Qué significan las palabras: purifícanos de nuestros pecados, perdónanos nuestras iniquidades, visítanos y cúranos de nuestras dolencias? ¿A quiénes nos dirigimos cuando decimos: por la gloria de tu nombre? ¿Qué significan estas palabras?

 

 

La oración del Señor

 

¡Padre nuestro que estás en los cielos!

1. Santificado sea tu Nombre.

2. Venga a nosotros tu Reino.

3. Hágase tu voluntad así como es en el cielo, en la tierra.

4. El pan nuestro sustancial dánosle hoy.

5. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

6. Y no nos dejes caer en la tentación.

7. Mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino, la fuerza y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Substancial: imprescindible para subsistir; Hoy: en el corriente día; Deudas: pecados; Deudores: aquellas personas, las cuales pecaron contra nosotros; Tentación: peligro de caer en el pecado; Maligno: el diablo y toda su maldad y astucia. Diablo se le llama al espíritu malo.

Esta oración se llama "del Señor" porque fue dada a sus discípulos por el mismo Señor Jesucristo, cuando ellos le pidieron que les enseñe a rezar. Por eso esta oración es la más importante de todas.

En esta oración nos dirigimos a Dios Padre, la primera Persona de la Santísima Trinidad.

Ella se divide en tres partes: invocación, siete peticiones o ruegos y glorificación.

La Invocación es: Padre nuestro que estás en los cielos. Con estas palabras nos dirigimos a Dios, y llamándolo Padre Celestial, lo invocamos a que escuche nuestras peticiones.

Cuando decimos que Él está en los cielos, debemos entender que hablamos del cielo espiritual e invisible, y no del firmamento celeste y visible que se extiende sobre nosotros, al cual llamamos "cielo."

Primera petición: santificado sea tu Nombre, es decir, ayúdanos a vivir recta y santamente, y con nuestras santas obras santificar tu Nombre.

Segunda: Venga a nosotros tu Reino, es decir, haznos dignos aquí mismo en la tierra de tu Reino Celestial, el cual es la verdad, el amor y la paz; reina en nosotros y dirígenos.

Tercera: Hágase tu voluntad, así como es en el cielo, en la tierra, es decir, que sea todo no como nosotros queremos, sino como sea agradable a Ti, y ayúdanos a someternos a tu voluntad y a cumplirla en la tierra, así sin objeciones ni murmullos como la cumplen, con amor y regocijo, los santos ángeles en el cielo. Porque sólo Tú sabes qué es lo necesario para nosotros, y Tú deseas lo bueno para nosotros, más que nosotros mismos.

Cuarta: El pan nuestro substancial dánosle hoy, es decir, danos para el día de hoy el pan nuestro substancial. Por pan se entiende todo lo imprescindible para nuestra vida en la tierra: alimento, vestimenta, hogar; pero más importante que todo, el purísimo Cuerpo y la honorable Sangre en el misterio de la santa comunión, sin la cual no hay salvación, no hay vida eterna.

El Señor nos mandó a pedir para sí no riquezas ni lujos, sino sólo lo indispensable y encomendarse en todo a Dios, recordando que Él, como Padre, siempre se preocupa por nosotros.

Quinta: Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, es decir, perdona nuestros pecados así como nosotros perdonamos a aquellos que nos ofendieron o nos agravaron.

En esta petición, nuestros pecados son llamados "nuestras deudas," porque Nuestro Señor nos dio facultades y nos fortaleció para hacer obras de bien, pero nosotros muy seguido usamos esos dones para el pecado y el mal; y así nos transformamos en "deudores" ante Dios. Y si nosotros no vamos a perdonar sinceramente a nuestros "deudores," es decir a aquellos que tienen pecados contra nosotros, entonces Dios no va a perdonarnos. Acerca de esto nos enseñó el mismo Señor nuestro Jesucristo.

Sexta: Y no nos dejes caer en la tentación. Por tentación se entiende aquel estado en el cual algo o alguien nos inclina hacia el pecado, nos seduce a hacer algo inicuo y malo. Nosotros pedimos que no permita que entremos en la seducción, la cual no sabemos sobrellevar; ayúdanos a superar las tentaciones, cuando éstas aparecen.

Séptima: Mas líbranos del maligno, es decir que nos libre de todo mal en este mundo y del culpable (príncipe) del mal — del diablo (espíritu malo), el cual siempre está dispuesto a hacernos perder del camino de la salvación. Líbranos de esta astuta y maligna fuerza y de sus engaños, la cual delante de Ti no es nada.

