Archpreste Serafin Slobokskoy
Traducido por Sacerdote Alejandro Iwaszewicz
El propósito del hombre. La revelación natural. La revelación Divina sobrenatural. Resúmenes de los Concilios Ecuménicos.
El primer artículo del Credo El segundo artículo del Credo. Discusión sobre el Nacimiento Pre-eterno del Hijo de Dios. El tercer artículo del Credo Discusión sobre la Encarnación del Hijo de Dios. Discusión de los milagros de Dios. El cuarto artículo del Credo Discusión sobre la Cruz de Cristo. Discusión sobre los accionares providenciales de Dios. Sobre el Fuego Santo en el Sepulcro del Señor. Schimonje Nicodemo sobre el Fuego Santo. El quinto artículo del Credo. Discusión sobre la Resurrección de Cristo. El sexto artículo del Credo. El séptimo artículo del Credo. El octavo artículo del Credo. El noveno artículo del Credo. El décimo artículo del Credo. El undécimo artículo del Credo. Discusión sobre la resurrección de los muertos. El duodécimo artículo del Credo.
El Primer Mandamiento. El Segundo Mandamiento. El Tercer Mandamiento. El Cuarto Mandamiento. El Quinto Mandamiento. El Sexto Mandamiento. El Séptimo Mandamiento. El Octavo Mandamiento. El Noveno Mandamiento.
La Primera Bienaventuranza. La Segunda Bienaventuranza. La Tercera Bienaventuranza. La Cuarta Bienaventuranza. La Quinta Bienaventuranza. La Sexta Bienaventuranza. La Séptima Bienaventuranza. La Octava Bienaventuranza. La Novena Bienaventuranza. Discusión sobre el significado del Mal. Conclusion. La ciencia y la Fe en Dios.
La fe cristiana
Dios nos creó a Su propia semejanza e imagen. Él nos dio inteligencia, libre voluntad y un alma inmortal, para que, conociendo a Dios y volviéndonos como Él, nosotros podamos ser mejores, nos perfeccionemos y heredemos la vida bendita eterna con Dios. Por consiguiente la existencia del hombre en la tierra tiene un significado profundo, un gran propósito y una meta elevada.
En el universo creado por Dios, no hay, ni puede haber, algo sin sentido. Si un hombre vive sin fe en Dios, morando por los mandamientos de Dios, no para la vida eterna futura, entonces la existencia de semejante hombre en la tierra se convierte insensata. Para las personas que viven sin Dios, la vida les parece incomprensible y accidental, y tales son a menudo peores que las bestias.
Para cada hombre, en orden de cumplir con su propósito en la tierra y recibir la salvación eterna, es necesario, en primer lugar, conocer el verdadero Dios y creer debidamente en Él, es decir, poseer la verdadera fe y en segundo lugar, uno debe vivir según dicha fe; es decir, amar a Dios y las personas y hacer obras de bien.
El Apóstol Pablo dice que sin la fe es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6), y el Apóstol Santiago agrega que esa fe sin obras buenas, sin amor, es un fe ineficaz y muerta. Así, para nuestra salvación, es necesario tener la fe correcta, y una vida consecuente con esa fe, realizando obras de bien.
La verdadera enseñanza sobre la necesidad para creer debidamente en Dios y cómo vivir con las personas, se contiene en la Fe Cristiana Ortodoxa basada en la revelación Divina.
Se llama Revelación Divina a todo lo que Dios revela a las personas sobre Sí y sobre la verdadera fe en Él. Dios lleva Su revelación a las personas por dos medios: la revelación natural y revelación del sobrenatural.
Se llama revelación natural a la revelación Divina, cuando Dios se revela a través de los medios comunes, normales, y naturales a cada persona, a través de nuestro mundo visible (la naturaleza) y nuestra conciencia, la voz de Dios en nosotros, que nos dice lo que es bueno y lo que es malo. Dios también se revela a través de la vida, a través de la historia de toda la humanidad. Si una nación pierde la fe en Dios, entonces el infortunio e infelicidad la alcanzan. Si no se arrepiente, entonces perece y desaparece de la tierra. Recordaremos el Diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, el pueblo hebreo disperso por todos los rincones de la tierra, y así sucesivamente.
El mundo entero que nos rodea es un gran libro de revelación Divina, testificando la omnipotencia y sabiduría de Dios el Creador.
Las personas que estudian este mundo son, salvo raras excepciones muy, creyentes. "En pos de estudiar algo, es necesario tener fe en que todo cumple un concepto dado y existe según un plan definido. Ni siquiera la máquina más simple no puede surgir por casualidad. Aun cuando nosotros vemos un grupo de piedras sistemáticamente colocado, concluimos inmediatamente de la forma de su arreglo que un ser humano los puso allí. Lo casual jamás tiene forma, es irregular. Hace tiempo Cicerón, un estudioso antiguo y orador que vivió antes del Nacimiento de Cristo dijo que aun cuando uno tira bloques del alfabeto un millón de veces, no es posible formar una frase. El universo que nos rodea es mucho más complicado que la máquina más intrincada, y contiene mucho más pensamientos que el poema más profundo" (de una conversación por Arzobispo Nathaniel).
El Apóstol Pablo era una persona muy ilustrada de la época. Él dice que cada casa esta construida por algún hombre; pero todo esta construido por Dios (Heb 3:4).
El gran científico Newton que descubrió las leyes de movimiento de los cuerpos celestes descubriendo de esa forma un gran Misterio de la creación, era un hombre religioso y estudiada teología. Cada vez que él pronunciaba el nombre de Dios, se ponía de pie reverentemente y se quitaba su sombrero.
El renombrado Pascal, genio matemático y uno de los creadores de la física moderna, no sólo era creyente, sino uno de los más grandes pensadores religiosos en Europa. Pascal dijo: "Las contradicciones que, mayormente podrían alejarme del conocimiento religioso, al contrario, me llevan a él."
Louis Pasteur, el fundador de la bacteriología contemporánea, pensador profundo, más que otros penetró en el Misterio de vida orgánica. Él dijo: "Mientras más yo me ocupo del estudio de naturaleza, más me asombro reverente ante la obra del Creador."
El famoso biólogo Linnaeus concluyó su libro sobre las plantas con estas palabras: "De verdad Dios existe, grande, eterno sin Quien nada puede existir."
El astrónomo Kepler confesó: "Oh, grande es nuestro Señor y grande es Su omnipotencia, y Su sabiduría no tiene límite. Y tu, mi alma, canta alabanzas a tu Señor por toda tu vida."
Incluso Darwin, el estudioso que fue explotado después por los hombres semi-sabios para refutar la creencia en Dios, era un hombre muy religioso toda su vida. Durante muchos años él era el líder laico de su parroquia. Él nunca pensó que sus resultados podrían contradecir la creencia en Dios. Después de que Darwin partió su enseñanza sobre el desarrollo evolutivo de la vida en la tierra, le preguntaron: "¿En la cadena de evolución dónde esta el primer eslabón?"
Darwin contestó: "está remachado al trono del Altísimo."
El geólogo Lyell escribió: "Con cada hallazgo geológico nosotros descubrimos iluminadas demostraciones de la previsión, poder y sabiduría de la inteligencia creativa de Dios."
El historiador Muller declaró: "Sólo con el reconocimiento de Dios y por el estudio completo del Nuevo Testamento yo empecé a entender el significado de la historia."
Es posible citar un número ilimitado de eruditos que dan testimonio de a la creencia en Dios, pero pensamos que por ahora es bastante. Solo presentaremos un argumento muy elocuente. El científico Dennert dirigió un estudio sobre la creencia en Dios con 432 naturalistas. Cincuenta y seis de ellos no respondieron, 349 se revelaron creyentes en Dios, y sólo dieciocho declararon que ellos no creían, o eran indiferentes a la fe. El resultado de este estudio de estudiosos concuerda con los resultados de otras investigaciones similares.
"Sólo el semi-conocimiento lleva a las personas al ateísmo. Nadie puede negar la existencia de Dios, exceptuando aquéllos para quienes es provechoso hacerlo" dice el estudioso inglés Becon.
La santa gran mártir joven Bárbara, viendo la majestuosidad y belleza del mundo de Dios, llegó al conocimiento del verdadero Dios. Así Dios se revela a través del mundo visible a cada persona que es inteligente y de pensamiento bueno.
La creencia en Dios es fundamental para alma de una persona. El alma es dada por Dios, ella es como una chispa en el hombre y un reflejo de Dios en el hombre. Originada en Dios, teniendo un ser afín con Él, el alma sola, por su propio deseo, se vuelve a Dios, lo busca. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente (Ps. 42:2). Como cuando los ojos se vuelven a la luz, pues fueron hechos para ver la luz, así el alma del hombre se dirige a Dios, tiene la necesidad de relacionarse con Él y sólo en Dios encuentra paz y alegría. Una flor se estira hacia el sol para recibir el calor moderado y la luz sin las cuales no puede vivir y crecer. Como con la flor, la constante inclinación irreprimible del hombre a Dios viene del hecho que sólo en Dios es nuestra alma capaz de encontrar todo lo que necesita para una vida virtuosa y saludable.
Por consiguiente, todos los pueblos han creído en Dios y han elevado a Él oraciones, aunque algunos han errado a menudo creyendo incorrectamente en Dios, nunca perdieron la fe en la Deidad, siempre guardando alguna forma de religión.
La creencia general en un Ser Supremo incluso era conocida en el tiempo de Aristóteles, el gran estudioso griego, filósofo, y naturalista, nacido por el año 384 antes de Cristo. Ahora, los estudiosos confirman que todos los pueblos que han habitado la tierra, sin excepción, han tenido su propia religión, fe, oraciones, templos, y ofrendas. "La etnografía, la ciencia que estudia la existencia de todas las personas que habitan la tierra, no conoce a unos pueblos sin la religión," dice Ratzel el geógrafo y viajero alemán.
Si existen casos aislados de ateos, ellos son excepciones raras, desviaciones enfermas de la norma. Como la existencia de ciegos, sordos y mudos no refuta el hecho que la humanidad posee los dones de vista, oído, y habla; como la existencia de idiotas no niega que el hombre es un ser razonable, pues la existencia de ateos no refuta el hecho de la existencia de la religión en cada sociedad.
Sin embargo, solo la revelación natural no es suficiente, pues el pecado disimula la inteligencia, la voluntad y la conciencia de un hombre. La prueba de esto se revela en cada posible religión pagana en la que la verdad esta mezclada con falsas invenciones humanas.
Por consiguiente, el Señor complementa la revelación natural con la revelación sobrenatural. (Compilado del libro "Religión y Ciencia" de Frank, y "¿Dios Existe?" por G. Shorets y otros.).
La revelación Divina sobrenatural
Las revelaciones de Dios sobre Sí Mismo a ciertas personas son efectuadas a menudo por medios especiales, o de una manera sobrenatural. Dios se revela directamente o a través de Sus ángeles. Tal revelación se llama, Revelación Divina sobrenatural
Como no todas las personas pueden recibir la revelación del propio Dios debido a su impureza por el pecado y debilidad del alma y cuerpo, el Señor escoge a personas virtuosas especiales que pueden recibir esta revelación.
Entre las primeras personas que proclamaron las revelaciones de Dios están: Adán, Noé, Moisés, y otros profetas y personas virtuosas. Ellos aceptaron todo de Dios y predicaron los principios de la revelación Divina.
En cumplimiento de la revelación Divina, el propio Dios vino a la tierra encarnado en el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, y extendió la revelación a la tierra entera a través de Sus Apóstoles y discípulos.
Esta revelación Divina y su diseminación entre las personas se conservan en la verdadera, santa Iglesia Ortodoxa de dos maneras: por medio de la Tradición Santa y la Escritura Santa.
El primer medio de diseminación de la revelación Divina es la Santa Tradición. Desde principio del mundo hasta Moisés no había ningún libro santo. La enseñanza sobre la creencia en Dios se pasaba por tradición, es decir, por palabra y ejemplo, de uno a otro, del antepasado al descendiente. El propio Jesucristo llevó Su enseñanza Divina y mandamientos a Sus discípulos por la palabra, predicando y por el ejemplo de Su vida, no por libros (las escrituras). Los Apóstoles extendieron la fe y mantuvieron la Iglesia cristiana primero predicando y dando ejemplo.
La Tradición santa siempre precede a las Escrituras Santas. Esto es obvio porque los libros no pueden ser utilizados por todas las personas, pero la tradición es accesible a todos sin excepción.
Posteriormente, para que la revelación de Dios pudiera guardarse en completa fidelidad, por la inspiración del Señor, varias personas santas escribieron los aspectos más importantes de la tradición en los libros. El Espíritu Santo los ayudó invisiblemente, para que todo lo escrito en estos libros fuera correcto y verdadero. Todos estos libros, escritos por el Espíritu de Dios a través de las personas santificadas por Dios, los profetas, los apóstoles, y otros, se llaman Sagradas Escrituras, o Biblia.
La palabra "Biblia" viene del griego y significa "libros." Este nombre muestra que los libros santos, por venir del propio Dios, superan y preceden a todos los otros libros.
Los libros de las Santas Escrituras, escritos por varias personas en momentos diferentes, están dividido en dos partes, los libros del Antiguo Testamento y los del Nuevo Testamento.
Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos antes del Nacimiento de Cristo. Los libros del Nuevo Testamento fueron escritos después del Nacimiento de Cristo. Todos estos libros santos son conocidos por la palabra Bíblica "testamento," porque la palabra significa el testimonio y la enseñanza Divina a la humanidad. La palabra "Testamento" hace pensar en un acuerdo o un convenio de Dios con las personas.
Los volúmenes del Antiguo Testamento se tratan principalmente de la promesa de Dios de dar un Salvador a la humanidad y prepararlos para aceptarlo. Esto fue cumplido por la revelación gradual a través de los santos mandamientos, profecías, prefiguraciónes, oraciones y servicios divinos.
El tema principal del Nuevo Testamento es el cumplimiento de la promesa de Dios para enviar a un Salvador, Su Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo Quien dio el Nuevo Testamento a la humanidad. el nuevo convenio.
El Antiguo Testamento contiene, contándolos por separado, treinta y ocho libros. A veces se combinan varios libros en uno, y en esta forma, el número es veintidós, según el número de letras en el alfabeto hebreo.
Los libros del Antiguo Testamento están divididos en cuatro secciones, ley, historia, literatura de sabiduría, y los profetas.
