Artículos escritos durante las persecuciones ateísticas en Rusia.
Traducido por Alejandro Molokanow.
Contenido:
"¿Tuvo éxito" el cristianismo?
El destino del hombre. El destino eterno. El hombre y la humanidad. El sentido de la existencia.
El instinto de la vida eterna.
La aspiración al perfeccionamiento.
icolás Ivanov.
Prot. Nicolás Pavlovich Ivanov, Bachiller en Teología, nació en la ciudad de Penza en una familia profundamente creyente. Siendo aun niño, comenzó a servir como monaguillo en el altar de su iglesia parroquial de la Protección de la Virgen (Pokrov).
Durante la niñez de Nicolás Pavlovich sucedió un milagro del icono de Kazan de la Madre de Dios. Cuando él estaba muriendo de escarlatina y se consumía por la fiebre, vio un gran icono de la Madre de Dios de Kazan, que se le acercaba. En ese momento sintió un alivio y se durmió profundamente. Después de la visión comenzó a sanar rápidamente, y desde ese momento él eligió el icono de Kazan de la Madre de Dios como su protector.
Después de la muerte de su padre y ante la intensificación de la fermentación en la Iglesia se traslado con su madre a Moscú, donde comenzó a trabajar como secretario-estenógrafo. Siendo un hombre de grandes aptitudes sociales estableció una gran cantidad de relaciones con gente espiritualmente cercana. En el otoño de 1933
fue denunciado y lo condenaron a tres años por el artículo 58, con el pretexto de incurrir en la organización religiosa de la juventud. Cumplió su plazo en el campamento de Marina, y después en el BAM. En Diciembre de 1935 fue liberado.El pensamiento acer
ca de la actividad espiritual nunca abandonaba a Nicolás Pavlovich, y por eso en ese mismo año, rindiendo exámenes como externo, ingresa al II curso del instituto Teológico Ortodoxo de la Patriarquía de Moscú. En el año 1946 se organiza la academia Espiritual de Moscú, y él se inscribe como estudiante. Simultáneamente, para proveer de sustento a su familia, él trabaja como servidor del altar y como casero en el templo de la Santísima Trinidad, que se encuentra en la esquina de Novovorotnik en Moscú.En el
año 1950 Nicolás Pavlovich terminó el AEM con el título de candidato de teología (Bachiller en Teología) y fue designado docente en el seminario Espiritual de Saratov. Las obras teológicas del padre Nicolás se distinguen por su original, contemporánea manera de presentar la cuestión y la hondura del estudio profundizado de las Sagradas Escrituras.En los años setenta el padre Nicolás comienza un gran trabajo acerca de la exégesis de los primeros capítulos del Libro del Génesis con la inclusión de conocimientos científicos contemporáneos. El trabajo ideado era tan complejo y amplio, que consumía todo su tiempo y exigía conocimientos especiales en el dominio de la filosofía, la física, la biología, la geología y otras ciencias. Siendo un hombre de ferviente
energía, de gran claridad de objetivos, y sumamente sociable, él atrajo a su obra muchos jóvenes, con los que discutía las concepciones científicas. No poseyendo conocimientos especiales en forma completa, el padre Nicolás sabía formular en forma admirablemente exacta el problema de las relaciones entre los textos de las sagradas escrituras y las concepciones científicas contemporáneas. Como resultado del examen del problema tanto desde la posición teológica como de la científica se desarrollaba todo un universal punto de vista cristiano, que respondía al estado contemporáneo de los conocimientos científicos. Por eso el padre Nicolás siempre estaba rodeado de jóvenes científicos cristianos, llevando el esfuerzo de la educación cristiana y el servicio pastoral.En el año 1990 en el cuarto día de la pascua Nicolás Pavlovich cayó en cama, e injuriado desde el lado de los izquierdistas, después de 15 días, el 2 de Mayo, terminó sus días. Fue sepultado en el cementerio de Vagan de Moscú en el sepulcro familiar.
C
uando a Jesucristo le preguntaron, qué es lo mas importante para un creyente, Él respondió: "El primer mandamiento de todos es: ... Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mar. 12:29-31, Mat. 22:36-40). Estos son los mandamientos más grandes y fundamentales. Sobre ellos, dijo Cristo, se construye todo. Efectivamente, toda la enseñanza del Evangelio se deduce de estos dos mandamientos, esta es la base en la cual, como en un grano, está incluido todo lo demás."Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado," decía Cristo, despidiéndose de sus discípulos, antes de ir a la muerte en la cruz (Juan 13:34). Sacrificándose a sí mismo para la salvación de la gente, Él, con eso mismo daba a Sus discípulos un ejemplo de este amor:
"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13). Estas palabras fueron pronunciadas en la última cena de Cristo con Sus amados discípulos. Preguntamos a Uds., lectores de estos renglones: ¿puede acaso haber algo en el mundo más grande que un acto semejante, cuando el hombre se sacrifica a sí mismo para la salvación de sus amigos? Y también les preguntamos: ¿existe acaso o puede existir alguna enseñanza, algún mandamiento, mas elevado, que este mandamiento de Cristo?La esencia del cristianismo — está en la tendencia hacia la perfección, en la creación de un nuevo hombre según la imagen y semejanza de Dios. El Evangelio llama a Jesucristo un Hombre Nuevo, un Nuevo Adán. Cristo fue el primogénito de la infinita fila de personas, que comenzó su existencia en la tierra después de la anunciación del Evangelio.
"... Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos... Sed pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso... Bienaventurados los que siempre atesoran la fuerza del espíritu... bienaventurados los de limpio corazón... bienaventurados los misericordiosos... los mansos de corazón; bienaventurados los que siembran la paz, los pacificadores... bienaventurados los que tienen hambre y sed de la verdad..." — tales son mandamientos fundamentales de Cristo (Mat. 5:48; Luc. 6:36; Mat. 5:3-10). En todas partes, en cada renglón del Evangelio — hay un llamado a una activa lucha contra el mal, a vencer el miedo del martirio, de los castigos, de las persecuciones: bienaventurados los perseguidos por causa de la verdad, bienaventurados seréis, aunque os echen de todos lados y hablen mal de vosotros y hasta nombrarán vuestro nombre como símbolo del mal, por predicar el Evangelio. No os entristezcáis, sino que alegraos y gozaos, si os tocare sufrir por causa de la verdad, por el Evangelio.
Cambiad vuestras convicciones, reestimad vuestros valores, viene el tiempo del Nuevo Reino, en donde los valores espirituales no se pueden comparar con los materiales y no se cambian por estos, — he aquí las palabras con las cuales, brevemente, se podrían traducir a nuestro idioma contemporáneo los mandamientos de la Bienaventuranza, que dio Cristo en Su prédica del Monte.
El hombre y su vida — esto es lo que está en el fundamento del Evangelio. ¡El humanitarismo! Por primera vez en la historia de la humanidad el Fundador de la religión, considerado como Dios, se llamó a sí mismo Hijo del Hombre. Esto significaba elevar y declarar el valor absoluto de la personalidad humana. En esencia, todo el Evangelio es la enseñanza acer
ca del Hijo del Hombre y de Sus hermanos — todos los hijos humanos. De acuerdo al Evangelio, cada persona se hace hermano de Cristo, y a través de Él todas las personas se hacen hermanos, miembros de una gran hermandad panhumana.Si habéis dado de comer y de beber al hambriento y al sediento, si habéis vestido al desnudo y sanado al enfermo, en verdad me lo habéis hecho a Mí, — dijo el Hijo del Hombre. Y si no habéis dado de comer y de beber al hambriento y al sediento, no me lo habéis hecho a Mí. Cuando Y
o estaba hambriento y sediento, — no me habéis dado de comer ni de beber; no me habéis vestido, cuando soportaba el frío y andaba errante; no me habéis prestado ayuda, cuando estaba enfermo o en la cárcel. De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos mas pequeños, tampoco a Mí lo me lo habéis hecho. (Mat. 25:3-46).Esto cambiaba totalmente el concepto de la religión, que hasta entonces era entendida solo como veneración a Dios. En los labios de Cristo la misericordia se transformaba en la esencia de la religión, y no solo algo que la acompaña. Esta misma idea fundamental de Cristo sobre la esencia de la religión, la encontramos en todas las epístolas de Sus discípulos.
El Evangelio anunció, que la esencia de la religión consiste no solo en el amor a Dios, sino también al hombre. He aquí lo que dice acerca del amor al hombre uno de los mas grandes de los Apóstoles — Pablo, llamado, por su labor misionera en Europa y Asia Menor, es decir, en el mundo culto de aquel tiempo, Apóstol de los pue
blos."El amor es la unión de todas las perfecciones... Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalos que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuvi
ese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser... Y ahora permanecen estos tres: la fe, la esperanza y el amor; pero el mayor de ellos es el amor. Seguid el amor..." (1 Cor. 13:1-14:1).He aquí las palabras del amado discípulo de Cristo — el apóstol Juan: El que dice: "Yo le conozco, a Dios," pero no guarda Sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él. Pero el que guarda Su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios ha perfeccionado... El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo..
. las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra. El que dice, que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz... Nosotros sabemos, que hemos pasado de la muerte a la vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en la muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano, es un homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente él... En esto hemos conocido el amor, en que Él puso Su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, — ¿cómo mora el amor de Dios en él?... y esto es Su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y amemos unos a otros como nos lo ha mandado..." (1 Juan 2:4-6, 8-10; 3:14-23)."En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a Su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él"
(1 Juan 4:9)."Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios está en él... En el amor no hay temor, pero el amor perfecto echa fuera el temor, porque en el temor hay sufrimiento; el que tiene miedo no es perfecto en el amor. Amaremos a Dios, porque Él nos amó primero. El que dice:
"Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Jn 4:16-21).En la epístola de Santiago, uno de los mas cercanos discípulos de Jesucristo, quien después fue el primer obispo cristiano, encontramos una respuesta perfecta a la falsa acusación, que el cristianismo apoya a los ricos y a los explotadores: "¡Hermanos míos! Que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque, si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, con ricas vestiduras, y entra también un hombre pobre, vesti
do con ropas andrajosas, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: siéntate tu aquí, en un buen lugar; y decís al pobre: quédate allí parado, o bien: siéntate aquí, a mis pies — ¿acaso no hacéis distinciones entre vosotros mismos y venís a ser jueces con malos pensamientos? Oídme, hermanos amados: ¿acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en la fe y herederos del Reino? Pero vosotros habéis despreciado al pobre. ¿Acaso no son los ricos los que os oprimen, y no son ellos los que os arrastran a los jueces? ¿No son ellos los que deshonran el buen nombre, con el que os llamáis? Si en verdad cumplís la ley real, según la Escrituras: amarás a tu prójimo, como a ti mismo, — hacéis bien. Pero si procedéis con acepción de personas, cometéis pecado y ante la ley resultáis culpables de transgresión" (Santiago 2:1-9)."¿Cuál es el provecho, si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: id en paz, calentaos y saciaos, pero no les da las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿de que aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Sant. 2:14-17). "Oíd voso
tros, los ricos: llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos, y su moho testificará contra vosotros y devorará del todo vuestras carnes como el fuego: habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia... He aquí el juez esta delante de la puerta!" (Sant. 5:1-9).¡Cuán ridículos son, después de esto todos los intentos de hacer creer que el cristianismo se origina de las religiones paganas, de diferentes dioses sufrientes, en los cuales no había ni indicio de alguna enseñanza! En lo que concierne a la enseñanza de la misericordia, esto era co
mpletamente ajeno a todos aquellos cultos, que representan ahora para nosotros solo un interés etnográfico.El Evangelio proclamó algo nuevo, que era desconocido para el mundo antiguo — que la personalidad humana es algo valioso y no comparable con ninguna otra cosa en la tierra, ya que el hombre es la imagen y semejanza del Creador. El Evangelio planteó la cuestión acerca del sentido de la existencia humana y dio respuesta a esta pregunta, partiendo del sentido de la existencia de todo el universo y toda
la vida. De esta manera, el Evangelio aportó al mundo nuevos valores, de los cuales el mundo antiguo no tenía ninguna idea.Cristo prendió sobre la tierra una llama, que arde ya hace dos mil años y que no puede ser apagada con ningún poder.
