Libro de las Horas

de la Iglesia Ortodoxa Rusa

Traducido por Abadesa Juliana (Chile)

 

 

Contenido:

Oración de la Mañana. *

Oficio de Medianoche Diario. *

El Orden del Oficio de Medianoche del Sábado. *

Orden del Oficio de Medianoche Dominical. *

Oficio de Maitines. *

Despedidas Especiales. *

Oficio de Prima Hora. *

Hora Tercia. *

Hora Sexta. *

Oficio de Typica o "Obendiza" (liturgia sin sacerdote) . *

Oficio de Servicio de Panagia. *

Hora Novena. *

Traparios y Kontaquios. *

 

 

 

Prologo.

Cristiano, Hermano Mío: Al recibir este Libro de Horas en tus manos te darás cuenta que es una labor de un alma que desea demostrar toda la belleza y profundidad del Servicio Diario, de agradecimientos, alabanzas, peticiones y súplicas.

Surgió la idea de traducir al español para que las Niñas de mi Hogar participaran plenamente del Servicio Diario y para propagar la belleza de nuestra religión a los amigos y simpatizantes.

Se equivocan las personas que piensan que cantamos diariamente lo mismo. El gozo espiritual y la gracia que nos manda N.S.J.C. es personalizada, porque cada alma aún la más pecadora es creada a Imagen y Semejanza de Dios.

Cuando uno ama a otra persona trata de cumplir todos sus deseos, por muy difíciles que sean. Así también te pido, Oh mi Hermano Amante de Cristo Dios, entendiendo este libro, podrás tejer un hermoso diseño en el telar que te estoy ofreciendo y cumplirás la orden del Señor. "Rezar incesante.

Prefacio al Libro de Horas.

En el prefacio del Libro de las Horas en eslavo antiguo se dice, que la infancia es la primavera de nuestra vida, y que nuestra primera meta de conquista debe ser la palabra de Dios. Las oraciones que aprendemos quedan implantadas en nuestros seres durante la vida hasta la muerte.

Es imprescindible en nuestras vidas de cristianos ortodoxos el Libro de las Horas. Este libro contiene todas las operaciones diarias: salmos, oraciones de agradecimientos y peticiones que elevamos a Dios. Por tal motivo, acostumbrándonos aprendemos a leer y también a orar.

Con el uso de este libro oramos por nuestras necesidades, y también elevamos nuestras alabanzas al Todopoderoso, por todas las bendiciones recibidas.

De esta manera, el uso diario de este libro siembra en las almas jóvenes ese imprescindible recogimiento ante Dios, que es tan necesario para el cumplimiento de los deberes cristianos a lo largo de toda nuestra vida.

Con excepción de la Santa Liturgia, este Libro contiene todo el ciclo de los oficios y plegarias utilizadas diariamente por la Iglesia, y son Oficios de: Medianoche, Diario, Sábado y Dominical; Maitines: Prima (1ͺ hora), Tercia (3ͺ hora), Sexta (6ͺ hora); Típica Nona (Novena Hora); Vísperas, Completas: Mayores y Menores.

Oficio de Media Noche: Es un Oficio destinado a cumplirse a medianoche. Este oficio llama a los fieles a estar siempre preparados para el Gran Juicio Final.

Maitines: Oficio que se realiza en la mañana en agradecimiento a Dios por la pasada noche y pedir su Misericordia para el día venidero. (Fue listo el Redentor a sufrir por nuestra salvación.)

Prima: 1ͺ hora después de la salida del sol (alrededor 6 de la mañana). Fue llevado N.S. J.C. al Pretorio).

Tercia: hora después de la salida del sol (8 de la mañana), recuerda el descenso del Espíritu Santo en los Apóstoles.

Sexta Hora: hora después de la salida del sol (11 de la mañana), recuerda la crucifixión de N.S.J.C.

Típica: Plegarias leídas cuando no se oficia la Divina Liturgia.

Nona: hora después de la salida del sol (2 de la tarde), recuerda la Pasión de N.S.J.C.

Vísperas: Oficio realizado al final del día (oficio de la tarde) en el que agradecemos a Dios por el día pasado.

Completas Mayores y Menores: Serie de oraciones en las que pedimos al Señor perdón por nuestros pecados, así como también por el descanso del alma y cuerpo para el sueño venidero, las Mayores se cantan en las fiestas principales, diariamente de lunes a viernes en cuaresma; las Menores todos los días.

Aparte de los oficios mencionados, el Libro de Horas contiene una serie de troparios, cánticos de alabanzas dedicados a grandes fiestas eclesiásticas y a los Santos Padres de la Iglesia. Incluyen oraciones matinales y vespertinos con las que debemos comenzar y finalizar el día.

De esta manera el que utiliza dicho libro diariamente y con devoción, no sólo complace a Dios, sino consigue una gran utilidad para la mente y el alma del que ora.

Nuestro Señor Jesucristo nos enseña clara y explícitamente la necesidad de la Oración "Velad y Rogad a fin de no caer en la tentación... Rogad conmigo..., Pedid y recibiréis...."

 

Por la Señal de la Cruz.

Para hacer la señal de la cruz debemos juntar los tres primeros dedos de la mano derecha (pulgar, índice y medio) y los otros dos (anular y meñique), se doblan hacia la palma.

Los tres primeros dedos nos demuestran nuestra fe en la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Los dos dedos doblados, significan que el Hijo de Dios bajó a la tierra siendo Dios y se hizo hombre, demostrándonos sus dos naturalezas, la divina y la humana.

Al iniciar la señal de la cruz ponemos los tres dedos juntos en: la frente, para santificar nuestra mente; en el pecho para santificar nuestros sentimientos interiores; al hombre derecho y después al izquierdo, para santificar nuestras fuerzas corporales.

La señal de la cruz nos da fuerza para rechazar y vencer el mal. Tenemos que hacerlo correctamente, sin apuro, respetuosamente y conscientemente del acto que significa el persignarse.

En caso contrario estamos demostrando: falta de interés y negligencia al hacerlo, de esta manera sólo estamos logrando que los diablos se alegren por nuestra irreverencia.

Debemos persignarnos: al iniciar, durante y al final de una oración; al reverenciar los iconos; al entrar y salir de la Iglesia; al besar la vivificante Cruz; también hay que hacerlo en los momentos críticos de nuestras vidas, en alegrías y pena, en dolor y congoja; antes y después de las comidas.

Cuando nos persignamos debemos hacerlo repitiendo mentalmente: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén." Así demostramos nuestra fe en la Santísima Trinidad. En nuestro deseo de vivir y trabajar para la gloria de Dios. La palabra Amén significa: "De verdad" o "Así sea."

 

Oración de la Mañana.

Levántate de tu lecho, sin pereza y antes de empezar cualquier obra, colócate mentalmente en presencia del Creador y ora así:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Luego permanece en silencio hasta que se tranquilicen todos tus sentimientos e inclínate tres veces, diciendo:

La oración del publicano: Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador.

Dios, ten piedad de mí, pecador.

Dios purifica mis pecados.

Tú que me criaste, oh Señor, apiádate de mí.

Sin fin he pecado, Señor perdóname.

Soberana mía, Santísima Virgen Deípara, sálvame a mí pecador.

Santo ángel de mi guarda, protégeme de todo mal.

Luego continúa así:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios, por las oraciones de Tu Purísima Madre y de todos los Santos, apiádate de nosotros. Amén.

El servicio de la Mañana en la Iglesia empieza así:

Sac.: Bendito sea nuestro Dios, perpetuamente ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén, Gloria a Ti, Nuestro Dios, gloria a Ti.

Oh, Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de Verdad, que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo bien, y Dispensador en la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Oh Bondadoso.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu Nombre.

Señor, ten piedad (tres veces).

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, como es en el cielo así en la tierra. El pan nuestro sustancial dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Lec.: Amén.

Estos Troparios:

Al levantarnos acudimos a Ti, Oh Bondadoso y Te entonamos Oh Omnipotente el himno angelical. Santo, Santo, Santo eres Tú, Oh Dios, por la Deípara, ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Del lecho y del sueño me levantaste, Señor, ilumina mi espíritu y mi corazón y abre mis labios para que Te alabe, oh Santa Trinidad, diciéndote: Santo, Santo, Santo eres Tú, Oh Dios por la intercesión de la Dípara, ten piedad de nosotros.

Ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

El supremo Juez vendrá de improviso y las obras de cada uno serán descubiertas, por eso en medio de la noche Te invocamos con temor, Santo, Santo, Santo eres Tú, Oh Dios, por tu Santa Madre ten piedad de nosotros.

Señor ten piedad (doce veces).

Al levantarme Te rindo gracias, Oh Santísima Trinidad, por no haber desencadenado Tu ira contra mí, pecador e indolente, en mérito de tu Bondad e infinita paciencia y por no haberme hecho perecer junto a mis iniquidades, sino que usando de Tu habitual misericordia, me hayas levantado de mi letargo para que pueda desde el alba glorificar tu grandeza. Y ahora Señor, ilumina mi inteligencia, abre mis labios para instruirme con tus Palabras, comprender tus Mandamientos, y hacer tu Voluntad y alabarte confesándote en mi corazón y glorificar tu Santísimo Nombre. Padre, Hijo, y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Otra Oración

Gloria a Ti, oh Rey Dios Omnipotente que por Tu divina y clemente providencia, me permitiste a mí, pecador e indigno levantarme del sueño y obtener la entrada a Tu santa casa. Recibe oh Señor la voz de mí súplica, como recibes de tus Santos noéticos fuerzas, y dígnate a recibir mis alabanzas aunque de labios corrompidos, pero de corazón puro y alma humilde, para que yo pueda con la lámpara reluciente de mi alma, ser acompañante de las sabias vírgenes y Te glorifico, en el Padre y Espíritu, oh glorificado, Dios-Palabra. Amén.

Venid inclinémonos al Rey nuestro Dios.

Venid inclinémonos y postrémonos ante Cristo, Rey y nuestro Dios.

Venid inclinémonos y postrémonos ante Cristo mismo, El es nuestro Rey y Dios.

Salmo 50

Apiádate de mí, Oh Dios, según Tu gran misericordia, según la multitud de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado, pues reconozco mis culpas, y mi pecado está siempre ante mí. Contra Ti sólo, he pecado, he hecho el mal en Tu presencia, por lo tanto, eres justo en Tu sentencia, soberano en Tu juicio. Considera que en maldad fui formado, y en pecado me concibió mi madre. Porque Tú amas la verdad; me descubriste los misterios profundos de Tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré puro; lávame y emblanqueceré más que la nieve. Hazme oír palabras de gozo y alegría, y mis huesos abatidos se estremecerán. Aparta Tu faz de mis pecados; y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, Oh Dios, un corazón puro, y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de Tu presencia, y no quites de mí Tu Espíritu Santo. Devuélveme el gozo de Tu salvación, confírmame un espíritu generoso. Enseñaré a los impíos tus caminos, y los pecadores se convertirán a Ti. Líbranos de la sangre; Oh Dios, Dios de mi salvación y cantará mi lengua Tu justicia. Abre Señor mis labios, y cantará mi boca tus alabanzas. Si hubieras deseado sacrificios, en verdad Te los ofrecería, más no son los holocaustos los que Te placen. Sacrificio agradable a Dios es el alma arrepentida; al corazón contrito y humillado, Señor, Tú no los desprecias. Señor, en Tu bondad, trata benignamente a Sión, para que puedan reedificarse los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y holocaustos, entonces se Te ofrecerán víctimas en Tu altar.