Doxología (glorificación): Porque tuyo es el reino, la fuerza y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Porque a Ti Dios nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo, pertenecen el reino la fuerza y la gloria eterna. ¡Todo esto es fiel y verdaderamente así!

 

Preguntas: ¿Por qué esta oración se llama "del Señor"? ¿A quién nos dirigimos en esta oración? ¿Cómo está dividida la misma? ¿Cómo interpretar con sus propias palabras la primera petición: Santificado sea tu Nombre? ¿La segunda: Venga a nosotros tu reino? ¿La tercera: Hágase tu voluntad así como es en el cielo, en la tierra? ¿La cuarta: El pan nuestro substancial dánosle hoy? ¿La quinta: Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores? ¿La sexta: No nos dejes caer en la tentación? ¿La séptima: Mas líbranos del maligno? ¿Qué significa la palabra "amén"?

 

La salutación angelical a la Madre de Dios

 

Regocíjate, Virgen María, Madre de Dios, llena de gracia, el Señor es contigo; bendita Tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, porque has dado a luz al Salvador de nuestras almas.

 

Madre de Dios; Llena de gracia: colmada de la gracia del Espíritu Santo; Bendita: glorificada o digna de glorificación; El fruto de tu vientre: el que nació de Ti: Jesucristo.

 

Esta oración es a la Madre de Dios, la cual llamamos "llena de gracia," es decir colmada de la gracia del Espíritu Santo, y "bendita entre todas las mujeres," porque de Ella tuvo a bien (quiso) nacer nuestro Salvador Jesucristo, el Hijo de Dios.

Esta oración también se llama "salutación angelical," ya que en ella están las palabras del ángel (Arcangel Gabriel): "Regocíjate, María llena de gracia, el Señor es contigo; bendita Tú eres entre las mujeres," las cuales fueron dichas por él a la Virgen María cuando se le apareció en la ciudad de Nazaret para anunciarle una gran alegría, que de Ella nacerá el Salvador del mundo. Y las palabras: bendita eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, fueron dichas a la Virgen por la recta Elizabeta, la madre de San Juan Bautista, cuando se encontró con María.

La Virgen María es llamada Madre de Dios porque El nacido de Ella, Jesucristo, es nuestro verdadero Dios.

Se la llama Virgen porque Ella antes del nacimiento de Cristo era virgen, y en el nacimiento y luego del mismo permaneció igual, porque dio la promesa a Dios de no casarse; y permaneciendo por siempre Virgen, dio a luz a Su Hijo del Espíritu Santo en forma milagrosa.

 

Preguntas: ¿A quién le rezamos en la oración: Regocíjate Virgen...? ¿Cómo llamamos a la Virgen María en esta oración? ¿Qué significan las palabras: "llena de gracia" y "bendita Tú eres entre las mujeres"? ¿Cómo explicar el significado de las palabras: "porque has dado a luz al Salvador de nuestras almas"? ¿Por qué esta oración se llama "salutación angelical"? ¿Qué significan las palabras Madre de Dios y Virgen?

 

Canto de alabanza a la Madre de Dios

 

Verdaderamente es digno bendecirte, siempre bendita y purísima Madre de Dios. Tú eres más honorable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines. Te glorificamos a Ti que diste al mundo a Dios el Verbo, sin dejar de ser virgen, y que verdaderamente eres la Madre de Dios.

 

Verdaderamente: en toda justicia; Es digno: es justo; Bendecirte: llamarte bienaventurada; Siempre bendita: que siempre posee el altísimo regocijo, digna de constante glorificación; Purísima: pura y santa en su plenitud, sin ningún defecto; Querubines y serafines: los ángeles que más alto y cerca de Dios están; Sin dejar de ser virgen: la Madre de Dios dio a luz a Cristo sin pecado y sin dolor; Dios el Verbo: Jesucristo, el Hijo de Dios (S. Juan 1:1); Verdaderamente: auténticamente.

