Nuevo Testamento
Parte II
Arcipreste Serafín Slobodskoy
Traducido por Diacono Kiril Joltkevitch / Yulia Korotkova
Contenido: El Sermón de la Montaña, continuación. El saneamiento del paralítico. La Resurrección del hijo de una Viuda. La parábola del Sembrador. La parábola de la Semilla de Mostaza. La Desaparición de la Tormenta. La resurrección de la hija de Jairo. La decapitación de Juan el Predecesor. El milagro con los cinco panes. La caminata de Jesucristo sobre las aguas. El saneamiento de la hija de la Cananiana. La confesión de Pedro. La transfiguración del Señor. El principal Mandamiento. La parábola del Samaritano. Jesucristo donde Marta y María. El saneamiento del Ciego. La parábola del Rico insensato. Como hay que rezar. Perdón de las ofensas. El saneamiento de los diez leprosos. La parábola del Rico y Lázaro. La parábola del Fariseo y el Publicano. La bendición de los niños. El proverbio del Hijo Pródigo. Sobre el fin del mundo. Las Diez Vírgenes. La parábola de los Talentos. El Último Juicio. La resurrección de Lázaro.
La entrada a Jerusalén. La parábola de los Crueles Viniculturores. La traición de Judas. La Santa Cena. La oración en Getsemané. El juicio a Jesucristo. La negación de Pedro. La perdición de Judas. Jesucristo en el juicio de Pilato. El camino de Jesucristo con la cruz. La crucifixión de Jesucristo. El entierro de Jesucristo. La Resurrección. La Aparición a dos Discípulos. La aparición a los Apóstoles. La aparición a Tomás. La aparición en el Mar de Tiberia. La aparición a quinientos discípulos. La Ascensión. El descenso del Espíritu Santo.
Parte III
La vida de los primeros Cristianos. Las persecuciones. La conversión de Saulo. La Dormición de la Virgen Maria. Los trabajos de los Apóstoles. La destrucción de Jerusalén. El alzamiento de la Cruz. Nuevos enemigos del Cristianismo. Los Concilios Ecuménicos. La separación de la Iglesia Romana. El bautizo de Rusia.
El Sermón de la Montaña, continuación
Las Bienaventuranzas
Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, como un Padre amante, nos señala los caminos y las obras a través de los cuales la gente puede entrar en el Reino del Cielo, el Reino de Dios. A todos aquellos quienes cumplan con Sus enseñanzas o mandamientos Cristo les prometió, como Rey del cielo y de la tierra, una eterna bienaventuranza (una gran alegría, una felicidad suprema) en la futura vida eterna.
Es por ello que Él llama a estas personas Bienaventuradas, es decir, los más felices.
1. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Pobres de espíritu - son aquellas personas que sienten y reconocen sus pecados y sus deficiencias espirituales. Ellos recuerdan que, sin la ayuda de Dios, nada bueno podemos hacer solos y, por eso, no se halagan de nada y no se vanaglorian, ni delante de Dios ni delante de la gente. Ellos son personas pacientes.
2. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Los que lloran - son personas que sufren y lloran por sus pecados y deficiencias espirituales. El Señor les perdonará sus pecados. Él les dará tranquilidad, aún aquí en la tierra y en el cielo una alegría eterna.
3. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Los Mansos - son personas que, con paciencia, aguantan cualquier penalidad, sin enfadarse (renegar) a Dios y con humildad aguantan cualquier dificultad y agravio de las personas, sin enfadarse con nadie. Ellos recibirán la posesión de la vivienda celestial, es decir la nueva (renovada) tierra en el Reino de los Cielos.
4. Bienaventurados los hambrientos y sedientos de la verdad, porque ellos serán saciados.
Hambrientos y sedientos de la verdad - son personas que fervientemente ansían la verdad, como hambrientos - de pan, y sedientos - de agua, pidiéndole a Dios para que Él los limpie de pecados y les ayude a vivir correctamente (deseando ser justificados delante de Dios). El deseo de estas personas se cumplirá. Ellos se saciarán, es decir, serán justificados.
5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia.
Misericordiosos - son personas poseedoras de corazón, bondadosos, misericordiosos, co-sufrientes con todos, dispuestos siempre a ayudar al necesitado en todo lo que puedan. Estas personas serán perdonadas por Dios. A ellos se les presentará una especial misericordia de Dios.
6. Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.
Puros de corazón - son personas que no solamente se cuidan de las malas obras, sino que tratan de que su alma esté pura, es decir, la conservan sin malos pensamientos y deseos. Ellos, y aquí, están cerca de Dios (con el alma pura lo sienten) y, en la vida venidera, eternamente se encontrarán con Dios en el Reino de los Cielos, verán a Dios.
7. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Pacificadores - son las personas que no quieren ningunas disputas. Ellos mismos tratan de vivir con todos en paz y en armonía y tratan de pacificar a otros entre sí. Ellos se asemejan al Hijo de Dios, quien vino a la tierra para apaciguar al hombre pecador con el correcto juicio de Dios. Estas personas se llamarán hijos, es decir, hijos de Dios y estarán especialmente cerca de Dios.
8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la verdad, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Perseguidos por causa de la verdad - son personas que aman vivir según la verdad, es decir, por la Ley de Dios, por la justicia, que aguantan y soportan por esta verdad cualquier persecución, necesidad y sufrimiento, pero por nada la traicionan.- Ellos, por esto, recibiran el Reino Celestial.
9. Bienaventurados sois cuando os injurian y persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los Cielos.
Aquí el Señor dice: si los van a forzar (ofendiéndolos), perseguir y decir mentiras sobre ustedes (culparlos injustamente, calumniarlos) y todo esto ustedes van a soportar por su fe en Mí, entonces no se pongan tristes sino alégrense y regocíjense, porque a ustedes les espera una grandísima recompensa - la más grande - en el Cielo, o sea, el escalón más alto y especial en la eterna buenaventura.
Sobre el Destino de Dios
Jesucristo enseñaba que Dios destina, es decir, se preocupa, de toda criatura pero se preocupa especialmente de las personas.
El Señor se preocupa por nosotros más y mejor que el más bondadoso y sabio padre por sus hijos. Él nos da su ayuda en todo lo indispensable para nuestra vida y lo que nos sirve para nuestro verdadero beneficio.
"No se preocupen (de más) por aquello que comerán, o beberán, o lo que vestirán" dijo el Salvador. "Miren a los pájaros en el cielo. Ellos no siembran, no cosechan, no recogen los frutos y nuestro padre celestial los alimenta. ¿Acaso ustedes no son mejores que ellos? Miren a los lirios silvestres, cómo crecen. Ellos no trabajan, no se esfuerzan. Pero les dijo que hasta Salomón, con toda su gloria, no se vestía así como cualquiera de ellos. Si a la hierba silvestre, la cual existe hoy y mañana será tirada al horno, Dios la viste así, ¡más a ustedes, hombres de poca fe! Dios, Nuestro Padre Celestial, sabe que ustedes tienen necesidad en todo esto. Por eso, busquen primeramente le reino de Dios y Su verdad, y esto todo se le añadirá."
Sobre el no Juzgar al Prójimo
Jesucristo no mandó juzgar a otras personas. Él dijo así: "No juzguen y no serán juzgados. No critiquen y no serán criticados. Porque con ese juicio con el cual ustedes juzgan serán juzgados (es decir, si ustedes van a ser condescendientes con los actos de otras personas, entonces el juicio de Dios será misericordioso con ustedes). Y con la medida que ustedes midan, con esa medida también a ustedes se les medirá. ¿Y qué miras la astilla en el ojo de tu hermano (es decir, en cualquier otra persona) pero el enorme tronco de tu ojo, no lo sientes? (Esto significa: ¿para qué quieres detallar en otros pecados y deficiencias insignificantes de otros, sí en cambio en ti mismo no quieres ver grandes pecados y vicios?) O, ¿cómo dirás a tu hermano: déjame sacarte la astillita de tu ojo y en cambio en tu ojo hay un tronco? Hipócrita, saca primero el tronco de tu ojo (primero trata de corregirte a ti mismo) y entonces verás cómo sacar la astillita del ojo de tu hermano (entonces sabrás corregir el pecado en el otro, sin ofenderlo ni despreciarlo)."
Sobre el Perdón al Prójimo
"Perdonen y serán perdonados" dijo Jesucristo. "Porque si ustedes van a perdonar los pecados a las personas, entonces el Padre Celestial les perdonará; pero, si no van a perdonar a las personas sus pecados, entonces el Padre Celestial tampoco les perdonará a ustedes sus pecados."
Sobre El Amor Al Prójimo
Jesucristo nos ordena amar no solamente a los mas cercanos a nosotros, sino a todas las personas, hasta a quienes nos agredieron y nos hicieron algún daño, es decir, nuestros enemigos.
Él dijo: "Ustedes escucharon lo que se ha dicho (por sus maestros - fariseos y escribas) ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: amen a su enemigo, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que no les soportan y recen por lo que les ofenden y los que les apabullan. Sean hijos de su Padre Celestial. Porque Él ordena la lluvia sobre los justos y los injustos."
"Si ustedes amaran solamente a aquellos que les aman, o harán el bien solamente a los que les hacen el bien, y serán recíprocos solamente a aquellos de los cuales esperan recibir algo a cambio, ¿para qué Dios los va a recompensar? ¿Acaso no hacen lo mismo las personas injustas? ¿Acaso no actúan así los paganos? Así que sean misericordiosos, al igual como su Padre es misericordioso. Sean perfectos, como es perfecto su Padre Celestial."
Sobre La Norma De Comportamiento
Cómo nosotros debemos comportarnos con nuestro prójimo siempre y en cualquier ocasión, para esto Jesucristo nos dio esta norma: "En todo, como deseen, que las personas actúen con ustedes (nosotros queremos que todos nos quieran, que nos hagan cosas buenas y que nos perdonen) así actúen ustedes con ellos (No le hagan a los demás lo que no deseen para si mismos).
Sobre La Fuerza De La Oración
Si le rezamos arduamente a Dios y le pedimos ayuda, entonces Dios hará todo lo que nos servirá para nuestro verdadero beneficio. Jesucristo habló así sobre esto: "Pidan y se les dará. Busquen y encontrarán. Toquen y se les abrirá. Porque a cualquiera que pida se le dará; y el que busca encontrará; y al que toca le abrirán. O es que entre ustedes hay alguna persona que cuando su hijo le pida pan ¿le daría una piedra? Y cuando le pidiese pescado ¿le daría una serpiente? Entonces, si ustedes siendo malvados, saben dar cosas buenas a sus hijos, más aún su Padre Celestial les dará cosas buenas a los que las piden."
Sobre Las Limosnas
Cualquier acto de bondad que hagamos, debemos hacerlo no por halago delante de la gente, no demostrativamente delante de las personas, no para recibir recompensa de las personas, sino por amor a Dios y al prójimo. Jesucristo dijo: "Miren, no den limosna delante de la gente para que ellos lo vean. De lo contrario no recibirán ustedes la recompensa de su Padre Celestial. Cuando hagáis una limosna no lo gritéis (es decir, no lo divulguéis) como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que les glorifiquen las personas. Sinceramente os digo a ustedes: ellos ya reciben su recompensa. En cambio, cuando vosotros hacéis una limosna, que vuestra mano izquierda no sepa lo que hace vuestra mano derecha (es decir, ante ti mismo no te vanaglories por la cosa buena que tú has hecho; olvídate de ello) para que tu limosna sea secreta. Y el Padre tuyo, viendo el secreto (es decir, lo que está en tu alma y el porqué tú haces todo esto) con seguridad te recompensará. Si no es ahora, entonces será durante su juicio final."
Sobre La Necesidad De Las Buenas Obras
Para que la gente sepa, que para entrar en el Reino de Dios no son suficientes tan sólo los buenos sentimientos y deseos, sino es indispensable hacer buenas obras, Jesucristo dijo: "No cualquiera que me diga: ¡Señor! ¡Señor! entrará en el Reino Celestial. Solamente aquél que cumpla con la voluntad (mandamientos) de mi Padre Celestial," es decir, es poco ser creyente y rezador (quien reza). Es necesario, además, realizar buenas obras, las cuales el Señor exige de nosotros.
Cuando Jesucristo terminó su sermón, el pueblo se maravillaba de su enseñanza, porque Él enseñaba como aquél quien tiene el poder y no como enseñaban los fariseos y escribas. Cuando bajó de la montaña, Le seguía una gran multitud y Él, por su gran misericordia, realizó grandes milagros.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo capítulos 5-7; el Evangelio de San Lucas 6:12-41.