Credo

Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios nacido del Padre, antes de todos los siglos; Luz de Luz; verdadero Dios de Dios verdadero. Engendrado no hecho; consubstancial al Padre, por Quien fueron hechas todas las cosas. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también por nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado. Resucitó al tercer día según las Escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y vendrá por segunda vez lleno de gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su Reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado que habló por los profetas. Y en una Iglesia Santa Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

1ͺ Oración de San Macario el Grande

Oh Dios, purifícame, un pecador pues no he hecho nunca nada bueno en Tu presencia; líbrame del malvado, y ojalá Tú voluntad esté en mí, para que yo pueda abrir mis labios indignos sin condenación, y alabar Tu Santo Nombre de Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

2ͺ Oración

Al despertar de mi sueño, Te ofrendo, Oh Salvador, el cantar de medianoche y me postro diciéndote: concédeme no dormirme para morir en pecado, al contrario apiádate de mí, Oh Tú que fuiste voluntariamente crucificado, y Te apresuras a levantarme que estoy postrado, rendido por la pereza, y me salvas por la oración e intercesión, y después del sueño de la noche, bendíceme con un día inmaculado y sálvame Oh Cristo, Dios.

3ͺ Oración

Al despertar de mi sueño me acerco precipitadamente a Ti, Oh Soberano, Amante de la humanidad, y por Tu bondad me esfuerzo por cumplir Tu obra, y Te suplico: ayúdame siempre, en todo, y líbrame de todo lo malo del mundo, del demonio, que me apura, sálvame y llévame a Tu Reino eterno. Porque Tú eres mi Creador, el Donador y Proveedor de todo lo bueno, y toda mi esperanza está en Ti, yo Te alabo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

4ͺ Oración

Oh Señor, que me has hecho la gracia de tu gran bondad y de tu gran compasión a mí que soy Tu servidor, para que pase el transcurso de esta noche sin la tentación de ningún mal antagonista, Soberano y Creador de todo, por tu verdadera luz y con el corazón iluminado concédeme hacer Tu voluntad, ahora y siempre, y por los siglos de siglos. Amén.

5ͺ Oración

Todopoderoso Soberano, Dios nuestro, que recibe de tus Poderes Celestiales el himno tres veces sagrado, recibe también de mí, Tu indigno servidor, este breve poema de la noche y hazme la gracia para que todos los años de mi vida y todas las horas Te alabe a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

1ͺ Oración de San Basilio el Grande

Todopoderoso Señor, Dios de los poderes y de toda la carne, que vives en lo más alto y miras a los humildes, que escudriñas nuestros corazones y afectos, y sabes de antemano los secretos de los hombres; eterna e imperecedera luz, en Quien no hay cambio ni sombras de variación; Oh Rey Inmortal, recibe nuestras plegarias, Te las ofrecemos con labios impuros, confiando en Tus innumerables bendiciones. Perdónanos todos los pecados cometidos en pensamiento, palabra o acción, consciente e inconscientemente, y purifícanos de toda corrupción de la carne y el espíritu. Concédenos pasar la noche de la presente vida con el corazón alerta y pensamiento cuerdo, aguardando siempre el advenimiento del día radiante de la aparición de Tu único engendrado Hijo, Nuestro Señor y Dios y Salvador, Jesucristo, cuando el Juez de todos ha de venir en gloria a emitir sentencia a cada uno de acuerdo a sus actos. Ojalá no nos encuentre caídos en pecado ni ociosos, sino que despiertos y alertas para la acción, listos para acompañarlo en el divino palacio de sus aventuranzas, donde se oye un incesante sonido de los que acatan el festival y el inefable placer de los que contemplan la inexpresable belleza de su rostro. Porque Tú eres la verdadera luz que iluminas y santificas a todos, y toda la creación Te canta por los siglos de los siglos. Amén.

2ͺ Oración

Te bendecimos, oh Altísimo Dios y Señor de la misericordia. Que estás siempre realizando innumerables, grandes e inescrutables cosas con nosotros, gloriosas y maravillosas. Que nos permites dormir para tregua de nuestras debilidades y reposo de los agobios de nuestra fatigadísima carne. Te agradecemos que Tú no nos hayas destruido por nuestros pecados y por el contrario nos hayas amado como siempre y aunque estemos sumidos en la desesperación, Tú nos has levantado para alabar tu poder. En consecuencia, imploramos que en Tu incomparable bondad nos ilumines los ojos de nuestra comprensión y eleve nuestra mente del pesado sueño de la indolencia; abra nuestra boca y la colme con Tu alabanza, para que seamos capaces sin distraernos de cantarte y confesarnos a Ti, que eres Dios glorificado en todo y por todos, el Padre eterno, con Tu único engendrado Hijo, y Tú absolutamente santificado y bueno y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Canción A La Santísima Madre De Dios

Yo le canto a Tu gracia, oh Soberana, y Te suplico honrar mi mente. Enséñame a caminar correctamente por la senda de los mandamientos de Jesucristo. Fortaléceme para mantenerme alerta en el cantar y desvanece el ensueño del desaliento. Libérame, trabado por las cadenas del pecado, Oh novia de Dios, por tus oraciones. Protégeme de noche y de día, y ahuyenta a mis enemigos que me derrotan. Oh Portadora de Dios, el Donador de la Vida, despabílame a mí que estoy amortecido por las pasiones. Oh Portadora de la luz inagotable, ilumina mi alma enceguecida. Oh Maravilloso Palacio de Jesucristo, hazme una casa del Espíritu Divino. Oh Madre del Curador, cura las perennes pasiones de mi alma. Guíame por la senda del arrepentimiento, pues estoy a merced de la tormenta de la vida. Redímeme del fuego eterno, de la guerra feroz y del tártaro. Desenmascárame como culpable pues lo soy de muchos pecados. Renuévame, envejecido por tantos pecados necios, Oh Inmaculadísima. Exhíbeme intacto de todos los tormentos, y ruega por mí ante el Ser Supremo de todos. Concédeme la gracia de recibir los goces del Cielo con todos los Santos. Oh Santísima Virgen, oye la voz de Tu inútil sirviente. Concédeme el raudal de las lágrimas, Oh Purísima, para purificar mi alma de la impureza. Te ofrezco los gemidos de mi corazón a Ti incesantemente. Esfuérzate por mí, Oh Soberana. Acepta mi servicio de súplica y ofréndaselo al Dios misericordioso. Oh Tú que estás por sobre los ángeles, álzame arriba de la confusión de este mundo. Oh Tabernáculo celestial Ostentación de Luz, dirige la gracia del Espíritu dentro de mí. Alzo mis manos y labios para alabarte, corrompidos como están por la impureza. Oh Inmaculadísima. Libérame de las maldades que corrompen el alma, e intercede fervorosamente ante Cristo, Quien merece honor con adoración, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a Nuestro Jesucristo

Mi más misericordioso y clementísimo Dios, Señor Jesucristo, por tu gran amor Tú descendiste y cautivaste el género humano para salvarlos a todos. Y otra vez, Oh Salvador, sálvame por Tu gracia, Te lo suplico, pues si Tú me salvaras por mis obras, esto no sería gracia ni don, sino más bien un deber. En realidad, en Tu infinita compasión e indecible misericordia, Tú, Oh mi Cristo has dicho: quienquiera que crea en Mí vivirá y nunca morirá. Si la fe en Ti salva a los desesperados, sálvame, pues Tú eres mi Dios y creador. Atribúyelo a mi fe en vez de a mis actos. Oh mi Dios, porque Tú no encontrarás actos que pudieran justificarme, pero ojalá mi fe sea suficiente para todos mis actos. Ojalá que baste y se me absuelva, y ojalá me haga participante de Tu gloria eterna, y ojalá que Satán no me coja, Oh Palabra de Dios, y se jacte que me ha separado de Tu mano y rebaño. Oh Cristo, mi Salvador, quiéralo yo o no, sálvame. Apresúrate, rápido, rápido, pues perezco. Tú eres mi Dios desde las entrañas de mi madre. Concédeme, Oh Dios que Te ame ahora como alguna vez amé el pecado, y también que trabaje para Ti sin pereza, como trabajé antes para el engañoso Satán. Pero primordialmente trabajaré para Ti, mi Señor y Dios, Jesucristo, todos los días de mi vida, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oración al Ángel Guardián de la Vida Humana

Oh Ángel Santo, intercede por mi alma despreciable y mi vida apasionada, no me abandones, ni me evadas por mi intemperancia. No des lugar a que el demonio insidioso me domine a causa de la violencia de mi cuerpo mortal. Fortalece mi pobre y débil mano y guíame por el camino de la salvación. Oh Ángel Santo de Dios, guardián y protector de mi cuerpo y de alma miserables, perdóname todos los insultos que Te he dirigido todos los días de mi vida, y por todos los pecados que pueda haber cometido durante la pasada noche. Protégeme durante el presente día, y escúdame de toda tentación del enemigo, para que no pueda airar a Dios por ningún pecado. Y ruega al Señor por mí, para que Él pueda fortalecerme en Su temor, y hacerme, Su esclavo, digno de Su bondad. Amén.

Oración a la Deípara (Virgen María, o Madre de Dios).

Mi Santísima Soberana, Deípara, por Tus santas y omnipotentes oraciones que destierren de mí, Tu humilde y despreciable servidor, el abatimiento, el olvido, la insensatez, la negligencia, y todos los pensamientos impuros, malignos e impíos de mi miserable corazón y de mi ofuscada mente. Y extingue la llama de mis pasiones, pues soy pobre y desdichado, y redímeme de mis numerosos crueles recuerdos y actos, y líbrame de todos sus nocivos efectos; pues bendita eres Tú por todas las generaciones, y glorificado sea Tu muy honorable nombre por los siglos de los siglos. Amén.

Bajo tu tierna compasión acudimos Virgen, Deípara, no rechaces nuestras plegarias en nuestro infortunio, sino que líbranos del mal, oh Única pura y bendita.

Gloriosísima siempre Virgen y Madre de Cristo Dios, presenta nuestras plegarias a Tu Hijo y nuestro Dios, rogándole para que salve, por Tu mediación, a nuestras almas.

Canción a la Deípara

Alégrate, Virgen María, Deípara, llena eres de gracia, El Señor es contigo, Bendita eres entre las mujeres, y bendito es el Fruto de Tu Vientre, porque has dado a luz al Salvador de nuestras almas. (tres veces).

Oración por Intercesión a las Huestes Angelicales o Anfitriones Angelicales

Oh Anfitriones angelicales y Celestiales de los Santos Ángeles y Arcángeles, rueguen por nosotros pecadores.

Oración por Intercesión a todos los Santos

Oh gloriosos Apóstoles, Profetas y Mártires, y todos los Santos, rogad por nosotros pecadores.

Invocación Piadosa al Santo Cuyo Nombre Llevamos

Ruega por mí, Santo(a) (nombre), pues con devoción acudo a Ti, rápido asistente e intercesor(a) de mi alma.

Digno es realmente bendecirte oh Deípara. Siempre bienaventurada e inmaculada y Madre de Dios. Oh más honorable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines, Tú que sin corrupción engendraste al Verbo Dios, verdaderamente eres la Deípara, Te magnificamos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. Señor, ten piedad. (tres veces).

En el nombre del Señor bendice padre, (si es Obispo), Soberano bendice.

Sac.: Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesucristo Hijo de Dios, ten piedad de nosotros. Amén.