Los libros de la ley que constituyen el fundamento principal del Antiguo Testamento son:
Estos cinco libros fueron escritos por el Profeta Moisés. Ellos describen la creación del mundo y la caída en el pecado, la promesa de Dios de un Salvador del mundo, y la vida de las personas en los primeros tiempos. La mayoría de sus volúmenes es un relato de la ley dada por Dios a través de Moisés. El propio Jesucristo los llama las leyes de Moisés (Lucas 24:44).
II. Los libros de historia que principalmente contiene la historia de la religión y vida del pueblo hebreo conservando la fe en el verdadero Dios, son los siguientes:
III. Los libros de sabiduría que están principalmente compuestos de enseñanzas sobre la fe y la vida espiritual son los siguientes:
IV. Los libros de los Profetas que contienen profecías y predicciones sobre el futuro y sus visiones del Salvador Jesucristo, son los siguientes:
Éstos son los libros canónicos del Testamento Viejo, es decir que ellos son indudablemente la verdad, juzgando por su origen y por su contenido.
La palabra "canónica" viene del griego y significa "ejemplar, verdadero, correcto." Además de los libros canónicos, una parte del Antiguo Testamento está compuesta por libros no canónicos, a veces llamados Apócrifos. Éstos son los libros que los judíos perdieron y qué no están en el contexto hebreo contemporáneo del Antiguo Testamento. Ellos se encuentran en las traducciones griegas del Antiguo Testamento, hecha por los 70 traductores (Septuagésimo) tres siglos antes del Nacimiento de Cristo (271 a.C). Estos libros han sido incluidos en la Biblia de los tiempos antiguos y han sido considerados por la Iglesia por ser parte de las Sagrada Escrituras. A la traducción de los Setenta, la Iglesia Ortodoxa otorga cierto respeto especial. La traducción al Eslavo de la Biblia fue hecha de esa traducción.
A los libros no canónicos del Antiguo Testamento pertenecen:
Hay veintisiete sagrados libros del Nuevo Testamento, y todos ellos son canónicos. Por su contenido, ellos, como el Antiguo Testamento, pueden subdividirse en cuatro grupos, la ley, historia, las epístolas y profecía.
Los Libros de la ley que sirven como el fundamento del Nuevo Testamento son:
La palabra "el evangelio," o en griego, evangelion, significa "buena nueva." Son las noticias buenas sobre la llegada al mundo del Salvador del mundo, nuestro Señor Jesucristo, prometido por Dios. Los Evangelios relatan Su vida en la tierra, la muerte en la Cruz, la resurrección de entre los muertos, y ascensión al cielo. Ellos también contemplan Sus enseñanzas Divinas y Milagros. Los Evangelios fueron escritos por los Santos Apóstoles, los discípulos de Jesucristo.
II. Los libros de Historia.
III. Las Epístolas.
6-12. Siete epístolas generales a las iglesias, o cartas a todos los cristianos: una del Apóstol Santiago, dos del Apóstol Pedro, tres del Apóstol y Evangelista Juan, y una del Apóstol Judas.
13-26. Catorce epístolas del Apóstol Pablo: una a los romanos, dos a los corintios, una a los gálatas, una a los efesios, una a los filipenses, una a los colosenses, dos a los tesalonicenses, dos a Timoteo, el obispo de Efeso, una a Tito, el obispo de Creta, una a Filemón y una a los hebreos.
IV. Los libros de Profecía.
27. El Apocalipsis, o Revelación de San Juan, escrito por el santo apóstol y Evangelista Juan, contiene una visión del destino futuro de la Iglesia de Cristo y del mundo entero.
Los sagrados libros del Nuevo Testamento fueron primero escritos en griego que en ese momento era el idioma en común. Sólo el Evangelio de Mateo y la Epístola de San Pablo a los hebreos fueron primero escritos en hebreo.
El Evangelio de Mateo, sin embargo, se tradujo al griego en el primer siglo, lo más probablemente por el propio apóstol Mateo.
Los libros del Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento surgieron por la revelación de Dios, fueron escritos por inspiración del Espíritu Santo y se llama por consiguiente "inspirados divinamente." Apóstol Pablo dice: "Toda la Escritura se da por la inspiración de Dios, y es aprovechable para la doctrina, para la reprobación, para la corrección y para la instrucción en la rectitud (2 Tim. 3:16).
Lo sublime y la pureza de la enseña cristiana en estas escrituras, las profecías, y milagros convencen a uno del origen divino de las Santas Escritura. Con señales especiales, se revela la inspiración divina de los libros sagrados en los actos poderosos de la palabra de Dios hacia la humanidad.
Dondequiera que los Apóstoles predicaron, sometieron los corazones de las personas a la enseñanza de Cristo. Los judíos y paganos del mundo se armaron con cada poder malo conocido para tripular contra los cristianos. Los mártires cristianos murieron por los miles, mas la palabra de Dios creció y se estableció firmemente. Hay ejemplos en que las personas empezaron a estudiar la Biblia con la esperanza de refutar las enseñanzas contenida en ella y al final se convirtieron en sus atentos reverentes y creyentes.
Cada uno de nosotros, leyendo las Santas Escrituras atentamente, puede experimentar en ellas el poder del Omnipotente Señor y convencerse que es la revelación del propio Dios.
La revelación Divina se conserva en la Iglesia Santa. Los libros de las Santas Escrituras y la Tradición Santa - es decir, lo no se fue escrito originalmente en estos libros, pero pasó por la palabra de boca en boca y sólo después fue apuntado por los santos en los siglos tempranos del cristianismo (siglo IV) y por consiguiente tienen antigüedad profunda y autenticidad - todo esto se conserva en la Santa Iglesia. La Iglesia fue fundada por el Salvador, nuestro Señor Jesucristo, y fue establecida como custodia de Su Revelación Divino. Dios el Espíritu Santo la guarda invisiblemente.
La Iglesia Santa Ortodoxa, después de la muerte de los Apóstoles, se guió por las Santas Escrituras y la Santa Tradición. Nosotros leemos las palabras de los profetas y Apóstoles como si nosotros viviéramos con ellos y los escucháramos.
En casos especiales, para la imputación de herejes o para resolverse varias equivocaciones, sobre la base de los mandamientos del Salvador (Mat. 18:17) y por el ejemplo de los Apóstoles (el Concilio Apostólico en el año 51, Actos 15:1-35), eran congregados concilios. Algunos de éstos eran Ecuménicos, a los cuales acudían de todo el mundo conocido tantos pastores y maestros de la Iglesia como era posible. Otros concilios eran locales, dónde sólo pastores y maestros de una región particular se congregaban.
La decisión de un Concilio Ecuménico es la autoridad terrenal máxima de la Iglesia Santa de Cristo, guiada por el Espíritu Santo, como se declaró en la decisión del primer Concilio Apostólico: "Agrada al Espíritu Santo y a nosotros" (Actos 15:28).
Hubo siete Concilios Ecuménicos. En los concilios primero y segundo fue formulado el Credo.
Resúmenes de los Concilios Ecuménicos
Ha habido siete Concilios Ecuménicos en la verdadera Iglesia Ortodoxa cristiana: 1. Nicea; 2. Constantinopla; 3. Efeso; 4. Calcedonia; 5. El segundo en Constantinopla; 6. El tercero en Constantinopla; 7. El segundo en Nicea.
El Primer Concilio Ecuménico.
El Primer Concilio Ecuménico se emplazó en el 325 D.C., en la ciudad de Nicea, bajo el Emperador Constantino I. Este Concilio fue congregado debido a la doctrina falsa del sacerdote alejandrino Arrio quien rechazaba la naturaleza Divina y el Nacimiento del pre-eterno de la segunda persona del Santísima Trinidad, el Hijo Divino de Dios el Padre, y enseñaba que el Hijo de Dios es sólo la creación más sublime.
318 obispos participaron en este Concilio entre quienes estaban San Nicolás el Taumaturgo, San Santiago, obispo de Nisibias, San Spiridón de Tremithus y San Atanasio que era en ese momento diácono.
El Concilio condenó y repudió la herejía de Arrio y afirmó la verdad inmutable, el dogma sobre el Hijo de Dios, que enseña que es el verdadero Dios, nacido de Dios el Padre antes de todo los tiempos, y es eterno, como es Dios el Padre; fue engendrado, no hecho y es unisubstancial con Dios el Padre. Para que los todos cristianos ortodoxos puedan saber la verdadera enseñanza de la fe exactamente, fue clara y concisamente resumido en las primeras siete secciones del Credo, o Símbolo de Fe.
En este Concilio se resolvió celebrar la Pascua el primer domingo después de la primera luna llena siguiente al equinoccio de la primavera, después de la Pascua judía. También determinó que los sacerdotes deben casarse y estableció muchas otras reglas o cánones.
El Segundo Concilio Ecuménico.
El Segundo el Concilio Ecuménico se emplazó en el año 381, en la ciudad de Constantinopla, bajo el Emperador Theodosio I. Este Concilio se convocó contra la enseñanza falsa del obispo de arriano de Constantinopla Macedonio que rechazaba la deidad de la tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. Él enseñaba que el Espíritu Santo no era Dios sino una criatura, o un poder creado, y por consiguiente subordinado a Dios el Padre y Dios el Hijo, como un ángel.
Hubo más de 150 obispos presentes en el Concilio entre quienes estaba Gregorio el Teólogo que presidió el Concilio, Gregorio de Niza, Meletio de Antioquía, Amfiloquio de Iconimia y Cirilo de Jerusalén.
En Concilio, se condenó y se repudió la herejía Macedónica. El Concilio afirmó como dogma la igualdad y la unisubstancialidad de Dios el Espíritu Santo con Dios el Padre y Dios el Hijo.
El Concilio también complementó el Credo de Niza, o "el Símbolo de Fe," con cinco artículos en los cuales se fijan la enseñanza sobre el Espíritu Santo, sobre la Iglesia, sobre los Misterios, sobre la resurrección de los muertos y la vida en el mundo venidero. Así compusieron el Credo de Niceo-Constantinopolitano que sirve como guía para la Iglesia durante todo el tiempo.
El Tercer Concilio Ecuménico.
El Tercer Concilio Ecuménico se emplazó en el año 431 A-C, en la ciudad de Efeso, bajo el Emperador Teodosio II. Se llamó a Concilio debido a la doctrina falsa de Nestorio, Arzobispo de Constantinopla que profanamente enseñó que la Santísima Virgen María dio Nacimiento simplemente al hombre Cristo con quien entonces Dios se unió moralmente y moró en Él, como en un templo, como previamente Él había morado en Moisés y en otros profetas. Por consiguiente, Nestorio llamó al Señor Jesús Cristo, porte de Dios y no Dios encarnado; y la Virgen Santa se llamó portadora de Cristo (Cristotokos) y no la Madre de Dios (Theotokos).
Los 200 obispos presentes en el Concilio condenaron y repudiaron la herejía de Nestorio y decretaron que uno debe reconocer en Jesucristo en el momento de la encarnación estaban las dos naturalezas, divina y humana, y que uno debe confesar a Jesucristo como verdadero Dios y verdadero Hombre, y a la Santísima Virgen María como Madre de Dios (Theotokos).
El Concilio también afirmó el Credo Niceo-Constantinopolitano y estrictamente prohibió la realización de cualquier cambio o adiciones a él.
El Cuarto Concilio Ecuménico
El Cuarto Concilio Ecuménico se emplazó en 451 d.C, en la ciudad de Calcedonia, bajo el Emperador Marciano. El Concilio se reunió para desafiar la doctrina falsa de un archimandrita de un monasterio de Constantinopla, Eutiquio que rechazó la naturaleza humana del Señor Jesucristo. Refutando una herejía y defendiendo la divinidad de Jesucristo, él cayó en un extremo, y enseñó que en el Señor Jesucristo la naturaleza humana estaba completamente absorta en la Divina, y por consiguiente siguió que uno sólo necesita reconocer la naturaleza Divina. Esta doctrina falsa se llama Monofisismo y los seguidores se llaman Monofisitas.
El Concilio de 650 obispos condenó y repudió la doctrina falsa de Eutiquio y definió la verdadera enseñanza de la Iglesia, a saber que nuestro Señor Jesucristo es Dios perfecto, y como Dios Él nace eternamente de Dios. Como hombre, Él nació de la Virgen Santa y en todo sentido es como nosotros, excepto en el pecado. A través de la encarnación, Nacimiento de la Virgen Santa, la divinidad y humanidad están unidas en Él como una sola Persona, infundida e inmutable, reputando así a Eutiquio; indivisible e inseparable, reputando a Nestorio.
El Quinto Concilio Ecuménico.
El Quinto Concilio Ecuménico se emplazó en 553 D C, en la ciudad de Constantinopla, bajo el Emperador famoso, Justiniano I. Fue llamado para sofocar una controversia entre Nestorianos y Eutquianos. Los puntos mayores de disputa eran los trabajos muy conocidos de la escuela de la iglesia siria de Antioquía, titulada "Los Tres Capítulos." Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro, e Ibas de Edessa, claramente expresaron el error de Nestorio, aunque en el Cuarto Concilio Ecuménico, nada se había mencionado de sus trabajos.
Nestorianos, en alegato con los Eutiquianos (Monofisitas), se refirió a estos trabajos, y los Eutiquianos encontraron en ellos una excusa para rechazar el Cuarto Concilio Ecuménico y calumniar la Iglesia Ortodoxa universal, acusando que estaba desviándose hacia el Nestorianismo.
El Concilio fue asistió por 165 obispos que condenaron los tres trabajos y al propio Teodoro de Mopsuestia por no haberse arrepentido. Acerca del otro dos, la censura sólo estaba limitada a sus trabajos de Nestorio. Ellos fueron perdonados. Ellos renunciaron a sus opiniones falsas y se murieron en paz con la Iglesia. El Concilio reiteró su censura de las herejías de Nestorio y Eutiquio.
El Sexto Concilio Ecuménico.
El Sexto Concilio Ecuménico se emplazó en el año 680 d.C, en la ciudad de Constantinopla, bajo el Emperador Constantino IV, y estaba compuesto de 170 obispos.
El concilio se convocó contra la doctrina falsa de los herejes Monotelitas que, aunque ellos reconocían en Jesucristo dos naturalezas, Dios y hombre, atribuían a Él sólo la voluntad Divina.
Después del Quinto Concilio Ecuménico, la agitación provocada por los Monotelitas continuó y amenazó al Emperador griego con gran peligro. El emperador Heracle, deseando la conciliación, decidido inclinar la Ortodoxia en concesión hacia los Monotelitas, y por el poder de su oficio, ordenó el reconocimiento que en Jesucristo hay una voluntad y dos energías.