E
l Señor Jesucristo nos enseñó a orar no solamente por nosotros mismos, sino también por los demás, por nuestros seres queridos. Porque por su amor el Señor, da su misericordia (su ayuda) y a aquellas personas por las cuales rezan otros.Estando en la ciudad de Capernaum, Jesucristo estaba enseñando en una casa. Los habitantes de esta ciudad, al escuchar que Él se quedaba en esa casa, se reunieron allí en tal cantidad que era imposible acercarse a las puertas. Entre los oyentes estaban fariseos y maestros de la ley, los cuales vinieron aquí de todas partes de Galilea y Judea y hasta de Jerusalén.
Durante la conversación, el Salvador realizaba muchos milagros y sanando a los enfermos. En ese momento, cuatro hombres trajeron en la cama a un paralítico y trataban de introducirlo a la casa, hacia Salvador, pero de ninguna manera pudieron llegar a través de la multitud.
Entonces ellos subieron al techo de la casa, lo abrieron y bajaron la cama con el paralítico justo a los pies del Salvador. Jesucristo, viendo la fe de las personas que trajeron al enfermo, le dijo al paralítico: "¡Criatura, se te perdonan tus pecados!" Los fariseos y los maestros de la ley empezaron a razonar entre ellos: "¿Qué es lo que blasfema? ¡Quién puede perdonar los pecados además del único Dios?"
Jesucristo, sabiendo sus ideas, les dijo: "¡Qué es más fácil de decir: se te perdonan los pecados o decir: levántate y camina? Pero, para que Uds. sepan, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, te digo (dirigiéndose al paralítico): levántate, toma tu cama y ve a tu casa"
El enfermo de inmediato se levantó, tomó la cama sobre la cual había estado acostado, y se fue a la casa agradeciendo y glorificando a Dios por la misericordia recibida.
Así el Señor sanó al enfermo por la fe y la oración de sus amigos. La gente, al ver esto, se sorprendió y glorificaron a Dios. Y todos empezaron a decir: "Maravillosos hechos hemos visto hoy nunca nada parecido habíamos visto."
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 9:1-8; el Evangelio de San Marco 2:1-12; el evangelio de San Lucas 5:17-26.
La Resurrección del Hijo de la Viuda de Nain
E
n una oportunidad Jesucristo iba de Capernaum hacia la ciudad de Naín. A Él le seguían sus discípulos y una gran cantidad de gente.Al momento cuando Él se acercaba, de las puertas de la ciudad estaban sacando a un joven difunto, hijo único de una viuda naitiana. La pobre mujer iba llorando inconsolablemente y mucha gente le acompañaba de la ciudad. Al verla, el Señor se apiadó del gran dolor de la pobre madre y le dijo: "No llores."
Después se acercó y tocó la camilla sobre la cual yacía el muerto (los judíos envolvían a sus muertos en una lona y los llevaban sobre camillas o especie de camas de tablillas para enterrarlos en las cuevas). Los que la llevaban se detuvieron.
Entonces, el Señor le dijo al muerto: ¡Joven! ¡Te digo, levántate!" El muerto se levantó, se sentó y comenzó a hablar. Y así devolvió Jesucristo al joven resucitado a su madre.
Viendo este milagro, todos fueron poseídos por el temor. Todos alababan a Dios y decían: "¡Un gran profeta se levantó entre nosotros! ¡Dios visitó Su pueblo!"
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 7:11-17.
M
ientras Jesucristo se encontraba en Capernaum, vino a la orilla del lago de Galilea. A Él le llegó mucha gente. Él entró en un bote y se sentó, la gente estuvo en la orilla, y desde el bote, Jesucristo comenzó a enseñar al pueblo con parábolas.Jesucristo dijo: "Había un sembrador que salía a sembrar. Cuando él sembraba, algunas semillas cayeron sobre el camino y fueron pisoteadas y picoteadas por los pájaros. Otras semillas cayeron sobre un sitio rocoso, donde había poca tierra. Ellas germinaron pero pronto se secaron porque no tenían raíz ni humedad. Otras semillas cayeron en la maleza (espinas, hierba silvestre) y la maleza las ahogó. Otras semillas cayeron en tierra buena y fértil donde germinaron y trajeron una gran cosecha."
Después, cuando los discípulos le preguntaron a Jesucristo: "¿Qué significa este proverbio?" Él les explicó:
La semilla es la palabra de Dios (el Evangelio).
El Sembrador - aquél que siembra (predica) la palabra de Dios.
La Tierra - el corazón del hombre.
La tierra en el camino, donde cayó la semilla, significa los no atentos y la gente descuidada a cuyo corazón no le llega la palabra de Dios. El Diablo la sujeta sin dificultad y se la lleva para que ellos no crean y no se salven.
El sitio pedregoso significa la gente inestable y poco espiritual. Ellos escuchan con ganas la palabra de Dios pero ésta no se afianza en el alma de ellos y ellos, a la primera tentación, pena o persecución a la palabra de Dios, se separan de la fe.
La Maleza son la gente cuyas preocupaciones vigentes, riquezas y distintos vicios ensordecen la palabra de Dios en el alma.
La Tierra buena y fértil significa la gente con buen corazón. Ellos están atentos a la palabra de Dios, la cuidan en su buena alma y con paciencia tratan de cumplir con todo lo que ella les enseña. Su cosecha son buenas obras, por lo cual ellos son dignos del Reino Celestial.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 13:1-23; el Evangelio de San Marco 4:1-20; el Evangelio de San Lucas 8:4-15.
La Parábola de la Semilla de Mostaza
J
esucristo enseñaba que el Reino de Dios, el Reino Celestial, al cuál El dio el comienzo y el fundamento (simiente) en la tierra (es decir, la iglesia de Cristo), en el comienzo pequeño, pero luego se extenderá sobre toda la tierra. Él dijo: "El Reino Celestial es similar a la semilla de mostaza, la cual el hombre toma y siembra en el campo. Esta semilla, aunque es la más pequeña que todas las demás, al crecer tiende a ser la más grande que cualquier arbusto y se convierte en un árbol. Tanto así, que llegan los pájaros del cielo y se protegen en su follaje"Muchas otras parábolas decía el Salvador, enseñando al pueblo.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 13:31-32; el Evangelio de San Marco 4:30-32; el Evangelio de San Lucas 13:18-19.
La Desaparición de la Tormenta
U
na vez Jesucristo, junto con sus discípulos, atravesaba en un bote el lago de Galilea. Junto a ellos navegaban otros botes. Jesús se durmió en un extremo del bote. Mientras tanto, se levantó una gran tormenta. Las olas golpeaban tan fuerte los lados del bote que éste se llenaba de agua y Jesucristo continuaba durmiendo.Los discípulos se asustaron, despertaron al Señor y le dijeron: "¡Señor. Sálvanos que nos hundimos!" Jesucristo se levantó, le prohibió al viento soplar y le dijo al agua: "¡Apacíguate, detente!"
E inmediatamente el viento se calmó y el lago se tranquilizó. Se hizo un gran silencio. Luego, les dijo a los discípulos: "¿Por qué ustedes son tan miedosos? ¿Dónde está su fe?" Ellos y todos los que estaban allí, con temor y sorpresa decían el uno al otro: "¿Quién es éste que le da órdenes al viento y el agua y estos le obedecen?"
Observación: Ver le Evangelio de San Mateo 8:23-17; el Evangelio de San Marco 4:35-41; el Evangelio de San Lucas 8:22-25.
La Resurrección de la Hija de Jairo
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a única hija de un respetado anciano hebreo de nombre Jairo, jefe de la sinagoga, estaba al borde de la muerte. Era una joven de 12 años.Jairo vino hacia Jesucristo, cayó a Sus pies y fervientemente le pidió con estas palabras: "Mi hija está moribunda. Ven y ponle las manos encima para que ella sane y quede viva."
Viendo la fe de Jairo, Jesucristo fue con él. Por el camino los encontró el enviado de la casa de Jairo y les dijo: "Tu hija murió. No molestes al maestro."
Pero Jesús, habiendo escuchado esto, le dijo a Jairo: "No tengas miedo. Solamente ten fe y será salvada."
Cuando ellos se acercaron a la casa, vieron allí un gran ajetreo. Todos lloraban y gemían. El Señor les dijo: "No lloréis. La doncella no murió, sino duerme." Ellos no entendieron sus palabras y comenzaron a reírse de Él, sabiendo que ella había muerto. Pero Jesucristo, al sacar la gente de la casa, tomó consigo solamente a los padres de la muerta y a tres de sus apóstoles - Pedro, Jacobo y Juan, y entró al cuarto donde yacía la doncella muerta.
Él la tomó de la mano y le dijo: "Talita cumi" que significa: "Doncella, a ti te digo levántate!"
Y regresó su espíritu; la doncella de inmediato se levantó y comenzó a caminar.
Sus alegres padres estaban muy sorprendidos. Jesucristo mandó a que le dieran comida y estrictamente les prohibió a que divulgasen a la gente de lo ocurrido. Pero la voz de esto se corrió por toda la nación.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 9:18-26; el Evangelio de San Marco 5:21-43; el Evangelio de San Lucas 8:41-56
La Decapitación de Juan el Predecesor
L
a prédica de Juan, el Predecesor, no fue de larga duración. Al preparar a la gente para recibir al Salvador, terminó su vida con sufrimientos. Pronto después del bautizo del Señor, Juan fue apresado por el Rey de Galilea, Herodes Antipas. Este Rey de Galilea era el hijo de aquel Herodes el Grande, quien mandó a matar a catorce mil niños de Belén.Juan reprendió al Rey Herodes en aquello que él, estando vivo su hermano Felipe, se casó con la esposa de este, Herodías. Por esto Herodías odiaba a Juan y le había pedido a Herodes matarlo. Pero Herodes no aceptaba por que consideraba a Juan un gran profeta y le temía a la gente. Sin embargo, para complacerla, lo encarceló. Herodías no quedó satisfecha con esto. Más aún, porque el mismo Herodes escuchaba con placer las enseñanzas de Juan y en mucho actuaba de acuerdo con sus palabras.
Pasó después de esto cerca de un año. Herodes celebraba el día de su cumpleaños. Estaba dando un gran banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea. Al banquete entró la hija de Herodías (hijastra de Herodes), Salomé, y comenzó a bailar. Ella agradó tanto a Herodes y a sus invitados que Herodes le dijo: "Pídeme lo que quieras" y juraba que le entregara hasta la mitad de su reino.
Ella salió y le pregunto a su madre: "Que pedir de el?"
Herodias respondía: "La cabeza de Juan el Bautista."
Salomé, con apresuramiento, regresó con Herodes y le dijo: "Quiero que tú me des inmediatamente en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista."
Herodes entristeció pero no quería faltar a su palabra delante de sus invitados y mandó al soldado para que decapitara a Juan en la cárcel. El soldado, habiendo cumplido con el mandato del Rey, trajo sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista y se la entregó a Salomé, y Salomé la llevó a su madre, Herodías.
Los discípulos de Juan, habiendo escuchado sobre la muerte de Juan el Bautista, vinieron, tomaron su cuerpo y lo enterraron.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 14:1-12; el Evangelio de San Marco 6:14-29; el Evangelio de San Lucas 9:7-9.
El día de la terrible muerte del Santo Juan, el Predecesor, la santa iglesia ortodoxa celebra el 29 de agosto, según el viejo calendario, y el 11 de septiembre, según el calendario nuevo. Se llama el Día de la Decapitación de Juan el Predecesor. Este día se debe mantener un estricto ayuno. La Santa Iglesia venera a Juan el Predecesor mucho más alto que todos los santos, y después de la Madre de Dios.
El Milagro con los Cinco Panes
M
uy pronto, después de la muerte de Juan el Bautista, Jesucristo, junto con los discípulos, fue al otro lado del lago. La gente que andaba a pie corría tras de Él por la orilla.Cuando el bote se detuvo en la otra orilla, ya se había reunido multitud de personas. Jesucristo, viendo la cantidad de gente, se compadeció de ellos porque ellos eran como ovejas que no tienen pastor. Él salió a la orilla y conversó largo rato con ellos sobre el Reino Celestial y curó a muchos enfermos. La gente le escuchaba con tanta atención que no se daban cuenta del tiempo. Finalmente comenzó a anochecer. Los discípulos se acercaron a Jesucristo y le dijeron: "El sitio es solitario y el tiempo es tardío. Deja a la gente para que ellos vayan al pueblo cercano y se compren pan, porque ellos no tienen que comer."