Intercesión

Cada cristiano es obligado a rezar por su prójimo, por eso decimos las siguientes oraciones:

Oración a Nuestro Señor Jesucristo

Empieza siempre tus alabanzas con agradecimiento.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Te agradezco (postración)

Señor Jesucristo, Hijo de Dios ten piedad de los enfadados (postración)

Señor Jesucristo, Hijo de Dios ten piedad de mi prójimo (postración)

Señor Jesucristo, Hijo de Dios da descanso a los muertos (postración)

Señor Jesucristo, Hijo de Dios ten piedad de mí pecador (postración)

Señor Jesucristo, Hijo de Dios ayúdame en mi vida espiritual (postración)

Señor Jesucristo, Hijo de Dios ayúdame en mi vida cotidiana (postración)

Intercesión

Conmemoración de los Vivos y los Muertos (en las fiestas principales, Víspera de Domingo no se hace postración hasta el suelo, sino inclinación hasta la cintura, se hace reverencia).

Recuerda, Oh Señor Jesucristo nuestro Dios, Tus caridades y dádivas que son de la eternidad, y a través de la cual Tú Te hiciste hombre y forjaste voluntad para sufrir la crucifixión y la muerte por la salvación de los que rectamente creen en Ti, y habiéndose levantado de entre los muertos ascendientes al cielo, y se sentaron a la diestra de Dios Padre y consideraron las humildes peticiones de los que Te invocan de todo corazón: escucha con simpatía, y oye el humilde ruego mío, Tu indigno sirviente, como la fragancia de incienso espiritual, que yo Te ofrezco por toda la gente. Y recuerda primero Tu Santa Iglesia Católica y Apostólica, que Tú has provisto a través de Tu Preciosa Sangre. Confírmala, robustécela, extiéndela y agrándala, y consérvala en paz, y para siempre como prueba contra el poder del hades. Calma los desacuerdos de las Iglesias, y anula los planes de los poderes de la oscuridad, desvanece la parcialidad de las naciones, y rápidamente arruina y erradica las insurrecciones heréticas, y frústralas por el poder del Espíritu Santo. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de nuestro presidente y de todos aquellos que tengan autoridad a través de todo el mundo, comandantes en jefe de ejércitos y armadas y flotas aéreas, gobernadores de provincias y ciudades, y de todas las armadas, ejércitos y policías amantes de Cristo; protege su poder con paz, y avasalla a sus pies a todos sus enemigos y adversarios, y comunica paz y bendición a sus corazones por Tu Iglesia Sagrada, y por toda Tu grey, y concede que en su serenidad podamos nosotros también llevar una vida sosegada y pacífica con verdadera religión, con toda piedad y honestidad. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de los Patriarcas Ortodoxos, Metropolitanos, Arzobispos y Obispos, Sacerdotes y Diáconos, y de todos los que sirven a la Iglesia, y a quienes Tú has ordenado que alimenten Tu rebaño espiritual; y por sus oraciones, ten piedad de mí, un pecador. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de nuestro padre (cura parroquial o abad de monasterio), con todos sus hermanos en Cristo, y por todas sus oraciones ten piedad de mí, despreciable como soy. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de mí Padre Espiritual (nombre) y por sus oraciones perdone mis pecados. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de todos los trabajadores de esta santa comunidad, nuestros hermanos y todos los trabajadores manuales, y trabajadores laicos, y labradores de este monasterio, y de todos los Cristianos. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de mis padres (nombres), de mis hermanos y hermanas y de todos mis parientes, y de los vecinos de mi familia, y amigos, y concédeles Tus bienes terrenales y espirituales. Postración

Salva, Oh Señor y ten piedad de los que viven y habitan en los monasterios de la Santa Montaña y en la Tierra Santa, de los Padres y Hermanos y Hermanas (en Rusia, China, Yugoslavia, Polonia, Bulgaria, Rumania) y de todas partes, y por sus oraciones ten piedad de mí, un pecador. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad en razón de tus innumerables mercedes, de todos los sacerdotes, monjes y monjas, y de todos los que viven en virginidad, devoción y ayuno, en monasterios, en desiertos, en grutas, en montañas, en columnas, en ermitas, en las grietas de las rocas, y en verdadera fe en todos los lugares de Tu dominio, y sirviéndote con devoción, y orando por Ti. Aligera su carga, consuélalos en su aflicción, y concédeles fortaleza, energía y perseverancia en su lucha, y por sus oraciones concédeme perdón de mis pecados. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de los viejos y jóvenes, de los pobres y menesterosos, de los huérfanos y viudas, de los leprosos, epilépticos y paralíticos, y de aquellos víctimas de la enfermedad y la pena, de la desgracia y la congoja, de los cautivos y exiliados, en las minas y prisiones y reformatorios, y especialmente de aquellos que Tus servidores que son perseguidos por amor a Ti y por la Fe Ortodoxa de los pueblos impíos, apóstatas y herejes. Visita, fortalece, conforta y cúralos, y por Tu poder rápidamente concédeles alivio, libertad y redención. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de nuestros benefactores, que tienen piedad de nosotros y nos alimentan, y nos mitigan la ansiedad dándonos limosna, y encomiéndanos, indignos como somos, la misión de orar por ellos; y dales Tu gracia, y concédeles todas sus peticiones que conducen a la salvación, y a la consecución del goce eterno. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de los Padres y Hermanas, de nuestra Cofradía, y de todos los Cristianos Ortodoxos que son mensajeros y misioneros a Tu servicio, y están viajando. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de aquellos a quienes haya ofendido o escandalizado con mi locura o descuido, y a quienes haya apartado del camino de la salvación, y a quienes haya guiado hacia el mal y actos dañinos. Por Tu divina providencia restitúyelos de nuevo por la senda de la salvación. Postración

Salva, Oh Señor, y ten piedad de aquellos que me odian y ofenden, y me hacen daño, y nos los dejes perecer por mí, un pecador. Postración

Ilumina con la luz del don a todos los apóstoles de la Fe Ortodoxa, y a aquellos cegados por perniciosas herejías, y atráelos hacia Ti, y únelos a Tu Iglesia Santa, Apostólica, Católica. Postración.

Por los Idos en el Sueño

Recuerda, Oh Señor, a los que han dejado esta vida, reyes y reinas, príncipes y princesas Ortodoxos, Patriarcas Ortodoxos, Metropolitanos, Arzobispos y Obispos, Sacerdotes y Diáconos y aquellos que Te han servido en el Estado Monástico, y a los laicos de la Iglesia, y a los benditos fundadores de todas las Iglesias y monasterios, y concédeles descanso con los Santos en Tus eternas moradas. Postración.

Oración de Recordación para los Padres Idos en el Sueño

Recuerda, Oh Señor, las almas de Tus servidores que han partido en el sueño, mis padres (nombres), y a todos mis parientes (de acuerdo al parentesco); perdónales sus pecados, voluntarios e involuntarios; concédeles el Reino y una parte de Tus goces eternos, y el encanto de Tu vida bienaventurada y eterna. Postración.

Oración por la Hermandad Monacal

Recuerda, Oh Señor, además a todos los Padres, Hermanos, hermanas y miembros de nuestra Cofradía que han partido en el sueño con la esperanza de la resurrección y vida eterna, y a los Cristianos Ortodoxos que yacen aquí y en todo el mundo, y con tus Santos dales reposo donde brilla la luz de Tu Rostro y ten piedad de nosotros, porque Tú eres bueno y Amante de la humanidad. Amén. Postración.

Al Final, Recitar Tres Veces:

Concede, Oh Señor, perdón de todos los pecados a Nuestros Padres, Hermanos y Hermanas partidos en la fe y esperanza de la resurrección, y concédeles eterna recordación, eterna recordación, eterna recordación. Postración

 

Oficio de Medianoche Diario.

Sac.: Bendito sea nuestro Dios perpetuamente ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén, Gloria a Ti, Nuestro Dios, Gloria a Ti.

Oh, Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de Verdad, que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y Dispensador en la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Oh Bondadoso.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros, (tres veces)

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones, Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu Nombre.

Señor, ten piedad (tres veces).

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, como es en el cielo así en la tierra. El pan nuestro sustancial dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén.

Lec.: Señor ten piedad, (doce veces).

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Venid inclinémonos al Rey nuestro Dios.

Venid inclinémonos y postrémonos ante Cristo, Rey y nuestro Dios.

Venid inclinémonos y postrémonos ante Cristo mismo, El es nuestro Rey y Dios.

Salmo 50

Apiádate de mí, Oh Dios, según Tu gran misericordia, según la multitud de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado, pues reconozco mis culpas, y mi pecado está siempre ante mí. Contra Ti sólo, he pecado, he hecho el mal en Tu presencia, por lo tanto, eres justo en Tu sentencia, soberano en Tu juicio. Considera que en maldad fui formado, y en pecado me concibió mi madre. Porque Tú amas la verdad; me descubriste los misterios profundos de Tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré puro; lávame y emblanqueceré más que la nieve. Hazme oír palabras de gozo y alegría, y mis huesos abatidos se estremecerán. Aparta Tu faz de mis pecados; y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, Oh Dios, un corazón puro, y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de Tu presencia, y no quites de mí Tu Espíritu Santo. Devuélveme el gozo de Tu salvación, confírmame un espíritu generoso. Enseñaré a los impíos tus caminos, y los pecadores se convertirán a Ti. Líbranos de la sangre; Oh Dios, Dios de mi salvación y cantará mi lengua Tu justicia. Abre Señor mis labios, y cantará mi boca tus alabanzas. Si hubieras deseado sacrificios, en verdad Te los ofrecería, más no son los holocaustos los que Te placen. Sacrificio agradable a Dios es el alma arrepentida; al corazón contrito y humillado, Señor, Tú no los desprecias. Señor, en Tu bondad, trata benignamente a Sión, para que puedan reedificarse los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y holocaustos, entonces se Te ofrecerán víctimas en Tu altar.

Kathisma 17.