Entre los defensores y abogados de las verdaderas enseñanzas de la Iglesia, estaba San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, y un monje de Constantinopla, San Máximo el Confesor que por su firmeza en la fe había sufrido que le cortaran su lengua y su mano.
El Sexto Concilio Ecuménico condenó y repudió la herejía del Monotelismo, y formuló el reconocimiento que en Jesucristo hay dos naturalezas, Divina y humana, y en estas dos naturalezas hay dos voluntades, pero que la voluntad humana en Cristo no es contra, sino sumisa a Su voluntad Divina.
Es digno de atención que en este Concilio fue pronunciada la excomunión contra varios otros herejes, y también contra el Papa romano Honorio, como uno que reconoció la enseñanza de una voluntad. La formulación del Concilio se firmó por una comisión romana, consistiendo de los presbíteros Teodoro y Gregorio, y el diácono Juan. Esto muestra claramente que el poder más alto en la Cristiandad pertenece al Concilio Ecuménico, y no al Papa de Roma.
Después de once años, el Concilio abrió nuevamente una reunión en el palacio imperial, llamado Salón de Cupola (en griego, Trullos) para resolverse preguntas de importancia primaria pertenecientes a la jerarquía de la Iglesia. En esta consideración, este complementó los Quinto y Sexto Concilios Ecuménicos, y por consiguiente se llamó el Quinto-sexto Sínodo.
Este Concilio estableció cánones por los que la Iglesia debe guiarse, a saber, 85 cánones de los santos Apóstoles, cánones de los seis concilios Ecuménicos y siete locales, y cánones de trece Padres de la Iglesia. Estos cánones se complementaron después con los cánones del Séptimo Concilio Ecuménico y otros dos concilios locales, y comprende el llamado "Nomocanon," en inglés, "El Timón," qué es la fundamento del gobierno de la Iglesia Ortodoxa.
Aquí se condenaron varias innovaciones de la Iglesia romana por no estar de acuerdo con las decisiones espirituales de la Iglesia Ecuménica, a saber, el requisito que sacerdotes y diáconos son célibes, un ayuno estricto en sábados del Gran Ayuno, y la representación de Cristo en la forma de un cordero, o de alguna otra manera que Él apareció en la tierra.
El Séptimo Concilio Ecuménico.
El Séptimo Concilio Ecuménico se emplazó en 787 D C, en la ciudad de Nicea, bajo la Emperatriz Irene, viuda del Emperador Leo IV, y estaba compuesto de 367 padres.
El Concilio se emplazó contra la herejía iconoclasta que había estado violentando durante sesenta años antes del Concilio bajo el Emperador griego Leo III, quién, deseando convertir a los mahometanos a la Cristiandad, consideró necesario anular la veneración de los iconos. Esta herejía continuó bajo su hijo, Constantino V Copronymus, y su nieto, Leo IV.
El Concilio condenó y repudió la herejía iconoclasta y determinó proporcionar y poner en las santas iglesias, junto con la honrada y dadora de Vida, Cruz del Señor, los iconos santos, para honrarlos y rendirles homenaje, elevando el alma y corazón al Señor Dios, la Madre de Dios y los Santos que son representados en estos iconos. Después del Séptimo Concilio Ecuménico, la persecución de los santos iconos se levantó nuevamente bajo los Emperadores Leo V, de origen armenio, Miguel II, y Teófilo, y por veinticinco años turbó a la Iglesia.
La veneración de los iconos santos fue restaurada finalmente y se afirmó por el sínodo local de Constantinopla en 843 D.C., bajo el Emperatriz Teodora. En este concilio como acción de gracias al Señor Dios por haber dado la victoria a la Iglesia sobre los iconoclastas y todos los herejes, la celebración del Triunfo de la Ortodoxia se estableció el primer domingo de la Gran Cuaresma, que es celebrada por la Iglesia Ortodoxa a lo largo del mundo.
Nota
: La Iglesia católica romana, además de estos siete Concilios, reconoce más de 20 concilios "ecuménicos." Incorrectamente incluido en este número hay concilios de la Iglesia Occidental, sostenidos después de la separación de la Iglesia Occidental. Los protestantes, a pesar del ejemplo de los Apóstoles y reconocimiento de la Iglesia cristiana entera, no reconocen uno solo de los Concilios Ecuménicos.
El Credo es un resumen conciso de todas las verdades de la Fe cristiana, compuesto y afirmado en el Primer y Segundo Concilios Ecuménicos. Quienquiera que no acepte estas verdades no es un Cristiano Ortodoxo.
El Símbolo de la Fe entero es como sigue:
Creo en un solo Dios Padre Omnipotente creador de Cielo y de
la tierra, y de todo lo visible e invisible.
Y en un solo Señor Jesucristo, Unigénito Hijo de Dios,
que nació del Padre antes de todo los siglos; Luz de Luz: Dios verdadero de
Dios verdadero; nacido, no creado; por Quien fueron hechas todas las cosas;
Quién por nosotros los hombres, y para nuestra salvación, bajó de los Cielos encarnó del Espíritu Santo y María Virgen y se hizo Hombre;
Y fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado.
Y Resucitó al tercer día según las Escrituras.
Y subió a los Cielos, y esta sentado a la derecha del Padre;
Y vendrá otra vez, con gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos; y Su Reino no tendrá fin.
Y en el Espíritu Santo, Señor Vivificador, Quién procede del Padre; Quién con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado; que habló por los Profetas.
En la Iglesia que es Una, Santa, Católica, y Apostólica.
Confieso un solo Bautismo para la remisión de los pecados.
y espero la resurrección de los muertos.
Y la vida del siglo venidero.
Amén.
1. Creo en un solo Dios Padre Omnipotente creador de Cielo y de la tierra, y de todo lo visible e invisible.
Para creer en Dios significa estar firmemente seguro que Dios existe, que Él nos cuida, y para aceptar sinceramente Su revelación Divina; es decir, todo lo que Él reveló sobre Sí Mismo, y sobre la salvación de las personas por el Hijo encarnado de Dios, nuestro Señor Jesucristo.
Pero para que nuestra fe esté viva y activa, es necesario confesarla. Confesar la fe significa expresar abiertamente la fe interior en Dios por las palabras y los trabajos buenos, y que ningún peligro, persecución, sufrimiento, ni la muerte pueden obligarnos a renunciar a nuestra fe en el verdadero Dios.
Sólo por semejante confesión firme nosotros podemos salvar nuestras almas. Porque el hombre cree para rectitud y con la boca confiesa para la salvación (Rom. 10:10), dice el Apóstol Pablo.
Los santos mártires sirven como ejemplos de confesión firme y valerosa de fe. Ellos tenían tal fe en Dios y estaban tan animados por el amor hacia el Señor Jesucristo que por causa de Su nombre ellos renunciaron a la ganancia de todo lo terrenal, sufrieron la persecución y tales sufrimientos de martirio que sólo podrían idearse por la peor imaginación del hombre.
Las palabras del Símbolo de la Fe, "En un Dios," indica la singularidad del verdadero Dios. Dios es uno, y no hay otro al lado de Él (Ex. 44:6, Ex. 20:2-3, Deut. 6:4; Juan 17:3; 1Cor. 8:4-6). Este recordatorio se da para repudiar las enseñanzas paganas sobre muchos dioses. Dios es el Ser más alto, sobre todo lo que es mundano o sobrenatural. Conocer al Ser de Dios es imposible. No sólo es más alto que el conocimiento de los hombres, sino incluso de los ángeles. De la revelación de Dios, de los testimonios claros de las Santas Escrituras, nosotros podemos conseguir una comprensión de la existencia y la naturaleza básica de Dios. Dios es Espíritu (Juan 4:24); viviente (Jer. 10:10; 1Tes. 1:9); existente de Sí Mismo, es decir, dependiente de nadie, y recibido la vida de Él - Él es (Ex. 3:14; 1 Juan 2:13) eterno (Ps. 90:2; Ex. 40:28); inmutable (Santiago 1:17; Mala. 3:6; Ps. 102:27); omnipresente (Ps. 139:7-12; Hechos 17:27); omnisciente (I Juan 3:29, Heb. 4:13); omnipotente (Gén 17:1; Lucas 1:37; Ps. 32:9); todo bueno (Mat. 19:17, Ps. 24:8) sabio (Ps. 104:24; Rom. 14:26; 1 Tim. 1:17); recto (Ps. 7:12; Ps. 10:7; II Rom. 6:11); autosuficiente (Actos 17:25); todo bendito (I Tim. 6:15).
La aserción de que Dios es Espíritu no contradice a esos lugares en las Escrituras Santas en que se atribuyen los Miembros corporales a Dios. Estas expresiones se usan simbólicamente en las escrituras espirituales cuando ellos hablan de la naturaleza de Dios. Por ejemplo, ojos u oídos indican la omnisciencia de Dios, y así en adelante.
Dios es Uno, pero no solitario. Dios es uno en esencia, pero triple en Personas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, la Santísima Trinidad, consubstancial e indivisible. Uno en tres Personas, cada Persona amando a las otras eternamente. Dios es amor (I Juan 4:16).
La inter-relación entre las Personas de la Santísima Trinidad es tal que Dios Padre no nace y no procede de las otras personas. El Hijo de Dios nació de Dios Padre antes de todos los siglos, y el Espíritu Santo siempre procede de Dios Padre. Las tres Personas de la Santísima Trinidad en esencia y naturaleza son completamente iguales dentro del propio Dios. Como Dios Padre es verdadero Dios, así Dios Hijo es verdadero Dios, y Dios Espíritu Santo es verdadero Dios, pero las tres Personas son una sola Deidad - Un Dios.
Cómo un Dios existe en tres Personas es un Misterio, incomprensible para nuestra inteligencia, pero nosotros creemos esto según el testimonio de la revelación Divina. El Misterio de la Santísima Trinidad se reveló a nosotros por el Mismo Señor Jesucristo, cuando él envió a los Apóstoles a predicar. Él dijo, Por tanto id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mat. 28:19). El Apóstol y Evangelista Juan testifica también ambos claramente a las Personas trinitarias de Dios y a la única esencia de las Personas. Tres dan testimonio en el Cielo (sobre la Divinidad del Hijo de Dios); el Padre, la Palabra, y el Espíritu Santo; y estos Tres son uno (I Juan 5:7).
El apóstol Pablo, dirigiéndose el Cristianos de Corintio, dice, La gracia de nuestro Señor Jesucristo y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros (II Cor. 13:14).
Para la clarificación de este gran Misterio nosotros señalamos el mundo que, como una revelación de la creación de Dios, nos habla del Misterio incomprensible del ser trinitario del Creador. La impresión de este Misterio queda profundamente en la naturaleza de cada entidad creada. La unidad trinitaria, como una idea subyacente, es intrínseca a todo los trabajos del Creador, glorificando la Trinidad. Por ejemplo, el discurso de todas las personas en el mundo tiene tres personas: Yo, tú, él ella o esto. El tiempo se expresa en pasado, presente y futuro. Los estados de las materias son líquido, sólido y gas. Todos los colores variados en el mundo son formados de los tres colores primarios, rojo, azul y amarillo. El hombre se conduce por medio del pensamiento, palabra y hechos. Los hechos tienen un comienzo, medio y fin. Incluso el hombre es una unidad trinitaria de cuerpo, mente y alma. La salvación de nuestras almas es lograda por las tres virtudes Cristianas, fe, esperanza y amor.
Nosotros somos capaces de entender en parte el Misterio de la Santísima Trinidad solo con el corazón, por el amor encontrado en la Santa Iglesia Ortodoxa de Cristo, es decir, viviendo en amor.
Nosotros llamamos a Dios Omnipotente porque Él, como Rey de los Cielos, gobierna a todos y mantiene todo por Su fuerza y poder.
Además, lo llamamos a Dios Creador del cielo y de la tierra porque todo lo que existe, en el mundo físico visible y en el espiritual invisible, es decir, el universo entero, fue creado por Dios en Tres Personas. Dios Padre creado con la Palabra, Su Unico Hijo, y con la cooperación del Espíritu Santo.
Al mundo invisible o espiritual pertenecen los ángeles - espíritus sin cuerpo, seres inmortales, dotados de razón voluntad y poder. Al mundo espiritual pertenecen las almas de cada persona.
La palabra "ángel" es de origen griego y significa "mensajero." Dios lo envía para anunciar a las personas Su voluntad. Cada cristiano tiene su ángel guardián, quien lo cuida de las malas acciones del maligno, es decir del diablo (calumniador) y satanás, el contrario de Dios. Los malos espíritus también fueron creados buenos y libres, sin embargo se enorgullecieron y cayeron alejándose de Dios y se convirtieron en falsos y malos. Desde ese entonces ellos odian todo lo bueno e inducen al hombre al pecado, para hacerlo perecer. A raíz del pecado todos los hombres mueren corporalmente, y morirían con una muerte más terriblemente, una segunda muerte, una muerte espiritual, cuando el alma se entrega al pecado y perece alejándose de Dios, si no hubiese salvado a todos los hombres de dicha muerte el encarnado Hijo de Dios.
2. Y en un solo Señor Jesucristo, Unigénito Hijo de Dios, que nació del Padre antes de todo los siglos; Luz de Luz: Dios verdadero de Dios verdadero; nacido, no creado; por Quien todo fue hecho;
En el segundo artículo del Credo, nosotros hablamos de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios y confesamos que sabemos que Él es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que Él es Dios antes de Su Nacimiento en la tierra.
El Señor Jesucristo es el Hijo unigénito de Dios. Él es el único Hijo de Dios el Padre, engendrado del ser del Padre, como la luz de la luz. Del verdadero Dios el Padre se engendra el verdadero Dios Hijo y se engendra antes de todo los tiempos, antes del comienzo del tiempo. Así que el Hijo está eternamente con Dios el Padre, y también el Espíritu Santo siendo consubstancial con el Padre. El propio Jesucristo dijo: "Yo y Mi Padre somos Uno" (Juan 10:30). Las palabras de Jesucristo: "Mi Padre es mayor (más) que Yo" (Juan 14:28) se refieren a Su humanidad.
Si a veces los ángeles y santos se llaman hijos de Dios esto significa que ellos sólo son hijos de Dios por la gracia, por la Misericordia de Dios, a través de la fe en el Señor Jesucristo.