 

En esta oración nosotros alabamos a la Virgen María como la Madre de nuestro Dios, siempre bendita y completamente inmaculada, y la exaltamos diciendo que Ella, con su honor ("más honorable") y gloria ("más gloriosa") sobrepasa a los más elevados ángeles: los querubines y los serafines. Es decir que la Madre de Dios, por sus cualidades, está más alto que todos — no sólo que los hombres sino también que los santos ángeles. Ella, sin ningún dolor y en forma milagrosa del Espíritu Santo dio a luz a Jesucristo, el cual habiéndose hecho hombre de Ella, es al mismo tiempo el Hijo de Dios descendido del cielo; por lo tanto Ella es verdaderamente la Madre de Dios.

 

Preguntas: ¿A quién exaltamos en esta oración? ¿Cómo la glorificamos?

 

 

La oración más pequeña a la Madre de Dios

 

¡Santísima Madre de Dios sálvanos!

 

En esta oración nosotros le pedimos a la Madre de Dios que nos salve, a nosotros pecadores, con sus santas oraciones ante su Hijo y nuestro Dios.

 

 

Oración a la vivificadora Cruz

 

Señor, salva a tu pueblo y bendice tu heredad; acuerda a los cristianos ortodoxos la victoria sobre los enemigos y por tu santa Cruz protege tu morada.

 

Bendice: haznos dichosos, envíanos tu misericordia; Tu heredad: toda tu pertenencia; Enemigos: sobre los oponentes; Tu morada: la comunidad de verdaderos creyentes, entre los cuales Dios mora invisiblemente; Por tu santa Cruz: guarda tu morada con el poder de tu Cruz.

 

En esta oración le pedimos a Dios que nos salve, a nosotros que somos su pueblo; que bendiga al país ortodoxo — nuestra patria, con grandes misericordias; que conceda la victoria a los cristianos ortodoxos sobre los enemigos y, en general, que nos guarde con el poder de su Cruz.

 

Preguntas: ¿Cómo se lee la oración a la santa Cruz?

 

 

Oración al Angel guardián

 

Angel de Dios, mi santo guardián, que me fuiste dado del cielo por Dios para protegerme, diligentemente te ruego: ilumíname ahora y ampárame de todo mal, instrúyeme en las obras de bien y dirígeme al camino de la salvación. Amén.

 

Dios le da a cada cristiano, en el bautismo, un ángel guardián, el cual invisiblemente lo protege de todo mal. Por esto nosotros debemos cada día pedirle al ángel, que nos proteja y se apiade de nosotros.

 

Oración Al Santo

 

Ora a Dios por mí, santo servidor de Dios [santa servidora de Dios] (nombre), porque con fervor recurro a ti, mi pronta ayuda e intercesor [intercesora] por mi alma.

 

Además de la oración al angel guardián, nosotros debemos también rezarle al santo del cual llevamos el nombre, porque él también reza siempre a Dios por nosotros.

Cada cristiano, apenas nace en la luz Divina, es decir en el santo bautismo, recibe un Santo Patrono dado por la santa Iglesia para que lo ayude y ampare. Él se preocupa por el recién-nacido como la más amorosa madre, y lo protege de todas las desgracias y adversidades que le acechan al hombre en la tierra.

 

Hay que saber el día de la memoria de su santo personal (día del onomástico) y conocer la vida del mismo. En el día del onomástico debemos glorificar al santo con oraciones en el templo y recibir la Santa Comunión. Y en el caso de que por alguna razón no podemos ir al templo en este día, entonces debemos rezar con fervor en casa.

 

 

Oración por los Vivos

Debemos pensar no sólo en nosotros, sino también en las demás personas, amarlas y rezar a Dios por ellas; porque todos nosotros somos hijos de un mismo Padre celestial. Semejantes oraciones no sólo son útiles para aquellos por quienes rezamos, sino también para nosotros mismos, porque de esta manera nosotros demostramos amor hacia ellos. Y el Señor nos dijo que sin amor nadie puede ser hijo de Dios.

Nosotros debemos rezar por nuestra patria Rusia, por el país en que vivimos, por nuestro padre espiritual, nuestros padres, parientes, bienhechores, cristianos ortodoxos y por todas las personas, tanto por los vivos como por los muertos, porque en Dios todos son vivos (S. Lucas 20:38).

 

Salva, Señor, y ten misericordia de mi padre espiritual (nombre), mis padres (nombres), parientes, instructores, bienhechores y de todos los cristianos ortodoxos.

 

Padre espiritual: aquel padre con el que nos confesamos.

 

 

Oración por los difuntos

Haz descansar, Señor, las almas de tus siervos difuntos (nombres), y de todos mis parientes y bienhechores difuntos; perdónales todos sus pecados voluntarios e involuntarios y concédeles el Reino Celestial.