Fuego vine a echar en la tierra; y que quiero, si ya se ha encendido, — decía el Hijo del Hombre en sus conversaciones con Sus discípulos (Luc. 12:49).Nosotros nuevamente repetimos el mandamiento fundamental de Cristo: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13). ¿Quién se atreverá a levantarse contra una moral semejante? ¿Quién se atreverá a burlarse de la hazaña realizada por Cristo y aquellos de Sus discípulos, que siguieron Sus pasos?
Ahora deberíamos preguntar a los que niegan el cristianismo: ¿porque deberíamos renunciar del Evangelio y considerarlo dañino, y en tal caso, de que cosa, o sea, de que moral, deberíamos renegar?
Quien quiere conocer la esencia del Evangelio, que tome él mismo en sus manos ese libro, y lea en él todo lo que enseñaba Cristo.
¿
Existió Cristo?La existencia histórica de Cristo se afirma con una serie de datos indiscutibles. Los primeros y principales testimonios sobre Cristo — son, por supuesto, los Evangelios, escritos por los discípulos más
cercanos de Cristo y por sus receptores y sucesores.El Evangelio relata, que Cristo nació en Belén de Judea varios años antes de la muerte de Herodes el Grande (Mat. 2:1), durante el censo, realizado por el gobernador romano Cirineo (Luc. 2:2). Ellos comunican, que Cristo salió a predicar en el quinceavo año del gobierno de Tiberio (años 14-37), cuando en Judea ma
ndaba Poncio Pilatos, y Herodes Antípas era tetrarca en Galilea, etc. Los Sumo sacerdotes de Judea en aquel tiempo eran Caifás y Anás (ver: Luc. 3:1). Todos estos eran personajes históricos reales. Ante ellos precisamente Cristo fue crucificado.El libro que sigue al Evangelio es Hechos de los Apóstoles, el cual nos provee de datos acerca de la vida y actividad de los discípulos directos de Cristo — los apóstoles. Habla del surgimiento de las primeras comunidades cristianas, y expone la historia del cristianismo en estrecha y orgánica unión con la historia de aquel tiempo. Junto con la historia de la Iglesia, se describen con preci
sión las costumbres, gustos y moral de los habitantes de Palestina, del Asia Menor, Grecia e Italia de aquel tiempo; y cómo eran gobernadas las provincias del imperio Romano. Los descubrimientos históricos de nuestro tiempo afirman lo verídico de este libro. En él se describen las hazañas de los mas allegados discípulos de Jesucristo — los apóstoles Pedro, Juan, Jacobo y en especial del apóstol de los gentiles — Pablo.Toda la vida de este sorprendente e infatigable hombre en sus viajes de predicación acontece entre personas totalmente históricas: los supremos sacerdotes judíos y los filósofos atenienses, los gobernantes de las ciudades y los principales de las sinagogas judías, los artesanos efesios, que levantaron un motín contra él, cuando como resultado
de su prédica, cayeron sus ganancias, y también las prácticas de los dignatarios romanos, acostumbrados al soborno. El Apóstol Pablo tiene encuentros con personajes históricos tales como el astuto sumo sacerdote Ananias; Gamaliel, hombre muy respetado por todos y que al mismo tiempo era miembro del Sinedrion judío; Galión, hermano del famoso filósofo Séneca, enviado desde Roma en calidad de procónsul; los gobernantes de Judea Porcio Festo y Félix con su esposa Drusila; el rey judío Agripa y su hermana Berenice. Todas estas personas, son ampliamente conocidas en la historia civil de Roma. ¿Acaso entre todas estas personas anda vagando errabunda una personalidad mítica — Pablo? En su conducta no hay nada mítico. Él conversa, entra en discusiones, es arrestado, es liberado, frecuentemente es apaleado, pronuncia encendidos discursos, de nuevo y de nuevo es llamado a responder, apela al juicio como ciudadano romano. Al final, según las leyes romanas, es embarcado para llevarlo a juicio ante el César en Roma. Y aquí hay también una descripción precisa de las vías marítimas de aquel tiempo, las condiciones climáticas, y también una gran cantidad de pequeños detalles de la vida cotidiana. Un libro así solo pudo ser escrito en aquel tiempo, cuando sucedían todos los acontecimientos relatados en él.Los Hechos de los Apóstoles era el libro mas difundido entre los cristianos y se leía en las reuniones que ellos hacían para rezar, en todas las comunidades diseminadas por el mundo de aquel tiempo.
Dudar de la existencia del Apóstol Pablo es imposible. Precisamente él durante sus viajes de predicación a través de Europa y del Asia Menor organizó las primeras comunidades cristianas, que prontamente se volvieron notables Iglesias. Tiene un particular interés aquel lugar de su epístola a los Gálatas donde él describe uno de sus encuentros con los principales Apóstoles, los cuales, como relata el Evangelio, acompañaban a Cristo a todas partes: Ellos, considerados como columnas, o sea Pedro, Jacobo y Juan me dieron la mano en señal de compañerismo (Gal. 2:9). Entonces ¿cómo es que un hombre histórico les estrecha la mano a personajes mitológicos? ¿Dónde termina, en este caso, la realidad y comienza la ficción?
Si Pablo es real, entonces también son reales aquellos a los que les estrecha las manos y con quienes algunas veces oran juntos y otras veces discute. Y si ya son reales estos, que fueron escogidos por el Mismo Cristo, ¿qué podemos decir de la realidad del Mismo Cristo? Acerca de Jesús y especialmente acerca de Juan el Bautista y también del muy cercano pariente de Jesucristo — el apóstol Jacobo (Santiago) encontramos datos en el famoso trabajo del conocido historiador judío Flavio José (años 37-95). En su obra "Antigüedades Judías" él escribe, que los sumo sacerdotes judíos, aprovechando el recambio de los procuradores, "llevaron a juicio a Jacobo — hermano de aquel Jesús al cual llaman Cristo" (Antigüedades Judías, XIX-IX-1). Este suceso estaba en la memoria de todos cuando Flavio José escribía su crónica.
Sobre Cristo y el surgimiento de la Iglesia Cristiana escriben mucho los historiadores eclesiásticos del II siglo. Así, el famoso historiador eclesiástico, el obispo Irineo de Lyon (murió en el año 202) manifiesta, que él escribe de acuerdo a las palabras de su maestro — el famoso padre de la Iglesia Policarpo de Esmirna, quien era discípulo directo de los mismos apóstoles. Y si es incontrovertible Policarpo, maestro de Irineo, ¿cual es el fundamento para dudar de la existencia del Apóstol Juan, de quien fuera discípulo Policarpo? ¿Acaso un hombre histórico podía ser discípulo de un personaje mítico? Además de esto, Irineo despliega la lista de los obispos romanos y con ella llega hasta los Apóstoles Pedro y Pablo. ¿Dónde entonces se corta la realidad y comienza el dominio del mito? Pues los hechos no suceden en los remotos tiempos de Homero, sino que aquí se mencionan hombres que vivieron solo hace algunas decenas de años antes, y no centenares.
Datos interesantes son presentados por el famoso escritor eclesiástico Tertuliano (155-222). Era este un hombre talentoso, gran polemista, pero excesivamente riguroso. Es a él a quien se le atribuye la famosa frase: "Creo, porque es insensato." Por razonamientos semejantes y por su excesiva dureza, en el final de su vida Tertuliano hasta fue excomulgado. Pero mientras fue presbítero, él escribió muchas obras. Discutiendo con distintos herejes, él les reprochaba que sus enseñanzas — eran de reciente aparición. Demostrando con ardor, que solo la verdadera Iglesia arranca su origen desde el mismo Cristo y de Sus Apóstoles, él dice: "Cristo, estando sobre la tierra, dio Su enseñanza. Todos saben, que Él eligió a doce Apóstoles, a los cuales dio el encargo de enseñar a los pueblos, también prometiéndoles a ellos la copresencia y ayuda del Espíritu Santo. ¿Que es lo que hicieron los Apóstoles? La historia nos mostrará esto. Los Apóstoles fundaron Iglesias, primero en Judea, y después en el resto del mundo. Estas Iglesias apostólicas dieron a su vez origen a otras, que surgieron como brotes inseparables de su rama común... Mostradnos la procedencia de vuestras Iglesias, desplegad delante nuestro la procedencia de vuestros obispos desde el mismo principio, de manera que lleguen hasta los mismos Apóstoles, o aunque solo fuera a alguno de los varones apostólicos, que se encontraban en permanente relación con ellos, porque estas Iglesias son verídicamente apostólicas y demuestran su procedencia. De esta manera la Iglesia de Esmirna señala a Policarpo, a quien Juan les dio por obispo; la romana señala a Clemente, puesto por Pedro. Las demás señalan asimismo a personas investidas como obispos a través de los apóstoles, y a aquella vía por la que recibieron la semilla de la enseñanza apostólica."
"Nuestra religión, — dice en otro lugar, — está basada sobre antiquísimos libros judíos, pero junto con eso también es ampliamente conocido que ella es de reciente aparición y se remonta solo a los tiempos de Tiberio... Hasta el populacho sabe, que Cristo apareció como un hombre común, y de aquí piensan que veneramos a un hombre..."
Habiendo descrito los detalles de la crucifixión de Cristo, Tertuliano dice: "Pilatos, que ya era cristiano por el interior convencimiento de su conciencia, notificó acerca de todo esto al emperador Tiberio. Y hasta los emperadores hubieran creído en Cristo, si ellos no hubiesen sido necesarios para su época en calidad de emperadores, o si ellos hubiesen podido ser cristianos y continuar siendo emperadores... He aquí la fecha cronológica de nuestra religión, los datos sobre la religió
n, su nombre y su Fundador."Así, Tertuliano como historiador habla de la fecha cronológica vinculada con los nombres de Pilatos y de Tiberio, que tenía de antigüedad solo un siglo y medio. Es imposible aceptar que en solo ciento cincuenta años aparezca e
n la historia una fecha, que en realidad no existía. No se puede aceptar, que hombres como Tertuliano hubiesen sido engañados por la existencia de una personalidad, que creó una nueva religión a la cual ahora es necesario defender con tanto ardor.Sobre el trágico contexto en el que crecía la joven Iglesia cristiana, él escribe con un lenguaje no menos colorido: "Los sufrimientos de los apóstoles sirven como claro testimonio de cual es su enseñanza con respecto a este punto (el martirio); es suficiente mirar el libro de los Hechos. Otros no hacen falta: en él se encuentran en todas partes: cárceles, cadenas, látigos, piedras, espadas; los insultos de los judíos, pueblos enfurecidos, reyes que interrogan, tribunos que infaman, los procónsules que arrastran a juicio y el tronante nombre del César. Pedro es condenado a la muerte, Esteban es apedreado, Jacobo muerto, Pablo decapitado — he aquí los hechos, escritos con su sangre... ¡Que hablen los escritos del imperio en forma semejante a las piedras de Jerusalén! Abro el libro "La vida de los Cesares" de Suetonio: Nerón fue el primero que ensangrentó en Roma la cuna de la fe. Fue entonces cuando Pedro, después de ser clavado en la cruz, fue ceñido por mano ajena; Pablo, siendo ciudadano romano, despierta a la nueva vida por la nobleza de su martirio. Leyendo estos hechos — aprendo a sufrir."