A la palabra "engendrado," en el Símbolo de Fe, se agregan las palabras "no hecho." Estas palabras fueron agregadas para refutar la herejía falsa de Arrio, quien sostuvo que el Hijo de Dios no fue engendrado, sino hecho.
Las palabras "por Quien todo fue hecho" significa por Él, por el Hijo de Dios, todo ha sido hecho. Todo que existe en el mundo visible y el invisible, fue hecho por y a través del Hijo y sin Él nada fue de lo fue (Juan 1:3).
El Hijo de Dios, con Su encarnación en la tierra, recibió el nombre Jesucristo. Este nombre indica Su naturaleza humana.
El nombre Jesús es la traducción griega del nombre hebreo, Joshua y significa Salvador. Este nombre fue dicho dos veces por Dios a través de los ángeles antes del Nacimiento de Cristo, porque el Hijo eterno de Dios descendió a la tierra y fue encarnado para la salvación de hombres.
El nombre, Cristo, es una palabra griega y significa Ungido. Corresponde al hebreo "Mesías." En el Antiguo Testamento, el ungimiento era usado para los profetas, sumos sacerdotes y reyes que, en la asunción de su cargo, eran ungidos con aceite y así recibían los dones del Espíritu Santo necesarios para el cumplimiento digno de sus deberes.
El Hijo de Dios es llamado Ungido, Cristo, de acuerdo con Su naturaleza física, porque Él tenía todos los dones del Espíritu Santo, el conocimiento profético, la santidad de un sumo sacerdote y el poder de un rey.
Nota
: Cuando se leen separadamente los artículos del Credo, empezando del segundo y acabando con el séptimo, es necesario antedecir a cada uno de ellos con "yo creo." Ejemplo: "Yo creo en Uno Señor Jesucristo, Hijo de Dios..."Discusión sobre el Nacimiento Pre-eterno del Hijo de Dios
Nosotros vivimos en el tiempo, y lo temporal sufre cambios. Cuando el mundo alcance el fin de su existencia temporal, en la segunda venida del Salvador, entonces cambiará y se volverá eterno. Habrá "nuevos cielos y una nueva tierra" (Isaías 65:17; 66:22; II Pedro 3:13; Apoc. 21:1).
Viviendo en condiciones temporales, es difícil para nosotros imaginar la eternidad. Sin embargo, hasta cierto punto por lo menos, podemos imaginarlo por medio de la ciencia o la filosofía.
Así la eternidad es invariable. Está fuera del tiempo. Dios - la Santísima Trinidad, es el eterna e inmutable. Por consiguiente, nunca el Padre fue sin el Hijo, o sin el Espíritu Santo.
Los Padres santos y Maestros de la Iglesia explican que el Padre siempre estuvo con el Hijo nacido de Él, pues sin el Hijo, Él no se llamaría Padre. Si Dios el Padre existió sin tener un Hijo, y se habría convertido en Padre, sin haber sido Padre antes, significaría que Dios estuvo sujeto a cambio, de no haber nacido a haber nacido. Pero semejante idea es peor que toda blasfemia, pues Dios es eterno e inmutable. Así la definición en el Símbolo de Fe: "engendrado del Padre antes de todos los tiempos," significa antes de la existencia de nuestro tiempo, es decir - eternamente.
San Juan Damasceno explica: "Cuando nosotros decimos que Él (el Hijo de Dios) se engendró antes de todo los siglos, nosotros mostramos que Su Nacimiento no es en tiempo, y es sin principio. Porque el Hijo de Dios no fue traído de la nada a la existencia. Esta aureola de gloria, la imagen de la hipóstasis del Padre, sabiduría viviente y fuerza, Palabra hipostática, esencial, perfecta, y semejanza viviente del Padre invisible, siempre con el Padre y en el Padre, y nació eternamente de Él y sin comienzo."
El concepto de "Nacimiento," siendo un proceso completamente independiente del nacido, sólo existe en el mundo material, pues la materia es temporal y limitada. El espíritu no está limitado o subordinado a las leyes materiales. En forma semejante, el engendrar natural material de ninguna manera es aplicable al engendrar espiritual. Por consiguiente, los Concilios Ecuménicos, llevando el punto principal del engendrar Divino del Hijo del Padre, afirmaron las palabras del Símbolo de Fe, "Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre..." El Hijo de Dios, de acuerdo con Su unión perfecta esencial con Dios Padre, es siempre, eternamente engendrado, como "Luz de Luz," sin pasión, no por la ley del mundo creado material. Nosotros no podemos comprender esto completamente Mientras vivamos dentro del armazón intelectual (racional) del mundo material. Por consiguiente, la naturaleza trinitaria de Dios se llama "el Misterio de la Santísima Trinidad."
Una comparación para la clarificación del Misterio de la Santísima Trinidad está dada por los Padres de la Iglesia. Juan Damasceno dice, "Como el fuego y la luz que proceden de él existen juntos, no el fuego primero y después la luz, y como la luz engendrada del fuego siempre mora en él y no está separada de él, así el Hijo es engendrado del Padre, de ningún modo separado de Él."
En otra comparación, nosotros podemos ver que los rayos de sol, que se encuentran en la tierra realizando su actividad dadora de vida nunca están separados o quebrados del sol. Por estas comparaciones, las palabras del Evangelio se vuelven entendibles: A Dios nadie le vio jamás, el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado a dado. (Juan 1:18).
El San Juan el Evangelista llama al Hijo Unigénito de Dios, Jesucristo, la Palabra. Al principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (Juan I: I). La designación de la segunda Persona de la Santísima Trinidad como el Hijo de Dios se reveló desde lo alto al Apóstol Juan (Apoc. 19:11, 13), aunque en parte era conocido en el Antiguo Testamento de manera oculta (Ps. 32:6; 18:15).
Los Padres de la Iglesia explican, "Como la mente que da el Nacimiento a una palabra, engendra sin dolor, no divide, no es exhausta, y no sufre clase alguna de existencia corporal, así el engendrar Divino es desapasionado, inexplicable, incomprensible, sin división."
"Así como la palabra," dice el Arzobispo Inocencio, "es una expresión exacta de una idea, no separada de ella y unida con ella, así la Palabra ere para con Dios, una verdadera y exacta semejanza de Su existencia, indivisible, sin confusión, y siempre existiendo con Él. La Palabra de Dios no fue un fenómeno o una afinidad por el poder de Dios, mas es el propio Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad."
3. Quién por nosotros los hombres, y para nuestra salvación, bajó de los Cielos encarnó del Espíritu Santo y María Virgen y se hizo Hombre;
El tercer artículo del Símbolo de Fe es la declaración de cómo el Hijo de Dios descendió del Cielo a la tierra, tomó un cuerpo, humano en todos los sentidos pero sin el pecado, y fue encarnado. Él no asumió sólo el cuerpo, sino el alma de un hombre y se volvió humano perfecto sin dejar de ser al mismo tiempo Dios. Él se volvió Dios encarnado.
El Hijo de Dios descendió del Cielo y se volvió hombre (Dios encarnado) para salvar al hombre del poder del diablo, el pecado y la muerte eterna. El pecado es la transgresión de la ley (I Juan 3:4). Es decir, el pecado es una ofensa contra la Ley de Dios. El pecado se levanta en los hombres por la acción del diablo que tentó a Eva en el Paraíso y a través de ella, a Adán, y los persuadió a romper el mandamiento de Dios.
La caída en el pecado de los primeros hombres, Adán y Eva, tumbó la naturaleza de la humanidad. El pecado en el hombre nubla su inteligencia y su voluntad. Al cuerpo trajo la enfermedad y la muerte. Los hombres empezaron a sufrir y morirse. Por su propio poder, los hombres no pudieron conquistar el pecado en ellos mismos y en sus descendientes, o corregir su inteligencia, alma y corazón, y destruir la muerte. Esto sólo puede lograrse por Dios, el Creador de todos.
El Señor Misericordioso dio una promesa a los hombres, de que el Salvador del mundo vendría a la tierra para salvarlos del poder del diablo y la muerte eterna.
Cuando llegó el tiempo de salvación, el Hijo de Dios vino a morar dentro de la pura Virgen María, y a través del descenso del Espíritu Santo en Ella, recibió de la Virgen la naturaleza humana y nació en un modo sobrenatural "del Espíritu Santo y la Virgen María."
La Santísima Virgen María era descendiente de la familia de Rey David. Ella era la hija de los rectos Joaquín y Ana. La Santísima María es llamada Virgen porque Ella, llena de amor por Dios, prometió nunca casarse. Ella es llamada siempre virgen porque Ella siempre siguió siendo virgen, antes del Nacimiento del Salvador, en el momento del Nacimiento, y después del Nacimiento.
La Santa Iglesia Ortodoxa llama a la Virgen María la portadora de Dios (Theotokos), y la considera más sagrada que todos los seres creados, no sólo, los hombres, sino los ángeles. Nosotros La declaramos "Más honorable que el Querubines, e incomparablemente más gloriosa que los Serafines" porque Ella es la Madre del propio Dios. Así, según la inspiración del Espíritu Santo, la recta Elízabeth se dirigió hacia Ella, ¿Por qué se me concede esto a Mi, que la Madre de Mi Señor venga a Mi? (Lucas 1:43).
A través de Sus profetas, el Señor Dios mostró muchos signos de la venida del Salvador al mundo. Por ejemplo:
El Profeta Isaías predijo que el Salvador nacería de una Virgen (Isaías 7:14) y con notable claridad predijo Su sufrimiento (Isa. 5:7-8; 9, 10, 11, 12, 53).
El Profeta Miqueas profetizó que el Salvador nacería en Belén (Miqueas 5:2; Mat. 2:4-6).
El Profeta Malaquías predijo que el Salvador vendría al templo recientemente construido en Jerusalén, y que antes de Él se enviaría el Precursor, como el profeta Elías (Mal. 3:1-15).
El Profeta Zacarías predijo la entrada triunfal del Salvador en Jerusalén en un "asno, sobre un pollino hijo de asna" (Zac 9:9).
El Rey David en el vigésimo primer salmo describe el sufrimiento del Salvador en la cruz con tal exactitud que parece como si él Mismo hubiera visto la crucifixión.
El Profeta Daniel, 490 años antes de Cristo, profetizó la fecha de la aparición del Salvador, predijo Su crucifixión, y después de esto, la destrucción del Templo en Jerusalén y el cese de los sacrificios del Antiguo Testamento (Daniel 9).
Cuando el Hijo de Dios, Jesucristo, vino a la tierra, muchos hombres rectos lo reconocieron como el Salvador del mundo. Los hombres sabios del Este lo reconocieron por la estrella que brilló en el Este antes del Nacimiento de Cristo. Los pastores en Belén lo reconocieron por la proclamación de los ángeles. Simeón y Ana lo reconocieron por revelación del Espíritu Santo cuando fue traído al Templo. San Juan Bautista lo reconoció en el Río Jordán, en el momento del bautismo, cuando el Espíritu Santo descendió en Él en la forma de una paloma, y la voz del Padre testificó, Éste es Mi Hijo amado en Quien Yo me complazco (Mat. 3:17). Muchas personas lo reconocieron por la superioridad de Su enseñanza y sobre todo por los milagros que Él hizo.
Para nuestra salvación Jesucristo cumplió Sus enseñanzas, Su vida, Su muerte, y Su resurrección. Sus enseñanzas son para nuestra salvación cuando nosotros las aceptamos con todo nuestro corazón, y nos comportamos de acuerdo con ellas, cuando nosotros emulamos en nuestras propias vidas la vida del Salvador. Como la palabra falsa del Diablo, aceptada por los primeros hombres, se volvió en ellos la semilla del pecado y muerte, así la verdadera palabra de Cristo, aceptada sinceramente por los Cristianos, se vuelve en ellos la semilla de vida santa e inmortal.
Discusión sobre la Encarnación del Hijo de Dios
San Silvestre (siglo IV), en la conversación con los judíos sobre la fe, dijo, "Dios Que trae todo a la existencia, cuando Él creó al hombre y vio su inclinación a cada maldad, no despreció el trabajo desfalleciente de Su mano, sino dignó que Su Hijo, existiendo inseparablemente de Él (porque Dios está en todas partes), debió venir a nosotros a la tierra. Así Él descendió y nació de la Virgen Santa y se volvió sujeto a la ley, para salvar a aquellos que estaban bajo la ley (Gal. 4:4-5).
"Que Él nació de una Virgen se predijo por el Profeta Isaías con estas palabras, "He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará Su nombre Emanuel (Is. 7:14). Este nombre, como ustedes saben, designa el advenimiento de Dios a las personas, y en la traducción del hebreo Dios con nosotros. Así, el Profeta, un tiempo largo antes, predijo que Dios nacería de una virgen.
"Para Dios, nada es imposible; pero con respecto al diablo, es necesario conquistar por lo que se conquistó primero. Esos primeros conquistados fueron los hombres, hombres no nacido por el orden usual de naturaleza, no de la semilla de hombre, sino de la arcilla, además, de la tierra limpia y pura de la Virgen, ya que nunca ofendió a Dios. No se había manchado por la sangre de un hermano asesinado o animales muertos. Por consiguiente no se infectó con los cuerpos decadentes, ni se manchó por cualquier acto sucio o indecente.
"De la tal carne de la tierra se creó para nuestros antepasados, que fueron traídos a la vida por el aliento de Dios."
"Pero si el maligno diablo conquistó a semejante hombre, entonces es necesario que el diablo sea conquistado por semejante hombre. Este semejante hombre es nuestro Señor Jesucristo, nacido no por las leyes usuales de la naturaleza, sino del puro y santo útero de la Virgen, así como cuando Adán vino de la tierra no infectado por el pecado. Tal como cuando Adán fue traído a la vida por el Espíritu de Dios, así Este (Jesucristo) se encarnó por acción del Espíritu Santo que descendió sobre la Santísima Virgen. Él se volvió Dios perfecto y Hombre perfecto, en todos los sentidos excepto el pecado, teniendo dos naturalezas, Divina y humana, pero una Persona. En Su naturaleza humana Él sufrió por nosotros, pero Su Divinidad permaneció sin sufrir."
Para clarificación de esta explicación, San Silvestre da a un ejemplo. "Cuando un árbol, iluminado por los rayos del sol, es tirado abajo por una hacha de mano, entonces junto con este árbol tumbado, los rayos del sol no son cortados. Igualmente, cuando la naturaleza humana de Cristo, unido con Dios, soporta el sufrimiento, este sufrimiento no toca la Divinidad."