Pero el Señor le contestó a sus discípulos: "No necesitan ir; denles ustedes de comer."
El apóstol Felipe le dijo: "Para ellos y por doscientos denarios habrá poco pan, paro que a cada uno le toque aunque sea un poco."
Jesucristo les dijo: "¿Cuánto pan tienen ustedes? Vayan y miren." Cuando ellos supieron, el apóstol Andrés dijo: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué es esto para tanta gente?"
Entonces Jesucristo dijo: "Tráiganlo aquí." Y mandó a los discípulos a sentar a la gente en filas de cien y de cincuenta personas. Luego El tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos y ellos lo distribuyeron entre la gente. Todos comieron y quedaron satisfechos.
Cuando todos estuvieron llenos, Jesucristo les dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes para que no se pierda nada."
Los discípulos fueron, recogieron y llenaron completamente con los pedazos sobrantes doce canastas y hubo cerca de cinco mil personas que comieron, sin contar mujeres y niños.
En otra oportunidad el Señor, con siete panes y pocos pescados, alimentó a cuatro mil personas, también sin contar a mujeres y niños.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 14:14-21; el Evangelio de San Marco 6:32-44; el Evangelio de San Lucas 9:10-17; el Evangelio de San Juan 6:1-15.
La Caminata de Jesucristo Sobre las Aguas
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espués de la milagrosa alimentación de la gente con los cinco panes, Jesucristo mandó a sus discípulos a ir en bote al otro lado del lago de Galilea, hacia Betsaida de Galilea. Él, por su parte, se despidió de la gente y subió al monte para rezar. Llegó la noche. El bote con los discípulos estaba ya en el centro del lago y las olas lo golpeaban pues soplaba un fuerte viento de frente. Antes del amanecer, Jesucristo, viendo el sufrimiento de los discípulos, fue hacia ellos por las aguas. Ellos, habiéndolo visto a Él caminar sobre las aguas, pensaron que era una aparición y de miedo gritaron.Pero Jesucristo de inmediato habló con ellos: "tranquilícense; este soy yo. No temáis." Entonces el apóstol Pedro exclamó: "Señor, si éste eres Tú, entonces mándame a ir por las aguas hacia Ti." El Señor le dijo: "Anda."
Pedro salió del bote y comenzó a caminar sobre las aguas para acercarse a Jesucristo. Pero, sintiendo el fuerte viento y viendo las grandes olas, se asustó y, por el miedo, desapareció su fe y entonces comenzó a hundirse y gritó: "¡Señor, sálvame!"
Jesucristo de inmediato le extendió su mano, le sostuvo y le dijo: "¡Poco creyente! ¿Porqué dudaste?" Y cuando ellos entraron en el bote, el viento se calmó.
Los discípulos se acercaron, reverenciaron a Jesucristo y dijeron: "De veras Tú eres el Hijo de Dios."
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 14:22-36; el Evangelio de San Marco 6:45-56; el Evangelio de San Juan 6:16-21.
El Saneamiento de la Hija de la Cananiana
E
n una ocasión Jesucristo vino a las tierras de Tiro y Cidón. Allí vino hacia Él una mujer cananita de fe pagana y comenzó a gritarle fuerte: "¡Perdóname Señor, Hijo de David! Mi hija está poseída severamente por el demonio" Deseando mostrarle a sus discípulos la fuerte fe de esta pagana, Jesucristo no le contestó ni una sola palabra.Entonces los discípulos le comenzaron a pedir: "Déjala ir porque ella grita y nos sigue." Pero Jesucristo contestó: "Yo fui mandado sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel." En este momento la mujer, reverenciándose, se acercó al Señor, se arrojó a sus pies y le pidió: "¡Señor, ayúdame!"
Jesucristo le dijo: "Deja primero que se sacien los niños. Porque no es bueno tomar el pan de los niños y tirarlo a los perros." Así dijo Él, porque los hebreos se llamaban niños de Abraham, hijos de Dios e hijos del Reino celestial y miraban a los paganos como a los perros.
He allí as porqué el Salvador, como si fuera intencionalmente, usó en esta oración a los hebreos y los igualó a los perros a esta mujer. Le quiso enseñar a los hebreos toda la equivocación, la injusticia de su trato con los paganos.
Entre los paganos Él encontraba una fe tan fuerte como no lo encontraba hasta en los hebreos, llamados por Él 'las ovejas perdidas de la casa de Israel.' Además, con estas palabras el Salvador le enseñó a la mujer que El tiene que vivir y hacer sus cosas, primeramente, entre los hebreos, porque ellos creían en el verdadero Dios. Pero lo principal, que el Salvador veía el corazón creyente de la mujer y se alegraba; que con su ejemplo podía enseñar a todos los hombres cómo debe ser la fe.
La mujer, humildemente, le contestó a esto: Así es, Señor. Pero los perros también comen migajas que se caen de la mesa de su amo." Con estas palabras la cananita mostró no solamente su gran humildad y conciencia, que en el paganismo el hombre no puede estar tan cerca de Dios como en la verdadera fe, pero también expreso con esto su profunda fe que en la misericordia de Dios hay la misericordia para cada persona. Entonces Jesucristo le dijo: "Oh, mujer. ¡Grande es tu fe! Que sea por tu deseo." Y su hija sanó en aquel instante. Una vez de regreso a su casa, la mujer encontró a su hija sana, tranquilamente descansando sobre su cama.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 15:21-28; el Evangelio de San Marco 7:24-30.
C
uando Jesucristo con sus discípulos fue a los pueblos de Cesárea de Felipe, por el camino Él les preguntó: "¿Por quién me venera mi pueblo?" Ellos contestaron: "Unos por Juan el Bautista, otros por Elías y otros por Jeremías, o por uno de los antiguos profetas que resucitó.""¿Y ustedes, por quién me veneran?" preguntó Jesucristo. El apóstol Pedro contestó por todos: "Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo." El Salvador felicitó a Pedro por tal demostración de fe y le dijo: "Tú, Pedro (piedra, por su fe), sobre esta piedra (sobre esta fe) yo (Hijo de Dios) crearé (formaré) mi Iglesia y ningún esfuerzo de Satanás la destruirá. Y a ti Pedro, te daré las llaves del Reino Celestial (tal poder de mi Iglesia). Lo que ates en la tierra será atado en el cielo y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo."
Esto significa que a aquellos de los creyentes, pertenecientes a la Iglesia, que tú no perdones los pecados, a ellos no les serán perdonados por Dios; y aquellos de los pecados que tú perdones, aquellos serán perdonados por Dios.
Este mismo poder el Salvador le dio a todos sus demás apóstoles (Juan 20:22-23). A Pedro Él le dijo antes que a los demás, porque Pedro fue el primero de los apóstoles que confesó delante de Él su fe, que Él era Cristo, Hijo de Dios. A partir de entonces, Jesucristo comenzó a abrir (es decir, hablar abiertamente, profetizar) a sus discípulos que a Él, para la salvación de la gente, le esperaban muchos sufrimientos por parte de los ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los maestros de la ley. Y que sería asesinado y resucitaría al tercer día.
Pedro entonces apartó al Salvador y comenzó a reprenderle. "¡Sé misericordioso contigo mismo, Señor, que no pase esto contigo!"
De estas palabras de Pedro se ve que él tenía la noción judaica del Mesías y no entendía aún la enseñanza de la salvación de la gente a través del sufrimiento de Cristo. En él pesaban más los sentimientos terrenales que los espirituales.
La petición de Pedro era parecida a la tentación del diablo que igualmente ofrecía al Señor, en vez de lo espiritual, lo terrenal; en vez del Reino Celestial, el Reino de este siglo. Por eso, Jesucristo le contestó: "Aléjate de mí, Satanás. Tú me eres la tentación. Porque piensas no en aquello que es Dios sino de lo que es de los hombres."
Y después llamó al pueblo con los discípulos y dijo: "Aquél quien quiera seguirme, olvídese de sí mismo (no pienses en tus beneficios), toma tu cruz (amarguras, sufrimientos y trabajo, enviados a ti por Dios) y sígueme. Porque aquél quien quiera salvar su alma (vida), la perderá. Y aquél quien pierda su alma (vida) por Mí y el Evangelio, la preservará. Ya que cuál es el beneficio para el hombre si él, tratando de amasar bienes terrenales particularmente para él, adquiera aunque fuera todo el mundo pero destruye su alma, para el Reino de Dios, y para la vida eterna."
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 16:13-28; el Evangelio de San Marco 8:27-38; el Evangelio de San Lucas 9:18-27.
P
ara fortalecer la fe de sus discípulos, cuando lo vieran a Él sufriendo, Jesucristo les enseñó Su gloria celestial. No mucho antes de sus sufrimientos, Jesucristo tomó a tres discípulos: Pedro, Jacobo y Juan; y con ellos subió a una alta montaña Tabor para rezar. Mientras Él rezaba, los discípulos se durmieron por el cansancio.Cuando se despertaron, vieron que Jesucristo se había transfigurado. Su rostro resplandecía como el sol, sus ropas se hicieron blancas como la nieve y brillantes como la luz. En este momento le llegaron a, en la gloria celestial, dos profetas - Marcos y Elías. Y hablaban con él sobre los sufrimientos y la muerte que le esperaba soportar en Jerusalén. Con esto una alegría sobrenatural llenó los corazones de los discípulos.
Cuando ellos vieron que Moisés y Elías se alejaban de Jesucristo, Pedro, sin saber que decir, exclamó: "¡Señor, nos es muy grato estar aquí! Si quieres, hagamos aquí tres chozas: una para Ti, otra para Moisés y la tercera para Elías" De repente, una nube clara los iluminó y ellos oyeron de la nube la voz del Dios Padre: "Éste es Mi Hijo amado, en el cual está mi bendición; ¡Obedézcanle!"
Los discípulos, asustados, se postraron en el suelo. Jesucristo se les acercó a ellos, los tocó y dijo: "Levantaos y no tengáis miedo." Los discípulos se levantaron y vieron a Jesucristo de la forma normal. Mientras bajaban de la montaña, Jesucristo les mandó a no contar a nadie lo que habían visto hasta que El no resucite de entre los muertos.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 17:1-13; el Evangelio de San Marco 9:2-13; el Evangelio de San Lucas 9:28-36.
La sublime transformación de nuestro Señor Jesucristo, la iglesia ortodoxa la celebra el día 6 de agosto, según el calendario viejo, y el 19 de agosto según el calendario nuevo.
Este día se considera como de gran festividad. Con su transfiguración, Jesucristo nos enseña cómo serán los hombres en el mundo venidero, en el Reino Celestial y cómo transfigurará todo nuestro mundo terrenal.
El día de la transfiguración, luego de la liturgia, se traen al templo, para ser bendecidas para su consumo, uvas y frutos de los árboles en general, como por ejemplo manzanas, peras, ciruelas, duraznos, etc.
Tropario:
Jesucristo se transfiguró en la montaña y mostró, hasta donde podía, su gloria a sus discípulos. Y que a nosotros, pecadores, resplandezca tu luz eterna con la oración de la Madre de Dios; Dador de luz. ¡Gloria a Ti!
Hasta donde pedían - hasta lo que los apóstoles podían ver de la Gloria celestial de Cristo.
Eterno - siempre existió y existirá. Dador de luz - iluminador de todas las cosas.
M
ás de una vez la gente le preguntaba a Jesucristo qué era lo más importante de su enseñanza, para recibir la vida eterna en el Reino Celestial. Unos preguntaban para saber, otros para poder inculparlo.Por este motivo una vez un jurista judío (es decir, un hombre encargado del estudio de la ley de Dios), queriendo probar a Jesucristo, le preguntó: "Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento en la ley?" Jesucristo le contestó: "Ama a tu Señor Dios con todo tu corazón y con toda el alma y con toda tu mente y con toda tu fortaleza. Este es el primer y el mayor mandamiento. El segundo es parecido al primero: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Sobre estos dos mandamientos se fundamenta toda la ley y profecía."