Así, ya en los primeros tiempos de la existencia del cristianismo nadie podía negar, que las jóvenes comunidades cristianas fueron fundadas por los mismos Apóstoles. Como si estuviese respondiendo a nuestros contemporáneos, que dudan de la realidad de Cristo y de los Apóstoles, Tertuliano escribe: "¿Dónde buscar la verdadera enseñanza de los Apóstoles? ¿Deseáis satisfacer el salvador y elogiable deseo de saber? Id a las Igles
ias de los Apóstoles, donde todavía aun ahora existen en esos lugares las cátedras de los Apóstoles, donde, oyendo la lectura de sus auténticas epístolas, los veréis a ellos mismos y oiréis el sonido de sus voces. ¿Vivís cerca de Ajaia? —Tenéis a Corinto. ¿Cerca de Macedonia? Tenéis a Filipos y Tessalónica. ¿Os dirigís a Asia? No dejéis de pasar por Efeso ¿Andaréis en los límites de Italia? Tenéis Roma, a la autoridad de la cual apelamos. Feliz aquella Iglesia, en el seno de la cual los Apóstoles derramaron junto con su enseñanza su sangre, donde Pedro fue participado de los martirios de Cristo, donde Pablo fue coronado, como Juan el Bautista."Parece, que los testimonios de Tertuliano son completamente suficientes, para convencerse que la Iglesia desde sus primeros tiempos de existencia sabía — subrayamos, que no solo creía, sino que precisamente sabía, — en Quién creía ella. Sabía, que Cristo no era una figura mítica y que Sus Apóstoles — eran reales fundadores de comunidades locales cristianas que crecían rápidamente.
El no menos conocido escritor de fines del segundo siglo, Justino el Filósofo, afirma, que Cristo vivió 150 años atrás. Sobre lo mismo hablan toda una serie de otros historiadores eclesiásticos. El conocido apologista Codrato, quien vivió en la primera mitad del siglo II, escribía en su apología al gobierno romano, que "hasta ahora vive gente, sanada por Cristo." Todo esto otorga una imagen de relación directa y viviente.
Acerca de Cristo testifican también conocidos historiadores romanos. Así, acerca de las persecuciones a los cristianos en los años cuarenta nos habla Suetonio (70-140), autor de las biografías de los emperadores romanos. En una de ellas — en "Vida de Claudio" — él escribe, que el emperador Claudio (gobernó en los años 41-54) "echó de Roma a los judíos, que por influencia de Crestosos no cesaban de producir desórdenes."
La expresión "bajo la influencia de Crestosos" pudiera significar "por causa de Crestosos." En lo que respecta a la "e" colocada en lugar de la "i", se explica por la costumbre de confundir la letra griega "ita", la cual los romanos leían como "i" y también como "e".
Esto está de acuerdo con el libro de los Hechos de los Apóstoles: Claudio ordenó a todos los judíos alejarse de Roma (Hech. 18:2). En el libro de los Hechos también se dice que los seguidores de Cristo comenzaron a llamarse "cristianos" en Antioquía aproximadamente en los años cuarenta (Hech. 2:26).
Así, en los años cuarenta en Roma sucedían disturbios entre los judíos por causa de la fe en Cristo, lo que según el libro de los Hechos, ocurría en esos años en todos partes donde vivían judíos, ya que la prédica sobre Cristo Crucificado, para ellos, que odiaban hasta el mismo símbolo de la cruz, era sumamente ofensiva.
En Suetonio también encontramos otros testimonios acerca de los cristianos. En su libro "Vida de Nerón" él comunica que el emperador Nerón (reinó entre los años 54 al 68) sometió a castigo "al género malvado de los cristianos, contagiados por una nueva superstición." Desde el punto de vista de las leyes romanas, la aparición de cualquier nueva religión se consideraba no permitida y se valoraba como delito, por cuanto siempre introducía desordenes. Pero ahora lo importante, es señalar que durante el gobierno de Nerón, o sea durante los años sesenta, los cristianos ya formaban algo real y entero — eran una organización unificada bajo nombre de su Fundador.
El historiador romano de los tiempos del imperio, Tácito (años 55-120) también trae valiosos datos acerca de Cristo, de Su condena ante Pilatos y de las persecuciones de los cristianos durante Nerón. Como historiador puramente cívico y hombre de su tiempo y de su clase, Tácito ni siquiera piensa en escribir algo acerca de ciertos alejados sucesos de Judea, que además de esto ocurrían entre el pueblo judío, despreciado por los romanos. Él menciona a los cristianos solo de paso, en relación con los acontecimientos civiles. Entre las diversas descripciones, él relata el grandioso incendio de Roma del año 64, y con el sarcasmo propio a él, acusa a Nerón de ser su causante. De paso escribe también acerca de los cristianos: "Para sofocar este rumor, él (Nerón), declaró culpables a otros y en castigo comenzó a martirizar cruelmente a aquellos, que el pueblo llama cristianos, y a los cuales todos odian por sus conductas vergonzosas. El origen de este nombre proviene de Cristo, Quien durante el gobierno de Tiberio fue ajusticiado por el gobernador Pilatos. Pero su superstición, sofocada por un tiempo, surgió nuevamente no solo ya en Judea, donde sucedió este mal, sino también en Roma... Al principio prendían a aquellos que reconocían ser cristianos, pero después, tras investigación judicial, fue descubierta y acusada mucha de esta gente, no tanto, de que fueran los culpables del incendio, sino mas por estar contagiados por el odio hacia el género humano."
De esta manera Tácito nos transmite los rumores que circulaban acerca de los cristianos, rumores alimentados por dichos y chismes, que difundían los judíos acerca de los cristianos.
Aquí tenemos un texto, que hablaba de Cristo y de los cristianos en los límites de los siglos 1 y 2, y que pertenece a la pluma del famoso escritor y estadista Plinio. El emperador Trajano designó a Plinio para gobernar Bethania. Llegado al lugar, Plinio descubrió que bajo su autoridad había cristianos, de los cuales hasta ahora, por lo visto, solo tenía conocimientos aislados. Él escribe al emperador, con quien tenía una gran amistad, que "esta superstición se desparramó por todos los lugares..." y que "los cristianos, bajo torturas, reconocían que ellos se reunían al amanecer, para glorificar a Cristo, como a Dios."
Este texto es del año 110. La secta de los cristianos, como reza la carta, ya "se extendió por todas partes." Evidentemente, el cristianismo ya existía en Bethania por más de varias décadas. Y de esto surge claramente que los cristianos del siglo I no podían considerar a Jesucristo como una personalidad inventada, porque solo algunas decenas de años los separaban de la vida de Cristo.
Todas estas referencias bastante negativas por parte de los historiadores romanos acerca de los cristianos no permiten especular, que alguno de los cristianos de las épocas siguientes pudiera incluirlas en sus manuscritos. La misma negatividad del juicio se presenta en este caso como garantía de la autenticidad de los documentos citados.
Los historiadores eran gente de su tiempo y representantes de la clase dominante. Ellos miraban todos estos sucesos a través del prisma de sus ideas aristocráticas. El cristianismo es para ellos solo una nueva y despreciable secta de la turba. Se hablan algunas cosas malas acerca de ellos. Y entonces los historiadores-aristócratas, gente que considera por debajo de su dignidad hablar de temas que sea inferiores a la gloria romana y a los descubrimientos científicos, repiten con desprecio los chismes populares acerca de una cierta herejía entre la plebe.
Leyendo estas magras anotaciones de los historiadores romanos sobre el naciente cristianismo, Gertzen escribía: "Luchar contra el cristianismo era insensato, pero la orgullosa filosofía, como así también la orgullosa Roma primero no prestaron atención a esto. Cosa rara: es como si Roma, en la inmunda época de los ruines césares, perdiera toda su razón y cayera en una despreciable senilidad, que se hace vana e ínfima como la de los que están sobre el borde de la tumba: la predicación del Evangelio ya se difundía en sus plazas, pero la aristocracia romana y los sabihondos miraban con sonrisa y desprecio a la pobre herejía nazarena, escribían infames panegíricos, vulgares y triviales madrigales, sin notar que los esclavos, los pobres, todos los que trabajan y están sobrecargados, escuchaban la nueva de la redención. Tácito no comprendió al principio, y Plinio no entendió luego, lo que se producía delante de sus ojos" (A. I. Gertzen, Obras filosóficas escogidas. M., 1946 T. 1. pag. 196-197).
* * *
Los adversarios del cristianismo afirman, que Cristo no existió y que todo lo que se dice de Él — ¿es solo un mito? Pero un mito no puede surgir en un lapso tan corto, y menos aun cuando vivían los contemporáneos de aquella época cuando vivía el Fundador del cristianismo.
¿Que es el mito? Un mito — es una forma característica del mundo antiguo de describir las leyes de la naturaleza. Todo lo abstracto se concreta, las fuerzas de la naturaleza se personalizan. Como las leyes de la naturaleza son estables y eternas, los mismos mitos siempre se refieren a ciertos primordiales e indefinidos tiempos. El mito nunca es histórico. En ningún mito nunca hay datos histórico
s concretos. A nadie le vino nunca en la cabeza establecer la fecha de nacimiento de Mitra o de Osiris. Todo ocurría "hace tiempo," en la canosa antigüedad. Nadie sabe tampoco cuando se formaron estos mitos. Los Evangelios, en cambio, están escritos en los tiempos cuando ya florecía la ciencia histórica. En los Evangelios se indica la fecha exacta de nacimiento de Jesucristo y del comienzo de Su predicación.Exponiendo alegóricamente la esencia de las leyes de la naturaleza, los mitos nunca llaman a nuevas formas de vida. Pero el Evangelio entró en el mundo como la predicación de una nueva forma de vida. En cambio, el Evangelio entró en el mundo como la prédica de nueva manera de vivir. El Evangelio comienza por la exigencia de cambiar los viejos puntos de
vista, reevaluar todos los valores y comenzar la lucha con la injusticia. Por consiguiente, también en relación a esto el mito y el Evangelio son opuestos en su esencia.En ninguna religión antigua encontramos nada semejante al Evangelio. Todos los mitos antiguos, que existían antes Cristo, solo explicaban la organización del mundo, y solo el Evangelio exigió su reconstrucción sobre los nuevos principios.
"El cristianismo, — escribe Gertzen, — se presenta completamente contrario al orden antiguo de las cosas; esto no es renunciación débil y parcial, sino una negación llena de poder, esperanza, sincera, implacable y segura de sí misma. El antagonismo de la visión cristiana hacia lo antiguo exigía no una reconstrucción, sino una recreación" (A. I. Gertzen. Obras filosóficas escogidas, T. 1. pag. 210-211).
Por fin, el cristianismo como un hecho religioso-popular y hasta social, de ninguna manera se puede parecer a un mito, ya que exige, antes que nada, la reorganización de la vida del mundo antiguo. Cualquier comparación del cristianismo con los mitos antiguos solo se puede considerar como la consecuencia de una completa ignorancia, o un intento consciente de dar un enfoque falso a todo el problema.
Como un fenómeno social-religioso, apareció en la primera mitad del primer siglo. No existían, ni existen datos de la existencia de cristianos antes de este tiempo. Pero en la mitad del primer siglo el cristianismo entra en el mundo como una fuerza real. Todo movimiento popular, sea revolucionario, religioso, o de cualquier otro tipo, no aparece sin un caudillo. Los cristianos declaraban abiertamente, que ellos eran seguidores de Jesucristo, Hombre que vivió en Judea y fue crucificado allí durante el gobierno de Tiberio y de su gobernador general Pilatos.
En los años cuarenta y cincuenta de nuestra era, o sea aproximadamente unos diez a quince años después de la crucifixión de Cristo, se comienza a hablar de los cristianos y pronto se inician las masivas persecuciones de los seguidores de la nueva religión.
El cristianismo de ninguna manera era un mito, sino una realidad, nacida a la vida en condiciones extremadamente trágicas. Y se puede afirmar, que ninguna personalidad de aquel tiempo fue atestiguada tan documentadamente, como la personalidad histórica de Jesucristo.