Durante el curso del primer siglo de Cristiandad, escribas judíos, conocidos como Massoretas, los preservadores de la tradición, quitaron todos los manuscritos de los libros sagrados de todas las sinagogas a lo largo del mundo, y los reemplazaron con sus propias transcripciones que fueron re-escritas con precisión estricta y con comprobaciones repetidas de carta en carta por los mismos escribas masoréticos.
El grado de invariabilidad e inmutabilidad de los textos masoréticos es sorprendente. Sin embargo, toda esta uniformidad no puede calificarse de absoluta. Sólo fue lograda la estandarización de los textos. Pero no se corrigieron esos errores que ya existieron en el momento de la revisión masorética. Al contrario, un poco de distorsiones se introdujeron intencionalmente por los Massoretas para disimular la claridad de las profecías que predijeron a Cristo el Salvador.
De estas distorsiones nosotros señalaremos en primer lugar la alteración famosa por los Massoretas de Isaías 7:14:He aquí que la virgen dará a luz un hijo... Sabiendo que este pasaje era un favorito de Cristianos, y testifica mejor que todos el purísimo Nacimiento de nuestro Señor, los Massoretas, llevando a cabo su reforma, insertaron la palabra alma ("mujer joven") en lugar de la palabra vetula ("virgen") en todos los textos hebreos a lo largo del mundo. En el momento, los antiguos apologistas cristianos objetaron razonablemente a la interpretación de los escribas judíos, "¿Y sobre qué tipo de signo, el profeta habla aquí, sería el Nacimiento de un hijo de una mujer joven, ya que esto es una ocurrencia cotidiana?"
En un manuscrito del Profeta Isaías escrito antes del Nacimiento de Cristo, que se descubrió no hace demasiados años atrás, la palabra "virgen" es usada en Isaías 7:14, y no "mujer joven."
Por consiguiente, está claro por qué la Iglesia prefiere las traducciones de los Setenta y de Peshitta para el texto autoritario del Antiguo Testamento, y principalmente la primera, ya que el texto de los Setenta se produjo bajo la inspiración del Espíritu Santo por el esfuerzo concertado de la Iglesia del Antiguo Testamento.
Septuaginto: La primera y más exacta traducción de las Santas Escrituras fue la traducción de todos los libros del Antiguo Testamento del hebreo al griego, hecho "según los Setenta" (realmente setenta y dos) traductores, o como ellos se llaman, intérpretes, en el tercer siglo antes del Nacimiento de Cristo, aproximadamente el año 270 A-C. El Rey Ptolemeo Philadelphus egipcio, deseando tener en su biblioteca los libros sagrados de la Ley Hebrea, pidió a su bibliotecario, Demetrio Falereo, adquirir esos libros y traducirlos en el idioma del uso más común: el griego.
Por la orden del Rey, una embajada con los ricos regalos para el templo, se despachó al sumo sacerdote Eleazar en Jerusalén, con el pedido de enviar a Alejandría todos los libros sagrados hebreos existentes y enviar todas las personas capaces de traducirlos.
El inspirado sumo sacerdote Eleazar cumplió el pedido del Rey egipcio con extraordinaria seriedad. Para que esta gran tarea reciba la participación de la Iglesia entera del Antiguo Testamento, se estableció un ayuno para toda la nación escogida de Dios, y la oración por todos se intensificó. Se convocaron las doce tribus de Israel y dada la orden para escoger a seis hombres de cada tribu como traductores, para que puedan trabajar juntos en la traducción de las Santas Escrituras en el idioma griego.
Los traductores escogidos, habiendo llegado a la ciudad del Rey de Egipto, con amor emprendieron su labor santa, y con buen progreso terminaron en corto tiempo. Así, bajo la influencia del Espíritu Santo, apareció esta traducción, fruto de un esfuerzo concertado, heroico de la Iglesia entera del Antiguo Testamento. Esta traducción fue usada en general en el momento de la vida terrenal de nuestro Señor, Jesucristo, y se usó por los Apóstoles de Cristo, los Padres de la Iglesia, y todos los líderes de la Iglesia.
Peshitta: En el primer y segundo siglo apareció una traducción de las Santas Escrituras en el idioma Sirio conocido como Peshitta, significando simple o fiel. Para la Iglesia Ortodoxa, estas dos traducciones (el "Septuaginto" y el "Peshitta") son en general las dos traducciones en uso. Pero para la Iglesia católica romana, hay todavía otra traducción hecha por San Jerónimo, conocido como la Vulgata. Parece indudablemente más autoritario que el original hebreo contemporáneo. (Compilado de los libros [en Ruso] Discusiones sobre las Santas Escrituras, por el Obispo Nataniel, y Resumen del Estudio sobre el Antiguo Testamento de la Biblia, por el Arzobispo Vitaly, y otras fuentes.).
Es sumamente instructivo que en el estudio cercano los hechos de la narrativa del Evangelio, que a primera vista parece cuestionable o escasamente probable o creíble, siempre resulta testificar a favor de los Evangelios, una vez más, confirmando la exactitud de los eventos informados en ellos.
Hace varias décadas, los críticos independientes consideraron completamente inverosímiles la historia en el Evangelio de Lucas en que José, con la Santísima Virgen comprometida con él, subió de Galilea, fuera de la ciudad de Nazaret, en Judea, hacia la ciudad de David que se llama Belén; porque él era de la casa y linaje de David: (Lucas 2:4). Ellos fueron para cumplir la orden para un censo, un proyecto llevado a cabo cuando Cyrenius Quirinin era gobernador de Siria (Lucas 2:2). En esta tarea, según la narración de San Lucas, no era necesario ir a registrarse al lugar de residencia, sino al lugar de origen familiar. Los críticos consideraron que esto era una tarea imposible, primero porque la alarma y desorden creados a lo largo del país si al mismo tiempo todos dejaran su lugar habitual de residencia para ir a la ciudad de las que vinieron sus antepasados sería espantoso. Segundo, la historia contradice los hechos bien establecidos que se grabaron acerca del Censo romano. Se sabe bien que los romanos requirieron el registro en el lugar de residencia habitual.
A simple vista estas objeciones parecen Minar la fiabilidad de la narración de San Lucas y parece forMidable. Sin embargo, cada objeción se marchita en la luz de los hechos indiscutiblemente establecidos.
Recientemente se descubrió un documento relatando los años 103-104 D.C. y la administración del gobernador de Egipto, Gaius Vibius Maximus. En este documento él es ordenado a informar el censo, exactamente según el orden que se declara en el Evangelio de San Lucas: en vista del censo, cada persona debía ir a ese lugar dónde su familia se originó. Si esto es así, entonces la objeción a la narración de San Lucas, que está en contradicción al procedimiento romano usual, falla. De la declaración de Vibius Maximus nosotros aprendemos que los romanos se acomodaron a las costumbres y modales del país subyugado. La narración del procedimiento del censo en San Lucas muestra ser una narración irreprochable y exacta. (Del prólogo de Los Cuatro Evangelios publicados en la Verdad París, 1943).
Discusión de los milagros de Dios
Los materialistas desechan categóricamente la posibilidad de milagros de Dios en el mundo. Ellos mantienen que los milagros contradicen las leyes de naturaleza.
Los milagros, ellos dicen, son incompatibles con la verdad científica de conformidad estricta de todo fenómeno natural. ¿Es eso así? Nosotros intentaremos contestar.
El Prof. S.L. Frank dice, "El ingeniero mecánico Galileo enseña que todos los cuerpos, independiente de su peso específico, caen a la tierra con la misma velocidad y aceleración. ¿Es el hecho generalmente conocido de que un pedazo de pelusa cae a tierra mucho más despacio que un peso férrico, una contradicción a esta ley? ¿O que en agua la madera no cae en absoluto? ¿Esta ley se rompe por el hecho que un avión no se cae, pero es capaz de subir mas alto y volar encima de la tierra? Obviamente no.
"Para la ley de Galileo, como todas las leyes de la naturaleza, contiene una reservación silenciosa: 'sujeto a otras varias condiciones, 'o' si todas las influencias externas se mantienen constantes.
Declarado abstractamente, el establecimiento de la atracción entre la tierra y un cuerpo de materia por su tirón gravitatorio no está en lo más mínimo roto. Sólo la suma total concreta parece alterada o se complica por la interferencia de variables nuevas externas, como también inexplicable para la ley original. En el primer caso - el poder de la resistencia del aire o agua; por el segundo - el poder del motor, obligando a la hélice rodar y cortar el aire. De la misma manera, pueden atribuirse también esos eventos que se llaman milagrosos al efecto de variables suplementarias, no otra variable de naturaleza, pero un poder sobrenatural.
Si Cristo, como se dice en los Evangelios, caminó en el agua como en tierra seca, entonces este hecho no quiebra la ley de gravedad más que el hecho del vuelo de un avión sobre la tierra, o la flotación de un cuerpo más liviano que el agua. En los últimos casos, la acción de la ley de gravedad no está rota, pero se supera por el poder del motor, o la resistencia del agua. En el primer caso, la ley es absolutamente superada por el poder de Dios Encarnado, Cristo.
Si un hombre se recupera de una enfermedad fatal después de las oraciones fervientes a Dios (propias o de alguien más), entonces este milagro también quiebra apenas el curso natural de la enfermedad establecido por la medicina, más que la intervención quirúrgica exitosa de un doctor. En el último caso, la enfermedad acaba a través de la alteración mecánica de las circunstancias condicionadas a él, y en el anterior, a través de la influencia del poder supremo de Dios sobre estas condiciones.
"Si un hombre," dice el Arcipreste Gerasim Shorets, "debido a su voluntad libre, tiene la habilidad de influir en la naturaleza, entonces ¿es posible que Dios no tenga esta habilidad? ¿Él, el Creador de las leyes de la naturaleza?
"Es posible hacer las observaciones interesantes sobre las personas que niegan los milagros," él continúa. "Muchos de ellos quiénes se burlan de los Milagros Bíblicos, y consideran a los creyentes en su veracidad como hombres atrasados, ellos creen en lo trivial y las cosas absurdas. Ellos creen en las reuniones nefastas, en el número trece, en una liebre que corre por un camino, como necios."
"Muchos de ellos, quienes con orgullo apuntan a la ciencia para demostrar la imposibilidad de milagros, creen en lo que podría clasificarse realmente como milagros, pero que son veinte veces menos dignos de fe o confianza que los Milagros Bíblicos testificados por muchas personas respetables, una gran parte de quienes sacrificarían alegremente sus vidas en afirmación de la verdad."
"Aquéllos que niegan los milagros sólo creen en esos milagros que, según su explicación, ocurrió Millones de años atrás, y que nadie observó."
"Ellos no creen en la creación del mundo por Dios, pero ellos creen en su origen arbitrario, o que un embrión de vida orgánica cayó a la tierra desde un planeta desconocido."
"Ellos no creen que Cristo pueda resucitar a un hombre, eso es, traiga a la vida un organismo previamente viviente, pero creen que en los tiempos anteriores, la vida orgánica salió de la materia inanimada."
"Ellos no creen que Dios, el Creador del fuego y las personas, pudiera hacer a tres jóvenes ignífugos, pero ellos creen que los organismos embrionarios se sostuvieron por el curso de millones de años en medio del calor abrasador de la niebla del mundo y granito fundido..."
No, la verdad científica seria no levanta ninguna objeción a los milagros que se refieren los materialistas. Las objeciones sólo son basadas en sus asunciones, hipótesis, y teoría filosófica natural, o su propia fe materialista.
Así, mientras refutan los Milagros de Dios supuestamente sobre la base de la ciencia, los mofadores se revelan como ignorantes con respecto a las preguntas de la ciencia, insuficientemente educados en filosofía, o antagonistas conscientes de la creencia en Dios.
(Compilado de un folleto: La religión y la Ciencia por Prof. S. Frank; y un folleto ¿Vivió Jesucristo? por el Arcipreste Shorets; y otros.
4. Y fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado.
En el cuarto artículo del Credo, se declara que el Señor Jesucristo fue crucificado en la cruz por nosotros durante el reino de Poncio Pilatos, el gobernador romano sobre Judea; Él fue crucificado por nuestros pecados y para nuestra salvación, porque Él estaba sin pecado. En ese momento, Él sufrió realmente, se murió, y fue sepultado.
Claro que el Salvador no sufrió como Dios, Quien no puede sufrir, sino como hombre. Él no sufrió por Su pecado del cual Él no tenía ninguno, sino por los pecados de la raza humana entera. Después de Su muerte, Su cuerpo fue enterrado en la tumba de José de Arimatea. Pero desde el tiempo del entierro hasta Su Resurrección, Él descendió en alma en el Hades y liberó todos aquéllos que creyeron en Él, empezando con Adán y Eva.
El Hades es el nombre del lugar de alejamiento de Dios, desprovisto de luz o beatitud. Allí reina satanás. Con respecto al alma la palabra "Hades" significa una condición de gran aflicción y tormento.
El Señor Jesucristo, como hombre perfecto e Hijo de Dios, porque Él por una palabra puede aniquilar a todos los enemigos, voluntariamente se ofreció como un sacrificio por los pecados del hombre a través de la crucifixión en una cruz. La ejecución colgando en una cruz era la forma de pena capital más infame, cruel, y terrible. Era el símbolo de cada maldad humana, y el despliegue más brillante del poder del diablo. Esta ejecución terrible, inventada por los hombres según la sugerencia del diablo, sujetaba las personas al odio, malicia, ensañamiento y muerte. El Salvador, habiendo soportado la ejecución deshonrosa en la Cruz, murió, pero resucitó de los muertos.
¡A través de la Cruz, brilló la vida! Cristo destruyó el principal apoyo del diablo, y convirtió la Cruz en un instrumento de victoria eterna sobre el mal y la muerte. El Señor santificó la Cruz con Su sangre pura y por Su heroico sacrificio de amor. El delincuente más terrible, si está arrepentido, no es rechazado por el Salvador. Desde este momento, ni sufrimiento ni muerte puede privarnos de la beatitud eterna si nosotros estamos con Cristo el Salvador. Al contrario, la Cruz es el paso a la gloria eterna en el Reino de Dios.
Las palabras en el Credo "padeció y fue sepultado" fueron dirigidas contra algunos herejes que falsamente enseñaron que el Señor no sufrió el tormento en la Cruz, sino que Su sufrimiento parecieron ser solo sufrimiento y muerte.