Esto significa: todo lo que enseña la Ley de Dios, de lo que hablaban los profetas, todo esto está contenido en estos dos principales mandamientos. Es decir, todos los mandamientos de la ley y su enseñanza nos hablan del amor. Si tuviéramos en nosotros tal amor, entonces no podríamos incumplir con todos los demás mandamientos, así como todos ellos son partes del mandamiento de amor. Así, por ejemplo, si nosotros amamos al prójimo, entonces no podemos afligirlo, engañarlo, más aún matarlo o envidiarlo y, en general, no podemos desearle nada malo sino, por el contrario, lo deseamos bien, nos preocupamos por él y estamos siempre listos para sacrificar todo por el.
Por eso Jesucristo dijo: "No hay otro mandamiento mayor que estos dos" (Marco 12:31).
El jurista le dijo a Jesucristo: "Muy bien, Maestro. Dijiste la verdad. Que amar a Dios con todo el alma y amar al prójimo como a sí mismo es el más grande y mayor de todos los holocaustos y sacrificios a Dios."
Jesucristo, viendo que respondía inteligentemente, le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios."
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 22:35-40; el Evangelio de san Marco 12:28-34; el Evangelio de San Lucas 10:25-28.
U
n hebreo, maestro de la ley, queriendo justificarse (como los hebreos se consideraban 'su prójimo' solamente a los hebreos y a todos los demás los despreciaban), le preguntó a Jesucristo: "¿Quién es mi prójimo?"Con el objeto de enseñarle a la gente a considerar a cualquier otra persona como su prójimo, sea quien fuese, si procediera de cualquier nación y fuera de cualquier fe, asimismo para que nosotros fuéramos condescendientes y misericordiosos con todas las personas, ofreciéndoles la mayor ayuda posible a sus necesidades y sufrimientos, Jesucristo le contestó con la parábola:
"Un hebreo iba de Jerusalén a Jericó y fue atrapado por unos bandidos quienes le quitaron las ropas, lo hirieron y se fueron dejándole casi muerto. Casualmente, andaba por el mismo camino un sacerdote hebreo. Éste miró al herido y pasó de largo. Así mismo, un levita (servidor de la iglesia hebrea) estaba en aquel lugar; se acercó, miró y se alejó.
Más tarde, por el mismo camino viajaba un samaritano (los hebreos despreciaban a los samaritanos de manera tal que no se sentaban junto a ellos en la misma mesa; incluso trataban de no hablar con ellos).
El samaritano vio al hebreo herido y se compadeció de él. Se le acercó, le vendó las heridas untándolas con aceite y vino. Luego lo montó sobre su asno, lo llevó a una posada y allí lo cuido. Al siguiente día, al partir, le dio al dueño de la posada dos denarios (denario = moneda romana, de plata) y le dijo: 'Encárgate de él y, si gastas más de esto, cuando yo venga de regreso te lo devolveré."
Después de esto, Jesucristo le preguntó al maestro de la ley: "¿Cómo piensas tú, cuál de estos tres era el prójimo del que cayó víctima de los bandidos?" El maestro de la ley le contestó: "El que le ofreció misericordia, (es decir el samaritano)."
Entonces, Jesucristo le dijo: "Ve y tú también actuáis así."
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 10:29-37.
Jesucristo donde Marta y María
E
nseñando al pueblo, Jesucristo llegó a Betania. Este poblado no se encontraba lejos de Jerusalén, detrás del monte de Jericó. Allí lo recibió en su casa una mujer, con el nombre de Marta, quien tenía un hermano llamado Lázaro y una hermana llamada María.En la casa de Lázaro Jesucristo dio la enseñanza de que la preocupación por la salvación del alma está por encima de todas las demás. Ocasión para la cual sirvió el recibimiento que le hicieran las hermanas de Lázaro. Ambas, con igual alegría, lo recibieron pero demostraron en forma diferente su alegría. María se sentó a los pies del Salvador y escuchaba atentamente sus enseñanzas. Marta, mientras tanto, estaba preocupada y se esforzaba arduamente por el banquete.
O le pareció a Marta que ella no podrá rápidamente encargarse sola de sus quehaceres, o le pareció que su hermana no recibe con tanto espero a Jesucristo como debería ser, solo que Marta se acerco al Salvador y le dijo: "Señor, ¿acaso no te preocupa que mi hermana me deje sola sirviendo? ¡Dile a ella que me ayude!"
El señor, Jesucristo, le dijo en respuesta: "¡Marta, Marta! Tú te preocupas y te agitas por mucho," (innecesariamente, es decir, las preocupaciones de Marta están dirigidas hacia aquello sin lo cual se puede vivir, lo que compone solamente lo terrenal. Una agitación rápidamente pasajera) "pero solamente se necesita una cosa (es la atención a la palabra de Dios y el cumplimiento de Su voluntad). Pero María escogió la parte más beneficiosa (la mejor), la cual (nunca) no le será arrebatada."
Otra vez ocurrió que, cuando Jesucristo conversaba con la gente, una mujer no pudo mantener la alegría en su alma por sus palabras y en voz alta exclamó entre la multitud: "¡Bienaventurada (feliz en un grado supremo) la Madre que Te concibió y Te crió!" El Salvador contestó a esto: "Bienaventurados aquellos que oyen la Palabra de dios y la cumplen," es decir. Quienes viven según los mandamientos de Dios.
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 10:28-42 y 11:27-28.
E
stando en el templo de Jerusalén, por la ocasión de una festividad, el Salvador, luego de su sermón, salió del tempo y atravesando la calle vio a un hombre ciego desde su nacimiento. Los judíos pensaban que cualquier penuria que le ocurriese al hombre era castigo por sus pecados. Si la pena alcanzaba a un niño, entonces ellos consideraban esto como un castigo por los pecados de los padres.Por esto los discípulos de Jesús le preguntaron: "¡Rabí (maestro)!, ¿Quién pecó, él o sus padres, para que naciera ciego?"
Jesucristo contestó: "No pecó ni él ni sus padres. Pero esto es para que, sobre él, ocurran las obras de Dios."
Habiendo dicho esto, Él escupió sobre la tierra e hizo lodo del escupido y le untó con ello los ojos al ciego. Después, el Salvador le dijo al ciego: "Ve, lávate la cara en la piscina de Siloé." Siloé era el nombre de una de las fuentes de agua que se encontraba en las afueras de la ciudad. La palabra Siloé significa 'mandado, enviado.'
Para sanar al ciego de nacimiento, el Salvador pudo haber dicho una sola palabra y el ciego hubiese visto. Por esto, si Él ahora había untado los ojos del ciego, lo hizo no porque esa masa poseía fuerzas sanadoras, sino para que, con este contacto a sus ojos, se despertara en él la fe y enseñar a la gente que el ciego, con la fe, aceptó la palabra del Salvador.
El ciego de nacimiento fue a la piscina de Siloé, se lavó la cara y comenzó a ver. Y regresó viendo. Entonces, todos sus vecinos y los que lo habían visto anteriormente, se sorprendieron y se preguntaban: "¿No es éste aquel pobre ciego que estaba sentado y pedía limosna?" Unos decían: "¡Es él!" Otros decían: "Solamente se parece a él." El ciego mismo decía: "Este soy yo, el mismo que estaba ciego."
Entonces todos comenzaron a preguntarle: "¿Cómo se te abrieron los ojos?" El sanado contestaba: "El hombre llamado Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo 'Ve a la piscina de Siloé y lávate la cara.' Yo fui, me lavé y comencé a ver."
A él le preguntaban: "¿Dónde está ese hombre?" El sanado contestó: "No lo sé."
Entonces llevaron al antiguo ciego a los fariseos pero era Sábado cuando Jesucristo lo sanó. Los fariseos, así mismo, interrogaron al sanado cómo fue que había sanado. El sanado les contestó: "Él que me puso lodo sobre mis ojos y yo me lavé la cara y vi." Algunos de los fariseos comenzaron a decir: "No es de Dios este hombre porque no conserva el Sábado" Otros decían: "¿Cómo un hombre pecador puede hacer tales milagros?" Y hubo entre ellos discusión.
Luego, de nuevo preguntaron al sanado: "¿Qué puedes decir tú de Él? ¿Por qué Él te abrió los ojos?" El sanado les dijo: "Es profeta." Entonces los fariseos no creyeron que él había sido ciego y ahora podía ver. Llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste su hijo, del cual ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora él puede ver?" Los padres del sanado les contestaron: "Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero cómo él ahora ve, no sabemos y quién le abrió los ojos, no sabemos. Nuestro hijo es mayor de edad (adulto), pregúntenle a él mismo. Que él mismo hable sobre sí."
Así contestaban sus padres, porque le temían a los fariseos, quienes habían convenido de antemano y acordaron que, cualquiera que aceptase a Jesús de Nazaret como Cristo - Mesías, el Salvador del Mundo, sería expulsado de la sinagoga. Es decir, le considerarían separatista de su fe y de la ley. Por esto, los padres, por temor delante de los fariseos, dijeron que él era mayor de edad y que le preguntasen a él mismo.
Entonces, por segunda vez, los fariseos llamaron al sanado y le dijeron: "¡Dale la gloria a Dios! Nosotros sabemos que aquel hombre es pecador" (es decir, por tu sanación dale gracias a Dios y no a este Hombre, El es pecador).
El sanado les dijo a ellos: "Si Él es pecador no lo sé. Solamente sé que yo era ciego y que ahora veo." Los fariseos, de nuevo, comenzaron a preguntarle: "¿Qué hizo Él contigo? ¿Cómo Él abrió tus ojos?" El sanado respondió: "Ya les dije y ustedes no escucharon. ¿Qué más quieren escuchar? ¿O es que ustedes quieren convertirse en Sus discípulos?"
Los fariseos se enfadaron, lo reprendieron y dijeron: "Tú eres su discípulo pero nosotros somos los discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que con Moisés hablaba Dios. De éste (de Jesús) nosotros no sabemos de dónde es."
Entonces, el sanado les dijo en respuesta: "Esto sí es sorprendente, que ustedes no sepan de dónde es El y Él me abrió los ojos. Pero nosotros sabemos que a los pecadores Dios no escucha. Pero al que venera a Dios y hace su voluntad, a aquél lo escucha. En el siglo no se escuchó que alguien (de la gente) abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si Él no hubiese sido de Dios, entonces no hubiera podido hacer nada."
Estas simples e inteligentes palabras, contra las cuales no había nada que decir, enfurecieron a los fariseos. Ellos le dijeron: "¿Tú naciste lleno de pecados y acaso tú eres el indicado en enseñarnos?" y lo echaron fuera.
Jesucristo, habiendo escuchado que los fariseos habían expulsado al sanado, lo encontró y le dijo: "¿Tú crees en el Hijo de Dios?" El sanado a su vez preguntó: "¿Quién es Él, Señor, para creer en Él?" Jesucristo le dijo: "Y lo vistes a Él y Él habla contigo." Entonces, el sanado, con gran alegría, dijo: "Creo, Señor" y le reverenció.
Observación: Ver el Evangelio de San Juan 9:1-38.
La Parábola del Rico Insensato
J
esucristo enseñaba: "Miren, cuídense de la avaricia (es decir, cuídense de querer amasar riquezas, cuídense del vicio de la riqueza) porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de sus bienes." Para que la gente entendiera esto mejor, el Señor contó la parábola del rico insensato.Un hombre rico tuvo una buena cosecha en su campo. Y comenzó a razonar consigo mismo: "¿Qué hago? No tengo donde almacenar mis cosechas" Y, al decidir, dijo: "Voy a hacer esto: romperé mi silo y construiré nuevos silos, mucho más grandes y recogeré y guardaré allí todo mi trigo y todos mis bienes, y le diré a mi alma: ¡Alma! Muchos bienes hay guardados para muchos años. Reposa, come, bebe y regocíjate"
Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta noche tomarán tu alma de ti (es decir, morirás) ¿Quién recibirá aquello que tú preparaste?"
Al terminar aquella parábola, el Señor dijo: "así ocurre con aquél que guarda riquezas para sí y no se enriquece en Dios," o sea, así debe ocurrir con cualquier persona que amasó riquezas solamente para sí, para su comodidad y disfrute, y no para Dios; es decir, no para obras buenas, agradables a Dios y no ayuda al prójimo y no alivia sus sufrimientos.
Vendrá la muerte al hombre y su riqueza terrenal no le brindará a su alma en el otro mundo, en la vida venidera, beneficio alguno.
"Por esto os digo," dijo el Salvador "no se preocupen (demasiado) por aquello que comerán, que tomarán y que vestirán. El alma es más que el alimento y el cuerpo es más que la ropa. Su Padre Celestial sabe que ustedes tienen necesidad de todo esto. Primeramente busquen el Reino de Dios y su verdad y todo lo demás se les añadirá." Es decir, preocúpense primero por la salvación de sus almas, cumpliendo los mandamientos de Dios - manifiesten misericordia al prójimo, hagan de su alma un alma correcta, digna de estar en el Reino de Dios.