 

Haz descansar: ubícalos en un lugar tranquilo, es decir junto con los santos en la morada bienaventurada y eterna; Difuntos: Así llamamos a los fallecidos, porque luego de la muerte las personas no se exterminan, sino que el alma se separa del cuerpo y se muda de esta vida a otra, celestial. Allí estas almas permanecen hasta el momento de la resurrección general se muda de esta vida a otra, celestial. Allí estas almas permanecen hasta el momento de la resurrección general en la segunda venida del Hijo de Dios, en la que las almas de los muertos, según las palabras del mismo Salvador, nuevamente se unirán con sus respectivos cuerpos y las personas resucitarán. Y entonces cada uno recibirá de acuerdo a lo merecido: los rectos — el Reino Celestial, la vida bienaventurada y eterna; y los pecadores — el castigo eterno. Pecados voluntarios: los pecados cometidos por propia voluntad; Pecados involuntarios: los cometidos fuera de nuestra voluntad, forzadamente; Reino Celestial: la vida eterna y bienaventurada con Dios.

 

 

Oración para antes del estudio

 

¡Oh, Señor infinitamente bondadoso! Envía sobre nosotros la gracia de tu Espíritu Santo, que otorga comprensión y fortalece nuestras fuerzas anímicas a fin de que, aplicándonos en la enseñanza propuesta crezcamos para tu gloria, ¡oh, Creador nuestro!, para consuelo de nuestros padres y para ser útiles a la Iglesia y a la patria.

 

Fuerzas anímicas: nuestras capacidades anímicas (intelecto, corazón y voluntad); Iglesia: comunidad de todos los cristianos ortodoxos; Patria: estado, país en el que de antaño vivieron nuestros antepasados: bisabuelos, abuelos y padres.

 

Esta oración es a Dios Padre, al cual lo llamamos Creador, es decir Hacedor. En ella le pedimos que nos envíe su Espíritu Santo, para que Él con su gracia, fortalezca nuestras fuerzas anímicas (intelecto, corazón y voluntad), para que nosotros, escuchando con atención la doctrina que nos es enseñada, crezcamos como fieles hijos de la Iglesia y leales servidores de nuestra patria, y para consuelo de nuestros padres.

En vez de esta oración, antes del estudio se puede rezar la oración al Espíritu Santo: "Oh, Rey de los cielos..."

 

Preguntas: ¿Para qué es esta oración? ¿A Quién se dirige? ¿Qué pedimos en esta oración? ¿Qué es llamado la Iglesia y la patria?

 

 

Oración para después del estudio

 

Te agradecemos, ¡oh, Creador! el habernos concedido tu gracia para escuchar la enseñanza. Bendice a nuestros superiores, padres y maestros que nos guían hacia el conocimiento del bien, y danos fuerza y firmeza para perseverar en nuestros estudios.

 

Creador: Hacedor; Tu gracia: tu invisible ayuda; Escuchar: para que con atención escucháramos y entendiéramos.

 

Esta oración es a Dios Padre. En ella, al principio agradecemos a Dios que nos envió su ayuda para entender la doctrina que nos enseñaron. Luego le pedimos que envíe sus benevolencias a nuestros superiores, padres y maestros, los cuales nos posibilitan conocer todo lo bueno y beneficioso. Y, para cerrar, pedimos que nos conceda salud y deseo, para poder con éxito continuar y perseverar en nuestros estudios.

 

En vez de esta oración, luego del estudio se puede rezar la oración a la Madre de Dios: "Verdaderamente es digno..."

 

Preguntas: ¿A quién es dirigida esta oración? ¿Por qué agradecemos a Dios al principio de la oración? ¿Qué pedimos en esta oración?

 

 

Oración para antes de comer

 

Las miradas de todos fijan sus esperanzas en Ti, Señor, y Tú les dispensas el alimento en tiempo oportuno. Abres tu mano generosa y satisfaces a los vivientes con tus benevolencias. [Sal. 144 (145): 15-16].

 

Tiempo oportuno: en su momento, cuando hace falta; Vivientes: todo ser viviente, es decir no sólo a las personas sino a todas las criaturas.

 

En esta oración nosotros expresamos la seguridad de que Dios nos enviará el alimento en su debido momento, ya que no sólo a las personas sino también a todas las criaturas vivientes, Él da todo lo necesario para la vida.