Salmo 118

I

Bienaventurados los que proceden sin mancilla, los que caminan según la ley del Señor. Bienaventurados los que examinan con cuidado los testimonios del Señor, los que le buscan de todo corazón. Porque los que cometen la maldad, no andan por los caminos del Señor. Tú ordenaste que se guarden exactamente tus mandamientos. Ojalá sean enderezados mis pasos a observar tus justísimas leyes. Entonces no será confundido, cuando tuviere fijos mis ojos en todos tus preceptos. Con sincero corazón Te alabaré, porque aprendí los juicios de Tu justicia. Observaré tus justos decretos, no me desampares jamás. Cómo enmendará el tierno joven su conducta, observando tus palabras. Yo Te he buscado con todo mi corazón, deposité tus palabras, para no pecar contra Ti. Bendito eres Tú, Oh Señor, enséñame tus justísimos preceptos. Ha anunciado mis labios todos los oráculos que han salido de Tu boca. Me he deleitado más que en todos los temores, en seguir el camino de tus preceptos. Yo contemplaré tus mandamientos, y consideraré tus leyes. Me deleitaré en tus preceptos, y no me olvidaré de tus palabras. Concede esta gracia a tus siervos y que viva y guarde tus palabras. Quita el velo de mis ojos y contemplaré las maravillas de Tu ley. Peregrino soy yo sobre la tierra, no me ocultes tus preceptos. Ardió mi alma en deseos de amar Tu justísima ley en todo tiempo. Tú aterraste a los soberbios, malditos aquellos que se desvían de tus mandamientos. Líbrame del oprobio y del desprecio; pues he guardado exactamente tus testimonios. Hasta los príncipes se pusieron de acuerdo para deliberar contra mí, mas Tu siervo contemplaba tus justísimos mandamientos. Porque tus decretos son la materia de mis meditaciones, y tus justas leyes mi consejo. Pegada está contra el suelo mi alma; vuélveme la vida según Tu palabra. Te expuse el estado de mi carrera, y me atendiste, amaéstrame en tus justísimas disposiciones. Enséñame el camino de la justicia y contemplaré tus maravillas. Adormecida de tedio el alma mía; comunícame vigor con tus palabras. Aléjame de la senda de la iniquidad, hasta la gracia que viva según la ley. He escogido el camino de la verdad; siempre tengo presente tus juicios. Me he apoyado, Señor, en los testimonios de Tu ley; no permitas que me vea confundido. Corrí por el camino de tus mandamientos; cuando Tú ensanchaste mi corazón. Dame, Oh Señor, por norma el camino de tus justísimos mandamientos; e iré siempre por él. Dame inteligencia; y estudiaré atentamente Tu ley, y la observaré con todo mi corazón. Guíame por la senda de tus preceptos; pues esa es la que deseo. Inclina mi corazón a tus testimonios; y no le dejes ir en pos de la codicia. Aparta mis ojos para que no miren la vanidad; haz que viva siguiendo Tu camino. Haz que Tu siervo se afirme en Tu palabra, por medio de Tu temor. Aparta de mí el oprobio que yo he temido; pues tus juicios son tan amables. Mira como estoy enamorado de tus mandamientos, hazme vivir conforme a Tu justicia. Y venga, Oh Señor sobre mí Tu misericordia; venga a mí Tu salvación, según Tu promesa. Y daré por respuesta a los que me zahieren; pues tengo puesta mi esperanza en tus promesas. Y nunca quites de mi boca la palabra de la verdad, ya que tanto he confiado en tus promesas. Por eso observaré siempre Tu ley, para siempre y por los siglos de los siglos. Yo caminaré con libertad y sosiego; porque busqué tus mandamientos. Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré de ellos. Y me recrearé en tus preceptos, objeto de mi amor. Y alzaré mis manos hacia tus mandamientos, que he amado; meditaré tus justas disposiciones. Acuérdate de la promesa que hiciste a Tu siervo, con que me diste esperanza. Ella me consoló en medio de mi humillación; y Tu palabra me dio vida. Los soberbios me encarnecían hasta el extremo; pero yo no por eso me separé de Tu ley. Acuérdame, Oh Señor, de tus eternos juicios, y quedaré consolado. Desmayé de dolor, por causa de los pecadores que abandonaban Tu ley. En el lugar de mi destierro eran tus justísimos mandamientos el asunto de mis cánticos. Durante la noche me acordaba de Tu nombre, Oh Señor, y guardaba Tu ley. Tu favor he implorado de todo corazón; apiádate de mí, según Tu promesa. He examinado mi vida, y enderezado mis pasos a la observancia de tus mandamientos. Estoy resuelto, y nadie me arredrará de cumplir tus mandamientos. Los lazos de los pecadores me rodean por todas partes; mas yo no me olvido de Tu ley. A medianoche me levantaba a tributarte gracias por tus juicios llenos de justicia. Yo entro a la parte, con todos lo que Te temen y observan tus mandamientos. Llena está la tierra, Oh Señor, de tus piedades, amaéstrame en tus justísimos preceptos. Has usado la bondad, Oh Señor, con Tu siervo; según Tu promesa. Enséñame la bondad, la doctrina y la sabiduría; pues he creído tus preceptos. Antes de ser yo humillado, pequé, mas ahora obedezco Tu palabra. Eres bueno, instrúyeme, pues, por Tu bondad, en tus justísimas disposiciones. Los soberbios han forjado mil calumnias contra mí; pero con todo mi corazón guardaré tus mandamientos. Encrásose su corazón como leche cuajada; mas yo me ocupo en meditar Tu ley. Bien está que me hayas humillado, para que aprenda tus justísimos preceptos. Mejor es para mí la ley que salió de Tu boca, que millones de oro y plata.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya, Aleluya, Aleluya, Gloria a Ti Oh Dios, (tres veces)

Gloria al Padre..., ahora y siempre... Amén.

II

Tus manos me hicieron y me formaron; dame el entendimiento y aprenderé tus mandamientos. Viéranme los que Te temen, y se llenarán de gozo, porque puse toda mi esperanza en tus palabras. He conocido, Señor, que tus juicios son justísimos; conforme a Tu verdad me has humillado. Venga la misericordia tuya a consolarme, según la palabra que diste a Tu siervo. Vengan sobre mí tus piedades, y viviré; puesto que Tu ley es mi meditación. Confundidos sean los soberbios, por los inicuos atentados que han cometido contra mí; entretanto meditaré tus mandamientos. Reúnanse conmigo los que temen, y los que conocen tus testimonios. Haz que mi corazón se conserve puro en tus mandamientos, para que yo no quede confundido. Desfallece mi alma, suspirando por la salud que de Ti viene, mas yo he esperado firmemente en Tu palabra. Desfallecieron mis ojos de tanto esperar Tu promesa. Cuándo será que me consolarás. Porque yo me he quedado como un odre expuesto a la escarcha; mas no he olvidado tus justísimos preceptos. Cuántos son los días de Tu siervo. Cuándo harás justicia de mis perseguidores. Contáronme los impíos fábulas: Cuán diferente es todo esto de Ley. Todos tus preceptos son la verdad. Me han perseguido injustamente, socórreme. Poco faltó para que no dieran conmigo en la tierra; pero yo no abandoné tus preceptos. Vivifícame, según Tu misericordia; y observaré los mandamientos brotados de Tu boca. Eternamente, Oh Señor, permanece en los cielos Tu palabra. Tu verdad durará de generación en generación. Tú fundaste la tierra, y ella subsiste. En virtud de Tu ordenación continúa el curso de los días; pues todas las cosas Te sirven. De no haber sido Tu ley el objeto de mi meditación, hubiera sin duda perecido mi angustia. Nunca jamás olvidaré tus justísimas instituciones; pues me diste en ellas la vida. Tuyo soy yo, sálvame, pues he investigado con ansias tus mandamientos. Estuvieron los pecadores a la mira de mí para perderme; yo me dedique a estudiar tus oráculos. Tengo visto el fin de lo más perfecto y cumplido, sólo Tu ley no tiene ningún término ni medida. Cuán amable me es Tu ley, Oh Señor Todo el día es materia de mi meditación. Con Tu mandamiento me hiciste superior en prudencia a mis enemigos, porque le tengo perennemente ante mis ojos. Yo he comprendido más que todos mis maestros, porque tus mandamientos son mi meditación. Alcancé más que todos los ancianos, porque he ido investigando tus palabras. De tus estatutos no me he desviado, porque Tú me lo prescribiste por ley. Oh cuán dulces son a mi paladar tus palabras más que la miel a mi boca. De tus mandamientos saqué caudal de ciencias, por eso aborrezco toda senda de iniquidad. Tu palabra es como antorcha para mis pies, y luz para mi senda. Juré y ratifiqué el observar tus justísimos decretos. Abatido he sido, Señor, en gran manera, vivifícame según Tu promesa. Recibe, Oh Señor, con agrado los espontáneos sacrificios que Te ofrecen mis labios, y enséñame tus juicios. Tengo siempre mi alma en la mano, pero no me olvidé de Tu ley. Tendiéronme lazos los pecadores, pero yo salí del camino de tus mandamientos. He adquirido tus testimonios, para que sean eternamente mi patrimonio, pues son ellos la alegría de mi corazón. Incliné mi oración a la práctica perpetua de tus justísimos mandamientos por la esperanza del galardón. Aborrecí a los impíos, y amé Tu ley. Tú eres mi auxilio y amparo, y en Tu palabra tengo puesta toda mi esperanza. Retiraos de mí, malignos; yo me ocuparé en estudiar los mandamientos de mi Dios. Acógeme, según Tu promesa, y haz que yo viva, y no permitas que quede burlada mi esperanza. Ayúdame, y seré salvado, y meditaré continuamente tus justos decretos. Miras con desprecio a todos aquellos que se desvían de tus preceptos porque injusto es su modo de pensar. He llamado la atención, por incorrectos, a todos los pecadores de la tierra, por eso amé tus testimonios. Traspasa con Tu amor mis carnes, pues tus juicios me han llenado de espanto. He ejercido la rectitud y la justicia, no me abandones en poder de los calumniadores. Da la mano a Tu siervo para obrar el bien, no me opriman con calumnias los soberbios. Desfallecieron mis ojos, esperando me viniera de Ti la salvación, y el cumplimiento de Tu palabra. Trata a Tu siervo conforme Tu misericordia, y enséñame tus justísimos decretos. Siervo tuyo soy, dame inteligencia para que comprenda tus preceptos. Tiempo es, Oh Señor, de obrar; han echado por el suelo Tu ley. Por lo mismo he amado tus mandamientos más que el oro y los topacios. Por eso me encaminé por la senda de todos tus preceptos, y he detestado todos los caminos de la iniquidad. Admirables son tus testimonios, por eso los ha observado exactamente mi alma. La explicación de tus palabras ilumina y da inteligencia a los pequeñuelos. Abrí la boca, y respiré, porque estaba anhelando en pos de tus mandamientos.

Gloria al Padre..., ahora y... Amén.

Aleluya, Aleluya, Aleluya. Gloria a Ti Oh Dios. (Tres veces).

Señor, ten piedad. (Tres veces).

Gloria al Padre..., ahora y... Amén.

III

Vuelve hacia mí tus ojos y mírame con piedad, según sueles hacerlo con los que aman Tu nombre. Endereza mis pasos según la norma de tus palabras, y haz que no reine en mí injusticia ninguna. Líbrame de las calumnias de los hombres, para que yo cumpla tus mandamientos. Haz brillar sobre Tu siervo la luz de Tu rostro, y enséñame tus justísimos decretos. Arroyos de lágrimas han derramado mis ojos, por no haber observado Tu ley. Justo eres, Oh Señor, y rectos tus juicios. Recomendaste estrechamente la observancia de tus preceptos que son la misma justicia y verdad. Mi celo me ha hecho consumir de dolor, porque mis enemigos se han olvidado de tus palabras. Acendrada en extremo es Tu palabra, y está Tu siervo enamorado de ella. Pequeñuelo soy yo, y de poca estima, mas no he puesto en olvido tus justísimos oráculos. Tu justicia es eterna justicia, y Tu ley la verdad. Sorprendiéronme las tribulaciones y angustias; tus mandamientos son mi meditación. Llenos están de eterna justicia los testimonios de Tu ley; dame la inteligencia de ellos, y tendré vida. Clamé con todo mi corazón: escúchame, Oh Señor, y haz que yo vaya en pos de tus justísimos preceptos. A Ti clamé; sálvame, para que yo observe tus mandamientos. Me anticipé muy de mañana, porque esperé firmemente en tus palabras. Antes de amanecer dirigieron mis ojos hacia Ti para meditar Tu ley. Escucha, Señor, mi voz según Tu misericordia; y vivifícame conforme lo has prometido. Arrimáronse a la iniquidad mis perseguidores, y alejáronse de Tu ley. Cerca estás, Oh Señor, y todos tus caminos son la verdad. Desde el principio conocí que has establecido tus preceptos para que subsistan eternamente. Mira mi abatimiento, y líbrame; pues no me he olvidado de Tu ley. Sentencia Tú mi causa, y libérame, por respeto a Tu palabra vuélveme la vida. Lejos está de los pecadores la salvación, porque no han cuidado de tus justísimos preceptos. Tus misericordias Señor, son muchas; vivifícame según Tu promesa. Muchos son los que me persiguen y atribulan, pero yo no me he desviado de tus mandamientos. Veíalos prevaricar y me consumía el dolor; al ver que no hacían caso de tus palabras. Mira, Oh Señor, cuánto he amado tus mandamientos; por Tu misericordia otórgame la vida. El principio de tus palabras es la verdad; eternas son todas las disposiciones de Tu justicia. Sin causa ninguna me han perseguido los príncipes; mas mi corazón ha temido tus palabras. He de alegrarme en tus promesas, como quien encuentra en ellas ricos despojos. Aborrecí la injusticia, la detesté, y he amado Tu ley. Siete veces al día Te tributé alabanzas por los oráculos de Tu justicia. Gozan de suma paz los amadores de ley; sin que encuentren tropiezo alguno. Yo esperaba, Señor, la salud que viene de Ti, y amaba tus mandamientos. Mi alma ha guardado tus preceptos, y los ha amado ardientemente. He observado tus mandamientos y testimonios, porque todas mis acciones están presentes a tus ojos. Lleguen, Oh Señor, a Tu presencia mis plegarias, conforme a Tu promesa dame el entendimiento. Penetren mis ruegos hasta llegar ante Tu acatamiento, líbrame según Tu palabra. Rebosarán mis labios en himnos de alabanza, cuando Tú me enseñes tus justísimos oráculos. Mi lengua anunciará Tu palabra, porque todos tus preceptos son la equidad. Extiende Tu mano para salvarme, pues yo he preferido a todo tus mandamientos. Oh Señor, ardientemente he deseado la salud que de Ti viene, y Tu ley es el objeto de mi meditación. Vivirá mi alma, y Te alabará; y tus juicios serán mi apoyo. He andado errante como oveja descarriada; ven a buscar a Tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre... Amén.