Entonces, todo lo restante, todo lo que requiere su cuerpo para la vida terrenal, el Señor os mandará.
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 12:15-31.
U
na vez, cuando Jesucristo oraba y termino su oración, uno de los discípulos le dijo: "¡Señor! Enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos."Jesucristo les dijo: "Cuando oren, digan así: "Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad, como es en el cielo así en la tierra. El pan nuestro dánoslo hoy. Perdónanos nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación mas líbranos del maligno. Porque tuyo es el Reino, la fuerza y la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén."
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 11:1-4; el Evangelio de San Mateo 6:9-13.
D
urante un sermón de Jesucristo, el Apóstol Pedro se le acercó y preguntó: "Señor. ¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano (al prójimo) pecando contra mí (es decir, si él me ofende en algo)? Bastará perdonarle hasta siete veces?"Jesucristo le dijo: "No te digo hasta siete, sino setenta veces siete," es decir, perdona sin contar, siempre.
Para explicar esto mejor, Jesucristo contó una parábola: "Un hombre le debía al rey diez mil talentos (talento - peso en oro y plata, en un valor aproximado de 2.500 de dólares. Es decir que su deuda era de 25.000.000 dólares). Pero él no tenía con qué pagar. Cuando lo llevaron ante la presencia del rey, este mandó venderlo a el, a su mujer, a sus hijos y todos sus bienes. Entonces el deudor se postró a los pies del rey y, reverenciándole, le comenzó a pedir: "Señor! Ten paciencia conmigo y yo te pagaré todo." El rey, misericordioso, se apiadó de él, le perdonó toda la deuda y lo dejo ir.
Este hombre, al salir del rey, vio a uno de sus compañeros que le debía cien denarios (es decir, solamente 20 dólares). Él agarró a su compañero y comenzó a ahorcarlo diciéndole: "Devuelve lo que me debes." El compañero se postró a sus pies y, suplicándole, decía: "Ten paciencia conmigo y te lo devolveré todo." Pero aquél no quiso esperar y fue y lo encerró en la cárcel hasta que no le devolviera la deuda. Cuando el rey supo, por los compañeros del afligido, de la crueldad de este hombre, lo hizo llamar y le dijo: "¡Cruel siervo! Te perdoné toda tu deuda porque tú me lo suplicaste. ¿Acaso no te correspondía perdonarle al compañero tuyo como yo te perdoné a ti?"
Y, enfadado, el rey lo entregó a los verdugos (la gente sobre las cuales descansaba el deber de castigar a los bandidos) hasta que no le devolviese toda su deuda."
Habiendo terminado su parábola. Jesucristo dijo: "Así y mi Padre Celestial hará con ustedes, si cada uno de ustedes no perdona de corazón a su prójimo, a sus pecados."
Con este proverbio, como Rey se sobreentiende a Dios. Por el hombre, quien le debía mucho al rey, se entiende que somos nosotros, la gente. Por deuda entendemos nuestros pecados. Por el compañero del deudor, aquella gente que en algo es culpable delante de nosotros (son nuestros deudores).
De esta parábola se puede observar que cualquiera que esté enfadado con el prójimo por alguno de sus actos y no lo quiere perdonar, no merece (no es digno) de recibir el perdón de Dios.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 18:21-35; el Evangelio de San Lucas 17:3-4.
El Saneamiento de los Diez Leprosos
A
la entrada de un poblado, Jesucristo se encontró con diez leprosos. Nueve de ellos eran judíos y uno de ellos samaritano. El dolor común les unía.A los leprosos se les prohibía acercarse a la gente pues su enfermedad era contagiosa. Por eso, deteniéndose de lejos, ellos en voz alta le decían: "Maestro Jesús, ten piedad de nosotros." Jesucristo les contestó: "Vayan y muéstrense a los sacerdotes." Los sacerdotes observaban a aquellos, quienes estaban sanando de la lepra y les daban entonces un certificado del permiso de vivir en las ciudades y los pueblos.
Los leprosos fueron donde los sacerdotes y cuando iban por el camino, se limpiaron de la lepra, es decir, sanaron. Uno de ellos, viendo que él había sanado, regresó con Jesucristo, en voz alta, glorificando a Dios, y se postro a los pies de Cristo agradeciéndole. Éste era el samaritano.
Los judíos se habían quedado sin agradecer. Entonces, Jesucristo dijo: "¿No fueron diez los que se limpiaron? ¿Dónde están los nueve restantes? Porqué ellos no regresaron para glorificar a Dios así como hizo este extranjero?"
Luego, dirigiéndose al agradecido samaritano, le dijo: "Levántate y ve. Tu fe te ha salvado." De esto vemos que nosotros siempre debemos ser agradecidos con Dios, por toda su misericordia que Él nos manda.
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 17:11-19.
S
obre aquella gente, quien ama las riquezas y no ayuda a los pobres, Jesucristo relató la siguiente parábola:"Un hombre fue rico. Se vestía de púrpura (vestimenta como túnica de tela, de color púrpura y muy costosa) y viso (vestimenta como túnica, de lino fino, delgado, y de color blanco) y celebraba alegremente cada día. Igualmente, había un pobre con el nombre de Lázaro, quien yacía en el portón de la casa del rico y estaba cubierto de llagas. Lázaro yacía ahí para alimentarse de las migajas que caían de la mesa del rico y los perros venían y lamían sus llagas. Murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham (sitio de la bienaventuranza de los justos - el Paraíso).
Murió el rico y lo enterraron. Y, sufriendo en el infierno, él alzó sus ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro con él. Entonces exclamó: 'Padre Abraham! Ten misericordia de mí y mándame a Lázaro para que él moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque yo sufro en esta llama.'
Pero Abraham le contestó: 'Hijo. Acuérdate cómo en la tierra tu disfrutabas y Lázaro sufría. Ahora él se consuela aquí y tu sufres. Además, entre nosotros y ustedes está abierto un gran precipicio, el cual no podemos atravesar ni nosotros ni ustedes.'
Entonces, el que fue rico, le dijo a Abraham: 'Entonces te pido Padre, manda a Lázaro a la tierra, a la casa de mi padre, porque allí quedaron todavía cinco hermanos. Que él les prevenga y testifique a ellos de la futura vida para que ellos no caigan en este sitio de sufrimientos.'
Abraham le contestó: "Ellos tienen a Moisés y a los profetas (es decir, sus sagradas escrituras). Que les obedezcan."
El rico le replicó: "No, Padre Abraham, pero si alguno de los muertos viene entonces sí se arrepentirán." Entonces Abraham le dijo: 'Si a Moisés y a los profetas no les escucharon, entonces, si alguno de los muertos resucita no le creerán.'
En esta parábola el Señor claramente nos enseñó que si el rico gasta sus riquezas solamente en placeres y no ayuda a los necesitados, no piensa en su alma y tampoco en su eterno destino. Entonces será juzgado y no recibirá la bienaventuranza en la vida venidera.
Aquellos quienes con paciencia, humildad, sin quejarse, soportan los sufrimientos, recibirán la bienaventuranza de la vida eterna en el Reino Celestial.
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 16:19-31.
La Parábola del Fariseo y el Publicano
P
reviniéndonos a todos para que no fuésemos orgullosos, no nos vanagloriemos, no nos considerásemos justos y mejores que los demás, sino que con humildad, viendo nuestros pecados, nos apesaremos de ellos, sin criticar a nadie, porque solamente la persona humilde se eleva con el alma a Dios - Jesucristo relató la siguiente parábola:"Dos hombres entraron al templo para rezar. Uno de ellos era fariseo y el otro un publicano (cobrador de impuestos). El fariseo, poniéndose delante, rezaba así: "Dios, te agradezco que yo no soy como la otra gente, ladrones, malvados, adúlteros o como ese publicano. Ayuno dos veces a la semana. Ofrendo la décima parte de todo lo que adquiero."
El publicano se paro a lo lejos. Incluso no se atrevía levantar sus ojos al cielo, pero, golpeándose el pecho, decía: 'Dios, sé misericordioso conmigo, el pecador.'
Jesucristo dijo: "Os digo a vosotros que el publicano salió hacia su casa más perdonado que el fariseo. Porque aquél quien se enaltece a sí mismo será humillado y quien se humille será enaltecido."
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 18:9-14.
M
uchos traían sus hijos a Jesucristo para que Él los tocara, colocando sus manos con oración y los bendijera. Los discípulos de Cristo no les permitían acercarse pensando que no valía la pena que los niños molestasen al Maestro.Pero Jesucristo, viendo esto, se enfadó, llamó a los discípulos y les dijo: "Dejen a los niños y no objeten a que ellos vengan a Mí, ya que de ellos es el Reino Celestial. En verdad os digo: Aquel quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y, abrazando a los niños, Jesucristo los bendijo colocando sobre ellos sus manos.
De esto nosotros debemos entender que la inocencia, sin enfado, la simpleza y la misericordiosa alma, características primarias de los niños, llevan al hombre al Reino Celestial.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 19:13-15; el Evangelio de San Marco 10:13-16; el Evangelio de San Lucas 18:15-17.
A
Jesucristo le iban publicanos (cobradores de impuestos) y pecadores para escuchar sus enseñanzas. Los orgullosos fariseos y letrados (eruditos, los maestros del pueblo hebreo) por esto hablaban mal sobre Jesucristo y decían: "Él recibe a los pecadores y come con ellos." Sobre esto, Jesucristo dijo varios proverbios en los cuales enseña que Dios con alegría y con amor recibe a cualquier pecador arrepentido.He aquí uno de ellos: "Un hombre tuvo dos hijos. El menor de ellos le dijo al padre: "Padre. Dame la parte de los bienes que me corresponde." El padre cumplió con su petición. Pasados pocos días, el hijo menor reunió todo y se fue a un país lejano. Allí, viviendo desenfrenadamente, gastó todos sus bienes. Cuando había gastado todo, comenzó una fuerte hambruna en ese país y él comenzó a pasar necesidades. Fue entonces y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquél país y aquél lo mandó a sus campos a apacentar sus cerdos. Del hambre él hubiera sido feliz de alimentarse de los algarrobos que comían los cerdos, pero nadie se los daba.
Entonces, entrando en razón y volviendo en sí, él se acordó del padre. Se arrepintió de sus actos y pensó: 'Cuántos jornaleros (empleados) comen con abundancia pan en la casa de mi padre. Y yo padezco hambre! Me levantaré e iré con mi padre y le diré: "Padre, yo pequé contra el cielo y delante de ti y no soy digno de llamarme hijo tuyo. Acéptame dentro del grupo de tus jornaleros!"
Y así lo hizo. Se levantó y fue a casa de su padre. Al estar todavía lejos, el padre lo vio y se apiadó de él. El padre mismo corrió al encuentro del hijo, se echó sobre su cuello y le besó.
El hijo comenzó a decir: "Padre, yo pequé contra el cielo y delante de ti y no soy digno de llamarme hijo tuyo..."
Pero el padre le dijo a sus sirvientes: 'Traigan la mejor vestimenta y vístanlo. Denle el anillo en su mano y calzado a los pies y sacrifiquen un ternero bien engordado. Porque comenzaremos a comer y festejar. Porque este hijo, quien estaba muerto, revivió. Estaba perdido y se encontró.'
El hijo mayor en ese momento regresaba del campo. Habiendo escuchado en la casa los cantos y las voces, llamó a uno de los sirvientes y le preguntó: 'Qué es aquello?' El sirviente le contestó: 'Tu hermano vino y tu padre sacrificó al ternero engordado debido a que lo vio sano.' El hermano mayor se enfadó y no quiso entrar a la casa.
El padre salió y lo llamó. Pero él contestó al padre: 'He aquí yo, quien tantos años te sirvió y nunca te he desobedecido en tu mandato. Pero nunca me diste un cabrito para que yo me alegre con mis amigos. Pero cuando vino ese hijo tuyo quien gastó toda su riqueza en mala vida, tu mandaste a sacrificar para él un ternero engordado.'
El padre le contestó: 'Hijo mío. Tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. El que tu hermano estaba muerto y revivió; se perdió y se encontró, tú también deberías alegrarte y festejar.'