 

En vez de esta oración, antes de comer se puede rezar la oración al Señor: "Padre nuestro...."

 

Preguntas: ¿A quién se reza en la oración para antes de comer? ¿Qué expresamos en ella? ¿Cómo trata Dios a los seres vivientes?

 

 

Oración para después de comer

 

Te agradecemos, ¡oh, Cristo nuestro Dios! por habernos satisfecho con tus bienes terrenales; no nos prives de tu Reino Celestial.

 

Satisfecho: alimentado; Tus bienes terrenales: es decir con lo que comimos y bebimos en la mesa; Reino Celestial: bienaventuranza eterna, la cual obtienen las rectas personas luego de su muerte.

 

En esta oración nosotros agradecemos a Dios por habernos satisfecho con el alimento, y le pedimos que no nos prive, luego de nuestra muerte, de la bienaventuranza eterna, la cual siempre debemos tener presente al recibir bienes terrenales.

 

Preguntas: ¿Qué oración se reza después de comer? ¿Por qué le agradecemos a Dios en esta oración? ¿Qué se entiende por bienes terrenales? ¿A qué se llama el Reino celestial?

 

Oración de la mañana

 

A Ti, ¡oh, Soberano, amante de la humanidad! acudo al levantarme, disponiéndome a cumplir tus obras fortificado por tu misericordia, te ruego ayúdame en todo tiempo y en toda cosa; presérvame de toda tentación mundana y de toda sugestión diabólica; sálvame y concédeme el acceso a tu Reino eterno. Porque Tú eres mi Creador, mi Providencia y Dispensador de todo bien; en Ti descansa toda mi esperanza y te glorifico ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Amante de la humanidad: amante de las personas; En toda cosa: en toda obra; Tentación mundana: mal mundano (un hecho no bueno); Sugestión diabólica: tentación de diablo (espíritu malo), seducción hacia el mal; Providencia: Proveedor, cuidador.

 

 

Oración vespertina

 

Señor Dios nuestro, que eres bueno y Amante de la humanidad, perdóname lo que he pecado en este día por palabras, acciones y pensamientos. Concédeme un sueño tranquilo y apacible; envíame tu ángel guardián para protegerme y defenderme de todo mal, porque Tú eres el protector de nuestras almas y de nuestros cuerpos y te rendimos gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

3. Sagrada Historia

del Antiguo y del Nuevo Testamento.

 

 

Introduccion a la Sagrada Historia del Antiguo y Nuevo Testamento.

Dios siempre vive en amor. Tal como Dios Padre ama a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, así Dios Hijo ama a Dios Padre y a Dios Espíritu Santo, y así Dios Espíritu Santo ama a Dios Padre y a Dios Hijo.

Dios es amor (I Juan 4:8).

La vida en amor es una gran alegría, es la más elevada bienaventuranza. Y Dios quiso que también otros seres obtengan esta alegría.

Para esto Dios creó al mundo.

Al principio Dios creó a los ángeles y luego a nuestro mundo terrenal.

A nosotros las personas, Dios nos concedió el intelecto y un alma inmortal, y nos dio una prescripción: conocer a Dios y hacerse cada vez mejores y más buenos; es decir, perfeccionarse en el amor a Dios y los unos a los otros, y así recibir de esto gran regocijo en la vida.

Pero las personas violaron la ley de Dios — pecaron. Con su pecado oscurecieron su mente y su voluntad, y atrajeron a su cuerpo enfermedades y la muerte. Comenzaron a sufrir y morir. Las personas ya no podían por sus propias fuerzas vencer en sí al pecado y sus consecuencias; es decir, corregir la mente, la voluntad y el corazón, y aniquilar la muerte.

 

Esto sólo el Dios Todopoderoso podía hacerlo.

 

El Omnividente Señor lo sabía todo ya antes de la creación del mundo.

 

Cuando las primeras personas pecaron, Él les dijo que vendrá al mundo el Salvador — el Hijo de Dios, Jesucristo, el cual vencerá al pecado, salvará a las personas de la muerte eterna y las devolverá al amor y a la vida eterna — es decir, a la bienaventuranza.

 

Todo el tiempo comprendido desde la creación del mundo hasta la llegada del Salvador al mundo se llama Antiguo Testamento. Es decir, el antiguo pacto o alianza de Dios con las personas, en el cual Dios las preparaba para recibir al prometido Salvador. Las personas debían recordar la promesa de Dios, creer y esperar la venida de Cristo.