Credo

Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios nacido del Padre, antes de todos los siglos; luz de luz; verdadero Dios de Dios verdadero. Engendrado no hecho; consubstancial al Padre, por Quien fueron hechas todas las cosas. Quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación, bajó de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también para nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado. Resucitó al tercer día según las escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y vendrá por segunda vez lleno de gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su Reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado que habló por los profetas. Y en una Iglesia Santa Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

Trisagio: Santo Dios... más líbranos del malvado.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino...

Lec.: Amén.

Los Troparios Tono 8

He aquí viene el Esposo a medianoche, bienaventurado el siervo que encuentra velando, mas, el que está inadvertido indigno es. Cuida alma mía de no caer en profundo sueño y ser arrojada fuera del Reino, y entregada a la muerte, más velad clamando: Santo, Santo, Santo eres Tú oh Dios, por la intercesión de la Deípara, ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Meditando en aquel día terrible, oh alma mía, vigila guardando Tu vela prendida y llénala con óleo, pues no sabes cuando Te llega la voz diciendo: he aquí viene el Esposo, por eso cuídate alma mía para no quedar dormida profundamente y quedarás afuera golpeando como las cinco vírgenes. Vigila para poder encontrar a Cristo con óleo copioso, y El Te concederá la divina gloria.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Teotoquio: A Ti inexpugnable pared, confirmación de salvación, Virgen Deípara, Te suplicamos, destruyas los consejos de los adversarios, protege Tu ciudad (convento) aseguras la victoria de los ortodoxos cristianos, ruega por la paz del mundo, porque Tú, oh Deípara, eres nuestra esperanza.

Señor ten piedad (cuarenta veces).

Tú que en todo tiempo y a toda hora en el cielo y en la tierra eres adorado y glorificado, Cristo Dios muy paciente de gran piedad, muy benevolente, Tú que amas a los justos, y tienes misericordia de los pecadores, llamando a todos a la salvación, prometiendo los bienes futuros; Tú oh Señor, recibe en esta hora, nuestras súplicas, y dirige nuestras vidas en las sendas de tus mandamientos. Santifica nuestras almas, purifica nuestros cuerpos, guía nuestros pensamientos, purifica nuestras intenciones; líbranos de toda aflicción, maldad y dolencia; rodéanos con tus santos ángeles, para que con su poder seamos guiados y protegidos a fin de llegar a la unidad de la fe y al conocimiento de Tu inaccesible gloria, porque eres bendito y glorificado por los siglos de los siglos. Amén.

Señor ten piedad (tres veces).

Oh más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines, Tú que sin corrupción engendraste al Verbo-Dios, verdaderamente eres la Deípara, Te magnificamos.

Gloria al Padre... Ahora y siempre... Amén

En el nombre del Señor bendice Padre, (si es Obispo), Soberano bendice.

Sac.: Dios ten misericordia de nosotros y bendícenos, resplandece Tu rostro sobre nosotros y ten piedad de nosotros.

Y si es tiempo cuaresmal, decimos la oración de San Efrén el Sirio dividiéndola en 3 partes y haciendo 3 postraciones.

Sac.: Oh Señor y Soberano de mi vida, no me des espíritu de ociosidad, de aflicción, de amor al mando y de habladurías. Postración

Sino concédeme el espíritu de castidad, humildad, paciencia y amor. Postración

Oh Señor y Rey, hazme ver mis propias culpas y no juzgar a mi hermano, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén. Postración

Después de 12 reverencias y/o inclinaciones hasta el cinturón persignándose primero y con cada inclinación decimos: Oh Dios, purifícame, a mí pecador, en voz baja, y después dice el sacerdote de nuevo en voz alta; toda la oración. Oh Señor y Soberano... hasta el final sin separar. Se hace la postración en la última súplica.

Lec.: Amén. Enseguida, esta oración de San Macario.

Oh Soberano Dios, Padre Omnipotente, Oh Señor Hijo Unigénito Jesucristo y Espíritu Santo, una Divinidad y único Poder, ten piedad de mi pecador, sálvame, Tu indigno servidor, por los juicios que Tu conoces, pues eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.

Venid inclinémonos al Rey nuestro Dios.

Venid inclinémonos y postrémonos ante Cristo, Rey y nuestro Dios.

Venid inclinémonos y postrémonos ante Cristo mismo, el es nuestro Rey y Dios.

Salmo 120

Alcé mis ojos hacia los montes, de dónde me ha de venir el socorro. Mi socorro viene del Señor que crió el cielo y la tierra. No permitirá que resbalen tus pies; ni se adormecerá aquel que Te está guardando; no por cierto, no se adormecerá, ni dormirá el que guarda a Israel. El Señor es el que Te custodia: el Señor está a Tu lado para defenderte. Ni de día el sol Te quemará, ni de noche la luna. El Señor Te preservará de todo mal. Guardará el Señor Tu alma. El Señor Te guardará en todos los pasos de Tu vida, desde ahora y para siempre.

Salmo 133

Ea, pues, bendecid al Señor ahora, vosotros todos, oh siervos del Señor. Vosotros los que asistís en la casa del Señor, en los atrios del templo de nuestro Dios, levantad por las noches vuestras manos hacia el Santuario, y alabad al Señor. Bendígate desde Sión el Señor que crió el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo... ahora y siempre... Amén

Trisagio: Santo Dios... más líbranos del malvado.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén

Tropario, tono 2: Acuérdate, oh Señor Bondadoso de todos Tus siervos y perdónales todos los pecados de su vida, pues fuera de Ti no hay ninguno exento del pecado, salvo Tú que puedes dar reposo a los difuntos.

Tú que de la profundidad de Tu Sabiduría provees todo por el amor al hombre, y concedes todo lo que ellos necesitan, oh Creador único, da descanso oh Señor a las almas de tus siervos; pues ellos pusieron su confianza en Ti, oh Nuestro Creador, Hacedor y Dios Nuestro.

Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo.

Kontaquio, tono 6: Con los Santos concede, oh Cristo el reposo a las almas de tus siervos, donde no hay ni dolor, ni aflicción, ni gemido, sino vida eterna.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Teotoquio: Todas las generaciones Te llamamos bendita, oh Virgen Deípara, porque en Ti había de engendrar el incontenible Cristo nuestro Dios. Bendito somos al tenerte como intercesora; día y noche Te rogamos por nosotros y que los cetros de los reinos sean fortalecidos por tus intercesiones. Por tanto, en himnos Te clamamos: Regocíjate, oh Tú que estás llena de gracia, el Señor es contigo.

Señor ten piedad (doce veces).

Oración:

Recuerda, oh Señor, a nuestros padres y hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección para la vida eterna y a todos aquellos que terminaron esta vida en la piedad y la fe y perdónales sus pecados que han cometido voluntaria o involuntariamente, de palabra, obra o pensamiento y colócalos en un lugar de luz, un lugar de frescor, un lugar de descanso, de donde toda enfermedad y aflicción son expulsadas y donde, desde la eternidad, brilla la luz de Tu semblante y alegra a todos tus santos; concédeles a ellos y a nosotros Tu reino y la participación en tus inefables bendiciones y el gozo de Tu eterna y bendita vida. Porque Tú eres la Vida y la Resurrección y el Descanso de Tus difuntos siervos, oh Cristo nuestro Dios y a Ti Te proclamamos la gloria, con Tu Padre Increado y Tu Espíritu Santo, bueno y Dador de vida, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gloriosísima siempre Virgen y Madre de Cristo Dios, presenta nuestras plegarias a Tu Hijo y nuestro Dios, rogándole para que salve, por Tu mediación, a nuestras almas.

Otra Oración de San Joanicio

El Padre es mi esperanza, el Hijo mi refugio el Espíritu Santo mi protección, oh Santísima Trinidad, gloria a Ti.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Señor ten piedad (tres veces).

Bendice.

En los días de fiestas y los domingos se omiten estos troparios.

El coro canta estos Troparios, tono 6.

— Ten piedad de nosotros, oh Señor, ten piedad de nosotros: pues faltos de toda disculpa, nosotros, los pecadores, Te dirigimos como a Soberano esta súplica: ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

— Señor, ten piedad de nosotros, pues en Ti hemos puesto nuestra esperanza. No Te irrites demasiado con nosotros, ni Te acuerdes de nuestras iniquidades, sino míranos porque eres benevolente, y líbranos de nuestros enemigos. Pues Tú eres nuestro Dios, y nosotros Tu pueblo. Todos somos obra de Tus manos e invocamos Tu nombre.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

— Ábrenos las puertas de la misericordia, oh bendita Deípara, para que no sucumbamos los que confiamos en Ti, sino que seamos libres con Tu ayuda de toda adversidad, pues Tú eres la salvación del pueblo cristiano.

Sac.: Apiádate de nosotros oh Dios, según Tu gran misericordia, Te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

Coro: Señor ten piedad (tres veces).

Sac: De nuevo rogamos por este sagrado monasterio (o ciudad), por cada monasterio, ciudad, aldea y cada país que sea reservada, de carestía, pestilencia, temblor de tierra, diluvio, fuego (incendio), espada, invasión de forasteros y guerra civil; para que nuestro bueno y amigo de la humanidad Dios, sea favorable y bondadoso, para que El pueda desviar su ira suscitada contra nosotros y libéranos de su justa amenaza que está amenazándonos y ten piedad de nosotros.

Coro: Señor ten piedad (cuarenta veces).

Sac.: Escúchanos oh Dios Salvador nuestro. Esperanza de todos los confines de la tierra; y de los que están lejos en el mar y sed compasivo oh Soberano con nuestros pecados y ten misericordia de nosotros. Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, y a Ti Te glorificamos Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Sac.: Gloria a Ti, oh Cristo Dios, nuestra esperanza, gloria a Ti.

Coro: Gloria al Padre... ahora y siempre...

Señor ten piedad (tres veces). Bendice.

Sac.: Cristo, nuestro verdadero Dios, por las intercesiones de su Madre, Purísima, de... (Nombre del patrono de la Iglesia...) N.N. y de todos los Santos, que tenga piedad de nosotros, nos salva, porque es bondadoso y ama la humanidad.