Las palabras "bajo Poncio Pilatos" apunta el verdadero evento histórico del sufrimiento de Cristo que ocurrió en ese momento específico. Durante las horas de sufrimiento de Cristo en la Cruz, hubo oscuridad sobre toda la tierra (Lucas 23:44), testifica el Evangelista. Escrituras históricas antiguas de los astrónomos romanos Flegonto, Tadeo, y Julio Africano notan esta oscuridad.
Uno de éstos exclamó, "¡Uno de los dioses ha muerto!" Un filósofo muy conocido de Atenas, Dionisio el Areopagita, estaba en ese momento en la ciudad de Heliopolis, en Egipto. Observando la súbita oscuridad, él dijo,.".. o el Creador está sufriendo, o el mundo está acabándose."
Después, de la prédica del Apóstol Pablo, Dionisio aceptó la Cristiandad y se volvió el primer obispo de Atenas. ¡Gloria a Tu excesiva paciencia, Oh Señor! Ante Tu Cruz, Oh Soberano, nos postramos, y Tu Santa Resurrección glorificamos.
La Resurrección de Cristo se discute en el siguiente, quinto artículo del Credo.
Discusión sobre la Cruz de Cristo
Cristo reveló el nombre de Dios. El nombre es Amor. Desde su primera respiración profunda, el hombre empezó a darse cuenta del amor eterno de Dios hacia él. Aquí, también, se originó la tragedia divina entre Dios y Su primer creado, la criatura inteligente. Esta criatura no pudo comprender la perfección completa del amor que se ofreció. El hombre tuvo que experimentar la agonía de las relaciones rotas con Dios, y haber saboreado y aprendido el horror de este alejamiento, para entonces experimentar Su amor una vez más.
Adán no tenía el miedo. Es verdad que el perfecto amor hecha fuera el miedo. Sin embargo, como esta testificado por los Padres de la Iglesia, el miedo siempre precede al amor. Este Miedo no consiste en aprehensión a la violencia, sino que nace de un sentimiento de la gran altura de Dios. Por el miedo, el hombre mide la distancia entre él y Dios.
Incluso cuando se considera las vidas de los santos, nosotros experimentamos el miedo, respirando el aire de las alturas montañesas, en las que nosotros no podríamos sobrevivir.
El acercamiento de Dios pisotea abajo el miedo con Su presencia y nos da beatitud. Sin embargo, teniendo el Miedo en la profundidad de nuestra existencia, nosotros tratamos el Amor de Dios con reverencia.
Era necesario para el hombre, durante su vida aprender lo qué era él comparado con su Creador. Habiendo sido cortado de Dios y habiéndose ido lejos de Él, él mira atrás, y de lejos ve y siente a su omnipotente Creador.
¿Cómo Adán se rasgó fuera de Dios? Todo lo que Adán hizo conformó al amor de Dios por él. Su vida era el amor ferviente, pero esto no era por mérito propio. Todo lo que él hizo fue hecho por la gracia de su Creador, como resultado de Su amor.
Nosotros, nacidos en el pecado y no teniendo este amor, pero que debemos adquirirlo, la cual es la meta de nuestra vida, no podemos entender la condición de Adán. Todo lo que nosotros hacemos por nuestra propia voluntad por nuestra propia causa es el pecado, y sólo dominando nuestra propia voluntad, sacrificándonos nosotros mismos por amor al otro, disfrutamos de la Luz, encontramos el orden interior según Dios.
Adán era completamente de Dios. Todo en él era luminoso. Sólo en un respecto él no alcanzó la perfección: en él estaba la posibilidad de comer la fruta del conocimiento del bien y del mal. En esto él debía haber reprimido su voluntad fuera de la obediencia y amor; a través de esto él cayó lejos de Dios y se hundió en la oscuridad.
Sin sacrificio, no hay amor. Todo el amor de Adán hacia Dios era dependiente, si uno puede decir, sólo de su rechazo hacia la fruta. Adán no sentía la más ligera compulsión, porque el verdadero amor no tolera el constreñimiento.
Habiendo probado la fruta, Adán enseguida extinguió la luz en él y fue lleno de oscuridad. Había nada para él para amar. La oscuridad se manifestó en él por la sensación de desnudez. Él se escondió del Padre. Él perdió a Dios, y Dios perdió a Su amigo. Para amar a Adán como en los tiempos antiguos, ya que Adán ahora estaba negándose al amor, era necesario crearlo de nuevo. El hombre fue dejado a sí mismo. En la experiencia amarga de separación del Amor, él debió conocer la profundidad de esta miseria a pleno, tal que cuando la Luz fuera revelada de nuevo a él, él preferiría voluntariamente esta Luz a la luz que él había escogido, gracias al conocimiento del bien y del mal. Nuevamente, él volvería de forma voluntaria al mundo de Amor desde su propio mundo que él creó en el curso de un periodo de Mil años de aislamiento de la Verdad, de un mundo, que él creó, con deleites, con sus propios edificios, con sus propios ideales.
Cubierto con la oscuridad y la habilidad de entender lo bueno y lo malo, el hombre adquirió la capacidad de matar a personas como él. Pero desarrollando dentro de él esta cualidad, el hombre dejó de estar satisfecho exclusivamente con el asesinato. Esto se volvió nada para él. Empezó a matar a su hermano con el tormento. Pero incluso esto parecía ser nada. Empezó a matar a su hermano con mofas. Pero ni siquiera esto era suficiente.
Entonces él inventó algo que, no matando, ponía a su hermano en una posición desvalida, tal que por su propia impotencia provocara la risa de los transeúntes, y así su hermano podría morirse por humillación y punzadas terribles de dolor.
A estas alturas en el desarrollo de la calidad del mal, Dios reveló claramente a las personas Quien es Él, el Creador de todo lo visible e invisible. Si Él fuera una Deidad vengativa, Él probablemente habría tenido que destruir la raza humana entera porque esa criatura se rió muy malévolamente ante la idea de su Creador. Pero el Amor actuó completamente al contrario.
Nuestro Padre Celestial dio a Su Hijo Unigénito, que Él debía colgar del árbol malo del odio y amargor extremo creado por el hombre. El Hijo, habiendo sido crucificado y habiendo satisfecho hasta donde era necesario la malicia de Sus enemigos, murió. Después de tres días, el Padre resucitó al Hijo y grabó este nuevo evento en los corazones del hombre.
Desde este punto en la historia, las nociones del hombre en el mundo y su comprensión sufrieron una completa revolución. La Cruz, anteriormente sólo un instrumento de tortura terrible y ejecución cruel, se convirtió el único apoyo eterno del hombre. El camino, la verdad y la vida empieza con la Cruz, sin la cual es imposible ser salvado.
Allí siguió una nueva historia del hombre, en la cual es imposible para cualquiera excusarse a través de la ignorancia o falta de entendimiento.
Dios fue crucificado en la cruz. ¡No debe haber ceguedad! Si el mundo antes de Cristo fue un mundo salvaje, y los habitantes estaban morando en la selva de su ignorancia, entonces después de Cristo el mundo sin la Cruz se vuelve un mundo de apóstatas y personas condenadas a quienes se les dirá a su tiempo: aléjense de Mi, al fuego que se ha preparado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25:41). Aquéllos que siguen a Cristo son llamados abiertamente amigos del Señor. Yo no los llamo siervos, dice al Salvador, porque el siervo no conoce que hace su señor: mas Yo los he llamado amigos; porque todas las cosas que Yo he oído de Mi Padre, se las he hecho conocer. Vosotros sois Mis amigos, si vosotros hacéis absolutamente lo que Yo os ordeno (Juan 15:15-14).
¡El amor de Dios hacia nosotros está más allá de la medida, radiando desde la Cruz de Cristo! Grande e ilimitada es la Cruz de Cristo. Es imposible comprender la anchura y longitud de ella, la profundidad y la altura. Pero hasta donde es posible, permitámonos por lo menos intentar entender.
"¿Cuán ancha es la Cruz de Cristo?" Le preguntan a un obispo, y responde, "es tan ancha como el mundo, así como Cristo murió para el mundo entero, como esta escrito: Él es la propiciación de nuestros pecados: y no sólo para los nuestros, sino también de los pecados del mundo entero (I Juan 2:2).
Así de ancho es la Cruz.
¿Cuán larga es la Cruz de Cristo? Es lo bastante larga para durar a través de todos los siglos, tanto hasta que quede en la tierra un solo pecador que deba ser salvado; hasta que allí desaparezca el dolor, sufrimiento y todo lo que está en contra del Señor en el mundo de Dios.
Así de larga es la Cruz.
¿Cuán alta es la Cruz de Cristo? Es tan alta como el Cielo, como el Trono del Señor. De hecho, es tan alta como el Cielo más alto; ya que cuando Cristo fue crucificado en la Cruz, el Cielo descendió a la tierra, y la tierra ascendió al Cielo.
Así de alta es la Cruz.
¿Cuán profunda es la Cruz de Cristo? Ése es un gran Misterio, que no nos es dado a entender y sobre el cual sólo podemos conjeturar reverentemente. Si la altura de la Cruz se extiende al Cielo, entonces por su profundidad alcanza abajo al infierno, al pecador más inveterado en la más profunda profundidad en la que él podría caer - como Cristo descendió en el infierno y predicó a los espíritus en prisión (I Pedro 3:19).
Así, nosotros nos atrevemos a esperar, cuán profunda es la Cruz del Señor. La Cruz de Cristo es el principio y fin de nuestra salvación (Juan 3:16-17, 36).
Sin la Cruz nosotros no somos Cristianos, no somos Miembros de la Iglesia de Cristo, no somos hijos de Dios. Por la Cruz nosotros nacimos, con la Cruz vivimos, y con la Cruz morimos (Mat. 10:38; 16:24; 28:19. Lucas 14:27; Marc 10:21; 16:6).
La Cruz de Cristo es un trozo de armadura, o un vestido que nos ponemos (Mat. 20:22-23; Marc 10:38-39; Lucas 12:50) en el momento de nuestros trabajos terrenales y labores para que por ella nos distingamos de todo heterodoxo o incrédulo (Apoc. 1:3; Ezequiel 9:4).
La Cruz de Cristo es la coraza para los Cristianos y el castigo formidable para aquéllos que aborrecen y le huyen, para aquéllos que caen fuera de la Iglesia de Cristo debido a ella, y para los enemigos de Dios (Gál.6:14; 1 Cor 1:18; Heb. 13:13; 6:6; el Felipe. 3:18).
La Cruz de Cristo es una espada espiritual por la cual se vencen los enemigos visibles e invisibles.
La Cruz de Cristo es una arma divina para ahuyentar a cada enemigo y adversario (I Cor. 1:18:Lucas1:71-74; Mat. 22:44).
Finalmente, la Cruz de Cristo será una señal horrible en el día de Tribulación y Último Juicio de Dios para todos los adversarios del nombre de Cristo, anticristos (Mat. 24:30).
(Compilado de la Humildad en Cristo, P. Ivanovna,; el Periódico Eterno, y las Lecciones y Ejemplos en la Fe cristiana por el Muy. Rev. Gregorio Diachenko.).
Discusión sobre los accionares providenciales de Dios
En nuestros días del mundo racional va en aumento la indiferencia a la fe cristiana. Se establecen firmemente por todas partes la incredulidad, la falta de fe y ateísmo.
Pero para la edificación del creyente, para fortalecernos ante las convicciones de los ateos, nosotros describiremos eventos históricos que derrotan al mundo materialista.
El primero de ellos ocurrió en el día del sufrimiento de nuestro Salvador en la cruz, y los otros en nuestro tiempo.
1. Cuando el Salvador sufrió en la cruz toda la naturaleza tembló, la luz del sol se ocultó y la oscuridad se expandió por toda la tierra, tal como esta relatado en el Evangelio. Este evento extraordinario había predicho muchos siglos antes por el Profeta Amos: "Ha venido el fin sobre Mi pueblo Israel; no lo toleraré más" (Amós 8:2); "Acontecerá en aquel día, dice el Señor, que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro... Y la volveré con un llanto de unigénito" (Amos 8:9-10).
El eclipse del sol en el momento de la crucifixión de Jesucristo, a pesar de la singularidad del evento contra todas las leyes de naturaleza, - la luna no estaba entre la tierra y el sol - es un hecho histórico, totalmente descrito en los relatos de los paganos:
1. El historiador romano y astrónomo Phlegontus informa que el eclipse era tan severo que era posible ver las estrellas en el cielo.
2. Sobre el eclipse informa el estudioso Julius Africanus y el historiador griego Thaddeus.
3. El famoso filósofo de Atenas, Dionysius el Areopaguita que estaba en ese momento en la ciudad egipcia de Heliopolis, observando la súbita oscuridad, dijo: "O el Creador está sufriendo o el mundo está acabándose."
2. El segundo evento es la aparición del Milagroso Fuego Sagrado, el Gran sábado en la Sepulcro del Salvador en Jerusalén. La aparición del Fuego Santo ocurre anualmente durante siglos, y continúa hasta nuestros días. La fecha exacta de la primera apariencia del Fuego Santo es difícil determinar. Historiadores de la Iglesia se refieren a las escrituras del Santos Padres Gregorio de Niza y Juan Damasceno, los cuales hacen mención de dicho fuego. Los Cruzados hablaron sobre el Fuego Santo, y los peregrinos han verificado su presencia de forma consistente a lo largo de los siglos hasta el día de hoy.
La recepción del Fuego Santo pertenece exclusivamente al Patriarca Ortodoxo. Heterodoxos (no ortodoxos) representantes han intentado recibirlo, sin éxito y por esa razón los católicos se retiraron aparatosamente de la participación en este triunfo de gracia, a pesar de la observación del Papa Urbano II en Concilio de los cruzados en Clermont. Él dio testimonio del Fuego Santo en la Tumba del Salvador y concluyó con las palabras: "¿Qué corazón, sin importar cuan petrificado este, no se ablandaría por semejante fenómeno?"
Corresponde agregar que la aparición del Fuego Santo en la Tumba del Salvador ocurre bajo la vigilancia estricta y completa de las autoridades civiles. Todo lo que arde en la iglesia se extingue el día antes, el Viernes santo, bajo mando policíaco. Las premisas de la Tumba del Salvador son inspeccionadas completamente por las autoridades civiles, y entonces al dejar la Tumba se sella la misma. El Patriarca es desvestido y se le coloca sólo una sotana. Es examinado de la cabeza al dedo del pie para ver si no hay alguna clase de dispositivo incendiario en él. Sólo después de esto es quitado el sello de la entrada a la Tumba del Salvador y el Patriarca entra en él para recibir el Fuego Santo. Después de algún tiempo, y después de la oración ferviente, el Patriarca recibe el Fuego Santo, enciende un bulto de velas (treinta y tres en todos, uno durante cada año de la vida terrenal del Salvador), los pasa a aquéllos presentes en la iglesia, y la iglesia entera se ilumina en un mar de fuego. El Fuego Santo, durante el curso de diez a quince minutos, no quema.