En esta parábola, por padre se sobreentiende a Dios, por el hijo perdido al pecador arrepentido. Al hijo perdido se le parece cualquier persona quien con su alma se aleja de Dios y se entrega voluntariamente a la vida pecaminosa. Con sus pecados él aniquiló su propia alma y todos los dones (vida, salud, fuerza, talento) que recibió de Dios. Cuando el pecador, volviendo en sí, entrega a Dios su sincero arrepentimiento con humildad y con la esperanza de su misericordia, entonces el Señor, como Padre misericordioso, se alegra con sus ángeles por el regreso del pecador, perdonándole todos sus pecados, por grandes que estos fuesen, y le regresa sus bondades y dotes.
Con la narración del hijo mayor, el Salvador nos enseñó que cualquier creyente cristiano debe con toda el alma desear su salvación, alegrarse de la conversión de los pecadores, no envidiar el amor de Dios hacia ellos y no considerarse más digno de las bondades, más que aquellos que se convierten a Dios de su vida anterior fuera de la ley.
Observación: Ver el Evangelio de San Lucas 15:11-32.
J
esucristo predijo lo que le espera en el futuro a todo nuestro mundo y a toda la gente. Él enseñaba que llegará el fin del mundo y la vida terrenal de la humanidad terminará. Cuando Él por segunda vez vendrá a la tierra y resucitara a toda la gente (entonces los cuerpos de toda la gente se unirán con sus almas y resucitarán), entonces realizará el juicio sobre la gente y le gratificará a cada cual por sus hechos."No se sorprendan de esto," decía Jesucristo, "ya que se acerca el tiempo en el cual los que se encuentren en las tumbas escucharán la voz del Hijo de Dios, y habiéndole escuchado, revivirán y saldrán de las tumbas; unos, los que hacían el bien, para la futura vida bienaventurada y otros, los hacedores del mal, para enjuiciarlos."
Sus discípulos le preguntaban: "Dinos, cuándo será esto y cuál es la señal Tuya de la (segunda) venida y del fin del mundo?"
En respuesta a esto Jesucristo les advertio que antes de su gloriosa venida a la tierra, habrán tiempos tan difíciles para la gente, cuales no se habían visto desde el comienzo del mundo.
Habrá diferentes penurias: hambre, peste, inundaciones, terremotos, guerras frecuentes. Se multiplicará la corrupción; la fe se debilitará y en muchos no habrá amor de los unos hacia los otros. Aparecerán muchos falsos profetas y maestros, los cuales corromperán a la gente y los pervertirán con su destructiva enseñanza.
Pero primero será predicado el Evangelio del Cristo sobre toda la tierra, en testimonio a todos los pueblos.
Antes del propio fin del mundo habrá grandes y terribles manifestaciones en el cielo; el mar rugirá y se agitará; la tristeza y la inquietud invadirá a la gente de manera tal que ellos morirán de miedo y de la espera de las plagas para todo el mundo. En esos días, luego de aquella penuria, el sol se oscurecerá y la luna no dará su luz; las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán.
Entonces aparecerá en el cielo el emblema de Jesucristo (su cruz). Entonces llorarán todas las tribus terrenales (del miedo al juicio de Dios) y verán a Jesucristo caminando en las nubes celestiales con poder y la gran gloria. Como el relámpago de destello en el cielo del oriente hasta el poniente (instantáneamente será visto en todas partes), así (repentinamente, visible para todos) será la venida del Hijo de Dios.
Del día y de la hora de Su venida a la tierra Jesucristo no les dijo a sus discípulos. Él dijo: "De esto sabe solamente Mi Padre Celestial" y enseñaba estar siempre preparados, listos para el recibimiento del Señor.
Observación: Ver el Evangelio de San Juan 6:24-29; el Evangelio de San Mateo 24:3-44; El Evangelio de San Marco 13:3-37:; el Evangelio de San Lucas 17:20-37 y 21:7-36.
P
ara que la gente siempre estuviese lista para el recibimiento del Señor, es decir para el juicio de Dios, esto significa y para la muerte, porque la muerte es el comienzo del juicio de Dios sobre las personas, Jesucristo relató la parábola de las diez vírgenes:En esta parábola el Señor nos compara con diez vírgenes que fueron reunidas para el matrimonio. Por las costumbres matrimoniales orientales, el novio iba por la novia quien le esperaba en la casa de su padre. Sus amigas, con lámparas prendidas, bien entrada la noche, debían recibir al novio y llevarlo a la novia.
"Entonces semejante será el reino celestial a las diez vírgenes" dijo el Salvador, "quienes, tomando sus lámparas, salieran al encuentro del novio. De ellas, cinco eran sabias y cinco poco precavidas. Las poco precavidas, tomando sus lámparas, no llevaron consigo aceite. Las sabias junto con las lámparas llevaron el aceite en unos recipientes. Como el novio tardó, todas las jóvenes se durmieron. De repente, a la media noche, se escuchó un grito: 'Eh, ahí va el novio. Salgan a su encuentro.'
Entonces, todas las vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Pero a las poco precavidas las lámparas, terminándose el aceite, comenzaron a apagarse y ellas, dirigiéndose a las sabias, les dijeron: 'Denos de su aceite porque nuestras lámparas se apagaron.' Las sabias contestaron: 'Para que no nos hagan falta tanto a ustedes como a nosotras, vayan mejor a los vendedores y cómprenselo.'
Cuando se fueron ellas a comprar, en ese momento vino el novio y las sabias, quienes estaban listas para le recibimiento del novio, entraron con él al banquete matrimonial y las puertas se cerraron. Luego llegaron las otras vírgenes y dijeron. '¡Señor! Señor! Ábrenos.'
Él les contestó: "De verdad os digo, no las conozco (es decir, ustedes para Mí son extrañas).
Y terminó esta parábola el Salvador diciendo: "Estén despiertos (es decir, estén siempre listos) porque no saben ustedes ni el día ni la hora cuando vendrá el Hijo del Hombre" (así se llamaba a sí mismo el Salvador).
Las vírgenes poco preocupadas son semejantes a aquellas personas despreocupadas quienes saben que tendrán que presentarse al juicio de Dios pero no se preparan para él mientras viven todavía en la tierra. Y mientras no los alcance la muerte no se arrepienten de sus pecados y no realizan buenas obras.
El aceite en las lámparas significa las buenas obras, en especial las obras de misericordia (ayuda a los pobres).
El sueño de las vírgenes significa la muerte de la gente.
Vendrá a la tierra ('el Novio') nuestro Juez, Jesucristo, y a todos los muertos los despertará de su sueño mortal, es decir los resucitará. Como lo haya alcanzado la muerte - listo o no preparado para el juicio de Dios - así se presentará delante del juicio de Dios.
Entonces la gente despreocupada no tendrá de donde recibir ayuda y ellos escucharán las palabras amargas de Cristo "Yo no os conozco, alejados de Mí."
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 25:1-13.
Y
otra parábola narró Jesucristo en contra de nuestra flojera y descuido. El Hijo del Hombre actuó como el hombre quién, dirigiéndose a un país extraño, llamó a sus siervos y les encargó el cuidado de sus bienes. A uno Él le dio 5 talentos, al otro 2 talentos y al tercero un talento, a cada cual de acuerdo a su capacidad, e inmediatamente salió de viaje.Aquel quien recibió los 5 talentos fue y los usó en provecho consiguiendo de ello otros cinco talentos. Así mismo, el que recibió dos talentos consiguió sobre la base de ello otros dos. El que recibió un sólo talento no quiso trabajar, fue y lo enterró en la tierra y escondió la plata de su Señor.
Después de mucho tiempo regresó el Señor de aquellos siervos y les pidió las cuentas. El que había recibido cinco talentos trajo otros cinco talentos y, acercándose a él, le dijo: 'Señor! Tú me entregaste cinco talentos. He aquí otros cinco talentos que yo te conseguí con ellos.' El Señor le dijo: 'Bien, bondadoso y fiel siervo. Tu fuiste fiel en lo poco, te pondré sobre mucho. Entra en la alegría de tu Señor.'
Se le acercó así mismo el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, tú me entregaste dos talentos. He aquí otros dos talentos que te conseguí con ellos.' El Señor le dijo: 'Bien, bondadoso y fiel siervo. Tu fuiste fiel en lo poco, te pondré sobre mucho. Entra en la alegría de tu Señor.'
Se acercó igualmente el que había recibido un talento y dijo: 'Señor. Yo te conocía. Sabía que tú eres un hombre severo. Cosechas allí donde no has sembrado y recoges donde no has regado. Entonces yo, asustado de eso, fui y enterré tu talento en la tierra. He aquí lo tuyo.'
El Señor le dijo en respuesta: 'Astuto y flojo siervo. Con tus palabras de juzgaré. Tú sabías que yo cosecho donde no siembro y recojo donde no riego. Por eso tu debiste entregar mi plata a los comerciantes y yo, al regresar, recibiría lo mío con intereses. Así, toma el talento y dáselo al que tiene diez talentos. Porque a cualquiera que tenga se le dará y se le multiplicará. Y al que no tiene se le quitará hasta aquello que tiene. Y al sirviente inútil tómenlo y échenlo en la oscuridad de las tinieblas (de afuera). Allí habrá de llorar y rechinar de los dientes.'
Habiendo relatado esta parábola, Jesucristo exclamó: "Quién tenga oídos para oír que oiga!"
Esta parábola significa que toda la gente recibe del Señor diferentes talentos, dones, tales como la vida, la salud, la fuerza, los talentos espirituales, educación, dones del Espíritu Santo, bienes materiales, etc, para que, con esto, le sirva a Dios y al prójimo. Todos estos dones de Dios se sobreentienden en la parábola de los talentos. Dios sabe cuánto hay que dar a cada uno, de acuerdo a su capacidad. Por eso reciben unos más y otros menos.
Asó como cada cual aprovechará los dones de Dios, en eso cada persona tendrá que dar su respuesta al Señor en su segunda venida. Quien los use para su propio beneficio y para otros también, ese recibirá al halago del Señor y las eternas alegrías celestiales. Pero los flojos y los despreocupados serán condenados por el Señor para los eternos sufrimientos.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 25:14-39; el Evangelio de San Lucas 19:11-29.
D
e su último y terrible juicio sobre toda la humanidad, en su segunda venida, Jesucristo enseñaba así: Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y todos sus santos ángeles con Él, entonces Él, como el Rey, se sentará en su glorioso trono. Y se reunirán delante de Él todas las naciones y Él separará unas personas de las otras (a los fieles y bondadosos de los no creyentes y crueles). Será parecido a aquello como el pastor separa a las ovejas de las cabras y pondrá a las ovejas (los justos) a Su lado derecho y a las cabras (los pecadores a la izquierda).Entonces dirá el Rey a los que están a su lado derecho: "Vengan los bendecidos por Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque yo tuve hambre y ustedes me dieron de comer. Tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron. Estuve desnudo y ustedes me vistieron. Estuve enfermo y ustedes me visitaron. Estuve en la prisión y ustedes vinieron a Mí."
Entonces los justos le preguntaran con humildad: "Señor. ¿Cuándo nosotros te vimos hambriento y te alimentamos? ¿O cuándo estuviste sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos? ¿O cuándo estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la prisión y fuimos a ti?" El Rey les dirá en respuesta: "De verdad os digo, así como ustedes hicieron esto a uno de mis hermanos menores (es decir, a la gente necesitada) lo hicieron a mí."
Después el Rey les dirá a aquellos que están a su lado izquierdo: "Aléjense de mí, malditos. Vayan al fuego eterno preparado para el diablo y a sus ángeles. Porque estuve yo hambriento y ustedes no me dieron de comer. Porque estuve sediento y ustedes no me dieron de beber. Fui forastero y ustedes no me recibieron. Estuve desnudo y no me vistieron. Estuve enfermo y en la prisión y no me visitaron."
Entonces también ellos le dirán en respuestas: "Señor, ¿cuándo nosotros te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la prisión y no te servimos?" Pero el Rey les responderá: "De verdad os digo. Así como ustedes no hicieron esto a alguno de estos menores, así no lo hicieron a Mí. E irán al sufrimiento eterno y los justos a la vida eterna."
Será un día grande y terrible para cada uno de nosotros. Por esto el Juicio se llama terrible, porque serán abiertos delante de nosotros todas nuestras obras, palabras y hasta los más secretos pensamientos y deseos. Entonces no podremos esperar ayuda de nadie porque el juicio de Dios es justo, y cada uno de nosotros recibirá lo que nos corresponde por nuestros actos.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 25:31-46.