Después el sacerdote hace reverencia al obispo, al superior del Monasterio y a todos los hermanos diciendo:

Bendecid, padres Santos y perdonadme a mí pecador, por lo que he pecado en la pasada noche en hechos, palabras, pensamientos y todos mis sentidos. Postración.

Y Los Hermanos:

Dios Te perdone Santo Padre. Ruega por nosotros pecadores. Postración

Sac.: Por la gracia del Señor que Dios nos perdone y tenga piedad de nosotros.

Sac.: Roguemos por nuestro Señor, Su Beatitud, El Metropolitano... N.N., por nuestro Señor, el reverendísimo Obispo... N.N., y por todos nuestros hermanos en Cristo.

Coro: Señor, ten piedad.

En voz baja y lentamente después de cada petición.

— Por el Presidente (de la Nación), por toda autoridad civil, y por las fuerzas armadas.

— Por los que nos odian, por los que nos aman y los que nos sirven.

— Por los que nos han mandado a nosotros aunque indignos, que recemos por ellos.

— Por el rescate de cautivos.

— Por nuestros padres y hermanos ausentes.

— Por los que navegan por los mares, aire.

— Por los que yacen por enfermedades.

— Reguemos por la abundancia de los frutos de la tierra.

— Y por toda alma Ortodoxa Cristiana.

— Bendigamos a los piadosos gobernantes.

— A los Obispos Ortodoxos y a los fundadores de esta Santa Iglesia (Monasterio).

— A todos nuestros padres y hermanos difuntos, predecesores de nosotros, los ortodoxos que aquí y en todo lugar descansan.

Digamos nosotros también unos por otros:

Coro: Señor, ten piedad (tres veces).

Sac.: Por las intercesiones de la Purísima Madre (Patrono del Santo Templo) y todos los Santos Señor Jesucristo nuestro Dios, ten piedad de nosotros.

Coro: Amén.

Veneramos los Santos Iconos, recibimos la bendición del Superior y/o del Obispo.

 

El Orden del Oficio de Medianoche del Sábado.

El Sacerdote Comienza:

Sac.: Bendito sea nuestro Dios perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén, Gloria a Ti, Nuestro Dios, Gloria a Ti.

Oh, Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de Verdad, que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y Dispensador en la vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, oh Bondadoso.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh Soberano, absuelve nuestras transgresiones, Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu Nombre.

Señor, ten piedad (tres veces).Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

 

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, como es en el cielo así en la tierra. El pan nuestro sustancial dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén.

Señor ten piedad (doce veces).

Gloria al Padre al..., ahora y siempre... Amén.

Venid, inclinémonos al Rey, nuestro Dios.

Venid, inclinémonos y postrémonos ante Cristo, Rey y nuestro Dios.

Venid, inclinémonos y postrémonos ante Cristo mismo, El es nuestro Rey y Dios.

Salmo 50

Apiádate de mí, Oh Dios, según Tu gran misericordia, según la multitud de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado, pues reconozco mis culpas, y mi pecado está siempre ante mí. Contra Ti sólo, he pecado, he hecho el mal en Tu presencia, por lo tanto, eres justo en Tu sentencia, soberano en Tu juicio. Considera que en maldad fui formado, y en pecado me concibió mi madre. Porque Tú amas la verdad; me descubriste los misterios profundos de Tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré puro; lávame y emblanqueceré más que la nieve. Hazme oír palabras de gozo y alegría, y mis huesos abatidos se estremecerán. Aparta Tu faz de mis pecados; y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, Oh Dios, un corazón puro, y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de Tu presencia, y no quites de mí Tu Espíritu Santo. Devuélveme el gozo de Tu salvación, confírmame un espíritu generoso. Enseñaré a los impíos tus caminos, y los pecadores se convertirán a Ti. Líbranos de la sangre; Oh Dios, Dios de mi salvación y cantará mi lengua Tu justicia. Abre Señor mis labios, y cantará mi boca tus alabanzas. Si hubieras deseado sacrificios, en verdad Te los ofrecería, más no son los holocaustos los que Te placen. Sacrificio agradable a Dios es el alma arrepentida; al corazón contrito y humillado, Señor, Tú no los desprecias. Señor, en Tu bondad, trata benignamente a Sión, para que puedan reedificarse los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y holocaustos, entonces se Te ofrecerán víctimas en Tu altar.

Kathisma 9.

I

Salmo 64

A Ti, oh Dios, son debidos los himnos en Sión, y a Ti se Te presentarán los votos en Jerusalén. Oye mi oración: a Ti vendrán todos los mortales. Prevalecieron en nosotros las maldades; pero Tú perdonarás nuestras impiedades. Dichoso aquel a quien Tú elegiste y allegaste a Ti: El habitará en Tu tabernáculo. Colmados seremos de los bienes de Tu casa: Santo es Tu Templo. Admirable por su justicia. Oye nuestras súplicas, oh Dios, Salvador nuestro, Tú que eres la esperanza de todas las naciones de la tierra y de las más remotas islas. Tú que das firmeza a los montes con Tu poder: Tú que armado de fortaleza conmueves lo más profundo de los mares, y haces sentir el estruendo de sus olas. Perturbáranse las naciones y quedarán llenos de pavor los habitantes de los últimos términos de la tierra, a vista de tus prodigios. Derramarás la alegría desde donde sale la mañana hasta donde termina la tarde. Tú visitaste la tierra y la has colmado de toda suerte de riquezas. El río de Dios está rebosando en aguas, has preparado el alimento: tal es la disposición de los campos. Hinche sus canales: multiplica sus producciones: con los suaves rocíos se regocijarán todas las plantas. Coronarás el año de Tu bondad, y serán fertilísimos sus campos. Se pondrán lozanas las praderas del desierto, y se vestirán de gala los collados. Se multiplicarán los rebaños de carneros y ovejas y abundarán en grano los valles. Alzarán su voz, y cantarán himnos de alabanza.

Salmo 65

Moradores todos de la tierra, dirigid a Dios voces de júbilo: Cantad salmos a su Nombre, tributadle gloriosas alabanza. Decid a Dios: ‘Oh cuan estupendas son, Señor, tus obras! A la fuerza de Tu gran poder recíranse a nada tus enemigos. Adórate toda la tierra, y Te celebre; cante salmos a Tu nombre. Venid a contemplar las obras de Dios, y cuán terribles son sus designios sobre los hijos de los hombres. El convirtió el mar en seca arena: pasaron el río a pie: allí nos alegramos en el Señor. El tiene por su poder un dominio eterno; sus ojos están fijos sobre las naciones, no se engrían en su interior los que le irritan. Bendecid, oh naciones, a nuestro Dios; y haced resonar las voces de su alabanza. El ha vuelto a mi alma la vida, y no ha dejado resbalar mis pies. Bien que Tú, oh Dios, has querido probarnos: nos has acrisolado al fuego como se acrisola la plata. Nos dejaste caer en el lazo: nos echaste las tribulaciones encima: a yugo de hombres nos sujetaste. Hemos pasado por el fuego y por el agua; mas nos has conducido a un lugar de refrigerio. Entraré en Tu templo a ofrecer holocaustos; y Te cumpliré mis votos, que claramente pronunciaron mis labios: mis votos que salieron de mi boca en el tiempo de mi tribulación. He de ofrecerte pingües holocaustos, haciendo subir hacia Ti el humo de los carneros: Te ofreceré bueyes y machos cabríos. Venid, y escuchad vosotros todos los que teméis a Dios, y os contaré cuán grandes cosas ha hecho el Señor por mi alma. Al Señor invoqué con mi boca, y le he glorificado con mi lengua. Si yo hubiera aprobado la iniquidad en mi corazón, no me escuchará el Señor. Por eso me ha oído Dios, y ha atendido a la voz de mis súplicas. Bendito sea Dios, que no desechó mi oración, ni retiró de mí su misericordia.

Salmo 66

Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga: haga resplandecer sobre nosotros la luz de su rostro; y nos mire compasivo; para que conozcamos en la tierra Tu camino: y todas las naciones Tu salvación. Alábante, Dios, los pueblos: publiquen todos los pueblos tus alabanzas. Regocíjense, salten de gozo las naciones: porque Tú juzgas a los pueblos con justicia, y diriges las naciones sobre la tierra. Alábante, oh Dios, los pueblos; publiquen todos los pueblos tus alabanzas. Ha dado la tierra su fruto. Bendíganos Dios, el Dios nuestro, bendíganos Dios, y sea temido en todos los términos de la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya, Aleluya, Aleluya, gloria a Ti oh Dios (tres veces). Señor ten piedad (tres veces). Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

II

Salmo 67

Levántense Dios, y sean disipados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen. Desaparezcan como el humo. Como se derrite la cera al calor del fuego, así perezcan los pecadores a la vista de Dios. Mas los justos celebren festines y regocijos en la presencia de Dios, y huélguense con alegría. Cantad a Dios; entonad salmos a su nombre: allanado el camino al que sube sobre el occidente. El Señor es el nombre suyo. Saltad de gozo en su presencia. Han de turbarse delante de El; que es el padre de los huérfanos y el juez de la ciudad. Reside Dios en su lugar santo. Dios que hace habitar dentro de una casa muchos de unas mismas costumbres: y que con fortaleza pone en libertad a los prisioneros, como también a los que le irritan, los cuales moran en los sepulcros. ‘Oh Dios! cuando salías al frente de Tu pueblo, cuando atravesabas el desierto, la tierra tembló, y hasta los cielos destilaron a la presencia de Dios: en el Sinaí a la presencia del Dios de Israel. ‘Oh Dios! Tú distribuirás una lluvia abundante y apacible a Tu heredad: ella se ha visto afligida; pero Tú la has recreado. En ella tendrán morada los que son de Tu grey: con Tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre. El Señor dará palabras a los que anuncian con valor la buena nueva. Los reyes poderosos serán súbditos de su Hijo muy amado, y aquel que es la hermosura de la casa repartirá los despojos. Cuando dormiréis en medio de peligros, seréis como alas de paloma plateada, cuyas plumas por la espalda echan brillos de oro. Cuando el Celestial ejerza su juicio sobre los reyes de la tierra, quedarán más blancos que la nieve del monte Selmón. ‘Oh monte de Dios, monte féstil, monte cuajado, monte fecundo! Mas, Ώpor qué andáis pensando en otros montes fértiles? Este es el monte donde Dios se complació en fijar su morada. Sí: en él morará el Señor perpetuamente. La carroza de Dios va acompañada de muchas decenas de millares de tropas, de millones que hacen fiesta. En medio de ellos está el Señor, en el Sinaí, en el lugar Santo. Ascendiste a lo alto: llevaste contigo a los cautivos: recibiste dones para los hombres; aun para aquellos que no creían que habitase el Señor entre nosotros. Bendito sea el Señor en toda la serie de los días: el Dios de nuestra salud nos concederá próspero viaje. Nuestro Dios es el Dios que puede salvarnos; y del Señor, y muy del Señor, es el librar de la muerte. Mas Dios quebrantará las cabezas de sus enemigos, el copete erizado de los que hacen pompa de sus delitos. Dijo el Señor: a los de Basán les haré volver las espaldas; he de arrojarlos a lo profundo del mar. Serán destrozados hasta teñirse tus pies en la sangre de tus enemigos; y han de lamerla las lenguas de tus mastines. Vieron, oh Dios, Tu entrada: la entrada de mi Dios, del Rey mío que reside en el Santuario. Iban delante los príncipes unidos a los que cantaban salmos, y en medio doncellitas tocando panderos. Oh vosotros, descendientes de Israel, bendecid al Señor Dios en vuestras asambleas. Allí se hallaba Benjamín el jovencito como estático: los jefes de Judá iban de guía; los jefes de Zabulón, los jefes de Neftalí. Muestra, oh Dios, Tu poderío: confirma, oh Dios, esta obra, que has hecho en nosotros. Porque respecto a Tu Templo en Jerusalén, ofrecérante don de los reyes. Reprime esas fieras que habitan en los cañaverales, esos pueblos reunidos, que, como toros dentro de la vacada, conspiran a echar fuera a los que han sido acrisolados como la plata. Disipa las naciones que quieren guerras. Egipto enviará embajadores; Etiopía se anticipará a rendirse a Dios. Cantad alabanzas a Dios, oh reinos de la tierra: load al Señor salmos. Cantadle salmos a Dios; el cual se elevó al más alto de los cielos, desde el Oriente. Sabed que hará que su voz sea una vez poderosa. Tributar gloria a Dios por lo que ha obrado en Israel: su magnificencia y su poder se elevan hasta las nubes. Admirable es Dios en sus santos; el Dios de Israel, él mismo dará virtud y fortaleza a su pueblo. Bendito sea Dios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya, Aleluya, Aleluya, gloria a Ti oh Dios (tres veces). Señor ten piedad (tres veces). Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