Las gentes de muchas naciones, griegos, rusos, armenios, árabes, ingleses, americanos, franceses, turcos, judíos, y otros se reúnen para observar este evento glorioso.
La aparición del Fuego Santo es la más grande manifestación visible del Paraíso de Dios en nuestro mundo pecador, sirviendo para el esclarecimiento y salvación de nosotros los pecadores.
Sobre el Fuego Santo en el Sepulcro del Señor
En nuestro tiempo de esterilidad espiritual, las vidas de las personas se limitan a las preocupaciones terrenales; el gran interés y curiosidad asisten a cada novedad. El hombre esta totalmente desinteresado de los temas espirituales, o en la manifestación de la benevolencia de Dios a nuestro mundo pecador.
Así pues, pocos son los conocedores de la aparición milagrosa del Fuego Santo que ha aparecido durante siglos de año en año, el Gran sábado encendiéndose en la Tumba del Señor en Jerusalén, en el lugar del entierro y resurrección gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.
Como un recordatorio de esta apariencia milagrosa extraordinaria presentamos verdaderas evidencias, reveladas en la carta de un peregrino ruso y testigo ocular de la apariencia del Fuego Santo durante dos años sucesivos, María Pavlonvna Chreshchatetskaya. Esta carta fue escrita al padre Nicolás Samoukov, un hieromonje en el Monasterio de la Santísima Trinidad en Jordanville, Nueva York, como respuesta a las preguntas por él formuladas.
Furke, Francia,
30 de abril de 1958.
"Estimado y querido en el Señor padre Nicolás, ¡Cristo resucitó! ... Si el Señor lo permite, yo iré a Novo Diveyevo y entonces no tardaré en ir a Jordanville y personalmente le contaré todo lo que a Ud. le interesa.
Hasta entonces, intentaré contestar todas sus preguntas.
"Mi compañero era la monja, María Torskaya.
"Nosotros viajamos desde el monasterio del Monte de los Olivos al Sepulcro Santo en autobús. El tiempo era bonito. La muchedumbre era incontable, más de Mil. El humor de las personas era entusiástico. Nacionalidades: griegos, rusos, armenios, árabes, ingleses, americanos, franceses, turcos, e incluso hebreos que ilegalmente entraron al lado árabe. Griegos y árabes prevalecieron, pienso. En la iglesia las personas se comportaron ultrajantemente desde nuestro punto de vista, gritando y brincando y en general, haciendo mucho ruido. Pero desde su punto de vista, si ellos no continúan de esta manera (es la forma en que ellos rezan), entonces el Fuego Santo no descenderá.
"Yo ya he dicho que las personas eran incontables, no sólo en la iglesia, pero alrededor de la iglesia. Cuando el Patriarca aparece antes del cerramiento de la Tumba, todas las personas se tranquilizan y hay silencio completo hasta la apariencia del Fuego Santo.
"Hay una procesión primero alrededor de la iglesia con muchos estandartes, tres veces alrededor, con el Patriarca con todas sus vestiduras. Entonces se detiene delante del cerramiento de la Tumba. Ellos toman todas las túnicas y la Mitra del Patriarca. Él permanece en sólo una sotana, y las autoridades turcas lo examinan de la cabeza a los pies para ver si hay cualquier dispositivo incendiario en él. Este proceso se lleva a cabo hasta aproximadamente 1:00 P-M.
"Yo pienso que el Patriarca no espera por el fuego por más de cinco a siete minutos.
"El año pasado otro peregrino ruso y yo, viniendo de América, vimos claramente (nosotros tuvimos mucha suerte para tener un mirador bueno) un zigzag delgado de luz como la llamarada del relámpago de arriba y golpea hacia abajo; y momentáneamente allí apareció el fuego en la Tumba del Salvador dónde se extendió en tacos de algodón que se encendieron del fuego.
"El Patriarca encendió un bulto de velas (treinta y tres en el bulto) y los atravesó inmediatamente por una especial ventana, como apertura hecha en la pared, y en un centelleo, de uno a otro, el fuego se extendió a lo largo de la enorme iglesia de abajo hacia arriba. En este momento, la iglesia entera reverberó de voces extremamente entusiásticas de la gente regocijada.
"Durante quince minutos o más, el Fuego Santo no chamusca. Yo acerqué la llama a todos los lugares enfermos de Mi cuerpo personalmente y no lo sentía en absoluto. El monje del monasterio del Monte de los Olivos, el padre Sava, se lavó en él, sumergió su cara entera en él aunque él tiene un bigote y una barba y ni un pelo cogió el fuego, ni incluso se chamuscó.
"En semejante multitud de las personas y con semejante mar de fuego, si hubiera sido nuestro fuego usual, habría habido una conflagración inevitable. Pero de año a año, el mismo evento pasa y jamás hay siquiera ligeras insinuaciones de incendio.
"Las mujeres no sólo entraron en el altar, pero incluso atravesó las Puertas Reales, pero en este momento la Gracia estaba tan poderosa que limpió y protegió todo.
"Después de recibir el Fuego Santo, sirvientes llevan al Patriarca, ya que él no tiene fuerzas para caminar. Evidentemente, por el gran esfuerzo, él queda cubierto por la transpiración y totalmente agotado.
Además, dicen que en su éxtasis, las personas pueden rasgar toda su ropa. Como dije antes, el año pasado yo tenía una visión muy buena, al lado del propio cerramiento de la Tumba, por eso pude ver cosas que otros no pudieron. Con la monja Torskaya, yo entré en el altar este año, y aquí vi claramente cómo llevaron al Patriarca directamente a la sacristía, ellos pasaron muy cerca de mí.
"No puede haber ninguna duda de que éste es el fuego anormal. "Probablemente usted ha oído hablar de los sucesos maravillosos en el 1800 cuando los heterodoxos no deseó permitir el paso a los cristianos ortodoxos a la iglesia ni al Patriarca a la Tumba. Ellos quisieron tomar posesión de la llama santa. Cerraron la iglesia y anunciaron a los guardias para que nadie pudiera entrar en la iglesia. El Patriarca estaba de pie por fuera con las personas, orando y lamentando.
"En el momento cuando el heterodoxo esperó el fuego en la Tumba del Salvador, y mientras los cristianos ortodoxos estaban de pie fuera, hubo un golpe fuerte, la columna de piedra crujió y de ella vino la llama bendita que ellos todos cogieron al instante.
"Un turco, empleado del gobierno, gritó "¡Todo poderoso es el Dios cristiano y yo soy un cristiano!" Los Turcos lo mataron.
"Desde ese tiempo ninguno de los heterodoxos ha intentado usurpar de nuevo la llama santa.
"Así la columna está de pie, resquebrajada y teñida de negro por el fuego, para la edificación de todos. Todos los que pasamos por al lado la besamos.
"Es posible que en mi prisa, mi escritura no está completamente clara, pero cuando vaya, terminaré la narración personalmente. "Con el amor en Cristo, "María Chreshchatetskaya."
Schimonje Nicodemo sobre el Fuego Santo
El schimonje ruso, padre Nicodemo del Monte Athos, visitante de Jerusalén en 1958, describe maravillosamente en una carta el extraordinario triunfo que él observó en el momento de la recepción de la llama santa.
"El Gran sábado, aproximadamente a las 12:00 mediodía, yo, Schimonje Nicodemo pecador, tuve la fortuna de seguir al Patriarca del altar de la Iglesia de la Resurrección de Cristo en la procesión de la Cruz, pasando la Tumba tres veces, y así yo pude ver lo que raramente se observa en la Tumba vivificante.
"Después de la tercera vez, el Patriarca (griego Ortodoxo de Jerusalén) se detuvo ante la puerta cerrada con llave y selló la Tumba del Salvador. Yo estaba de pie al lado derecho de un candelero ante la Tumba, a unos pasos del Patriarca.
"El Patriarca se desvistió hasta quedar en sotana. Ellos tomaron de él su Mitra, sakkos, y omophorion.
La policía y los oficiales estatales revisaron al Patriarca. Entonces ellos rasgaron la cinta de la foca fuera de la puerta de la Tumba y permitieron que el patriarca entre en la capilla. Junto con el Patriarca Ortodoxo griego, ellos admitieron al Patriarca armenio. El Patriarca armenio no tomó parte en la procesión de la Cruz, pero estaba de pie con sus personas en el lado izquierdo de la tumba.
"A varios otros les fueron permitidos entrar en la capilla. Clérigos, a la señal del Patriarca, extinguieron el Fuego Santo del año anterior en el atracadero de la Tumba vivificadora y recogieron todo para preparar para la recepción del Fuego Santo.
"Cuando la policía árabe entro con los patriarcas en la capilla, la puerta se cerró después de ellos.
"Como conocen todos, la capilla tiene dos compartimentos, el altar del Ángel y la Tumba vivificadora del Salvador - la gruta o cueva.
"Sólo el Patriarca Ortodoxo griego entra en la gruta interna de la Tumba. Los otros, con la policía y el Patriarca armenio, están de pie silenciosamente en la capilla del Ángel y esperan.
"La puerta de la capilla está cerrada. Todos estamos callados y reina el silencio a lo largo de la iglesia entera de la Resurrección de Cristo. Todos los fieles esperan el Fuego Santo en silencio.
"Es necesario explicar sobre la preparación de la Tumba del Salvador. En la tarde del Gran viernes (viernes santo), las llamas en la iglesia entera y en la capilla se extinguen bajo el mando de la policía.
"En el medio del lecho de la Tumba vivificante, una lámpara se pone en un pedestal, lleno con el aceite y con un juego de la mecha flotante, pero apagada.
"Alrededor del borde del lecho se coloca una cinta, y por el lecho ellos desempaquetan pedazos de guata de algodón. Así preparado bajo la vigilancia de la policía, la Tumba se cierra con llave y se sella. La Tumba del Salvador cerrada con llave descansa tranquila hasta Gran sábado, cuando el Patriarca entra en la cueva de la Tumba del Salvador para recibir el Fuego Santo.
"Entonces el Gran sábado, ellos admiten al Patriarca en la cueva de la Tumba vivificante y la puerta se cierra detrás de ellos. Hay silencio absoluto...
"En la propia cueva, es oscuro. El Patriarca, solo allí, silenciosamente ora al Salvador... a veces durante diez minutos, a veces más. En el momento de mi visita, quince Minutos pasaron. Entonces de repente en la oscuridad, en el lecho de la Tumba vivificante, cuentas de azul luminoso empezaron a multiplicarse convirtiéndose en el fuego azul oscuro. De ellos, las bolas preparadas de algodón cogieron fuego, entonces la cinta, y la lámpara. Todo se envolvió en la llama del Fuego Santo...
"El Patriarca encendió sus dos bultos de velas rápidamente. Al entrar en la capilla del Ángel, él dio una luz al Patriarca y entonces, juntos acercan el fuego a los peregrinos armenios a través de la ventana oval.
"Un alboroto de alegría como un trueno resuena por la inmensa extensión de la iglesia de la Resurrección de Cristo durante la aparición del Fuego Santo.
"Entonces apagan el fuego en el lecho de la Tumba del Salvador (no quema aquí), ellos se llevan la lámpara ardiente y los tacos de algodón con la cinta.
"Dos policías árabes llevan al Patriarca desde la Tumba en sus hombros, con el apoyo de los clérigos, y rápidamente lo llevan al altar de la iglesia de la Resurrección de Cristo.
"Un sacerdote con la lámpara ardiente va ante el Patriarca. Todos esto es tan rápido que no muchos en la capilla pueden encender sus velas.
Ni siquiera yo fui capaz de hacerlo. En cambio, yo traté de unirme a la multitud de las personas que siguen al Patriarca cuando él entró en el altar dónde yo encendí mi bulto de velas con el Fuego Santo de la mano del mismo Patriarca.
Schimonje Nicodemo, Monte Athos.
Note
: La iglesia de la Resurrección de Cristo es normalmente conocida con el nombre de la iglesia del "Santo Sepulcro.Una cita de una carta del archimandrita griego Kiriakos, guardián de la Tumba del Salvador en Jerusalén, sobre la aparición del Fuego Santo.
"... con respecto al Fuego Santo, ni yo ni nadie más tiene el derecho para estar con el Patriarca dentro de la cueva de la Tumba del Salvador en este momento, excepto el obispo armenio y sólo hasta donde la capilla del Ángel.
El Patriarca de Jerusalén solo entra en la gruta interna en que se encuentra la Tumba vivificante.
Hace varios siglos, los armenios intentaron disputar el derecho del Ortodoxo para recibir el fuego santo en la gruta de la Tumba. Entonces a los ortodoxos les fue negado el acceso a la iglesia de la Resurrección de Cristo, y les obligaron a que estuvieran de pie en el patio. Después de algún tiempo, mientras el Patriarca y las personas oraban en la corte de la catedral, el Fuego hizo erupción de una columna que estaba cercana a la entrada. Los armenios no recibieron nada.
"Desde este tiempo nosotros nunca hemos sido echados de nuevo fuera de la Tumba vivificadora. La columna, hasta el momento, posee rajaduras y en partes esta carbonizada."
Archimandrita Kiriakos, cuidador de la Tumba vivificadora del Salvador, Jerusalén, el 2 de octubre de 1960.
5. Y Resucitó al tercer día según las Escrituras.
El quinto artículo del Credo habla sobre la Resurrección de Jesucristo al tercer día después de Su muerte.
Había predicciones claras en las escrituras de los profetas del Antiguo Testamento sobre el sufrimiento, muerte, el entierro del Salvador y Su Resurrección, subsecuentemente se declara "según las Escrituras." Las palabras, "según las Escrituras," no sólo pertenecen al quinto, sino también al cuarto artículo del Credo.
Jesucristo murió el Viernes Santo aproximadamente a las tres de tarde y resucitó después de medianoche del sábado siguiente, en el primer día de la semana, llamado desde entonces día de la Resurrección de Cristo (domingo). En aquel tiempo, una parte de un día pertenecía al día entero, por eso se dice que Él estuvo en la tumba tres días.