No se puede admitir psicológicamente, que en la mitad del primer siglo en Jerusalén, en Antioquía, en Roma y en otros lugares aparecieran comunidades de creyentes en Cristo, sobre Quien en realidad nadie supiera nada. En los Hechos se dice, que el nombre mismo "cristianos" surgió durante el gobierno del emperador Claudio y del rey de los judíos Herodes Agripa — o sea en los años cuarenta del primer siglo. Evidentemente, para este tiempo las comunidades cristianas ya tenían cierta notoriedad como unas
ciertas formaciones sociales.El tiempo cuando vivía Cristo y cuando se formó la Iglesia cristiana — no son los tiempos nebulosos de Homero. Es un tiempo, cuando vivían historiadores, filósofos, científicos. Inventar en aquellos tiempos una personalidad inexistente y ponerla como cabeza de una nueva religión sería simplemente imposible. Más aun sería increíble que a esta personalidad inventada la consideren como Salvador, hasta tal punto, que prefirieran ir a la muerte, antes de renegar de Él.
La existencia histórica de Cristo es atestiguada por una cadena viva de sucesión desde Sus discípulos, escogidos personalmente por Él, hasta los discípulos directos de estos, personas tan conocidas como Ignacio, obispo de Antioquía (56-102), Clemente, obispo de Roma (92-102), Papio de Jerópolis (murió aprox. en el año 165), Policarpo de Esmirna (69-155) y así siguiendo, hasta ya mundialmente conocidos escritores y estadistas del II siglo como Justino Filósofo, Irineo de Lyon, Tertuliano y otros. La continuidad de esta cadena viva — es la mejor demostración de que en el origen del cristianismo no hay nada mítico. Tanto la Personalidad del Fundador como Sus principales colaboradores — son figuras completamente históricas, que poseen sólidas coordenadas históricas.
Solo un hombre que nunca en su vida tuvo en sus manos estos verídicos libros puede creer el cuento absurdo que el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles representan un mito. Todo aquel, que no quiera ser manipulado por los inescrupulosos autores de todo tipo de folletos antirreligiosos, que tome en sus manos estos libros y se convencerá de su veracidad.
E
n nuestros días se agudizó el interés hacia el arte religioso ruso: la escritura de iconos, la arquitectura de los templos, el canto religioso. Surgió la moda de llamar a esto como arte popular ruso de tal o cual siglo, explicando además, que ellos tienen valor por su belleza y su humanidad. Y eso es todo. De la esencia religiosa, si es que hablan, lo hacen como acerca de algo secundario.Si quisiéramos entrar en un terreno puramente filosófico, antes que nada debemos recordar la famosa fórmula: "La forma es la construcción del contenido." Si lo quisiéramos decir con palabras más simples, entonces el arte es la expresión de una cierta idea. Sin la idea no existe el arte. Entonces es natural preguntar: ¿Cuál es la idea que generó nuestro arte religioso? ¿Cuál es la ideología que expresa? ¿Qué deseaban expresar en sus obras los creadores de esta belleza?
El ateísmo afirma, que la religión cristiana es una tenebrosa, misantrópica ideología, que ayuda al desarrollo y conservación de la institución de la esclavitud, que siembra la oscuridad y la ignorancia, que predica un dios inhumano, que oprime en el hombre todo lo luminoso. Y he aquí se l
evanta delante de nosotros el arte religioso como algo magnifico, luminoso, que afirma la vida. Así es como resulta el arte cristiano — una natural continuación de la idea cristiana.El arte en los templos expresa la idea de una excepcional humanidad y la belleza de esta humanidad, precisamente de la misma manera como lo anuncia la Iglesia en sus dogmas.
¿¡Cuantas cosas malas se han hablado de los dogmas cristianos!? Se podía hablar lo que se quisiera, mientras nadie conocía nada acerca de estos dogmas. Y hasta hoy día casi nadie sabe algo acerca de ellos; quizá solo algo leído en la literatura antirreligiosa. Pero ahora los dogmas cristianos resultaron puestos en el centro de la atención. Es cierto, no en sus formulaciones verbales, sino en su forma repre
sentativa. Pues cada cristiano sabe, que un icono es el Nombre de Dios escrito con pinturas; que él es una representación no de cualquier cosa, sino precisamente de los dogmas cristianos. De otra manera él no será un icono.La gente no creyente a veces dice que los artistas cristianos creaban sus obras en contra de los dogmas de la Iglesia y por eso ellos son hermosos. Pero una absurdidad así solo puede provocar risa. Pues no se puede reconocer como herejes a tales fieles hijos de la Iglesia como san Andrés Rublev u otros escritores de iconos semejantes a él, a constructores de templos famosos y también reconocidos y desconocidos compositores tanto de la Rusia antigua como de las épocas siguientes. Esta gente creaba precisamente para la Iglesia, solo conforme a la enseñanza de la Iglesia, de acuerdo a sus dogmas. Creaban porque tenían fe y amaban todo esto. Nuestros templos en su gran mayoría se construían con recursos populares: se recolectaban de a centavos aquellas grandes sumas que eran necesarias para su construcción. Los templos eran el único lugar de frecuentación popular, donde se reunía toda la gente ortodoxa para rezar en los días de festividad. Se creaban precisamente en el espíritu de la Ortodoxia, bajo la supervisión del clero, y junto con esto según los gustos religiosos y esperanzas del pueblo creyente.
El icono — no es simplemente una obra de arte. Él es la expresión representativa del dogma de la Iglesia. Suele suceder, que una imagen expresa mejor y mas rápidamente la esencia de alguna idea. Así es con las imaginas santas. Ellas presentan en una forma más accesible la esencia de los dogmas cristianos.
De paso hablaremos de la palabra "dogma." En nuestros días la palabra "dogma" frecuentemente se pronuncia en el sentido de algo frío, osificado, lejano de la vida que corre rápidamente. Esto es incorrecto. La palabra "dogma," que es difícil de traducir, en el entendimiento cristiano significa aproximadamente lo mismo que la palabra "ideal," "principio," "establecimiento," "comprensión verdadera.
" Los ideales superiores, principios y establecimientos fundamentales, las verdades básicas, ya por su misma esencia deben ser permanentes, inmutables, de otra manera ellos no serán verdaderos ideales, ni principios. En la Iglesia cristiana la palabra "dogma" se entiende en el sentido de verdad eterna. Por eso se debe entender que hablar de los dogmas como algo rígido, osificado, — significa simplemente no discernir ni entender nada en esta cuestión. Las verdades eternas son inmutables.Los dogmas fundamentales, o lo que es lo mismo, las verdades de la religión cristiana, son el dogma acerca de la existencia de Dios — Creador de todo el mundo, el visible y el invisible, el dogma acerca del amante Padre de la humanidad, el dogma acerca de Dios, que salva a los hombres del pecado, del sufrimiento y de la muerte, el dogma de la unidad de Dios y del hombre, ya realizada en la Persona de Jesucristo — Dios Verdadero y Hombre Verdadero. Todas estas superiores verdades de la religión cristiana son también sus más elevados ideales, principios básicos y establecimientos de la enseñanza de la fe cristiana. Ellos no pueden ser cambiados. Sin ellos la religión cristiana dejaría de ser ella misma. Cualquier cambio de estos dogmas significaría la traición a todos los ideales de la religión cristiana.
Ahora volveremos al tema del icono como uno de los medios de expresión y explicación de los dogmas cristianos. Tomaremos para ejemplo al icono de Andrés Rublev "Trinidad," conocido por casi toda la gente culta, creyente o no creyente. Este icono explica el dogma mas difícil de asimilar para la interpretación humana acerca de la Triplicidad del Único Dios. ¿Qué es lo que vemos en la imagen santa? Es una expresión representativa del contenido fundamental de la actitud de Dios hacia el hombre — el imperecedero Consejo Divino acerca de la salvación del género humano. Entre las tres Hipóstasis Divinas hay como una silenciosa conversación. ¿Acerca de que? Acerca de la fuerza del amor al hombre, de la extrema necesidad de salvar a la gente del pecado, del sufrimiento y de la muerte.
Una de las tres Hipóstasis debe bajar a la tierra a los hombres. Descender y hacerse Hombre. Compartir con él todo su destino, su sufrimiento, su amargura. Y no solo el sufrimiento, sino todo el horror de una muerte trágica. En la mesa entre los que están reunidos hay un recipiente misterioso, en el cual yace un corderito para sacrificio (becerro). Esto — es símbolo del inminente sacrificio del Mismo Hijo de Dios, Quien debe descender a la tierra y allí ser s
acrificado por aquellos a quienes desciende. Y Él, inclinando la cabeza con conformidad, mira al corderito como a un prototipo de los próximos sufrimientos redentores por el género humano. Apartándose de Su Gloria Divina, bajar hacia los sufrientes. Ser la víctima, y ser crucificado. Bajar a las tinieblas de la tumba. Y todo esto para que con Sus sufrimientos, con Su muerte —derrotar la muerte y el sufrimiento de la gente, crear nuevas formas de vida y elevar Consigo al Trono Celestial a Su amada creación — el hombre!En el icono aparece no solo la enseñanza dogmática de la Iglesia acerca de la salvación. En este icono, excepcional e incomparable, aparece la fuerza de la fe en este dogma del mismo beato monje Andrés. Solo puede escribir con pinturas el Nombr
e de Dios aquel, que cree en este Nombre...Involuntariamente surge la pregunta: ¿qué es lo que representó Rublev? ¿Existe realmente la Trinidad representada por él o todo esto es un engaño, un "opio" religioso? Si esto es un "opio," una ficción, un engaño, ¿entonces porque no aborrecemos la santa imagen? No se puede comprender porque durante las últimas décadas no le prestaban la más mínima atención, y de pronto nosotros empezamos a hablar de su belleza. Resulta, que antes directamente la negaban, como se negaban los dogmas cristianos en general. Se negaba el icono sin siquiera adentrarse, qué es lo que está representado en él. De forma semejante a como se negaban los dogmas cristianos sin tomarse el trabajo de averiguar, en que consiste su esencia. Ahora
comenzaron a mirar el icono y ven que él presenta no solo una Gran Belleza, sino también una Gran Idea, aunque muchos todavía no se toman el trabajo de tratar de concebir, en que consiste la esencia del dogma cristiano de la Trinidad del Único Dios.Entonces ¿qué es lo que esta representado en el icono? Si no hay Dios, no existe la Trinidad (para nosotros, pero no para el iconografo), ¿entonces, por consecuencia, hay que dar espaldas a este icono? ¡¿En efecto Rublev no pintó una conferencia humana?! Es claro, que lo que está representado no son hombres. Como fianza de esto vemos las alas de los Peregrinos, el recipiente con el Corderito del sacrificio y todo el místico aspecto del icono. La respuesta solo puede ser una — en el icono está representado el eterno amor de Dios hacia el hombre. Y no se puede infiltrar ningún otro sentido en este icono. El icono solo representa el dogma de la Iglesia, del cual habla el mismo Cristo en el Evangelio de Juan: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo a través de Él" (Juan 3:16-17). Dios desciende al hombre, para elevar al hombre a Dios. Este es el sentido del icono. Con óleo es representada la imagen de aquello que la Iglesia enseña con la palabra.
Miremos otros iconos. Veamos con atención el Rostro de la Madre de Dios en el icono de san Vladimiro, en la profundidad de los ojos de la Virgen-Madre, de Quien nació en la tierra el Salvador del mundo. Veremos el amor maternal, no el ciego, sino el que prevé, que el amado Niño será entregado al ultraje y la crucifixión. Este icono — es la continuación del primero. La acción sucede ya en la tierra. Confrontan el amor de Dios Padre, que envía a Su Hijo a los sufrimientos terrenales con el amor de una Madre terrenal, que prevé el destino del Hijo. Aquí aparece otro dogma angular de la Iglesia cristiana — el dogma del Dios-Hombre, de la encarnación de Dios, de Su humanización.