El cumplimiento de esta promesa — la venida a la tierra del Salvador, el Unigénito Hijo de Dios y Señor nuestro Jesucristo — se llama Nuevo Testamento. Ya que Jesucristo, habiéndose aparecido en la tierra y vencido al pecado y a la muerte, hizo un nuevo pacto o alianza con las personas, por el cual todos podrán volver a recibir la perdida bienaventuranza — la vida eterna con Dios — a través de la Santa Iglesia fundada por Él en la tierra.

 

 

Antiguo Testamento.

 

"En el principio creó Dios el cielo y la tierra" (Gén. 1:1).

 

Creación del cielo — el mundo invisible

 

En el principio, antes que todo el mundo visible y que el hombre, Dios creó de la nada al cielo, es decir el mundo espiritual e invisible, el mundo de los ángeles.

Los ángeles son espíritus incorpóreos e inmortales, dotados de inteligencia, voluntad y poderío. Dios creó una cantidad incontable de ellos. Los mismos se diferencian entre sí por el grado de perfección y por el género de su servicio, y se dividen en rangos. Los más altos son los serafines, los querubines y los arcángeles.

Todos los ángeles fueron creados buenos, para que amen a Dios y a sí mismos y así, de esta vida en amor obtengan constante y gran regocijo. Pero Dios no deseaba obligar por la fuerza a que amen, y por eso dejó a los ángeles elegir libremente: desean ellos mismos amarlo y vivir en Dios, o no.

Uno de ellos, el más alto y poderoso ángel, de nombre Lucero del Alba, se enorgulleció de su poderío y fuerza y no quiso amar a Dios ni cumplir con Su voluntad, sino que quiso él mismo ser como Dios. Empezó a calumniar contra Dios, a oponerse a todo y a negar todo, y se transformó en un espíritu oscuro y malo: el diablo, satanás. La palabra "diablo" significa "calumniador," y la palabra "satanás" quiere decir "enemigo" de Dios y de todo lo bueno. Este espíritu malo sedujo y atrajo para si a muchos ángeles más, los cuales también se transformaron en espíritus malos que se llaman demonios.

Entonces, uno de los más altos ángeles de Dios, el arcángel Miguel, se levantó contra satanás y le dijo: "¿Quién es igual a Dios? ¡Nadie es como Dios!." Y tuvo lugar una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon contra satanás, y satanás y sus demonios contra ellos.

Pero la fuerza maligna no pudo mantenerse ante los ángeles de Dios, y Satanás cayó junto con los demonios, como un rayo, bien abajo hacia el infierno, el hades. El "hades" o "infierno" se llama al lugar alejado de Dios, en donde ahora moran los espíritus malignos. Allí se atormentan en su cólera, al ver su impotencia ante Dios. Todos ellos, por su falta de arrepentimiento se afirmaron tanto en el mal, que ya no pueden ser buenos. Ellos tratan astuta y sutilmente de seducir a cada hombre, infundiéndole pensamientos falsos y malos deseos para arruinarlo.

De esta manera surgió el mal en la creación de Dios. Se llama "mal" a todo aquello que se hace contra Dios, todo lo que viola la voluntad de Dios.

Mas todos los ángeles que permanecieron fieles a Dios, desde aquel momento viven en incesante amor con Dios, cumpliendo siempre con su voluntad. Y entonces tanto se afirmaron en el bien y en el amor a Dios, que ahora ya no pueden hacer el mal, nunca pueden pecar; y por eso se llaman santos ángeles. La palabra "ángel" significa "mensajero." Dios los envía a anunciar su voluntad a las personas, y para esto los ángeles toman para si la visible imagen de humanos.

A cada cristiano, Dios le da en el bautismo un ángel guardián, el cual en forma invisible lo protege durante toda su vida terrenal, sin abandonar su alma luego de la muerte.

 

Observación: Esta pequeña descripción de la creación del mundo angelical (celestial), está redactada en base a las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de los Santos Padres y Maestros de la Santa Iglesia Ortodoxa.

Una descripción más detallada de la vida del mundo angelical está expuesta por San Dionisio Areopaguita, discípulo del apóstol Pablo y primer obispo de Atenas, en su libro: "Jerarquías celestiales," el cual está fundamentado en todos los pasajes de las Sagradas Escrituras en los que se habla sobre los ángeles.