S
e acercaba la festividad de la "Pascua" y, con ella, se acercaban los últimos días de la vida de Jesucristo sobre la tierra.La rabia de los fariseos y de los dirigentes judíos llegó al extremo. Con sus corazones, hechos piedra por la envidia y las ansias de poder, junto a otras debilidades, ellos no querían tomar la humilde y misericordiosa enseñanza de Cristo. Ellos esperaban la adecuada ocasión para agarrar al Salvador y entregarlo a la muerte. Y así, ahora su tiempo no estaba lejos. Se acercaba el poder de la oscuridad y el Señor se entregaba a las manos humanas.
En ese tiempo, en Betania, se enfermó Lázaro, hermano de Marta y María. El Señor quería a Lázaro y a sus hermanas y frecuentemente visitaba a esta honorable familia.
Cuando Lázaro enfermó, Jesucristo no estaba en Judea. Las hermanas mandaron a decirle: "Señor! A quien tu amas está enfermo!"
Jesucristo, habiendo escuchado esto, dijo: "Esta enfermedad no es para la muerte, sino para la gloria de Dios. Será glorificado a través de ella el Hijo de Dios."
Estando dos días en el sitio donde se encontraba, el Salvador le dijo a sus discípulos: "Vamos a Judea. Nuestro amigo Lázaro se durmió pero Yo voy para despertarlo."
Jesucristo les decía a ellos de la muerte de Lázaro (de su sueño mortal) pero los discípulos pensaban que Él hablaba del sueño normal y, como el sueño en tiempo de enfermedad es una buena señal de sanación, entonces ellos dijeron: "Señor, si se durmió entonces sanará."
Entonces Jesucristo les dijo directamente: "Lázaro murió y yo me alegro por ustedes, porque yo no estaba allí (o sea) para que ustedes crean. Pero vamos con él."
Al acercarse Jesucristo a Betania, Lázaro ya llevaba cuatro días de enterrado. Muchos judíos de Jerusalén vinieron donde Marta y María para calmarles su dolor. Marta fue la primera en saber de la llegada del Salvador y se apresuró a su encuentro. María, con gran tristeza, se había quedado en la casa.
Cuando Marta se encontró con el Salvador le dijo: "Señor. Si tu hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Pero yo y ahora sé que lo que tú pidas a Dios, Él te lo dará."
Jesucristo le contestó: "Resucitará tu hermano." Marta le dijo: "Yo sé que resucitará en la resurrección, el día final (es decir, durante la resurrección de todos, en el juicio final, al final del mundo)."
Entonces, Jesucristo le contestó: "Yo soy la resurrección y la vida. Los creyentes en mí si mueran, resucitarán. Y cualquiera quien viva y crea en Mí no morirá en los siglos. ¿Crees tú en esto?"
Marta le contestó: "Así sea, Señor! Yo creo que Tú eres Cristo, el Hijo de dios, quien ha venido al mundo." Rápidamente después de esto, Marta fue a la casa y, en voz, baja, le dijo a su hermana María: "El Maestro está aquí y te llama."
María, de inmediato al escuchar esta alegre noticia, se apresuró a su encuentro y fue donde estaba Jesucristo. Los judíos que la acompañaban en la casa y quienes la calmaban, viendo que María se levantaba apresuradamente y salía, la acompañaron pensando que ella iba al sepulcro del hermano, para llorarle ahí.
El Salvador todavía no había entrado en el pueblo pero estaba en aquel sitio donde lo había encontrado Marta. María, al venir a donde estaba Jesucristo, se postró a sus pies y le dijo: "¡Señor! Si tu hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano!"
Jesucristo, al ver a María llorar junto a los judíos quienes habían llegado con ella, se estremeció en espíritu y dijo: ¿Dónde lo pusieron?" Entonces le contestaron: "Señor, ven y mira." Jesucristo lloró cuando se acercó al sepulcro (tumba) de Lázaro. Ésta era una cueva y su entrada estaba tapiada con una piedra. Jesucristo dijo: "Quiten la piedra."
Entonces Marta le dijo: "¡Señor! Ya hiede (es decir, huele a podredumbre) porque ya pasaron cuatro días desde que él está en el sepulcro." Jesús le dijo: "No te dije yo que si eras creyente verías la gloria de Dios?" Y así, quitaron la piedra de la cueva.
Entonces Jesús alzó los ojos al cielo y dijo a su Dios Padre: "Padre. Te agradezco que Tú me hayas escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escucharás pero le digo esto para la gente, aquí presente, para que crean, que tú me enviaste."
Después de decir estas palabras, Jesucristo exclamó en voz alta: "¡Lázaro! Sal afuera." Y salió el muerto de la cueva, todo cubierto de vendas mortuorias, tanto las manos como los pies y su rostro envuelto en un sudario (así vestían los hebreos a los muertos). Jesucristo les dijo a todos: "Desátenlo para que se pueda ir."
Entonces muchos judíos que estaban allí, viendo este milagro, creyeron en Jesucristo. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron de lo que Jesús había hecho. Los enemigos de Jesús, los primo-sacerdotes y los fariseos, se preocuparon y, previniendo que todo el pueblo creyese en Jesucristo, reunieron el Sanedrín (concilio o junta suprema) y en él decidieron matar a Jesucristo.
La noticia de este gran milagro comenzó a esparcirse por todo Jerusalén. Muchos judíos venían a la casa de Lázaro para verle y, al verlo, creyeron en Jesucristo. Entonces los primo-sacerdotes decidieron darle también la muerte a Lázaro. Pero Lázaro, luego de su resurrección por el Salvador, vivió todavía mucho tiempo y, posteriormente, fue obispo en la isla de Chipre en Grecia.
Observación: Ver el Evangelio de San Juan 11:1-57 y 12:9-11. Este gran milagro del Salvador, la Resurrección de Lázaro, se celebra en la Santa Iglesia Ortodoxa el día Sábado de la sexta semana de la Gran Cuaresma (el día anterior al Domingo de Ramos).
La Entrada Triunfal del Señor a Jerusalén
M
uy pronto luego de la resurrección de Lázaro, seis días antes de la Pascua Hebrea, Jesucristo realizó su entrada triunfal a Jerusalén para mostrar que Él es el verdadero Cristo Rey y que voluntariamente va a su muerte.Al acercarse a Jerusalén, llegando al poblado de Betfagé, al norte del Monte de los Olivos, Jesucristo mandó a dos de sus discípulos diciéndoles: "Vayan al poblado que está directamente delante de ustedes. Allí encontrarán a una burra amarrada y a un burrito joven con ella sobre el cual nadie nunca se había sentado. Desátenlos y tráiganmelos a Mí. Y si alguien les dice algo, contéstenle que ellos son necesitados por el Señor."
Los discípulos fueron y actuaron así como les había mandado Jesucristo. Ellos trajeron a la burra y al joven burrito, cubrieron el burro con sus vestimentas y Jesucristo se montó sobre él.
Mientras tanto, en Jerusalén, se supo que Jesús había resucitado a Lázaro al cuarto día de haber muerto y que iba hacia Jerusalén. Mucha gente, reunida de todas partes para la festividad de la Pascua, salió a su encuentro. Muchos se quitaron sus mantos, o vestiduras, y los tendían delante de Su camino. Otros cortaron ramas de las palmeras y las llevaron en las manos y también la echaron en de Su camino, a sus pies. Y toda la gente quien lo acompañaba y lo recibía, con alegría exclamaba: "¡Hosanna! (Salvación) al hijo de David. Bendito el que viene en el nombre del Señor (es decir, digno de alabanza él quien viene en el nombre del Señor, enviado por Dios). Rey de los Judíos. Hosanna en las alturas!"
Acercándose a Jerusalén, el Salvador le miraba con pena. Él sabía que el pueblo renegaría de Él, su Salvador, y que Jerusalén sería destruida. Jesucristo lloró por el pueblo y dijo: "Oh! Aunque fuera en éste día tuyo reconocieras lo que te sirve para la paz (es decir, la salvación) tuya! Pero esto está oculto para tus ojos (es decir, tu cierras con terquedad tus ojos a los buenos designios de Dios, enviados a ti). Te vendrán días cuando tus enemigos de rodearán con canales y te sitiarán y te aprisionarán por todos los lados y te destruirán y matarán a tus hijos y no dejarán en ti piedra sobre piedra por lo que tú no reconociste (no quisiste reconocer) el tiempo de tu visita (es decir, el tiempo cuando el Señor te visitó)."
Cuando Jesucristo entró en Jerusalén, todo el pueblo entró en movimiento y preguntaba la gente que no lo conocían: "¿Quién es?" El pueblo contestaba "Éste es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea" y también les contaban que Él había llamado a Lázaro del sepulcro y lo había resucitado de entre los muertos. Entrando al Templo, Cristo nuevamente, como en el primer año de su enseñanza, expulsó de él a todos los mercaderes y compradores diciéndoles: "Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos y ustedes la han convertido en un antro de bandidos."
Los inválidos y los ciegos Le rodearon en el templo y Él los sano a todos. El pueblo, viendo los milagros de Jesucristo, comenzó a glorificarlo aún más. Hasta los niños pequeños que estaban en el templo exclamaban: "Hosanna al Hijo de David." Los primo-sacerdotes y los letrados (eruditos) se molestaron con esto y Le dijeron: "¿Oyes lo que ellos dicen?" Jesucristo les contestó: "Acaso ustedes nunca han leído: - de los labios de los niños y de los lactantes tu hiciste alabanza'? (Salmo 8:3).
Los días siguientes Jesucristo enseñaba en el Templo y las noches las pasaba fuera de la ciudad. Los primo-sacerdotes, los letrados (eruditos) y los jefes ancianos del pueblo buscaban la mejor ocasión para matarlo pero no la encontraban pues todo el pueblo, sin separarse de Él, le escuchaba.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 21:1-17; El Evangelio de San Marco 11:1-19; el Evangelio de San Lucas 19:29-48; el Evangelio de San Juan 12:12-19.
La entrada triunfal del Señor a Jerusalén se celebra en la Santa Iglesia Ortodoxa el último Domingo, antes de la clara festividad de Pascua. Ésta es una de las grandes festividades y se llama también Domingo de Ramos, debido a que en este día, durante los maitines de Dios, se reparten entre los feligreses ramas bendecidas de palmeras y otras ramas.
Antiguamente, con ramos verdes se recibía a los reyes quienes regresaban triunfantes de las victorias contra los enemigos. Y nosotros, sosteniendo en las manos las primeras ramas floridas de la primavera, glorificamos al Salvador como vencedor de la Muerte. Pues Él resucitaba a los muertos y este mismo día entraba a Jerusalén para morir por los pecados y resucitar y, con esto, salvarnos a nosotros de la muerte eterna y de los eternos sufrimientos.
Las ramas nos sirven entonces como signo de la victoria de Cristo sobre la muerte y nos deben recordar de la futura resurrección de todos nosotros de la muerte.
Tropario
Asegurando que habrá la resurrección general, antes de tu pasión, de entre los muertos resucitaste a Lázaro, Cristo Dios. Con esto incluso nosotros, como niños, llevando tu emblema victorioso sobre la muerte, exclamamos. Hosanna en las alturas, bendito el que camina en nombre del Señor!
Nota: Asegurando la resurrección general - asegurando que habrá la resurrección de todos los muertos.
Como niños - semejante a los niños. Los niños, al igual que los adultos, recibieron a Cristo con ramas arbóreas y le glorificaron. Llevando tu emblema victorioso - llevando el signo, el estandarte de la victoria. Aquí por emblema de la victoria de Jesucristo sobre la muerte se sobreentienden aquellas ramas con las cuales nosotros estamos parados en el templo.
La Parábola de los Crueles Viniculturores
El Impuesto al Cesar.
La resurrección de los muertos.
C
onversando en el templo, el Señor Jesucristo se dirigió a los primo-sacerdotes, los eruditos y a los jefes ancianos del pueblo y les narró la siguiente parábola:"Había un dueño de casa quien sembró una viña. La cercó con vallado, excavó en ella un lagar, construyó una torre y al entregarla a unos labradores, partió lejos. Cuando se acercó el tiempo de la cosecha, él mandó a sus servidores a para recoger su cosecha. Pero los labradores agarraron a sus servidores y a uno lo golpearon, al otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El dueño volvió a mandar a otros de sus servidores, pero esta vez, en mayor número. Estos también fueron tratados como los anteriores. Al final, él mandó a su único hijo amado diciendo: 'Se avergonzarán ellos de mi hijo.'