En la imagen santa de la Madre de Dios con el Preteterno Niño, nacido de Ella, aparece la síntesis del amor Divino y el humano. Aquí ya se presentan los misterios de la unidad de la Divinidad y de la humanidad. Aquí se expresa el dogma acerca de que la Divinidad se unió con la humanidad sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. Con eso mismo se justifica, se afirma todo lo verdaderamente humano. Se presenta un símbolo enorme, ya ahora puramente de amor humano, que responde al amor del Padre Celestial, del cual habla "Trinidad" de Rublev. Se presenta el símbolo del amor maternal que nunca muere como garantía de la eterna continuación del género humano a través de aquella "feminidad," de la cual tanto hablan ciertos poetas y filósofos. En el icono es como si se escuchara la secreta canción de la maternidad que nunca se apaga, que siempre sonará, mientras continúe la vida del hombre sobre la tierra. Aquí también está el símbolo de la humana ternura de la Madre y del Hijo. Y todo esto expresa la enseñanza de la Iglesia de Cristo.
Miremos con atención el antiguo icono "Descenso al infierno y Resurrección de Cristo." Cristo — Vencedor de la muerte — está en medio de las destruidas cadenas del infierno. Él saca del infierno en las personas de nuestros antecesores Adán y Eva a todo el género humano. ¡La humanidad es llamada a la vida Eterna! ¿Se puede encontrar algo que afirme la vida mas que este "dogma cristiano acerca de la Resurrección?"
* * * *** ***
Un icono es una obra de arte. Esto es comprensible para todos e indiscutible, en este sentido se lo puede examinar al mismo tiempo con otros trabajos artísticos.
Una estatua antigua. Un cuadro flamenco. Cualquier producción de este género encierra dentro de si alguna idea y exige una idea en respuesta. Precisamente ella se crea para ser mostrada y producir en el espectador un efecto visual, crear una impresión viva.
La cualidad específica del icono consiste en que él no exige solamente una respuesta mental, no solo una impresión viva. El icono de ninguna manera se creaba por los monjes-pintores de icono para ser mostrado, ni para la admiración de los juegos de colores o de los trazos, sino exclusivamente para servir de ayuda en la oración hacia Aquel, Que estaba representado en él. En esto está la diferencia radical con un cuadro, un cartel o un anuncio.
Un icono, privado de su directo designio para el cual fue creado, expuesto para ser mostrado, para ser examinado por gente, que no creen en Aquello, que está representado en él, naturalmente, pierde su sentido, su designio. Un icono se escribe para expresar la relación entre Dios y el hombre, él se convierte en algo así como una garantía de la realidad de esta relación, como si fuera un eslabón de comunicación. Sacar el icono de la atmósfera de oración — significa dejarlo sin sentido. Tomar un icono de un templo y colocarlo en un museo o convertir todo el templo en un museo — significa romper este objetivo fundamental, para el cual se escribió el icono y se construyó el templo. Convertir el icono — medio de la viva unión del hombre con su ideal religioso, en una exposición de museo — equivale a intentar matar el icono, convertir lo vivo en muerto. Para los museos se matan especialmente unos animales, que después se ponen en exposición. Pero estos son solo cadáveres. En ellos no hay vida, no hay movimiento. Esto es simple y claro y no necesita más explicación. La imagen santa, puesta como muestra, — es privada de vida, porque ya no representa el vivo eslabón en la vida del hombre, para lo cual ella fue creada. El icono está vivo solo en aquella atmósfera para la cual él fue designado.
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Este es el sentido de nuestros iconos cristianos y su significado. De eso mismo, de la eterna tendencia a elevarse, hablan nuestros templos ortodoxos. Este es un símbolo de una tendencia hacia todo lo superior, un llamado a un ilimitado perfeccionamiento.
La misma idea está presente en todos los cantos de la Iglesia cristiana. Y entre ellas hay una, la principal, la mas triunfal, — la canción de la Resurrección, acerca de la victoria sobre el sufrimiento y la muerte, el canto acerca de la vida Eterna e Inmortal en el Reino de Gloria. El canto acerca de todo lo que hablan todos nuestros iconos y la arquitectura de nuestros templos.
Así es el arte ortodoxo ruso. En realidad, la palabra "ruso" aquí se refiere, por supuesto, hacia la forma y no al contenido, porque el Evangelio esta dirigido a toda la humanidad. Pero nosotros, ortodoxos rusos, representamos esta idea con nuestra habilidad, con nuestro talento ruso. Tratad de imaginar todo este arte sin esa universalmente humana idea del Evangelio, al cual expresa. Esto será imposible. O simplemente será una calumnia, una gran mentira.
El arte religioso ortodoxo, fervientemente dogmático, pero junto con ello también fervorosamente popular no puede ser arrancado de aquella idea, que lo engendró. Existe para mostrar en sí la enorme belleza del Evangelio — la enseñanza de Cristo.
E
stas palabras, como es conocido, las pronuncia uno de los protagonistas de la obra de M. Gorki "En el fondo," el vagabundo y borrachín Satin. Es difícil adivinar porqué el autor de la pieza le encargó precisamente a él pronunciar estas palabras.— Mira a través
de la ventana, — continua Satin instruyendo a su contertulio, — todo, lo que tú ves allí, — lo ha creado el hombre.Desde nuestro punto de vista, hubiera sido mas simple primero echar una ojeada alrededor, sin sacar la cabeza por la ventana. Todo lo que está alrededor: las paredes, el techo, el piso, y otras cosas así, — todo esto indudablemente lo creó el hombre. Verdades como esta habitualmente los padres se las transmiten a sus hijitos de cinco años, así que para nosotros, los adultos, esto ya no es un descubrimiento. Pero si siguiéramos el consejo de Satin y miráramos a través de la ventana, lo primero que caería en nuestro campo de visión sería el cielo, la tierra, los ríos, los árboles, las flores, los pájaros, y todo aquello que comprende la naturaleza. Y dentro del conjunto de este inabarcable ambiente veríamos también aquello que ha creado el hombre. Satin simplemente machaca sobre algo que a ellos les es incomprensible, cosa que para él no es difícil, por cuanto los que lo están escuchando — son vagamundos iguales a él. La comprensión filosófica de la naturaleza es absolutamente ajena a ellos, y ellos no pueden responder algo a su filósofo compañero de botella. Su visión social del mundo acerca del trabajo y la creatividad la conocemos del contenido de la pieza: el que trabaja, ese no tiene dinero; luego para tener dinero no hay que trabajar. Crear algo de lo que se ve por la ventana, ante tal concepto del trabajo, es por supuesto imposible.
El hombre — esto suena soberbio. En el marco de la realidad de los vagabundos estas palabras suenan de alguna manera, profanas. Dicho de paso, Satin — por naturaleza es un cínico y charlatán, y no se preocupa de alguna relación entre la vida y lo que dice. Y ni siquiera él se compenetra del sentido de estas palabras. El mismo dice que ama las palabras altisonantes. Él las busca afanosamente, las recoge de la calle, en alguna conversación casual. Su sentido no le importa. Él les dice con orgullo a sus amigotes, que hace poco escuchó una nueva palabra altisonante — "¡trans-cen-dental!" ¡Suena grandioso! ¿Se entiende? No. Pero Satin no necesita entenderlo. Sabemos, que difícil es en nuestros días hablar desde la posición cristiana algo malo sobre un hombre, sin que cualquier ateísta trate allí mismo de culparnos de despreciar al hombre, de tener intenciones rebajar la dignidad humana. El ateísmo de nuestros días difunde el lema — "Por el hombre, en contra de Dios." Por eso no hablaremos nada malo acerca de las obras del hombre, sino, que por consejo de este mismo Satin, trataremos de mirar el mundo a través de la ventana, para encontrar algo acerca de lo que no haya necesidad de discutir. A través de la ventana podremos ver muchas cosas buenas. Pero prestemos atención a la "ventana del mundo" — el televisor. He aquí delante nuestro un filme patriótico "El fascismo común." El ejército fascista avanza sobre nuestra tierra, para inundarla de sangre. Los fascistas — son hombres. ¿Cuántos son? Muchos. Cada fascista — es un hombre. Un hombre — ¿en qué sentido? Del sentido de esta palabra vamos a hablar después. Ahora es importante el hecho de que el fascista — no es una fiera o una bestia, sino un hombre. ¡Un hombre! ¿Esto suena soberbio? Podemos repetir estas palabras, viendo aquello que miramos en la pantalla.
Posiblemente, deberemos hacer alguna corrección o alguna explicación a esta frase latina, sin lo cual ella en nuestra situación va a sonar simplemente ofensiva. ¿Pudiera ser, que el fascismo — haya sido solamente un episodio casual? Trataremos de tomar un ejemplo más amplio. El Militarismo. ¿Quiénes son los militaristas? ¿Cuantos son? Muchos. Tomaremos un ejemplo más extenso. La explotación del hombre por el hombre. Esta fórmula también se considera indiscutiblemente como de gran significación en las relaciones sociales. ¿Desde que épocas existe la explotación? ¿Cuantos son ellos, los explotadores? ¿Quiénes son ellos? Solo es indudable una cosa — cada uno de ellos es un hombre. Estos ejemplos hablan de voluminosas realidades sociales. Y aquí tenemos algo que podría ser menor por su magnitud pero no por su cantidad — homicidas, ladrones, violadores, estafadores, adúlteros, calumniadores, y simplemente los pequeños rateros. Cada uno de ellos — es un hombre. Pero ¿cómo queda la dignidad de la humanidad en cuanto a lo que se refiere a todo este personal?
"El hombre — esto suena orgulloso," dice Satin, instruyendo a sus amigos — habitantes del "fondo" de la comunidad. Pero entonces, ¿cómo es la cosa en realidad? ¿Cómo suena esta palabra — hombre?
En la Biblia se dice, que Dios creó al hombre a imagen Suya y a Su semejanza. Pensemos aunque sea un minuto acerca del sentido de estas palabras.
Imagen de Dios... ¿Qué puede haber mas elevado, que no sea esta comprensión? Dios, según la enseñanza cristiana — es la perfección absoluta. El hombre, el espíritu del hombre, sus cualidades espirituales — es la imagen de esta perfección. Imagen de Dios — esto es la cumbre de todas las posibilidades. El hombre es la imagen de Dios. Esta es la dignidad innata del hombre según nuestro entendimiento cristiano.
El hombre es creado a semejanza de Dios. Dios es Creador. Dios — esto es la superior voluntad básica, creadora de todo. El hombre es creado a Su semejanza. Significa, que desde la misma naturaleza le es dada la capacidad de asemejarse al
Creador.Leemos mas adelante los inmortales renglones bíblicos, que nos relatan acerca de la creación del hombre: Creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó... y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla y señorea
d sobre ella... y sobre toda criatura terrenal... (Gen. 1:27-28).¿Y que es lo que nos dice el sentido común religioso, presente en cada cristiano fiel, acerca de la dignidad humana? He aquí el clásico salmo de David: "¡Señor! Tu con gloria y Honor corona
ste al hombre y lo pusiste... sobre las obras de Tus manos..." (Sal. 8:6-7).Acerca de cómo enseña sobre el hombre el Fundador del cristianismo, no hablaremos por el momento. Que cada uno tome en sus manos el Evangelio y lo lea. Es suficiente solo decir que Dios en la persona de Cristo llama al hombre Su hermano menor y dice, que todo lo que se haga al hombre, sea malo o bueno, se valora como hecho a Él Mismo.
Así es el hombre, según el entendimiento cristiano en su ideal, o sea, en el plano que proyectó el Creador al crearlo. Así es nuestra comprensión cristiana de la dignidad, con la cual fue provisto el hombre por Dios.