III

Salmo 68

Sálvame, oh Dios, porque las aguas han penetrado hasta mi alma. Atollado estoy en un profundísimo cieno, sin hallar donde afirmar el pie. Llegué a alta mar, y sumérjome la tempestad. Fatígueme en dar voces: secose la garganta: desfallecieron mis ojos, aguardando a mi Dios. Se han multiplicado, más que los cabellos de mi cabeza, los que me aborrecen injustamente. Se han hecho fuertes mis enemigos, los injustos perseguidores míos: he pagado lo que yo no había robado. Tú, oh Dios, sabes mi ignorancia, y los delitos que yo tenga no pueden ocultársete. No tengan que avergonzarse por mi causa aquellos que en Ti confían, oh Señor, Señor de los ejércitos. No queden corridos por causa mía los que van en pos de Ti, oh Dios de Israel. Pues por amor a Ti he sufrido los ultrajes, y se ve cubierto de confusión mi rostro. Mis propios hermanos, los hijos de mi misma madre, me han desconocido y tenido por extraño. Porque el celo de Tu casa me devoró, y los baldones de los que Te denostaban recayeron sobre mí. Afligíame con el ayuno, y se me convertía en afrenta: vestíame de silicio, y me hacía la fábula de ellos. Contra mí se declaraban los que tiene su asiento en la puerta: y los que bebían vino cantaban contra mi coplas: Mas yo entretanto, Señor, dirigía a Ti mi oración. Este es, oh Dios, el tiempo de reconciliación. Óyeme benigno según la grandeza de Tu misericordia, conforme Tu promesa fiel de salvarme. Sácame del cieno, para que no quede yo atascado en él: líbrame de aquellos que me aborrecen y del profundo de las aguas. No me anegue esta tempestad, ni me trague el abismo del mar, ni el pozo cierre sobre mi su boca. Óyeme, Señor, ya que tan benéfica es Tu misericordia: vuelve hacia mí tus ojos según la grandeza de tus piedades. Y no pierdas de vista a Tu siervo: oye presto mis súplicas, porque me veo atribulado. Mira por mi alma y líbrala: sácame a salvo por razón de mis enemigos. Bien ves los oprobios que sufro, y mi confusión, y la ignominia mía. Tienes ante tus ojos todos los que me atormentan: improperios y miserias aguarda mi corazón. Esperé que alguno se condoliese de mí, mas nadie lo hizo; o quien me consolase, y no hallé quien lo hiciese. Presentáronme hiel para alimento mío, y en medio de mi sed me dieron vinagre a beber. En justo pago conviértaseles su mesa en lazo de perdición y ruina. Obscurézcanse sus ojos para que no vean; y tráelos siempre agobiados. Derrama sobre ellos Tu ira, y alcánceles el furor de Tu cólera. Queda hecha un desierto su morada, y no haya quien habite en sus tiendas, ya que han perseguido a aquel que habías Tú herido, y aumentaron más y más el dolor de mis llagas. Tú permitirás que añadan pecados a pecados, y no acierten con Tu justicia. Raídos sean del libro de los vivientes, y no queden escritos con los justos. Yo soy un miserable y lleno de dolores; mas Tú, oh Dios, me has salvado. Alabaré con cánticos el nombre de Dios, y le ensalzaré con acciones de gracias: Lo que será más grato a Dios que si le inmolara un tornillo cuando le comienzan a salir las astas y las pezuñas. Vean los pobres, y consuélense. Buscad a Dios, y revivirá vuestro espíritu: puesto que el Señor oyó a los pobres, y no olvidó a los que están por él en cadenas. Alábenle los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se mueve. Porque Dios ha de salvar a Sión: y las ciudades de Judá serán reedificadas; y establecerán allí su morada, y adquiriéranlas como herencia. Y los descendientes de sus siervos las poseerán, y en ellas tendrán moradas aquellos que aman su Nombre.

Salmo 69

Oh, Dios, atiende a mi socorro: acude, Señor, luego a ayudarme. Corridos y avergonzados quedan los que me persiguen de muerte. Arrédrense y confúndanse los que se complacen en mis males. Sean puestos en vergonzosa fuga aquellos que me dicen: Bueno, bueno. Regocíjense y alégrense en ti todos los que Te buscan: y digan sin cesar los que aman a su Salvador: engrandecido sea el Señor. Yo por mí soy un menesteroso y pobre: ayúdame, oh Dios. Amparo mío y mi libertador eres Tú: oh Señor, no Te tardes.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Credo

Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios nacido del Padre, antes de todos los siglos; luz de luz; verdadero Dios de Dios verdadero. Engendrado no hecho; consubstancial al Padre, por Quien fueron hechas todas las cosas. Quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación, bajó de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también para nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado. Resucitó al tercer día según las escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y vendrá por segunda vez lleno de gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su Reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado que habló por los profetas. Y en una Iglesia Santa Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

Trisagio: Santo Dios... más líbranos del malvado.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino...

Lec.: Amén.

Tropario, Tono 2:

Oh, Tú que eres por naturaleza increado, el Creador de todo, abres nuestros labios para que podamos proclamar Tu alabanza diciendo: Santo, Santo, Santo eres Tú, oh Dios por la intercesión de la Deípara, ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Imitando en la tierra a los poderes celestiales, Te ofrecemos, oh Bondadoso, la canción de triunfo: Santo, Santo, Santo eres oh Dios, por la Deípara, ten piedad de nosotros.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Del lecho y del sueño me levantaste, Señor, ilumina mi espíritu y mi corazón y abre mis labios para que Te alabe, Oh Santa Trinidad, diciéndote: Santo. Santo, Santo eres Tú oh Dios por la Deípara, ten piedad de nosotros.

Señor ten piedad (cuarenta veces).

Tú que en todo tiempo y a toda hora en el cielo y en la tierra eres adorado y glorificado, Cristo Dios muy paciente, de gran piedad, muy benevolente, Tú que amas a los justos, y tienes misericordia de los pecadores, llamando a todos a la salvación, prometiendo los bienes futuros; Tú oh Señor, recibe en esta hora, nuestras súplicas y dirige nuestras vidas en las sendas de tus mandamientos. Santifica nuestras almas, purifica nuestros cuerpos, guía nuestros pensamientos, purifica nuestras intenciones; líbranos de toda aflicción, maldad y dolencia; rodéanos con tus Santos Ángeles, para que con Tu poder seamos guiados y protegidos a fin de llegar a la unidad de la fe y al conocimiento de Tu inaccesible gloria, porque eres bendito y glorificado por los siglos de los siglos. Amén.

Señor ten piedad (tres veces).

Gloria al Padre, al Hijo..., ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines, Tú que sin corrupción engendraste al Verbo-Dios, verdaderamente eres la Deípara, Te magnificamos.

En el nombre del Señor bendice padre, (si es Obispo), Soberano bendice.

Sac.: Dios, ten misericordia de nosotros y bendícenos, resplandece Tu rostro sobre nosotros y ten piedad de nosotros.

Lec.: Amén.

Oh Soberano Dios, Padre Omnipotente, Oh Señor Hijo Unigénito Jesucristo y Espíritu Santo, una divinidad y único poder, ten piedad de mi pecador, sálvame, Tu indigno servidor, por los juicios que Tu conoces, pues eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.

Oración de San Eustracio

Te magnifico, magnificándote, oh Señor, porque Tú observaste mi humildad y no me encerraste en manos de mis enemigos, sino que aliviaste mi alma de los deseos. Y ahora, oh Soberano, deja que Tu mano me proteja y permite que Tu misericordia caiga sobre mí, porque mi alma está aturdida y dolida ante su partida de éste, mi desdichado y corrupto cuerpo, para que el mal del adversario lo sobrecoja y lo desplace a la oscuridad por los pecados conocidos y desconocidos acumulados por mí en esta vida, apiádate de mí, oh Soberano, y no dejes que mi alma vea los oscuros rostros de los malos espíritus, pero permite que sea recibido por Tus brillantes y resplandecientes ángeles. Glorifica Tu Santo nombre, y por Tu poder sitúame ante Tu divino tribunal. Cuando se me juzgue, no sufriré porque la mano del príncipe de este mundo deba cogerme para no caer, un pecador, en las profundidades del hades, sino permanece junto a mí y ante mí un Salvador y Mediador, porque estos tormentos corporales regocijan a tus siervos. Ten piedad, oh Señor, de mi alma corrompida por las pasiones de esta vida y recíbela limpia por la penitencia y confesión, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.

Venid, inclinémonos al Rey nuestro Dios.

Venid, inclinémonos y postrémonos ante Cristo, Rey y nuestro Dios.

Venid, inclinémonos y postrémonos ante Cristo mismo, el es nuestro Rey y Dios.

Salmo 120

Alcé mis ojos hacia los montes, de dónde me ha de venir el socorro. Mi socorro viene del Señor que crió el cielo y la tierra. No permitirá que resbalen tus pies; ni se adormecerá aquel que Te está guardando; no por cierto, no se adormecerá, ni dormirá el que guarda a Israel. El Señor es el que Te custodia: el Señor está a Tu lado para defenderte. Ni de día el sol Te quemará, ni de noche la luna. El Señor Te preservará de todo mal. Guardará el Señor Tu alma. El Señor Te guardará en todos los pasos de Tu vida, desde ahora y para siempre.

Salmo 133

Ea, pues, bendecid al Señor ahora, vosotros todos, oh siervos del Señor. Vosotros los que asistís en la casa del Señor, en los atrios del templo de nuestro Dios, levantad por las noches vuestras manos hacia el Santuario, y alabad al Señor. Bendígate desde Sión el Señor que crió el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo... ahora y siempre... Amén

Trisagio: Santo Dios... más líbranos del malvado.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén

Tropario, tono 2: Acuérdate, oh Señor Bondadoso de todos Tus siervos y perdónales todos los pecados de su vida, pues fuera de Ti no hay ninguno exento del pecado, salvo Tú que puedes dar reposo a los difuntos.

Tú que de la profundidad de Tu Sabiduría provees todo por el amor al hombre, y concedes todo lo que ellos necesitan, oh Creador único, da descanso oh Señor a las almas de tus siervos; pues ellos pusieron su confianza en Ti, oh Nuestro Creador, Hacedor y Dios Nuestro.

Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo.