 

 

Creación de la tierra — el mundo visible

 

Luego de la creación del cielo — el mundo invisible, angélico — Dios creó de la nada, con su sola palabra, a la tierra; es decir la substancia (materia) de la cual poco a poco hizo todo nuestro mundo substancial (material): el cielo visible, la tierra y todo lo que está en ellos.

 

Dios podría haber hecho todo el mundo en un sólo instante, pero como desde el principio Él quería que este mundo viva y se desarrolle gradualmente, lo creó no de una vez, sino a lo largo de unos períodos de tiempo, los cuales en la Biblia son llamados "días."

Pero estos "días" de la creación no eran iguales a nuestros días, de 24 horas. Por cuanto nuestro día depende del sol, y en los primeros tres "días" de la creación todavía el mismo no existía, quiere decir que no podían existir tampoco nuestros actuales días. La Biblia (sus cinco primeros libros — n. del trad.) fue escrita por el Profeta Moisés en el idioma hebreo antiguo tiempo" se los denomina con una misma palabra: "iom." Pero no podemos saber con precis, y en este idioma a "día" y "período de tiempo" se los denomina con una misma palabra: "iom." Pero no podemos saber con precisión cómo eran aquellos "días"; y con más razón, sabiendo que "para el Señor, un día es como mil años y mil años es como un día" [II Pedro 3:8 y Sal. 89(90):4].

Los Santos Padres de la Iglesia consideran que el séptimo "día" del mundo sigue prolongándose hasta hoy día, y luego de la resurrección de los muertos comenzará el eterno octavo día, es decir la vida eterna futura. Acerca de esto, así escribe, por ejemplo, San Juan Damasceno (siglo VIII): "Se considera siete siglos de este mundo: desde la creación del cielo y la tierra hasta el final general y la resurrección de las personas. Porque si bien existe un final particular — la muerte de cada uno -, existe también un final general absoluto, cuando tenga lugar la resurrección general de las personas. Y el venidero será el octavo siglo."

 

San Basilio el Grande ya en el siglo IV escribió en su libro "Pláticas sobre los seis días de la Creación": "Por consiguiente, si lo llamas día o siglo, expresas el mismo entendimiento."

 

Así, la tierra (materia) hecha por Dios al principio no tenía nada definido, ninguna forma, era desordenada (como la neblina o el agua) y cubierta con niebla; y el Espíritu Santo se movía sobre ella, dándole fuerza vivificadora.

 

Observación: La Santa Biblia comienza con las palabras: "El el principio creó Dios el cielo y la tierra" (Gén. 1:1).

"En el principio," en hebreo es "bereshit" y significa "primeramente," o "en el principio de los tiempos," ya que antes de esto era la eternidad.

"Creó," en hebreo es la palabra "bara," la cual significa "hizo de la nada," "creó." Esta palabra se diferencia de otra palabra hebrea "assa," la cual quiere decir erigir, dar forma, hacer partiendo del material disponible. La palabra "bara" (creó de la nada) es usada tres veces en el relato de la creación del mundo: 1) al principio — en el primer acto creador; 2) en la creación de los "seres vivientes" — los primeros animales y 3) en la creación del hombre.

Acerca del cielo propiamente dicho, en adelante no se habla más nada ya que el mismo fue acabado confortable y ordenadamente. Este era, como fue explicado anteriormente, el mundo espiritual, angélico. Luego, en la Biblia se hablará sobre el firmamento celestial, llamado por Dios "cielo" como recordación del elevado cielo espiritual.

"La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" (Gén. 1:2).

Por "tierra" aquí se entiende la primitiva y todavía no ordenada substancia, de la cual luego, el Señor Dios crearía o formaría en seis días al mundo visible — el universo. Esta desordenada substancia o caos es llamada abismo, como una extensión inmensa no limitada por nada, y agua, como substancia vaporosa y acuosa.

 

Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, es decir que la caótica masa estaba inmersa en la oscuridad, en la completa ausencia de luz.

 

Y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas: aquí comienza el trabajo formador de Dios. De acuerdo al significado de la expresión: se movía (la palabra hebrea usada aquí tiene el siguiente significado: abrazaba toda la substancia, así como el pájaro abraza con sus alas abiertas a sus pichones y los calienta), la acción del Espíritu de Dios sobre la primitiva substancia debe entenderse como la transmisión a ella de la fuerza vivificadora, imprescindible para su organización y desarrollo.

 

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