Las circunstancias del tiempo de Jesucristo, de Su muerte hasta la Resurrección, en la Iglesia cristiana Ortodoxa se expresan por las palabras siguientes: "En la tumba corporal, pero en el Hades con el alma como Dios; en el paraíso con el ladrón, y en el trono con el Padre y el Espíritu, Tú que todo lo llenas, O Cristo Inexpresable."
Nosotros sabemos que en los Testamentos Antiguo y Nuevo, varias personas resucitaron, pero allí el muerto fue resucitado por alguien más y resucitaban en sus cuerpos corruptibles terrenales anteriores, y por consiguiente, tenían que morirse de nuevo. Jesucristo resucitó de los muertos solo, por el poder de Su propia Divinidad, Él subió y cambió Su cuerpo que se convirtió en inmortal y eterno. Él salió de la tumba, sin perturbar el sello del Synedrión y sin rodar la piedra colocada e invisible a los guardias.
El Señor reveló Su Resurrección primero a las personas a través de un ángel que rodó la piedra fuera de la entrada a la tumba. La Resurrección fue testificada por los soldados que guardaban la tumba y se dispersaron por el Miedo. Entonces el ángel anunció la Resurrección de Jesucristo a las mujeres Miróforas. Finalmente, el propio Jesucristo, durante cuarenta días, apareció repetidamente a Sus discípulos, con muchas demostraciones tangibles de Su Resurrección (permitió a los discípulos tocar Sus heridas por los clavos y la lanza), Él comió ante ellos y habló con ellos sobre los Misterios del Reino de Dios.
En el día de la Resurrección de Cristo nosotros cantamos: "Cristo resucitó de los muertos y con Su muerte venció a la muerte otorgando vida a los que estaban en la tumba."
Por la muerte, el Señor conquistó la muerte y a todos en las tumbas, es decir, a los muertos, dio la vida. Ahora el Señor mora para siempre en ese nuevo, resucitado cuerpo. También en un nuevo cuerpo resucitado vive la Madre de Dios a Quien el Señor resucitó después de Su muerte. Todas las personas recibirán un nuevo, cambiado cuerpo en la segunda venida del Salvador, cuando será la resurrección general sobre la cual habla el undécimo artículo del Credo.
Así se cumple la profecía hablada a través del Profeta Oseas: "Del poder del Hades os rescataré, os libraré de la muerte. Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón, dónde esta tu victoria? (Oseas 13:14).
Discusión sobre la Resurrección de Cristo
La Resurrección de Cristo es un grandioso hecho mundial, por eso los cristianos reemplazaron con Ella, el festejo del sábado del Antiguo Testamento. La fiesta de la Resurrección de Cristo es la fiesta de fiestas, y el triunfo de los triunfos." El triunfo de la Resurrección es el significado y fundamento de nuestra fe cristiana. "Si Cristo no resucitó, entonces es vana nuestra predica, vana nuestra fe" (1 Cor. 15:14), dice el Apóstol de Cristo.
Si no hubiese habido ninguna Resurrección de Cristo, entonces no sólo no existiría el cristianismo, sino incluso la fe en Dios, en el poder de la bondad y la verdad. El significado de vida habría estado perdido. Si Cristo muerto no hubiese resucitado, entonces no sólo no habría ninguna salvación para el hombre a través de Él - pues la muerte no puede ayudar a nadie - y por esa impotencia habría habido el triunfo más grande del mal en la historia. Los días del Gólgota y en general la vida terrenal entera del Señor Jesucristo, hubiese terminado en una burla total del Diablo sobre el mundo entero de la luz y lo ideal. Ningún motivo más poderoso podría existir para la desesperación oscura, pues si este Recto hubiese sido impotente, si semejante Gran Personalidad desapareciera en el abismo de la inexistencia, entonces ¿qué podemos esperar nosotros, para qué nos prepararíamos? No habría ninguna vida virtuosa para la humanidad. La vida sería sólo "un chiste vacío y tonto" (Lermontov) o, según las palabras del gran autor cristiano, Dostoievski: la vida sería "el espectáculo de variedades diabólicas" un juego.
Pero Cristo ha resucitado, y el padre de mentiras, el asesino del hombre - el diablo es profano e impotente (John 8:44).
La vida ha vencido, la muerte y el mal han quedado vacíos y nulos, Cristo ha resucitado y por completo brilló Su Divinidad majestuosa.
"Es asombrando como las personas serias pueden creer en la tal tontería, y esto en el vigésimo siglo... la edad de la ciencia y experimentación... la razón no permite la creencia en la Resurrección de Jesucristo," dice el ateísmo.
"El hecho histórico de la Resurrección de Cristo, así como todas Sus enseñanzas, ha sufrido la crítica de muchas personas eruditas y racionalistas. Algunos de ellos han consagrado sus vidas enteras a demostrar que la narrativa del Evangelio sobre la Resurrección es un fraude, un error o un engaño. De los tiempos más tempranos una fábula malévola ha aparecido declarando que Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron, mientras "nosotros dormíamos" (Mat. 28:13). Aunque los soldados romanos hablaron primero miedosamente sobre el terremoto en la tumba, el rodado de la piedra y la apariencia del ángel como relámpago, los guardias, sobornados por los sacerdotes judíos, extendieron la mentira que Cristo fue robado de la tumba. La absurdidad de esta fabricación está inmediatamente clara a cualquiera. Es completamente inadmisible que la guardia, compuesta de varios hombres, podría dormirse. ¿Dónde estaba su disciplina militar?
Era de hecho una guardia romana, y el ejército romano, por su disciplina férrica y valor, era uno de los ejércitos más buenos en el mundo. Si los soldados dormían, entonces no habrían podido ver, y si ellos vieron, significa que ellos no dormían. En ese caso, ellos no habrían permitido realizar el "robo" a los Apóstoles; al contrario, ellos habrían arrestado a los ladrones y habrían presentado el cuerpo muerto junto con los ladrones a las autoridades. ¿Pero si había habido un robo, es posible que los ejecutores de la justicia de Cristo hubieran dejado a los "ladrones" predicar Su Resurrección? Por el poder de su autoridad, ellos habrían obligado a los Apóstoles a retornar el cuerpo robado para exponer sus mentiras y decepción, y para suprimir la prédica sobre Cristo desde un principio. Sí de hecho, - los discípulos hubieran robado el cuerpo del Salvador, entonces habría sido necesario traerlos inmediatamente a la corte, declararlos culpables con la evidencia de culpa, y por eso prevenir su enseñanza. Pero los asesinos de Cristo no lo hicieron, porque ellos no creyeron que los soldados podrían apoyar su propia calumnia en la corte.
No es posible que los enemigos de Cristo no verificaran el testimonio de los soldados. Ellos, claro, no fallaron completamente, aunque en secreto, en verificar las palabras de los soldados, los primeros testigos del milagro de la Resurrección. Indudablemente, ellos en persona, aunque no todo el cuerpo del Synedrión, fueron a la tumba de Cristo y vieron que estaba vacío. Después del análisis, ellos eran realmente incapaces de no reconocer que Cristo resucitó de los muertos. ¿Pero por qué callaron tan vergonzosamente sobre ese milagro? ¿Por qué no confesaron públicamente su grave pecado para resguardar al pueblo de desastres amenazantes?
Para estas personas corruptas los bienes terrenales eran más importantes y más estimado que las bendiciones de Cielo. Ellos no confiaban en el arrepentimiento como en un medio para ganarse el perdón. Al mismo tiempo, ellos entendían muy bien que su arrepentimiento por matar al Mesías traería velozmente consigo una pedrada de manos de esas personas a quienes ellos empujaron en la participación en este hecho malo. En el miedo por sus vidas ellos se quedaron callados. Así ellos demostraron ser impotentes en una confrontación con la verdad. Se obligaron a emitir una orden a los Apóstoles de no hablar en absoluto o enseñar en el nombre de Jesús (Actos 4:18). Prohibiendo predicar sobre Jesucristo, ellos no preguntaron dónde estaba el cuerpo de Jesús. "Nosotros no podemos no hablar aquello que vimos y oímos" (Actos 4:20), dijeron los Apóstoles que continuaron conquistando el mundo con su predicar sobre la Resurrección de Cristo.
Además, ¿podían los Apóstoles que eran personas pacíficas, tímidas, que permanecían en casa bajo cerradura y por miedo de los judíos (Juan 20:19), y quiénes estaban desarmados,... decidirse a semejante osadía, atreviéndose e ir a realizar una empresa sin objeto como el robo de un cuerpo enfrente de las narices de los guardias? ¿Cómo podrían batallar con tales formidables guardias romanos? Además, los detalles no se parecen a un robo.
La idea de robo fue pensada primero por los Apóstoles cuando ellos, después del anuncio de María Magdalena, se dispersaron en el miedo y pensaron que el robo del cuerpo era un nuevo ultraje del enemigo contra Él. Entrando en la gruta de la tumba, Apóstoles vieron que en la tumba, aunque estaba vacía, no parecía haber indicios de haber sido un robo. Porque si ladrones hubiesen tomado el cuerpo de Jesucristo, lo habrían tomado en la mortaja. Pero la disposición del lino enrollado y el sudario, una servilleta de lino larga, estrecha que cubría la cabeza, no estaba con el lino, sino plegada aparte en un lugar (Juan 20:7). Por consiguiente, esta fabricación judía absurda fue desechada hace tiempo.
En su lugar, los escépticos adelantan una hipótesis del sueño letárgico y la pleuritis con la efusión de explicar el agua que fluyó del costado. Según esta teoría, Jesucristo cayó en un profundo desmayo y quizás letargo, y por consiguiente se creyó muerto. Él fue bajado de la cruz y fue enterrado. Debido al próximo día santo de Pascua ellos tenían que dar prisa con el entierro, y en su prisa, ni amigos "ni enemigos tuvieron la oportunidad para examinarlo y determinar que Él estaba muerto. La acción de los aromático y la influencia del aire frío de la cueva le devolvió la conciencia. Él se levantó, y aunque todavía débil, intentó salir de la tumba. Sus lamentos y golpes asustaron a los guardias, y ellos corrieron lejos. Siéndose útil del alejamiento de los guardias, el jardinero, o uno de los discípulos, rodó la piedra lejos y lo liberó de la tumba. Su apariencia en una mortaja blanca le dio la apariencia de un ángel, el heraldo de la Resurrección. Jesucristo pasó cuarenta días en compañía de los discípulos, y entonces, de su pleuritis, realmente murió.
La historia es totalmente improbable y no es sostenible bajo la crítica más ligera. Los Evangelios dicen que del lado agujereado del Señor salió sangre y agua. Desde el punto de vista médico, esta apariencia muestra la parálisis del corazón, o sea la muerte certera. Pero aun cuando Jesucristo hubiese permanecido vivo, entonces debido a la falta de respiración por la mortaja herméticamente atada, saturado con aromáticos, hubiese muerto bajo las condiciones adversas en la tumba. Débil y exhausto, Él apenas habría estado en condiciones de mover la piedra y producir lamentos y golpear bastante ruidosamente para aterrar a los guardias. Los Evangelios hablan en detalle suficiente sobre las conversaciones con Jesucristo, sobre la alegría con la que Él llenó los corazones de Sus discípulos, sobre el paseo con Sus discípulos en el largo camino, y así sucesivamente. ¿Todo esto se parece a alguien enfermo y débil que recobró la conciencia simplemente de un letargo? De hecho, semejante persona sería un hombre enfermo lastimoso y exhausto. En la opinión de especialistas, Él no habría podido hacer dos pasos con los pies perforados, ni sostener algo con Sus manos. Incluso los tales antagonistas de Cristo como Strauss (David Federico Strauss, 1808-1847, teólogo alemán y filósofo famoso) correctamente notó que este hombre medio muerto habría sido ciertamente una desilusión para Sus seguidores y no podría haber inspirado tal fe poderosa, que se extendió a lo largo del mundo, subyugó imperios poderosos, despertando en todos aquéllos que lo habían visto el entusiasmo por el martirio. Esto - dijo - es psicológicamente inconcebible e imposible. Los Apóstoles permanecieron persuadidos de la Resurrección de Cristo por sus vidas enteras. Si la Resurrección fuese imaginaria, entonces con más razón después de la muerte real de Jesucristo habrían acabado todas las actividades de los Apóstoles. Realmente al contrario, ellos empezaron a predicar con una certeza durante que ellos nunca habían demostrado durante la vida terrenal de Cristo.
La teoría más común en nuestros días es la teoría de la visión, que Cristo realmente no resucitó, sino que los discípulos se imaginaron ver al Señor viviendo y hablando con ellos. Los discípulos se identificaron Jesucristo y a tanto llegó su pensamiento de Su próximo Reino que ellos no pudieron reconciliarse con el hecho de Su muerte. Bajo la tensión de la espera sufrieron alucinaciones macizas, engañándose a sí mismos, y volcándolo todo en los Evangelios.
Es verdad que en la historia y en la realidad que nos rodea existen las alucinaciones personales y publicas, aunque el último caso es muy raro. Se encuentran alucinaciones, sin embargo, entre las personas que desean ver y oír algo, quién se prepara mentalmente para ello. Su condición cerebral está lista para percibir lo que ellos esperan intensamente. Pero volvamos a la historia del Evangelio. Para ver algo que no existió, habría sido necesario esperar por la Resurrección para ser engañado, creer que Su Resurrección estaba cercana y sucedería. ¿Quién entre los Apóstoles tenía tal fe? Cuando María Magdalena y las otras mujeres fueron a la tumba, ellos pensaron: "¿quién nos rodará la piedra a un costado? (Marcos 16:3) Cuando María Magdalena vio que la tumba estaba vacía, la idea de la Resurrección no se le ocurrió a ella. Incluso cuando ella vio al Señor no lo reconoció. ¿Por qué? Ella creía que las personas muertas no resucitan. Los Apóstoles reaccionaron de una manera similar cuando las noticias llegaron a ellos de que "Él no está aquí, sino ha resucitado" (Lucas 24:6). Sus palabras parecían a ellos como cuentos ociosos, y ellos no les creyeron (Lucas 24:11). Tomas no sólo no creyó cuando él vio, sino era necesario para él palpar. "Acércate y tócame, mira Mis manos." (Juan 20:27). Esto era la comprobación más sobria, más convincente del hecho.
Jesús aparecía a las mujeres Miróforas, a Pedro, Lucas y Cleofas (Lucas 24:18), a los diez discípulos