Kontaquio, tono 6: Con los Santos concede, oh Cristo el reposo a las almas de tus siervos, donde no hay ni dolor, ni aflicción, ni gemido, sino vida eterna.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Teotoquio: Todas las generaciones Te llamamos bendita, oh Virgen Deípara, porque en Ti había de engendrar el incontenible Cristo nuestro Dios. Bendito somos al tenerte como intercesora; día y noche Te rogamos por nosotros y que los cetros de los reinos sean fortalecidos por tus intercesiones. Por tanto, en himnos Te clamamos: Regocíjate, oh Tú que estás llena de gracia, el Señor es contigo.

Señor ten piedad (doce veces).

Oración:

Recuerda, oh Señor, a nuestros padres y hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección para la vida eterna y a todos aquellos que terminaron esta vida en la piedad y la fe y perdónales sus pecados que han cometido voluntaria o involuntariamente, de palabra, obra o pensamiento y colócalos en un lugar de luz, un lugar de frescor, un lugar de descanso, de donde toda enfermedad y aflicción son expulsadas y donde, desde la eternidad, brilla la luz de Tu semblante y alegra a todos tus santos; concédeles a ellos y a nosotros Tu reino y la participación en tus inefables bendiciones y el gozo de Tu eterna y bendita vida. Porque Tú eres la Vida y la Resurrección y el Descanso de Tus difuntos siervos, oh Cristo nuestro Dios y a Ti Te proclamamos la gloria, con Tu Padre Increado y Tu Espíritu Santo, bueno y Dador de vida, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Gloriosísima siempre Virgen y Madre de Cristo Dios, presenta nuestras plegarias a Tu Hijo y nuestro Dios, rogándole para que salve, por Tu mediación, a nuestras almas.

Otra Oración de San Joanicio

El Padre es mi esperanza, el Hijo mi refugio el Espíritu Santo mi protección, oh Santísima Trinidad, gloria a Ti.

Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Señor ten piedad (tres veces).

El coro canta estos Troparios, tono 6.

— Ten piedad de nosotros, oh Señor, ten piedad de nosotros: pues faltos de toda disculpa, nosotros, los pecadores, Te dirigimos como a Soberano esta súplica: ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

— Señor, ten piedad de nosotros, pues en Ti hemos puesto nuestra esperanza. No Te irrites demasiado con nosotros, ni Te acuerdes de nuestras iniquidades, sino míranos porque eres benevolente, y líbranos de nuestros enemigos. Pues Tú eres nuestro Dios, y nosotros Tu pueblo. Todos somos obra de Tus manos e invocamos Tu nombre.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

— Ábrenos las puertas de la misericordia, oh bendita Deípara, para que no sucumbamos los que confiamos en Ti, sino que seamos libres con Tu ayuda de toda adversidad, pues Tú eres la salvación del pueblo cristiano.

Sac.: Apiádate de nosotros oh Dios, según Tu gran misericordia, Te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

Coro: Señor ten piedad (tres veces).

Sac: De nuevo rogamos por este sagrado monasterio (o ciudad), por cada monasterio, ciudad, aldea y cada país que sea reservada, de carestía, pestilencia, temblor de tierra, diluvio, fuego (incendio), espada, invasión de forasteros y guerra civil; para que nuestro bueno y amigo de la humanidad Dios, sea favorable y bondadoso, para que El pueda desviar su ira suscitada contra nosotros y libéranos de su justa amenaza que está amenazándonos y ten piedad de nosotros.

Coro: Señor ten piedad (cuarenta veces).

Sac.: Escúchanos oh Dios Salvador nuestro. Esperanza de todos los confines de la tierra; y de los que están lejos en el mar y sed compasivo oh Soberano con nuestros pecados y ten misericordia de nosotros. Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, y a Ti Te glorificamos Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Sac.: Gloria a Ti, oh Cristo Dios, nuestra esperanza, gloria a Ti.

Coro: Gloria al Padre... ahora y siempre...

Señor ten piedad (tres veces). Si es Obispo — Soberano Bendice. Si no — (simplemente) Bendice.

Sac.: Cristo, nuestro verdadero Dios, por las intersecciones de su Madre, Purísima, de... (Nombre del patrono de la Iglesia...) N.N. y de todos los Santos, que tenga piedad de nosotros, nos salva, porque es bondadoso y ama la humanidad.

Después el sacerdote hace reverencia al obispo, al superior del Monasterio y a todos los hermanos diciendo:

Bendecid, padres Santos y perdonadme a mí pecador, por lo que he pecado en la pasada noche en hechos, palabras, pensamientos y todos mis sentidos. Postración.

Y los Hermanos:

Dios Te perdone y te tenga piedad Santo Padre. Bendecid Padre Santo y perdona y ruega por mí pecador. Postración

Sac.: Por la gracia del Señor que nos perdone y tenga piedad de nosotros.

Sac.: Roguemos por nuestro Señor, Su Beatitud, El Metropolitano... N.N., por nuestro Señor, el reverendísimo Obispo... N.N., y por todos nuestros hermanos en Cristo.

Coro: Señor, ten piedad.

En voz baja y lentamente después de cada petición.

— Por el Presidente (de la Nación), por toda autoridad civil, y por las fuerzas armadas.

— Por los que nos odian, por los que nos aman y los que nos sirven.

— Por los que nos han mandado a nosotros aunque indignos, que recemos por ellos.

— Por el rescate de cautivos.

— Por nuestros padres y hermanos ausentes.

— Por los que navegan por los mares, aire.

— Por los que yacen por enfermedades.

— Roguemos por la abundancia de los frutos de la tierra.

— Y por toda alma Ortodoxa Cristiana.

— Bendigamos a los piadosos gobernantes.

— A los Obispos Ortodoxos y a los fundadores de esta Santa Iglesia (Monasterio).

— A todos nuestros padres y hermanos difuntos, predecesores de nosotros, los ortodoxos que aquí y en todo lugar descansan.

Sac.: Digamos nosotros también unos por otros:

Coro: Señor, ten piedad (tres veces).

Coro: Amén.

Sac.: Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros. Amén.

Veneramos los Santos Iconos, recibimos la bendición del Superior y del Obispo.

 

 

Orden del Oficio de Medianoche Dominical.

El Sacerdote Comienza:

Sac.: Bendito sea nuestro Dios perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén, Gloria a Ti, Nuestro Dios, Gloria a Ti.

Oh, Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de Verdad, que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y Dispensador en la vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, oh Bondadoso.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh Soberano, absuelve nuestras transgresiones, Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu Nombre.

Señor, ten piedad (tres veces). Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, como es en el cielo así en la tierra. El pan nuestro sustancial dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Lec.: Amén.

Señor ten piedad (doce veces).

Gloria al Padre al..., ahora y siempre... Amén.

Venid, inclinémonos al Rey, nuestro Dios.

Venid, inclinémonos y postrémonos ante Cristo, Rey y nuestro Dios.

Venid, inclinémonos y postrémonos ante Cristo mismo, El es nuestro Rey y Dios.

Salmo 50

Apiádate de mí, Oh Dios, según Tu gran misericordia, según la multitud de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado, pues reconozco mis culpas, y mi pecado está siempre ante mí. Contra Ti sólo, he pecado, he hecho el mal en Tu presencia, por lo tanto, eres justo en Tu sentencia, soberano en Tu juicio. Considera que en maldad fui formado, y en pecado me concibió mi madre. Porque Tú amas la verdad; me descubriste los misterios profundos de Tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré puro; lávame y emblanqueceré más que la nieve. Hazme oír palabras de gozo y alegría, y mis huesos abatidos se estremecerán. Aparta Tu faz de mis pecados; y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, Oh Dios, un corazón puro, y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de Tu presencia, y no quites de mí Tu Espíritu Santo. Devuélveme el gozo de Tu salvación, confírmame un espíritu generoso. Enseñaré a los impíos tus caminos, y los pecadores se convertirán a Ti. Líbranos de la sangre; Oh Dios, Dios de mi salvación y cantará mi lengua Tu justicia. Abre Señor mis labios, y cantará mi boca tus alabanzas. Si hubieras deseado sacrificios, en verdad Te los ofrecería, más no son los holocaustos los que Te placen. Sacrificio agradable a Dios es el alma arrepentida; al corazón contrito y humillado, Señor, Tú no los desprecias. Señor, en Tu bondad, trata benignamente a Sión, para que puedan reedificarse los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y holocaustos, entonces se Te ofrecerán víctimas en Tu altar.

Se lee el Canon, según el Octotono

Después del Canon, cantamos los siguientes himnos a la Santísima Trinidad

Coro: ‘Digno es verdaderamente glorificarte oh Dios Verbo! Ante Quién tiemblan los Querubines y se estremecen. Glorificado por las huestes celestiales. Aquel que resucitó del sepulcro en el tercer día. Cristo, dador de vida, glorifiquémosle con temor.

Alabemos todos con alabanzas dignas de Dios, con cánticos divinos; al Padre, al Hijo y al Espíritu Divino; un poder en tres personas, un Reino y un solo Dios.

A quien todos los mortales de la tierra cantan, a quien glorifican las fuerzas celestiales, una naturaleza, tres personas, alabado en la fe por todos.

Oh Señor de los querubines, fuera de la comparación de los serafines, que eres Triuno, el principio de todo. A Ti Excelso Soberano Te magnificamos.

Me inclino delante del Padre y Dios sin inicio, junto con la palabra el Espíritu coigual sin inicio, honremos con cánticos, la única inseparable, tres unidades juntas.

Haz que tus rayos de luz me iluminen oh mi Dios en tres personas. Y muéstrame la morada de Tu inalcanzable gloria. Resplandeciente y lleno de luz e inmutabilidad.

Glorifiquemos con temor a Cristo. Dador de la vida, inefablemente encarnado de la Virgen ante quien tiemblan y se estremecen los Querubines y a quien glorifican los huéspedes angelicales.

Lec.: Trisagio... líbranos del malvado.

Sac.: Porque Tuyo es el Reino...

Lec.: Amén.

Hypakoy del Tono Dominical

Ηyρaκοy, Tono 1:

El arrepentimiento del malhechor ha encontrado el paraíso y la lamentación de las Miróforas, proclamaron las alegres nuevas que Tú habías resucitado oh, Cristo Dios, concediendo al mundo gran misericordia.

Hypakoy, Tono 2:

Las mujeres que, después de la pasión, llegaron al sepulcro a ungir Tu cuerpo, oh, Cristo Dios, vieron a los ángeles en la sepultura y se atemorizaron, porque ellos revelaron la ascensión del Señor, concediendo al mundo gran misericordia.

Hypakoy, Tono 3:

Asombroso por su aparición, refrescante por su lenguaje, dijo el radiante ángel a las Miróforas; por qué buscan al Vivo en la tumba resucitado está él, que ha dejado el sepulcro; conózcanlo como el inmutable Eliminador de la corrupción; digan a Dios: Que maravillosas son tus obras, porque has salvado a la humanidad.

Hypakoy, Tono 4:

Concerniente a Tu glorioso despertar, oh Cristo, las Miróforas, que habían ido antes, proclamaron a los Apóstoles, que Tú habías resucitado, como Dios, concediendo al mundo gran misericordia.

Hypakoy, Tono 5:

Las Miróforas asombradas, llevando en su mente la visión del ángel y sus almas iluminadas por el divino despertar, anunciaron a los Apóstoles: proclamen entre las naciones la resurrección del Señor, quien obra maravillas y nos concede gran misericordia.

Hypakoy, Tono 6:

Habiendo destruido, con Tu muerte voluntaria y dadora de vida, las puertas del hades como Dios, nos has abierto el antiguo paraíso y habiendo resucitado de la muerte, has liberado nuestra vida de la corrupción.

Hypakoy, Tono 7:

Tú que adoptaste nuestra forma y soportaste la cruz corporalmente, sálvame por Tu resurrección, oh Cristo Dios, Tú que amas a la humanidad.