Pero los labradores, viendo al hijo, comenzaron a murmurar entre sí diciendo: 'Este es el heredero. Vamos a matarlo y así nos apoderaremos de su herencia.' Y habiéndole agarrado, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron."
Al terminar esta parábola, el Salvador les preguntó: "Y así, cuando venga el dueño de la viña, qué les hará a los labradores?"
Ellos le contestaron: "A los malvados labradores los entregará a una muerte cruel y su viña la entregará a otros labradores quienes le entregarán a tiempo su cosecha."
El Señor Jesucristo confirmó su respuesta diciendo: "Por esto os digo; que os será arrebatado el Reino de Dios y será entregado al pueblo, el cual entregará sus frutos."
Entonces, los primo-sacerdotes, los fariseos y los eruditos entendieron que el Salvador hablaba de ellos. Y así ellos, con rabia, quisieron agarrarlo pero le temían al pueblo, porque el pueblo le respetaba a Él como profeta.
La explicación de esta parábola es la siguiente: El dueño de la casa es Dios. La viña es el pueblo hebreo, escogido por Dios para preservar la fe verdadera. La cerca de la viña es la ley de Dios, entregada a través de Moisés. El lagar donde corre el jugo de las uvas, son las ofrendas (en el viejo testamento, convertido en la ofrenda de la crucifixión de Jesucristo). La torre es el templo de Jerusalén. Los labradores son los primo-sacerdotes, los eruditos, los jefes del pueblo hebreo. Los sirvientes del dueño son los Profetas. El hijo del dueño es el Hijo de Dios, nuestro señor Jesucristo. Los jerarcas del pueblo hebreo, los primo-sacerdotes, los eruditos y los jefes recibieron el poder para preparar al pueblo para el recibimiento del Salvador, pero ellos utilizaron este poder únicamente en su propio provecho. Dios les mandaba a los profetas pero ellos los expulsaban y los mataban. Así ellos se convirtieron en los asesinos de los profetas y, luego, en asesinos de los apóstoles. A su Salvador ellos lo rechazaron y, sacándolo de su ciudad, lo crucificaron.
Pro esto les fue quitado el Reino de Dios y le fue entregado a otro pueblo, a la iglesia cristiana, compuesta por los paganos.
Del Impuesto al Cesar
El Señor Jesucristo siguió enseñando en el templo mientras los jefes mayores judíos se ponían de acuerdo entre ellos en cómo agarrarle a Él en sus palabras para poder culparle a Él delante del pueblo o delante del poder romano.
Y así, habiendo inventado una pregunta maliciosa, ellos mandaron a algunos fariseos (de sus discípulos más jóvenes) y a los herodianos (es decir, los que reconocían la legalidad del poder de Roma) a donde estaba el Salvador. Ellos, simulando ser honestos, comenzaron a decirle con Hipocresía: "Maestro, nosotros sabemos que tú eres justo y que enseñas los verdaderos caminos de Dios y no te preocupas por complacer a nadie porque no miras a ninguna personalidad. Así dinos: ¿Es justo dar el impuesto a Cesar o no?"
Los enemigos de Cristo, inventores de esta astuta pregunta, esperaban que si Jesucristo contestaba que sí correspondía pagar impuestos, con esto Él mismo creaba irritación entre el pueblo, pues los hebreos aceptaban únicamente a Dios como Rey y no se consideraban súbditos de un rey extranjero, más aún uno pagano. Para ellos era un hecho fuera de la ley y en contra de Dios, por lo cual pagaban el impuesto a Cesar únicamente bajo presión.
Si Jesucristo contestaba que pagar el impuesto a Cesar no correspondía, en este caso ellos inmediatamente lo culparían a Él delante de los jefes romanos como el agitador del pueblo en contra del poder romano, como el enemigo de Cesar.
Pero Jesucristo, sabiendo de su malicia, les dijo: "¿Qué me tientan, hipócritas? (hipócrita, persona que, simulando para lograr su provecho, se manifiesta delante de otros como confiable y hacedor del bien). Enséñenme a Mí la moneda con la cual pagan el impuesto."
Ellos trajeron un denario. El Salvador preguntó: "¿De quién es la representación y la inscripción en ella?" Ellos contestaron: "De Cesar." Entonces Jesucristo les dijo: "Así, entreguen a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios."
Esto significa: entreguen a Cesar aquello lo que ustedes reciben de él. Paguen el impuesto a él por todo lo que utilizan de él (dinero, ejército, etc). Sean obedientes a él en todo lo que no vayan a encontrar en los mandamientos de Dios. El pago del impuesto es símbolo de obediencia, es obligación de ley y es indispensable cumplirlo.
Pero, al mismo tiempo, sin separarse del cumplimiento en todo, lo que Dios os exige a ustedes en sus mandamientos y sírvanle a Él con amor, porque ustedes están obligados con Dios por su existencia, con su propia vida.
La respuesta del Salvador sorprendió a todos por su sabiduría y su sorprendente simplicidad, de tal manera que los que le preguntaron quedaron callados y, con vergüenza, se alejaron de Él.
La Resurrección de los Muertos
Después de esto, por el convenio anterior, se le acercaron al Salvador los saduceos, quienes no creían en la resurrección de los muertos. Ellos idearon confundirlo con su pregunta y dijeron: "Maestro, Moisés dijo: 'si alguien muere sin tener hijos, entonces que su hermano tome la esposa de él y restaure la familia de su hermano.' Nosotros teníamos siete hermanos; el primero murió al casarse y, sin tener hijos, dejó a su mujer a su hermano. Igualmente, el segundo también murió, y el tercero, hasta el séptimo. Después de todos ellos murió la mujer. Así, en la resurrección, ¿de cuál de los siete hermanos será ella la mujer ya que todos ellos la tuvieron?"
Jesucristo les contestó: "Se confunden al no conocer las Escrituras y el poder de Dios, ya que en la resurrección no se casan ni se dan en matrimonio sino que estarán como los ángeles de Dios en el cielo. Y, sobre la resurrección de los muertos, no leyeron ustedes (dicho a ustedes) por Dios: "Yo soy Dios de Abraham y Dios de Isaac y Dios de Jacob"? Pues Dios no es Dios de los muertos sino de los vivos."
En aquella época, Abraham, Isaac y Jacob ya no vivían en la tierra. Por consiguiente, si Dios de todas maneras se llamaba Su Dios, esto significa que para Él ellos están vivos, pues Él no puede llamarse Dios de algo que no exista.
El pueblo, nuevamente, admiró la sabiduría de las respuestas de Jesucristo. Incluso algunos de los escribas dijeron: "¡Maestro, qué bien lo dijiste!"
La Dignidad Divina del Mesías
Los fariseos, manteniéndose hasta ahora a cierta distancia, se reunieron y se acercaron a Jesucristo pero no se atrevieron a preguntarle a Él de algo.
Entonces Jesucristo mismo, dirigiéndose a los fariseos reunidos, les preguntó: "¿Qué piensan ustedes de Cristo? ¿De quién es Hijo?" Los fariseos de inmediato le contestaron: "De David."
La palabra 'hijo' no solamente significaba para los hebreos en el estricto sentido mismo sino también en la descendencia, por esto la expresión. 'Hijo de David' significa descendiente de David.
Jesucristo preguntó de nuevo: "¿Cómo es que David, por inspiración, lo llamó a Él Señor cuando dice: 'Dijo el Señor al Señor mío: siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos a tus pies.' Y así, si David lo llama Su Señor, ¿cómo Él es hijo de él?" Y nadie pudo contestarle a Él ni una palabra.
Los fariseos quienes no entendían las escrituras con espíritu y con verdad, no entendían que Cristo, como Dios hecho hombre, era descendiente de David solamente por su humanidad, pero, por su divinidad era siempre Él.- el Hijo de Dios, de la eternidad existente.
Desde este día nadie se atrevió a preguntarle más nada. Así era avergonzado el soberbio orgullo humano delante de la divina sabiduría del Salvador. Y mucha gente escuchaba al Señor con el placer. Entonces Jesucristo se dirigió a sus discípulos y al pueblo y, en un discurso claro y fuerte, criticó delante de todos la malicia de los fariseos y los eruditas y les predijo la pena que les esperaba.
Jesucristo, apesadumbrado, decía: "Pena a ustedes, los eruditos y fariseos maliciosos que cierran el Reino Celestial a la gente; porque ustedes no entrarán y aquellos que quieran entrar no los dejan hacerlo. Pena a ustedes, eruditos y fariseos maliciosos que dan la décima parte de la menta, del eneldo y del comino (cosas de poco valor) y dejaron lo más importante de la ley la justicia (juicio correcto), la misericordia y la fe; y esto correspondía hacerlo sin dejar de hacer aquello. ¡Haz guías ciegos que cuelan al mosquito pero al camello se lo tragan!" (Esto significa que ellos, con cuidado, observan los detalles y lo más importante lo dejan sin atención).
"Ustedes, externamente, aparentan ante la gente ser justos pero, por dentro, están llenos de malicia y sin ley." Esta fue la última enseñanza del Señor. El último intento de salvarlos del terrible juicio. Pero en sus rostros no había arrepentimiento sino una ira disimulada en contra del Salvador.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 21:33-46, 22:15-46 y capítulo 23; el Evangelio de san Marco 12:1-40; el Evangelio de San Lucas 20:9-47.
A
l cuarto día luego de su entrada triunfal a Jerusalén, Jesucristo les dijo a sus discípulos: "Ustedes saben que dentro de dos días será la Pascua y el Hijo del hombre será entregado a la crucifixión." Este día, en nuestro calendario actual, fue un miércoles.Ese día, los primo-sacerdotes, los escribas y los jefes ancianos del pueblo se reunieron donde el primo-sacerdote Caifas y acordaron entre sí cómo podrían destruir a Jesucristo. En esa asamblea ellos decidieron agarrar a Jesucristo con astucia para luego matarle, pero no durante la festividad (entonces se reunía mucha gente), a fin de evitar causar malestar en el pueblo.
Uno de los doce apóstoles de Cristo, Judas Iscariote, era muy tacaño con el dinero y la enseñanza de Cristo no mejoro su alma. Él vino a los primo-sacerdotes y les dijo: "¿Qué me darán ustedes si yo se los entrego a Él?" Aquellos se alegraron y le ofrecieron treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba la oportunidad adecuada para traicionar a Jesucristo pero no delante de la gente.
Observación: Ver el Evangelio de San Mateo 26:1-16; el Evangelio de San Marco 14:1-11; el Evangelio de San Lucas 22:1-6.
A
l quinto día luego de la entrada del Señor en Jerusalén, según nuestro calendario era Jueves (el Viernes en la noche correspondía sacrificar el cordero de la pascua), los discípulos le preguntaron a Jesucristo: "¿Dónde dispones para que te preparemos la Pascua?"Jesucristo les contestó: "Vayan al pueblo de Jerusalén. Allí encontrarán a un hombre cargando una jarra de agua. Síganlo a la casa y díganle al dueño: 'El Maestro dice: ¿Dónde está el salón donde pueda yo hacer la Pascua con mis discípulos?' Él les enseñará un gran salón limpio. Allí preparen la Pascua."
Habiendo dicho esto, el Salvador mandó dos de sus discípulos, a Pedro y a Juan. Ellos fueron y todo se cumplió como lo había dicho el Salvador y prepararon la Pascua.
Al atardecer de ese mismo día, Jesucristo, sabiendo que Él iba a ser entregado esa misma noche, vino con sus doce apóstoles al salón preparado. Cuando todos se sentaron en la mesa, Jesucristo dijo: "Mucho he deseado Yo comer con ustedes esta Pascua antes de mi sufrimiento, porque yo os digo: no la comeré más mientras no se cumpla el Reino de Dios." Después se levantó, se quitó el manto (la vestidura), amarró una toalla a su cintura, llenó una ponchera con agua y comenzó a lavar los pies de sus discípulos secándolos con la toalla que tenía al cinto.
Después de haber lavado los pies de sus discípulos, Jesucristo se puso su vestidura y se sentó a la mesa de nuevo y les dijo a ellos: "¿Sabéis lo que yo les he hecho? He allí, ustedes me llaman Maestro y Señor y me llaman correctamente. Y así, si Yo, Su Señor y su Maestro, les lavé los pies, entonces también ustedes deberán actuar igualmente. Yo les di el ejemplo para que ustedes hagan lo mismo que Y