Pero ¿qué es lo que es el hombre en realidad? La realidad la conocemos muy bien. Sabemos, cuanto hay de hermoso en el hombre y cuanto de malo. Si nos limitáramos ahora solamente al recuerdo del filme "El fascismo común," simplemente calumniaríamos al hombre. Pero, por otra parte, olvidar la existencia del mal sería una falsa beatitud tan rematada, que en nuestros días es inconcebible. A
Satin es perdonable pero a nosotros — no. ¿Quién es el culpable, de que en la vida humana haya mucho mal? ¿Las condiciones? Pero ¿quien las creó? ¿Acaso en la vida personal y social del hombre el mal está programado con tal perentoriedad, que no se lo puede evitar? La naturaleza — ahora decimos a propósito "naturaleza" y no Dios, para que puedan razonar de igual manera el fiel y el no creyente, — la naturaleza, repetimos, no obliga a la gente de asfixiar el uno al otro. ¿Porque entonces en la vida de la humanidad hay tantos horrores? Se pueden señalar muchas causas, pero se las puede reunir a todas en una sola formula: el hombre por sí mismo corrompe su vida. Esto es una verdad que no puede ser sometida a duda. Y aquí nos acercamos a la enseñanza cristiana acerca del mal y del pecado.El ateísmo, como se sabe, niega la noción del pecado. Pero como esto es una realidad que de todas formas no puede ser negada, el ateísmo habitualmente se desliza de esta cuestión hacia un lado y trata de ganar algo en su provecho: si el hombre es bueno, y el cristianismo enseña sobre su pecaminosidad, significa, que él degrada al hombre, y por tanto el cristianismo miente. Si el hombre es malo, pero el cristianismo enseña que él es imagen y semejanza de Dios, significa que es ma
lo también su Original — Dios. Y si es así, entonces Él no existe. Significa, que de nuevo la enseñanza cristiana miente. O sea, hablando groseramente, no hay diferencia, de lo que es cara o cruz. Entonces en definitiva ¿cómo es la cosa según la enseñanza cristiana? ¿Que es el hombre y como suena esta palabra?El hecho, que el hombre es creado a imagen de Dios, o sea, provisto por naturaleza realmente con dones Divinos, es una verdad indiscutible para el cristiano. Sea cual sea el hombre — bueno o malo, manso o feroz, él igualmente es un hombre. Él posee todos los atributos del hombre, y sea dicho de paso, siempre lleva ante la gente y ante Dios la responsabilidad por sus actos y por sí mismo. El hombre es un ser responsable, y nada, salvo alguna grave enfermedad espiritual que lo convierta en inculpable, lo libera de esta responsabilidad. Su raciocinio, sus sentimientos, su voluntad — todo esto es tan elevado y bello, que no podemos imaginar algo mas elevado en el mundo, que estos rasgos de la imagen Divina en el hombre.
El hecho, que el hombre posee la posibilidad de ser semejanza de Dios, también es una verdad indiscutible. Es suficiente de ver
todas las grandes hazañas de la humanidad en el transcurso de la historia. Pero ¿acaso solo estos grandes hechos realiza el hombre? Nuevamente delante de nuestros ojos "El fascismo común." ¿Podían los hombres no haber hecho esto? ¿Podrían estos mismos hombres, solo razonando de otra forma, hacerse semejanza de Dios en la tierra, hacer y continuar aquella obra, que el Creador, comenzándola, encargó completar al hombre?¿Es libre el hombre en sus decisiones? ¿Es responsable delante de Dios y de sus hermanos de sus actos — o solo es el producto de inevitables necesidades históricas? ¿Y con qué necesidad ineludible se puede explicar y justificar sus malas acciones? El hecho de que el hombre pervierte el plan de Dios acerca de él, es — una triste verdad, expresándolo en la lengua de la religión. En el idioma no religioso esto sonará casi de la misma manera — el hombre dañ
a las normas biológicas y sociales, programadas por la naturaleza. De una forma o de la otra, el sentido es el mismo. El hombre introduce el mal. Es como si él echara a perder la obra creativa de Dios o de la naturaleza. En el lenguaje de la gente común el deterioro del trabajo se llama falla, clapa. En el idioma de la religión el deterioro en uno mismo de la imagen y semejanza de Dios se llama pecado.Si hacemos el balance y en pocas palabras expresamos la enseñanza cristiana acerca del hombre, lo diremos así. El hombre es ideado por Dios sin pecado. Pero él no está atado por aquella exigencia inevitable, por la cual inconscientemente se mueve todo animal. Él debe realizar su programa conscientemente. Y si no lo realiza, significa que peca. ¿Que es lo que d
icen con respecto a esto los ateístas, que niegan en su raíz cualquier noción del pecado? "El cristianismo denigra la dignidad humana con el concepto del pecado," — responden ellos (ver: Ciencia y Religión. 1967, Num. 6). Así, según el ateísmo, no es el pecado que rebaja al hombre, sino, ¡la noción del pecado! ¡Así es la lógica de los ateístas! La crítica de esta "lógica" la dejamos para los lectores.Nuestra lógica es distinta. Nuevamente recalcaremos aquella inmutable verdad, de que el hombre, por su prof
unda natural esencia, es imagen de Dios, o sea, posee las superiores propiedades espirituales, aquellas de las cuales es capaz de asimilar del Creador su naturaleza humana. Aparte de esto, al hombre le es dada la posibilidad, la capacidad de ser semejanza de Dios en la naturaleza y en la comunidad. Pero como nosotros vemos, esta capacidad, en su enorme mayoría, no siempre la consuma, y siendo libre en sus decisiones, frecuentemente se asemeja no a Dios, sino a las bestias y a las fieras.¿Puede él sacudir de sí esta faceta bestial, esta fiereza, semejanza de animal? El Evangelio contesta que si, que puede. El hombre puede ser salvado de esta semejanza a un animal. ¿Qué es necesario hacer, para salvar al hombre de este mal, que él se causa a sí mismo? Aquel
lo, que es necesario hacer para su salvación, dice el Evangelio. Por ahora es importante solo establecer, que la idea de la salvación de la humanidad del pecado y del sufrimiento — es la posición fundamental de la enseñanza cristiana. El Evangelio enseña, que el hombre puede salvarse, que en lugar del "viejo" hombre puede renacer un hombre "nuevo." Precisamente en la fuerza de esta posición el Fundador de la religión cristiana — Jesucristo — se llama siempre Salvador de la humanidad.
C
risto es matado, es denigrado como ideal, sustraído de la actualidad como algo real. Cristo es olvidado y ocultado de la consciencia. Es sepultado y encerrado entre paredes en la oscura tumba del pasado. El acceso a la tumba es cegado con una roca, que no puede ser apartada por las fuerzas de un solo hombre. ¿Podrá Él resucitar?Cristo, el hombre, que vivió hace casi dos mil años atrás, fue atrapado a traición y llevado a juicio. Lo entregó un discípulo por treinta monedas de plata. Lo juzgaron, lo infamaron, lo flagelaron, lo coronaron con corona de espinas. Al final, lo crucificaron. Él murió. Entonces lo sepultaron en un sepulcro de piedra y, para que nadie pudiera decir, que él resucitó, rodaron contra el sepulcro una gran roca. Y
pusieron sobre esta roca un sello. Hasta pusieron custodia de soldados romanos delante de la tumba. Solo después pudieron tranquilizarse en la certeza, que nunca mas se escucharía Su voz en las calles y en las plazas. Voz, que daba ánimo a unos y desenmascaraba a otros, que daba calor a los pobres y amonestaba a los poderosos de este mundo.Lo mataron, lo sepultaron, sellaron la tumba, taparon la entrada con una pesada roca. Después comenzaron a festejar.
No se levantará de la tumba este mentiroso, nunca nadie escuchará más Sus palabras acerca de un cierto reino espiritual del Padre Celestial. Aquí, y solo aquí, en la tierra, será nuestro glorioso reino, y no se cumplirán nunca las palabras del Soñador Galileo, que engañaba a la gente con un ilusorio Reino
Celestial.Mataron a Cristo. Pero antes de matarlo, lo juzgaron en juicio parcial, lo juzgaron y lo ultrajaron. Lo condenaron y, para que nadie escuchara algo mas acerca de Él, escondieron Su Evangelio en un oscuro sepulcro y lo taparon con una piedra, que no podría remover un hombre, si fuera solo a buscar a Cristo. Y sellaron el sepulcro con un sello, para que nunca nadie supiera, qué es lo que enseñaba Cristo, y para que nadie se atreviera a mover la piedra, pusieron custodia en la tumba.
Pero Él resucitó, este Maestro Galileo. Resucitó, porque el poder de la muerte no podía retenerlo. Resucitó en un nuevo, glorificado cuerpo. Y la piedra en la tumba ya no pudo ser impedimento en Su camino. Él pasó a través de la roca, dejando en el sepulcro las mortaj
as funerarias. Y ni siquiera los soldados vieron al Resucitado. Y solo después, cuando las pobres y llorosas mujeres llegaron al sepulcro, para ungir con aromas el cuerpo muerto del Maestro, y reflexionaban, diciendo: "¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?" — solo entonces descendió del cielo un Ángel del Señor y removió la roca y todos los que estaban allí: las mujeres, y los guardias — vieron que la tumba ya estaba vacía.Cristo resucitó y se les apareció a los discípulos. Unos creían en la posibilidad de la Resurrección, otros dudaban. Pero eran tan evidentes todas las apariciones del Resucitado, que al final muchos del pueblo creyeron, que verdaderamente resucitó Cristo. Entonces surgió a la existencia la Iglesia, que lleva Su nombre
.Dos mil años hace que existe la Iglesia de Cristo. Hace dos mil años que está delante de los hombres como el superior, impecable ideal de la personalidad humana, como garantía de la unidad del hombre con Dios, de la inmortalidad y la posibilidad de vida
Eterna — como excelso sentido de la existencia, que da sentido a la vida de cada hombre separado, venido al mundo.Desde los días de San Vladimiro, cuando Rusia se bautizó y derribó a los ídolos, y junto con ellos toda la inmundicia pagana — la oscuridad, el chamanismo, la poligamia y los sacrificios humanos, y hasta días no muy lejanos, Cristo estaba delante de nosotros como ideal de perfección de la personalidad humana, amor, mansedumbre y castidad, justicia y amor a la humanidad, de la verdad y de la b
elleza espiritual.Cuando un poderoso ofendía al débil, le decían: "¡Pero ten temor de Cristo!" Cuando el débil pedía ayuda, exclamaba: "¡Ayúdame, por el nombre de Cristo!" Cuando los padres despedían a sus hijos a un largo camino, decían: "¡Que Cristo te guarde!" Cuando una madre arrullaba a un niño, le susurraba: "Duerme, Cristo esta contigo."
Cristo estaba siempre en el alma humana como el más cercano, el más familiar, el más amoroso, el más justo. El hombre común nunca podría contestar a la pregunta dónde estaba Cristo — en el cielo o en la tierra, porque resultaba que cuando Cristo está en el alma, el cielo descendía a la tierra.
Cristo era el ideal no solo del pueblo simple. Cristo era honrado, respetado y amado, a Cristo le cantaban, acerca de Él enseñaban todos nuestros mejores hombres rusos. Los escritores, comenzando con Lomonosov, — nos dejaron profundos pensamientos acerca de la unidad de la fe cristiana y la ciencia humana. Otros, como Tchaikovsky, Rachmaninov — compusieron hermosas partituras
musicales para los oficios Divinos, que se celebraban en Su nombre, los terceros — los pintores: Kramskoi, Polenov, Repin, Nesterov y muchos otros — dieron los mejores arrebatos de su alma, para sellar en el lienzo Su imagen. Y no hablamos ahora de aquellos que consagraron toda su vida a la predicación del Evangelio, quedando ellos mismos fuera de la órbita de la gloria humana. Multitud de devotos, a los que no se los puede enumerar, no solo ascetas, sino también gente simple, gente común, que llevaban la hazaña de la vida en el círculo de la familia y que soportaban amarguras solo para prestar amor a sus cercanos en el nombre de Cristo, — toda su multitud confirmaba con sus vidas, cuán vivas eran Sus palabras, cómo Su palabra sana las heridas del alma, afirma los lazos familiares, resucita a los que están pereciendo espiritualmente.Cristo era amado. A Él le rezaban, pero amándolo, también temían. Porque sabían que Él es el insobornable juez del alma humana. Acaso no fue Él quien anunció que vendrá el día en el cual Él vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Se sentará en el trono de Su gloria y vendrán a Él a juicio todas las naciones. Y Su juicio será para todos igual: lo que habéis hecho a mis hermanos me lo habéis hecho a Mí (Mat. 25:40)
.Lo que hayas hecho a tu prójimo — es lo mismo que le hiciste al Mismo Cristo. Si has vestido al desnudo, o si por el contrario le has quitado la ropa al pobre; si has dado de comer a tu prójimo, o le has quitado un pedazo de pan de su mano, o, aunque sea, hayas pasado indiferentemente delante del hambriento, del sufriente, del enfermo, todo esto se lo has hecho a Él, como lo dijo cuando andaba entre la gente. Así lo anunció, y así juzgará: Todo, lo que habéis hecho... a uno de estos Mis hermanos menores
me lo habéis hecho a Mí (Mat. 25:40). Será terrible para todos aquellos, que oyendo esta voz, que proviene del que está sentado en el Trono, comprenderán que en la persona de cualquier hombre aportaron ofensa al Mismo Cristo — Juez de todos los vivos y los muertos.Durante mil años Cristo fue nuestro ideal, luminoso, hermoso, llamando a la verdad, a la bondad y a la belleza; ideal que daba sentido a nuestra existencia, sentido a nuestra corta vida humana. Todos sabían, que Él le dio al mundo un mandamiento
nuevo: "Amaos los unos a los otros... No hay amor mas grande, que el del que pone su alma por sus amigos" (Juan 13:34; 15:13). Y todos sabían, que efectivamente no existe nadie en el mundo, que pudiera dar algún otro mandamiento más bello. En el nombre de Cristo se afirmaban las familias. En el nombre de Cristo se introducía la semilla del bien en el alma del niño. Con el nombre de Cristo ayudaban al prójimo. En el pueblo siempre estaba presente la frase: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gal. 6:2). Pero ahora, como ideal, Cristo está muerto; toda Su anunciación es declarada invento. En su tiempo los judíos que habían crucificado a Cristo lo llamaban mentiroso, engañador. Ahora no solo Su enseñanza, sino que Él Mismo es llamado un engaño, porque... Él no existió en absoluto. "El mito de Cristo," "La fábula de Cristo," "Cristo — es un invento de una fantasía enferma" — He aquí lo que escuchamos ahora acerca de Cristo. A Cristo como ideal lo mataron, en forma semejante a como dos mil años atrás mataron al real Cristo Dios-hombre.Mataron a Cristo. ¿Acaso esto es posible? ¿Acaso se puede matar en el alma humana su mejor ideal? Si, se puede. A Cristo lo han matado y muchos piensan que Él ya nunca más resucitará. Pero la fuerza de Cristo está en que Él guarda en Sí Mismo la naturaleza de la Divinidad, y la Divinidad es inmortal.
El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios. En esto está todo el misterio acerca del hombre. El que lo creó tomó un puñado de tierra y sopló en su rostro Su Divino aliento. Y con esto el hombre es vivo. Con esto él se diferencia de otras criaturas terrenales. La imagen de Dios en el hombre se puede entenebrecer, pero todo, en lo que se reflejó el rayo de la Divinidad, resucitará al fin de
cuentas a la vida Eterna. La imagen de Cristo como ideal es puesta en el alma del hombre durante su creación. Y esta imagen no se puede matar totalmente. Es imposible matar para siempre el mandamiento fundamental de Cristo: "Amaos los unos a los otros... No hay amor mas grande que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 13:34; 15:13).Mataron a Cristo y pusieron en la entrada una pesada piedra.
En el amanecer del tercer día las mujeres caminaban hacia Su sepulcro, dudando y preguntándose una a otra: "¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?" (Mar. 16:3).
Cuando ellas llegaron, vieron esta piedra ya removida, pero Cristo no estaba en la tumba funeraria. En el Evangelio se dice, que un Ángel removió esta piedra de la entrada al sepulcro no para Cristo, Quien ya no estaba allí, sino para estas mujeres, que lo buscaban, para que ellas pudieran convencerse, que Él ya no estaba allí, para que comprendieran, que para el Vencedor de la muerte no hay obstáculos ni impedimentos.
Esta piedra está sobre nuestra alma, desde que nosotros sepultamos a Cristo.
Habitualmente no comprendemos en su totalidad, el valor de los dones espirituales de los que nos privamos cuando renunciamos a Cristo, tanto como Dios, y también como ideal de nuestra vida humana. No comprendemos de una sola vez y en su totalidad, qué es lo que muere dentro nuestro, cuando sepultamos a Cristo en nuestra alma.
¿Quién removerá de nuestra alma la pesada piedra, quien vivificará nuestras almas petrificadas?
Cristo, Dios-Hombre, a Quien injustamente condenaron y mataron hace dos mil años, resucitó de los muertos con la gloria del Padre Celestial y pasó a través de la piedra del sepulcro, y se presentó a la gente, y fundó Su Iglesia, la que consiguió con Su Sangre.
Cristo, como ideal de la personalidad humana, no puede ser matado para siempre. El hombre es creado tal, que él debe llevar dentro de sí el ideal, el cual es precisamente la imagen de Cristo. A Cristo se lo puede matar en el alma del hombre solo durante un cierto tiempo, pero no se lo puede matar para siempre, porque si se lo matara para siempre, esto sería la muerte eterna...
Creemos, que nuevamente resucitará Cristo en el alma del hombre — Cristo, Verdadero Dios nuestro, nuestro ideal de amor mutuo, bondad, verdad, belleza en la vida terrenal; ideal y garantía de vida Eterna, sentido de nuestra existencia y gloria nuestra en el Reino del Padre Celestial.
L
as verdades, anunciadas por el Evangelio, son tan profundas y magníficas, que discutirlas se ha hecho imposible. Por eso ya no intentan objetar contra ellas, sino que aprovechando que el Evangelio es inaccesible para su lectura, tratan de desviarlos del Evangelio y declaran que estas verdades no son específicas del cristianismo, sino que ya son conocidas desde hace mucho y que ellas son algo, que se compuso durante el transcurso de la historia, y por eso mismo representan valores universalmente humanos.¿Que podemos decir acerca de esto? En primer lugar, declarando las verdades cristianas como de toda la humanidad, con eso mismo constatan su auténtico y permanente valor. Pero la cuestión principal no está en esto.
Todavía no hace mucho tiempo se consideraba, que las verdades universalmente humanas no existen, que el entendimiento de la verdad es un producto de la época, de la organización social y etc. Pero si esto es así, ¿cuándo y por quién entonces por primera vez fueron proclamadas esas verdades, que ahora se llaman universalmente humanas? No se puede ocultar el
facto, que ellas fueron proclamadas por primera vez por Jesucristo, y que la entrada de ellas en el mundo sucedió a través de un difícil y sacrificado camino. La moral del mundo antiguo no las recibía. El cristianismo con todos sus mandamientos fue declarado religión dañina e inadmisible, para la cual no había lugar en el imperio romano. El cristianismo obtuvo la victoria porque todo el curso del desarrollo histórico, o más correctamente diremos — desarrollo espiritual, de la humanidad estaba dirigido a que estas verdades fueran aceptadas. El cristianismo venció, y con eso mismo las verdades, que antes eran específicas del cristianismo, se hicieron verdades de toda la humanidad.Esto pasó porque el Evangelio contestó a todas las preguntas fundamentales del alma humana, no de algún alma aislada, sino, de las demandas espirituales de la humanidad entera.
Aquel, que creó al hombre de acuerdo a Su imagen y a Su semejanza, Ese puso en el alma del hombre la aspiración de hacerse semejante a Él, introduciendo en ella la tendencia hacia su Prima-Imagen. Por eso las palabras de Dios-Hombre Cristo resonaron como algo familiar y potencialmente conocido, como algo que ya era familiar al hombre, pero que hasta ahora era solo vagamente presentido por él. Es como si Aquel, Que creó al h
ombre según Su imagen y semejanza, hubiera puesto en el alma del hombre un cierto programa, según el cual este normalmente debe crecer. Este programa es lo que anunció el Evangelio.Es por eso que no se puede contraponer o confrontar la comprensión cristiana y la universalmente humana, y ni siquiera distinguirlas. Sin embargo, siendo idénticos por esencia, lo cristiano y lo universalmente humano no entraron en la vida repentinamente. Primero fue proclamado por Cristo Su Evangelio, y después fue recibido po
r la humanidad. Aquello, que ahora llaman de toda la humanidad, surgió de aquello, que antes se llamaba solo cristiano."El alma del hombre es cristiana por naturaleza" — este breve aforismo responde perfectamente a la cuestión de la verdadera relación mut
ua entre lo cristiano y lo universalmente humano.E
s frecuente que a los cristianos les hagan la pregunta: si el mal existe y Dios ve todo esto y lo permite, entonces ¿qué clase de Dios es este? Una pregunta así es completamente natural para aquellos que no se toman el trabajo de pensar, aunque sea un poco, sobre de la naturaleza de la existencia. Ella es análoga a una serie de conocidas preguntas habituales: en cierta familia hay mucho mal — ¿hacia donde mira el padre? En un gobierno hay mucho mal — ¿hacia donde miran los gobernantes? Sin embargo es claro para todos, que suele no ser tan simple erradicar el mal en una familia o en una comunidad. Tanto los hijos, como los ciudadanos suelen ser libertinos y malos, y con la sola prohibición o hasta la aniquilación de los malos no se alcanzan los resultados deseados. Se necesita educación y paciencia. Pero cuando la cuestión es acerca de Dios, enseguida declaran: ¿porque Dios hasta ahora soporta el mal?Se puede prever la respuesta: tanto los padres como los gobernantes no son todopoderosos, por eso ellos deben emplear muchos esfuerzos para detener el mal y no siempre pueden tener un éxito completo, pero Dios es todopoderoso. A Él no le cuesta nada, con solo mandarlo, detener el mal. Solo pueden hablar así aquellos que ven esta cuestión, digamos, desde una sola perspectiva, no teniendo en realidad ninguna noción de la esencia de la religión cristiana, de su enseñanza acerca de Dios y acerca del hombre, olvidando lo que es la personalidad humana y la libertad del hombre, y sin profundizar en la pregunta: qué es el bien y qué es el mal.
Aquellos, que reprochan a Dios, que entre la gente existe el mal, frecuentemente ven al mal muy superficialmente y ven solo sus gruesas y amplias manifestaciones, como, por ejemplo, las guerras o la esclavitud del hombre por el hombre. En la realidad el mal es mucho más amplio. Él nace dentro del alma del hombre, y por eso frecuentemente penetra en todas las relaciones humanas, hasta las particulares, las mas personales e íntimas. Desde allí, desde los escondrijos del alma de aquellos, que odian el bien, se levantan olas de maldad y, multiplicándose, generan los grandes delitos históricos, por los cuales habitualmente reprochan a Dios.
La pregunta es: ¿que es, según la opinión de los críticos, lo que debe hacer Dios para detener el mal? ¿Debe Él Mismo, en su raíz, aniquilar cualquier maligno pensamiento en el alma humana en su mismo embrión o entrometerse solo cuando el mal se convierta en algún enorme delito? Pensemos un poquito, ¿en qué se convertiría el hombre, si no estuviera en condiciones de pensar algo ni desear nada en forma autónoma, y que Dios lo obligue a todo deseo y a todo pensamiento? ¿En que se convertiría un hombre así, privado de libre pensamiento, de libre deseo y forzado a ser virtuoso obligadamente? Esto ya no sería un hombre, sino algo más débil que un animal, sería un muñeco mecánico. Dios no quita al hombre su libertad, no paraliza su voluntad, ni siquiera la mala, sino que enseña a la gente cómo deben ellos mismos establecer en la tierra una vida justa y recta. El Evangelio es la prédica del amor, y no de la violencia. Y es a la gente a quien le toca decidir por si mismos en que casos ellos deben pasar del convencimiento a la coacción, si se encuentran entre ellos tales, que se levantan en contra de la enseñanza sobre el amor fraternal, que les dio Cristo como mandamiento.
Se puede hablar mucho, acerca de cuan provechosa es la violencia para cortar el mal en la vida de la comunidad. En nuestra realidad no se puede desarrollar una regla tal, que hubiera sido verdaderamente buena en cualquier época y ante cualquier circunstancia. Es imposible cortar el mal violentamente, si este nace en la profundidad del corazón humano.
Explicaremos esto por analogía con una familia. El padre puede convencer al hijo y obligarlo a proceder de una forma o de otra, pero no puede obligarlo a pensar o desear de la manera que quiere. La consciencia humana es algo libre por su esencia. Se doblega a la influencia, y al convencimiento, pero puede también no recibir ni lo uno ni lo otro. El hombre puede en cualquier circunstancia quedarse tal como desea. Se puede por la fuerza cortar su accionar, pero no hay fuerza, que actúe mecánicamente sobre su consciencia. Quien quiera meditar seriamente sobre esta cuestión, entenderá, que la humanidad tiene todas las posibilidades de eliminar por su buena voluntad tales grandes males, como la guerra o la explotación. Mucho mas difícil es desterrar el mal diseminado por todas partes, que trasluce en las relaciones personales entre la gente.
Dios dio la vida a la gente, y este es un enorme bien. La gente puede aprovechar este bien, y también pueden destruirse a sí mismos. Dios puso al hombre por señor de la tierra, y la humanidad puede, si quisiera, eliminar el mal. El Evangelio enseña cómo por la vía del convencimiento y del ejemplo personal, sin privar al hombre de la libertad, desarraigar el mal desde las profundidades del alma.
"¿Tuvo éxito" el cristianismo?
E
l cristianismo no triunfó... no abarcó a todo el mundo — significa entonces que es infructuoso. Él no libró a la humanidad de sus sufrimientos, a pesar de que hace ya dos mil años que predica acerca del amor — significa, que es inútil. Dos pesadas acusaciones. Ambas solo pueden proceder de aquellos que desconocen completamente la esencia de la enseñanza cristiana o que intencionalmente tratan de inducir al error a los que no saben. Los que inculpan, seguramente, imaginan al cristianismo como un intento de establecer algo así como un imperio eclesiástico mundial, donde todos están obligados a profesar aquello que enseña la Iglesia. El concepto de "Iglesia" en este caso se identifica con el concepto de un gobierno mundial.Un poco de historia. Los imperios mundiales, los que conocemos, no resultaron. Todos ellos, creándose, pronto se disolvían, porque se fundaban sobre la violencia. En el medioevo los papas romanos también se proponían como objetivo crear por la fuerza una Iglesia mundial, a semejanza de la mundial soberanía romana, y no hay nada sorprendente en el hecho de que sus intentos soportaron el fracaso. No solo porque fundar la Iglesia por la fuerza es imposible, sino también porque la Iglesia no es un estado y su naturaleza es completamente distinta.
La predicación del Evangelio es un llamado, pero en ningún caso un forzamiento. Es un llamado, que implica simplemente una libre conformidad. Si alguien quiere seguirme, — dice Cristo. Si, solo si uno quiere. Y si alguien deseare recibir Su enseñanza — ¿entonces que? Entonces — niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame ( Mat. 16:24). Juzgad por vosotros mismos: ¿se puede construir algo coactivo, universalmente obligatorio, sobre un fundamento como este? No todos querrán, llevando su cruz, seguir a Cristo hasta el Gólgota.
El Fundador de la religión cristiana sabía perfectamente, que no todos lo seguirían. Pero sabía también, que muchos, o sea, los mejores, lo harían. Esto lo sabía bien. Y entonces Él dio a Sus discípulos el mandamiento de recorrer el mundo con la prédica del Evangelio y decir una cosa en todos partes: si alguien quiere ir en pos de Cristo, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que Lo siga. Ve y siembra Su enseñanza. Y ella consiste en reapreciar toda la vida, en la prédica del amor, la hermandad mundial de la humanidad, el reconocimiento absoluto de la dignidad de la personalidad humana, en el reconocimiento que solo la vida Eterna da sentido a nuestra corta vida terrenal, que el sentido de cada vida humana individual solo consiste en encontrar el sentido cósmico común y unirse a él. Todo viene de Dios como de un Padre universal y todo vuelve a Él. Todos los hombres deben ser hermanos, y para lograr aniquilar el mal, con esfuerzos comunes salir a la lucha contra él, y esta lucha contra el mal precisamente es la cruz personal de cada cristiano.
Ahora juzgad vosotros mismos: ¿puede ser impuesta tal enseñanza por la fuerza a toda la gente sin excepción? ¿Se podría acaso formar un ejército de luchadores por la libertad evangélica de un batallón obligatorio, donde te enrolarán, lo quieras o no lo quieras?
El llamado Evangélico resonó por todo el mundo. Significa, que la meta establecida por el Fundador del cristianismo, fue alcanzada. A él respondieron todos aquellos, que en la lengua del Evangelio se llaman hombres de buena voluntad. Significa que esta meta también fue alcanzada. ¿Qué es lo que lo que consiguieron efectivamente en la tierra los hombres de buena voluntad, que componen a la Iglesia cristiana? Se puede hablar mucho acerca de esto. Durante to
do el transcurso de la historia el cristianismo tuvo muchos enemigos, que intentaban destruir la obra, que implantó Cristo a través de Sus discípulos. Desde los tiempos de Jesús toda la historia de la humanidad es en esencia la lucha entre el bien y el mal. ¿Que alcanzó Cristo en esta lucha? Es suficiente comparar la moral del mundo antiguo y la del nuevo. Es suficiente comparar la comprensión de la dignidad humana antes de la predicación del Evangelio y después de ella. Por supuesto, se puede argumentar: ¿acaso siempre aquellos que se llamaban a sí mismos cristianos, realmente llevaban su cruz, concretando en la tierra la enseñanza evangélica? ¡Por supuesto que no! Algunos de ellos, llamándose a sí mismos discípulos de Cristo, en el hecho servían a Sus enemigos. Y aquí no deberíamos sorprendernos, por cuanto esto es historia habitual. Entre los profesantes de cada enseñanza hay gente, que miente, que encubriéndose con buenas palabras, miran solo sus intereses personales. Pero no son los tales los que hacen la historia. Y si miramos, qué es lo que creó la enseñanza cristiana durante dos mil años, es indudable: todo lo mejor que posee la humanidad, fue creado precisamente gracias a ella. La superior y más humanitaria moral es la moral cristiana. Nadie dio todavía algo mas elevado, que pudiera suplantar al mandamiento de Cristo acerca del amor entre la gente, de la dignidad humana, acerca de que cada hombre es un hermano menor de Cristo y todo lo que hayas hecho al hermano, bueno o malo es lo mismo que si se lo hubieras hecho al mismo Cristo. Las palabras de Jesucristo diciendo que no hay mayor amor que el del que da su alma por sus amigos, quedaron para siempre y para todos como ideales del heroísmo superior.El cristianismo se arraigó sólidamente en todos los países adelantados. Él, precisamente él dio aquella ideología progresista, la que a su tiempo sirvió como fundamento para la creación de la cultura humana universal. Es suficiente comparar la cultura de las naciones cristianas y
las no cristianas, para decidir la cuestión acerca de que es lo que dio el cristianismo. Con eso mismo el cristianismo tuvo éxito no solo en su sentido directo, o sea el dominio de lo puramente religioso, sino también resultó exitoso en la parte de la creación de los grandes valores humanos universales.¿El cristianismo no resultó? ¡No! ¡El cristianismo resultó! Cristo nunca puso como objetivo la creación de una cierta organización, y con objetivos puramente imperiales obligar a la obediencia a todo el mundo. Él creó Su Reino, llamado por Él Reino de Dios, pero este no tiene, como Él mismo dijo, fronteras exteriores, porque se encuentra dentro del corazón humano.
"Mi Reino no es de este mundo," declaró Él al representante del reino terrenal que lo estaba juzgando, Poncio Pilatos (Juan 18:36). Este reino, en el nombre del cual Pilatos condenó a muerte a Cristo, pronto cayó, pero el invisible Reino de Cristo espiritualizó la vida de la humanidad para todos los siglos siguientes. Existe hasta en estos días.Si alguien quiere seguirme... Aquellos, que siguen a Cristo, son los que componen Su Reino, llamado Iglesia, independientemente de cuantos de sus miembros oficiales tengan en sus almas este Reino.
El relato Evangélico comienza con una comparación figurada, comprensible para toda la gente, — la imagen de un Hombre que tiene en sus manos una pala con la que se ventila el trigo. El trigo queda, la cáscara se va volando. La misión histórica del cristianismo — es separar el grano del salvado. Recogerá Su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará, — dice el Evangelio (Mat. 3:12). Cuanto grano ha juntado Cristo durante dos mil años y cuanta cáscara fue ventilada — únicamente lo sabe Él solo. Nosotros creemos en la humanidad, creemos que se ha juntado mucho grano. Y si es así — significa que Cristo alcanzó Su objetivo. ¡El cristianismo resultó!
La racionalidad de la naturaleza.
P
arece que hace no mucho tiempo que se consideraba posible negar la existencia de la racionalidad en la naturaleza. Decían, que hasta el proceso de perfeccionamiento, o sea de la evolución, sucede solo por la fuerza de situaciones casuales y de la selección natural, ciega por su esencia. En nuestros días de turbulento desarrollo de las ciencias hablar de la ausencia de la racionalidad en la constitución de todo lo que vemos, es simplemente imposible. Los descubrimientos científicos diariamente presentan nuevas noticias acerca de la muy complicada construcción de cada objeto natural estudiado... Nos maravillamos de la excepcional inteligencia de la constitución del átomo, o de cualquier organismo, o de los procesos cósmicos. Y ya se nos presenta difícil hablar de que es lo mas "bien-pensado" o "mejor ideado," si las galaxias y las nebulosas o aquellos organismos, que no se sabe porque todavía siguen llamándose simples, aunque su construcción es de forma muy complicada. Alrededor, resulta, que todo está exactamente calculado, y de una manera tal que todo colabora al desarrollo, al perfeccionamiento, y se ve claramente, que la finalidad del desarrollo es la vida, y, por fin, en el medio de las incontables riquezas de estas formas de vida — está el hombre. Es como si todo sirviera a una misma finalidad: tanto la extraña inclinación de la órbita de la Tierra en relación al plano de su rotación alrededor del sol, en razón de lo cual resulta la regulación del calor y el cambio de las estaciones del año, y la sorprendente excepción del agua de la ley física de la contracción ante el enfriamiento, sin lo cual se detendría la vida sobre la tierra, y el maravilloso instinto de los seres vivos, que es completamente inexplicable, pero excepcionalmente sabio, y otras cosas no menos maravillosas, de las cuales no podemos comprender su procedencia, — todo